Sol, Amanecer y Atardecer

Poemas en este tema

José Martí

José Martí

Era Sol

Era sol: caballero en un potro,
Con la rienda tendida al acaso,
Fui testigo de un drama de amores:—
¡Qué volar! ¡Qué caer! ¡Qué
dolores!....

Aprieto el paso...

Era sol. El fragor de la tierra
Celebrar tanto amor parecía:—
Y el potente amador fulguraba
Como un astro encendido, y volaba,

Y los aires hendía.—

El amor, como un águila, vuela
Sobre el cráneo poblado del hombre,
Y tal aire en sus alas encierra
Que lo empuja por sobre la tierra

Con vuelo sin nombre.

Y a tal punto el amor transfigura
Que la atónita tierra no sabe
Si aquel astro que vuela es ave

O humana criatura.
875 1
David Escobar Galindo

David Escobar Galindo

La Garza Vuela Sobre El Agua Inmóvil

La garza vuela sobre el agua inmóvil.
Desde la orilla, un bosque de álamos
se empina para ver el pozo ciego
donde se acaba de ocultar la luna.
En el entorno, suelta una cocina
tres pañuelos de humo,
para decirle adiós al sol noctámbulo.
Campos de trigo y de manzana
van emergiendo en la frescura quieta.
Y el día sólo encuentra afinidad
en la garza y el humo.
520 1
Claudio Rodríguez

Claudio Rodríguez

Don De La Ebriedad Iv

Así el deseo. Como el alba, clara
desde la cima y cuando se detiene
tocando con sus luces lo concreto
recién oscura, aunque instantáneamente.

Después abre ruidosos palomares
y ya es un día más. ¡Oh, las rehenes
palomas de la noche conteniendo
sus impulsos altísimos! Y siempre
como el deseo, como mi deseo.

Vedle surgir entre las nubes, vedle
sin ocupar espacio deslumbrarme.
No est en mí, está en el mundo, está
ahí enfrente.
Necesita vivir entre las cosas.

Ser añil en los cerros y de un verde
prematuro en los valles. Ante todo,
como en la vaina el grano, permanece
calentando su labor enardecido
para después manifestarlo en breve
más hermoso y radiante. Mientras, queda
limpio sin una brisa que lo aviente,
limpio deseo cada vez más mío,
cada vez menos vuestro, hasta que llegue
por fin a ser mi sangre y mi tarea,
corpóreo como el sol cuando amanece.
353 1
Rubén Darío

Rubén Darío

Vesperal

Ha pasado la siesta
y la hora del Poniente se avecina,
y hay ya frescor en esta
costa que el sol del Trópico calcina.
Hay un suave alentar de aura marina
y el Occidente finge una floresta
que una llama de púrpura ilumina.

Sobre la arena dejan los cangrejos
la ilegible escritura de sus huellas.
Conchas color de rosa y de reflejos
áureos, caracolillos y fragmentos de estrellas
de mar forman alfombra
sonante al paso en la armoniosa orilla.
Y cuando Venus brilla,
dulce, imperial amor de la divina tarde,
creo que en la onda suena
o son de lira, o canto de sirena.
Y en mi alma otro lucero, como el de Venus, arde.
634
Octavio Paz

Octavio Paz

Cerro De La Estrella

Aquí los antiguos recibían al fuego
Aquí el fuego creaba el mundo
Al mediodía las piedras se abren como frutos
El agua abre los párpados
La luz resbala por la piel del día
Gota inmensa donde el tiempo se refleja y se sacia

A la española el día entra pisando fuerte
Un rumor de hojas y pájaros avanza
Un presentimiento de mar o mujeres
El día zumba en mi frente como una idea fija
En la frente del mundo zumba tenaz el día
La luz corre por todas partes
Canta por las terrazas
Hace bailar las casas
Bajo las manos frescas de la yedra ligera
El muro se despierta y levanta sus torres
Y las piedras dejan caer sus vestiduras
Y el agua se desnuda y salta de su lecho
Más desnuda que el agua
Y la luz se desnuda y se mira en el agua
Más desnuda que un astro
Y el pan se abre y el vino se derrama
Y el día se derrama sobre el agua tendida
Ver oír tocar oler gustar pensar
Labios o tierra o viento entre veleros
Sabor del día que se desliza como música
Rumor de luz que lleva de la mano a una muchacha
Y la deja desnuda en el centro del día
Nadie sabe su nombre ni a qué vino
Como un poco de agua se tiende a mi costado
El sol se para un instante por mirarla
La luz se pierde entre sus piernas
La rodean mis miradas como agua
Y ella se baña en ellas más desnuda que el agua
Como la luz no tiene nombre propio
Como la luz cambia de forma con el día
620
Octavio Paz

