Una persona justa, ponderada, dulce, competente, una persona que tiene «el corazón en su sitio»..., el estar cerca de ella nos hace bien. ¿Mas por qué esa persona no peligrosa, que nos hace bien, debería ser más valiosa para nosotros que la persona peligrosa, enigmática, imprevisible, que nos obliga a estar en guardia? Nuestro sentimiento de bienestar no prueba nada. Pregunta: ¿habrá habido alguna vez entre los grandes hombres uno solo del tipo no peligroso que acaba de describirse?