¡Cuidado con todos los espíritus que están encadenados! Por ejemplo, con las mujeres inteligentes a las que el destino ha confinado en un ambiente pequeño, obtuso, y que envejecen en él. Es verdad que están allí tendidas al sol, en apariencia indolentes y medio ciegas, pero, en cuanto oyen un paso extraño, en cuanto aparece algo imprevisto, se levantan para morder; así se vengan de todo lo que ha escapado de su perrera.