Escritas

Panteon

César Vallejo
He visto ayer sonidos generales,

mortuoriamente,

puntualmente alejarse,
cuando oí desprenderse del ocaso

tristemente,
exactamente un arco, un arcoíris.

Vi el tiempo generoso del minuto,

infinitamente
atado locamente al tiempo grande,
pues que estaba la hora

suavemente,
premiosamente henchida de dos horas.

Dejóse comprender, llamar, la tierra

terrenalmente;
negóse brutalmente, así a mi historia,
y si vi, que me escuchen, pues, en bloque,
si toqué esta mecánica, que vean

lentamente,
despacio, vorazmente, mis tinieblas.

Y si vi en la lesión de la respuesta,

claramente,
la lesión mentalmente de la incógnita,
si escuché, si pensé en mis ventanillas
nasales, funerales, temporales,

fraternalmente,
piadosamente echadme a los filósofos.

Mas no más inflexión precipitada
en canto llano, y no más
el hueso colorado, el son del alma

tristemente
erguida ecuestremente en mi espinazo,
ya que, en suma, la vida es

implacablemente,
imparcialmente horrible, estoy seguro.
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