Poemas en este tema

Viajes y Horizontes

Carlos Pellicer

Carlos Pellicer

Recinto

El paisaje decía:
«¿Quién iba a sospechar, después de tanto
ir y venir por cuatro mares —sueños—...
que en un valle pintado
por el niño sin nombre, yo sirviera
para el de ojos errantes, teatro amor?
Toda su geografía del paisaje
vino a quedar en un rincón inédito,
en un lugar cualquiera de la Mancha
de cuyo nombre...»

Y el paisaje
cintilaba los Bósforos, las tardes
florentinas, la palma Río Janeiro,
la grande hora de Delfos y el bazar
de las tierras de España y las etcéteras,
y enrollaba los mapas...

Porque sólo
tengo los ojos dioses del paisaje
echados a los pies del valle poco,
inédito tal vez... Y ágil escondo
el lugarcillo esbelto cuya diáfana
desnudez aligera sus contornos,
sus posturas aéreas, sus pueblos de bolsillo,
y sus luces audaces.
Y el paisaje
con su risa de siglos, mi memoria
invadía. Las puertas de las horas
cerráronse y quedó ya solo, dentro
de la errante mirada,
el valle poco —grande con su dueño—
seguro al corazón como una espada.
486
Carlos Pellicer

Carlos Pellicer

Deseos

DESEOS

A Salvador Novo

Trópico, para qué me diste

las manos llenas de color.

Todo lo que yo toque

se llenará de sol.

En las tardes sutiles de otras tierras

pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.

Déjame un solo instante

dejar de ser grito y color.

Déjame un solo instante

cambiar de clima el corazón,

beber la penumbra de una cosa desierta,

inclinarme en silencio sobre un remoto balcón,

ahondarme en el manto de pliegues finos,

dispersarme en la orilla de una suave devoción,

acariciar dulcemente las cabelleras lacias

y escribir con un lápiz muy fino mi meditación.

¡Oh, dejar de ser un solo instante

el Ayudante de Campo del sol!

¡Trópico, para qué me diste

las manos llenas de color!

637
Carlos Marzal

Carlos Marzal

Los Países Nocturnos

LOS PAÍSES NOCTURNOS

A Manuel A. Benítez Reyes


Hay una geografía de la mente.

Hay paisajes nocturnos, igual que hay territorios

en donde un sol dichoso se eterniza.

Hay países de sombra que regresan

en el maldito tren de largo recorrido

con parada en nosotros.

Hay un desierto de la inteligencia,

y he navegado océanos sin luz

al fondo de unos ojos

que no tenían fondo.


No es una nueva dimensión del mundo.

El primer hombre ya exploró la tierra

en su vastedad negra; le bastó un instante

de auténtico dolor, para haber fatigado

los trenes, los desiertos, las selvas y los ojos.


Estas desordenadas palabras en la niebla

no pretenden servir, ahora ni nunca,

de acta fundacional de ninguna ciudad.

Estas ciudades han sido desde siempre

y viven en el alma,

alzadas en un aire enrarecido,

callejón neblinoso por donde ya anduvimos,

extrarradio feroz al que nos condenaron.


Explorador sin suerte,

viajero del mundo que has perdido

el Sur y el Norte, y el avión de regreso

hacia una patria un poco más amable.

Hermano equivocado que estuviste

el día equivocado

en el equivocado centro de tu vida,

equivocando el modo de escaparte.


Hay una geografía de la mente.

Hay un teatro donde se representa

nuestro viaje hacia nosotros,

desde nosotros mismos.

Y en la escena final del acto último

hay un barco que se hunde en un hielo brumoso,

mientras en los salones

una orquesta fantasma

acomete un vals para los muertos.



Adivina quién fue invitado a los salones,

adivina quién baila la música fantasma,

y adivina quién

se hundió con ese barco.

555
Carlos Marzal

Carlos Marzal

La Noche Antes Del Viaje

Deseo lo que habrá de venir, pero aún deseo más
que lo que haya de ser sea un recuerdo,
otro nuevo episodio que permita, en un breve futuro,
distintas noches previas al día de partida,
puesto que en esas horas el vivir se descubre
con una fuerza extraña que el viaje no conoce,
y que el deseo nunca podría contener.

