Un enfermo estando ya a punto de morir, oyó golpear a la puerta de su dormitorio, y preguntó a uno de sus criados quién era el que así llamaba; y como el criado le contestara que era una mujer de nombre Buena, el enfermo alzó los brazos, dio las gracias a Dios en alta voz y ordenó a sus criados que la hiciesen entrar sin demora, a fin de que pudiera ver, antes de morir, una mujer buena, pues en toda su vida no había encontrado una sola que fuera digna de tal nombre.

Palabras de un moribundo

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