El oído, órgano del miedo, ha podido desarrollarse con la riqueza con que lo ha hecho tan sólo en la noche y en la penumbra de cavernas y bosques oscuros, de acuerdo con el modo de vivir de la edad medrosa, es decir, de la edad humana más prolongada que ha habido; en la claridad diurna el oído resulta menos necesario. De ahí el carácter de la música, arte de la noche y de la penumbra.

La noche y la música

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