La neutralidad de la gran Naturaleza (en la montaña, el mar, el bosque y el desierto) agrada, pero sólo por breve tiempo; luego nos impacientamos. «¿Es que esas cosas no quieren decirnos nada? ¿Es que nosotros no existimos para ellas?». Surge el sentimiento de un crimen laesae majestatis humanae.

Neutralidad de la gran Naturaleza

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