Una persona enteramente piadosa ha de ser para nosotros objeto de veneración, pero también ha de serlo una persona enteramente impía que sea sincera y esté convencida. Si en compañía de las segundas nos hallamos como cerca de las altas montañas, allí donde tienen su origen las corrientes más poderosas, cuando estamos en compañía de personas piadosas nos hallamos como bajo árboles llenos de savia, umbrosos, tranquilos.