Quien sienta que ejerce un gran influjo interno sobre otro habrá de dejarle completamente sueltas las riendas; más aún, ver a gusto e incluso provocar en él oposiciones ocasionales; de lo contrario, se creará inevitablemente un enemigo.
Quien sienta que ejerce un gran influjo interno sobre otro habrá de dejarle completamente sueltas las riendas; más aún, ver a gusto e incluso provocar en él oposiciones ocasionales; de lo contrario, se creará inevitablemente un enemigo.