El profundo respeto a la vejez y a la tradición –el derecho entero se basa en ese doble respeto–, la fe y el prejuicio favorables para con los antepasados y desfavorables para con los venideros son típicos de la moral de los poderosos; y cuando, a la inversa, los hombres de las «ideas modernas» creen de modo casi instintivo en el «progreso» y en «el futuro» y tienen cada vez menos respeto a la vejez, eso delata ya suficientemente la procedencia no aristocrática de esas «ideas».