De ella son los simulacros de los dioses, en cuyo alrededor se celebra el culto divino, colaborando, como sirvienta suya, la música; ella procura a los amantes un símil del objeto amado; ella conserva las bellezas que el tiempo y la madre naturaleza hicieron efímeras; ella perpetúa la imagen de los hombres famosos. Y si dijeses: la música se hace eterna escribiéndola, lo mismo pasa con las letras que ahora trazamos aquí sobre el papel.
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