Escritas

-¡Amén, amén! Pero vengan como

William Shakespeare
-¡Amén, amén! Pero vengan como quieran las amarguras, nunca podrán contrarrestar el gozo que siento un solo munuto en presencia de mi amada. ¡Junta nuestras manos con santas palabras, y que luego la muerte, devoradora del amor, haga lo que quiera! ¡Me basta con poder llamarla mía! - Estos transportes violentos tienen un fin igualmente violento y mueren en pleno triunfo, como el fuego y la pólvora, que, al besarse, se consumen. La miel más dulce empalaga por su mismo excesivo dulzor, y, al gustarla, embota el paladar. Ama, pues, con mesura, que así se conduce el verdadero amor. Tan tarde llega el que va demasiado aprisa como el que va demasiado despacio.