En cambio, el oído suele engañarse en cuanto a la situación y distancia de sus objetos; porque las representaciones de éstos no llegan a él por líneas rectas, como para el ojo, sino por líneas tortuosas y reflejas; y ocurre muchas veces que las cosas remotas parecen más cercanas que las próximas, por culpa de los recorridos del sonido. La voz del eco, sin embargo, sólo por líneas rectas se encamina al oído.