Pretende el músico equiparar su ciencia con la del pintor, porque aquélla compone un cuerpo de muchos miembros, del cual el observador contempla toda la gracia, en tantos tiempos armónicos cuantos son los tiempos en que cada miembro nace y muere; y así la música solaza y encanta el alma que reside en el cuerpo del contemplador.
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