Tal hizo Justino, abreviador de las Historias escritas por Trogo Pompeyo, que había relatado con admirable ornamento de arte las grandes hazañas de sus antepasados. Compuso una obra desnuda y digna tan sólo de los espíritus impacientes, para quienes es perder el tiempo emplearlo útilmente en el estudio de las obras de la naturaleza y de las cosas humanas.