Los griegos, que sabían muy bien lo que es un amigo –sólo ellos entre todos los pueblos poseen un tratamiento filosófico profundo y múltiple de la amistad; de modo que ellos fueron los primeros, y hasta ahora los últimos, a los que el amigo se les apareció como un problema digno de ser solucionado–, esos mismos griegos designaron a los parientes con un término que es el superlativo de la palabra «amigo». A mí eso me resulta inexplicable.