Octavio Paz

Semillas Para Un Himno

El día abre la mano
Tres nubes
Y estas pocas palabras


Al alba busca su nombre lo naciente
Sobre los troncos soñolientos centellea la luz
Galopan las montañas a la orilla del mar
El sol entra en las aguas con espuelas
La piedra embiste y rompe claridades
El mar se obstina y crece al pie del horizonte
Tierra confusa inminencia de escultura
El mundo alza la frente aún desnuda
Piedra pulida y lisa para grabar un canto
La luz despliega su abanico de nombres
Hay un comienzo de himno como un árbol
Hay el viento y nombres hermosos en el viento
524
Octavio Paz

Octavio Paz

Misterio

Relumbra el aire, relumbra,
el mediodía relumbra,
pero no veo al sol.

Y de presencia en presencia
todo se me transparenta,
pero no veo al sol.

Perdido en las transparencias
voy de reflejo a fulgor,
pero no veo al sol.

Y él en la luz se desnuda
y a cada esplendor pregunta,
pero no ve al sol.
611
José Martí

José Martí

Abril

Juega el viento de Abril gracioso y leve
Con la cortina azul de mi ventana:
Da todo el sol de Abril sobre la ufana
Niña que pide al Sol que se la lleve.

En vano el Sol contemplará tendidos
Hacia su luz sus brazos seductores,
Estos brazos donde cuelgan las flores
Como en las ramas cuelgan los nidos.

También el Sol, también el Sol ha amado
Y como todos los que amamos, miente:
Puede llevar la luz sobre la frente,
Pero lleva la muerte en el costado.
920
Meira Delmar

Meira Delmar

Mediodía

Canta la luz aire arriba
como una alondra.
Y por la rama de su canto sube
el mediodía.

Quieren los ojos seguirlo
pero no llegan.
Como el amor, el sol,
de tanto, ciega.

674
Meira Delmar

Meira Delmar

Caracola

El mar danzaba entre las islas
desnudo y joven como un dios.
Sobre su piel resplandecía
el agua azul, llena de sol.

El viento alegre del verano
abría el cielo de cristal,
y crepitaban las cigarras
entre las llamas del pinar.

Ramos de espuma le ceñían
la clara frente, y el vaivén
de las gaviotas se acordaba
al ágil ritmo de sus pies.

El son delgado de una flauta
llenaba todo el olivar.
El mediodía restallaba.
¡Danzaba el mar! ¡Cantaba el mar!

689
Meira Delmar

Meira Delmar

Acuarela

Es la hora primera.

Del oriente
llega el sol.

La luna,
despojada de los oros
de la noche,
baja lenta hacia el poniente
que la espera tras la raya
del horizonte.

Sobre el bajo continuo

de la orilla,
las olas desenvuelven,
una a una,
la música que traen

desde tan lejos
como el tiempo
y es un son, y otro son

y mil más sones,
acompasadores, repetidos,
derramados en la arena.

Los pájaros marinos

inauguran
sus vuelos,
raudos algunos, otros
pausados,
caen al agua, certeros,
se levantan, se alejan,
los esfuma por fin

la resolana.

Poco a poco se oyen
voces, ecos, un canto.

La brisa, jardinera,
salpica de azahares
el vivo azul del mar.
773
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Dakar

Dakar está en la encrucijada del sol, del desierto y del mar.
El sol nos tapa el firmamento, el arenal acecha en los caminos, el
mar es un encono.
He visto un jefe en cuya manta era más ardiente lo azul que
en el cielo incendiado.
La mezquita cerca del biógrafo luce una claridad de plegaria.
La resolana aleja las chozas, el sol como un ladrón escala los
muros.
África tiene en la eternidad su destino, donde hay hazañas,
ídolos, reinos, arduos bosques y espadas.
Yo he logrado un atardecer y una aldea.

