En el niño debemos avivar el sentido de la pulcritud hasta que se convierta en una pasión. Posteriormente tal sentido irá elevándose, en metamorfosis siempre nuevas, casi hasta toda virtud y aparecerá por fin, compensando todo talento, como luminosa plenitud de pureza, moderación, templanza, carácter, llevando en sí felicidad, difundiendo felicidad a su alrededor.

La pulcritud

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