No representes, pues, en tus figuras aquellos tocados que los tontos aderezan con gran afectación, temerosos siempre de que un solo cabello fuera de lugar provoque la censura de los espectadores circunstantes, los cuales, abandonando su primer pensamiento, no hablen ya de otra cosa ni critiquen otra cosa. Tales hombres tienen por constantes consejeros el espejo y el peine; y el viento, que pone en desorden sus acicaladas cabelleras, es su más mortal enemigo.
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