910
Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

Afterglow

Siempre es conmovedor el ocaso
por indigente o charro que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
que herrumbra la llanura
cuando el sol último se ha hundido.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta,
esa alucinación que impone al espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como cesan los sueños
cuando sabemos que soñamos.
867
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

De Las Doce A Las Cuatro Había Pasado

De las doce a las cuatro había pasado,
por la quinta carrera el sol corría,
sin que del resplandor que dar solía
muestra de su beldad, luz haya dado.

O escondido o traspuesto o de un nublado
negro, lleno de horror, se le cubría
al mísero Vandalio, el cual no vía
sin él por dó seguir con su ganado.

Llenos de un triste humor tenía los ojos
el cuitado pastor mirando al cielo,
mostrando sin hablar su desventura.

Cuando, por renovar viejos enojos,
quitándose y poniendo el sol un velo,
mostró y tornó a esconder su hermosura.
285
Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

Voces De Mi Copla - Vii - Cárcel

La media puesta de sol
tiñe con su grana de oro
mi otro medio corazón.
618
José María de Heredia

José María de Heredia

Himno Al Sol, Escrito En El Océano

En los yermos del mar, donde habitas,
Alza ¡oh Musa! tu voz elocuente:
lo infinito circunda tu frente,
lo infinito sostiene tus pies.
Ven: al bronco rugir de las ondas
une acento tan fiero y sublime,
que mi pecho entibiado reanime,
y mi frente ilumine, otra vez.

Las estrellas en torno se apagan,
se colora de rosa el Oriente,
y la sombra se acoge a Occidente,
y a las nubes lejanas del Sur:
y del Este en el vago horizonte,
que confuso mostrábase y denso,
se alza pórtico espléndido, inmenso
de oro, púrpura, fuego y azur.

¡Vedle ya!... Cuál gigante imperioso
alza el Sol su cabeza encendida...
¡Salve, padre de luz y de vida,
centro eterno de fuerza y calor!
¡Cómo lucen las olas serenas
de tu ardiente fulgor inundadas!
¡Cuál sonriendo las velas doradas
tu venida saludan, oh Sol!

De la vida eres padre: tu fuego
poderoso renueva este mundo:
aun del mar el abismo profundo
mueve, agita, serena tu ardor.

Al brillar la feliz primavera
dulce vida recobran los pechos,
y en dichosa ternura deshechos
reconocen la magia de amor.

Tuyas son las llanuras: tu fuego
de verdura las viste y de flores,
y sus brisas y blandos olores
feudo son a tu noble poder.

Aun el mar te obedece: sus campos
abandona huracán inclemente,
cuando en ellos reluce tu frente
y la calma se mira volver.

Tuyas son las montañas altivas
que saludan tu brillo primero,
y en la tarde tu rayo postrero
las corona de bello fulgor.

Tuyas son las cavernas profundas,
de la tierra insondable tesoro,
y en su seno el diamante y el oro
reconcentra tu plácido ardor.

Aun la mente obedece tu imperio,
y al poeta tus rayos animan;
su entusiasmo celeste subliman,
y te ciñen eterno laurel.

Cuando el éter dominas, y al mundo
con calor vivificas intenso,
que a mi seno desciendes yo pienso,
y alto Numen despiertas en él.

¡Sol! Mis votos humildes y puros
de tu luz en las alas envía
al Autor de tu vida y la mía,
al Señor de los cielos y el mar.

Calma eterna do quiera respira,
y velado en tu fuego le adoro:
si yo mismo, ¡mezquino! me ignoro,
¿cómo puedo su esencia explicar?
A su inmensa grandeza me humillo,
sé que vive, que reina y me ama,
y su aliento divino me inflama
de justicia y virtud en amor.

¡Ah! si acaso pudieron un día
vacilar de mi fe los cimientos,
fue al mirar sus altares sangrientos
circundados por crimen y error.
708
Rubén Darío

Rubén Darío

Rimas

En la cálida tarde se hundía,
el sol en su ocaso,
con la faz rubicunda en un nimbo
de polvo dorado.
En las aguas del mar, una barca,
bogando, bogando,
al país de los sueños volaban
amada y amado.
A la luz del poniente, en las olas,
quebrada en mil rayos,
parecían de oro bruñido
los remos mojados.
Y en la barca graciosa y ligera,
bogando, bogando,
al país de los sueños volaban
amada y amado.
¿Qué fue de ellos? No sé. Yo recuerdo
que después del crepúsculo pálido,
aquel cielo se puso sombrío
y el mar agitado.
667
Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

El Día Bello

Y en todo desnuda tú.

