Hay entre los chinos un proverbio que las madres enseñan ya a sus hijos: , «¡haz pequeño tu corazón!». Ésta es la auténtica tendencia básica en las civilizaciones tardías. Yo no dudo de que lo primero que un griego antiguo advertiría también en nosotros los europeos de hoy sería el empequeñecimiento de nosotros mismos; con sólo esto «repugnaríamos ya a gusto».