Del mismo modo, el amor de la virtud rehuye mirar cosa vil o baja; antes bien, se asocia a todo lo que es honesto y virtuoso y constituye su morada en los corazones nobles, a semejanza de los pájaros que habitan en las verdes selvas, sobre los ramos florecidos. Ese amor se muestra más en la adversidad que en la prosperidad, como la luz que resplandece más cuando ilumina un lugar sombrío.