El amor, que reserva para una sola persona lo que corresponde a muchas, es, sin embargo, glorificado como poder antiegoísta; así es como aparece, visto de manera tosca, y porque quiere hacer bien. Sin embargo, ese amor sustrae a todas las demás personas y cosas casi todo el interés y lo vuelca en una sola. Considerado en conjunto, su efecto no es, pues, algo que haga bien.