Las más de las personas nada son y nada valen hasta que se han revestido de convicciones generales y opiniones públicas, según la filosofía del sastre: el hábito hace al monje. Pero de las personas de excepción es preciso decir: «El monje hace el hábito». Aquí las opiniones dejan de ser públicas y se convierten en algo diferente de máscaras, adornos y disfraces.

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