Tanto los grandes hombres como las grandes épocas son sustancias explosivas en las cuales está acumulada una fuerza enorme. Su presupuesto es siempre, histórica y fisiológicamente, que durante largo tiempo se haya estado juntando, amontonando, ahorrando y guardando con vistas a ellos, que durante largo tiempo no haya habido ninguna explosión. Si la tensión en la masa se ha vuelto demasiado grande, hasta el estímulo más casual puede hacer surgir el «genio», la «acción», el gran destino.