A la postre somos y continuamos siendo buenos con la música, de igual manera que continuamos siendo buenos con el claro de luna. Ninguna de esas dos cosas quiere, en efecto, expulsar al Sol; lo único que quieren es iluminar, en la medida de sus posibilidades, nuestras noches. ¿No es verdad, sin embargo, que nos está permitido burlarnos y reírnos de ellas? ¿Al menos un poco? ¿Y de vez en cuando? ¿Burlarnos y reírnos del hombre que hay en la luna? ¿De la mujer que hay en la música?