He visto la aurora rosa
y la mañana celeste,
he visto la tarde verde
y he visto la noche azul.

Y en todo desnuda tú.

Desnuda en la noche azul,
desnuda en la tarde verde
y en la mañana celeste,
desnuda en la aurora rosa.

Y en todo desnuda tú.
599
Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Lxvii

¡Qué hermoso es ver el día
coronado de fuego levantarse,
y, a su beso de lumbre,
brillar las olas y encenderse el aire!

¡Qué hermoso es tras la lluvia
del triste otoño en la azulada tarde,
de las húmedas flores
el perfume aspirar hasta saciarse!

¡Qué hermoso es cuando en copos
la blanca nieve silenciosa cae,
de las inquietas llamas
ver las rojizas lenguas agitarse!

Qué hermoso es cuando hay sueño,
dormir bien... y roncar como un sochantre
y comer... y engordar... ¡y qué desgracia
que esto sólo no baste!.
825
David Escobar Galindo

David Escobar Galindo

Parábola

El sol se pierde —moneda de fuego
en su ciega alcancía.
Duerme el tesoro, luego, en el pleno sosiego,
hasta que lo descubre, de pronto, en el hondón,
el picapedrero del día.


(Tal le pasa al maduro corazón).
405
Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Lxii

RIMA LXII


[Al amanecer]


Primero es un albor trémulo y vago,

raya de inquieta luz que corta el mar;

luego chispea y crece y se dilata

en ardiente explosión de claridad.


La brilladora lumbre es la alegría,

la temerosa sombra es el pesar.

¡Ay! En la oscura noche de mi alma,

¿cuándo amanecerá?


1.143
Carolina Coronado

Carolina Coronado

En Un Álbum Que Me Presentaron Cuando Estaba Contemplando Una Hermosa Tarde

La tarde va a expirar... lejano y tibio
el sol ya terminando su carrera
en las tranquilas aguas reverbera
su postrimera luz:

Y los alegres pájaros meciendo
entre las ondas sus pintadas plumas,
hacen saltar las cándidas espumas
con su leve chapuz.

Y las flores que lánguidas doblaron
el mustio cuello en el calor del día,
se alzan risueñas a la luz sombría
del sol que hundido
está.

La tarde va a expirar... la luna apenas
entre la luz y sombras indecisas
en la azulada esfera se divisa
con vaga claridad.

Murmura el viento entre el ramaje espeso
las amarillas hojas arrastrando,
y en la faz de las aguas resbalando
con leve agitación.

Pardas tinieblas el espacio hienden
que oscurecen el cielo por instantes;
cruzan las aves de la noche errantes
en vaga confusión.

Ésta es la hora de la amante cita
que doy a los espíritus divinos;
con los últimos rayos vespertinos
vengo a la soledad.

Para escribir los místicos cantares
que estas horas inspiran a mi alma
he menester las hojas de una palma
llena de santidad.

Llevad lejos de mí libros profanos
que me fatigan los dolientes ojos,
y sus pinturas que me dan enojos
llevad lejos de mí;

Porque estas horas tristes de la tarde
a contemplar el cielo las dedico
yel corazón amante mortifico
con escribir aquí.
455
Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

Desnudos

Por el mar vendrán
las flores del alba
(olas, olas llenas
de azucenas blancas),
el gallo alzará
su clarín de plata.

(¡Hoy! te diré yo
tocándote el alma)

¡O, bajo los pinos,
tu desnudez malva,
tus pies en la tierna
yerba con escarcha,
tus cabellos verdes
de estrellas mojadas!

(...Y tú me dirás
huyendo: Mañana)

Levantará el gallo
su clarín de llama,
y la aurora plena,
cantando entre granas,
prenderá sus fuegos
en las ramas blandas.

(¡Hoy! te diré yo
tocándote el alma)

¡O, en el sol nacido,
tus sienes doradas,
los ojos inmensos
de tu cara maga,
evitando azules
mis negras miradas!

(...Y tú me dirás
huyendo: Mañana)
783
Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez

El Adolescente

El alba me sorprende
buscando entre los lirios
la huella de tu paso.

¡Imajen del naciente,
que yerras en los hilos
del renacer temprano!

¿En dónde el blanco tenue
que luzca en el sol fino,
por el frescor morado?
573
Página 1 Siguiente