Quien toma su moralidad como algo muy elevado y grave, ése se encoleriza con los escépticos en el terreno de la moral, pues se debe admirar, pero no investigar y dudar, allí donde él gasta toda su fuerza. Luego hay naturalezas cuyo último resto de moralidad es precisamente la creencia en la moral; también éstos se comportan de igual modo con los escépticos y, en lo posible, aún más apasionadamente.