De las espadas y lanzas que por sí mismas son inofensivas. El que por sí mismo es apacible y sin maldad alguna, se volverá feroz y terrible a causa de las malas compañías, y privará, con crueldad extrema, de la vida a muchas gentes; y más aún destruiría, si ciertos cuerpos sin alma, salidos de los peñascos, no las defendieran: esto es, las corazas de hierro.