Cabe discutir si es más perjudicial que los errores estén mal dichos o que estén tan bien dichos como las mejores verdades. Cierto es que en el primer caso causan dos daños a la cabeza y resulta más difícil alejarlos de ella. Pero también es cierto que no causan efecto con tanta seguridad como en el segundo caso; son menos contagiosos.