El sapo se nutre de tierra, y está siempre flaco, porque no come nunca hasta saciarse: tanto es su temor de que llegue a faltarle el alimento. Huye de la luz del sol; y cuando a ella es expuesto con violencia, se hincha y oculta la cabeza para resguardarla de sus rayos. Tal hace el enemigo de la clara y esplendente virtud, cuando su rebelde espíritu es obligado a enfrentarla.