La tempestad de la lascivia arrebata a veces al varón hasta una altura tal que en ella toda lascivia calla: allí donde el varón ama realmente y donde vive más bien en un ser mejor que en un querer mejor. Y, a su vez, una mujer buena desciende con frecuencia del verdadero amor a la lascivia y se rebaja de ese modo ante sí misma. Sobre todo esto último es una de las cosas más conmovedoras que comporta la idea de un buen matrimonio.

Elevación y rebajamiento en lo sexual

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