La vida antes del viaje no parece vida,
sino un ofrecimiento
imposible de ser ya defraudado.
Nuestras fieles rutinas no conciernen
a quien se marchará, y el día de mañana,
inabarcable,
excita los sentidos, aviva la esperanza
y nos impide el sueño. El tiempo cotidiano,
aunque nos pertenezca, en el recuerdo es torpe,
y ese distinto tiempo que se aguarda
tiene un lugar para creer posible
que otra será la vida que suceda.
Más próxima a la idea que tenemos
La noche antes del viaje.

Todavía unas horas demoran la partida
y ya quiero volver para esperar de nuevo.
715
Carlos Marzal

Carlos Marzal

Pluscuamperfecto De Futuro

Cuando deje las sábanas, mañana,
pensaré que mi sueño de la noche
no ha sido sólo un sueño
y que lo que me aguarda no es la huraña
mañana de mañana.
Acogeré mi cuerpo esperanzado,
como un feliz presagio inmerecido,
y si hay un cuerpo al lado,
será maravilloso descubrirlo,
saber que las monedas que he pagado
(y las monedas con que me ha comprado)
han sido las monedas del amor,
que pagamos con gusto y por el gusto,
locos de amor los dos.
Y amar, esa mañana, extrañamente,
será la redención de nuestros actos
pasados y futuros,
y el hecho del amor, en su presente,
será como la historia sin la historia,
un cuento que contamos con los cuerpos
y que tiene sentido,
lleno de ruido y furia compartidos.
Y si despierto solo,
despertaré contento de estar solo,
por la simple razón de estar conmigo,
que soy el viejo amigo
de algunos buenos ratos que he vivido.
Se inundará la casa con el sol,
y si no hay sol se inundará de gris,
un gris reconfortante, de París,
que es la ciudad que tiene un gris más sol.
Haré mis abluciones matinales
y haré la colación,
y respecto al milagro
de que los alimentos alimenten
haré una reflexión
profunda, sorprendente, que alimente
las estancias del alma y que dé calma
a un alma que ama la contemplación.
Para el resto del día tendré planes
y hasta tendré esperanzas,
que ya es tener bastante un mismo día,
y en un claro derroche de energía
tendré la convicción de que los planes
y hasta las esperanzas
no son la más completa tontería.
Naceré a mi ciudad,
como si fuese la primera vez
que nazco y que la veo,
contento de nacer y de fundar,
igual que un gran viajero, mi ciudad,
quizá un lugar tranquilo junto al mar,
donde esperar consiste en encontrar
una buena razón para esperar
el paso de los días.
Ya la ciudadanía,
que, comúnmente, es una porquería,
una viciosa tropa indiferente,
habré de comprenderla, y, comprendiéndola,
comprenderé toda su indiferencia,
su desprecio, porque tendré conciencia
de que quien más quien menos (y me incluyo)
tiene una innoble historia que contar,
lo cual, si no inocentes,
nos vuelve dignos de algo de piedad.
Seré un huésped del tiempo, un invitado
que aspira a estar contento y al cuidado
de las horas, hasta lograr que el tiempo
sea por fin mi líquido elemento,
y no un andén desierto en que aguardar
trenes de paso hacia ningún lugar,
cansado, el pensamiento, de sentir,
y de pensar, cansado el sentimiento.
Toda la peor vida de la vida,
que a veces es la única que ocurre,
le habrá ocurrido a un yo que no conozco,
un yo que a fuerza de desconocido
convierte en no vivido lo vivido,
y el yo que reconozco, el que comparte
la vida preferida
(ésa que ha estado siempre en otra parte)
sera mi yo más mío.
Y la vida que venga será fácil,
o lo parecerá (que más me da)
será la dulce vida,
y por dulzura y por facilidad
será una eternidad mientras me dura,
aunque sólo me dure un día más.
Por eso, más que un día,
mi día de mañana es el proyecto
de un tiempo por llegar:
es el pluscuamperfecto de futuro.
Ya sólo hay que aprenderlo a conjugar.
738
Carlos Marzal

Carlos Marzal

Servidumbre De Paso

En nuestra sumisión nos consumamos,
en nuestra servidumbre nos crecemos,
vivimos a compás,
en la angostura de un andar errátil
que nos da la amplitud,
al comprender
la bella anomalía de este viaje.

Nómadas en esencia,
muchedumbre
que cruza en extravío
del uno al otro lado de nosotros,
polizones
en la nave del mundo,
huéspedes
al amparo de nadie,
en deuda con la vida, que está en deuda
con el secreto amor que profesamos
a todo trance siempre hacia la vida.
Apátridas por fuerza en nuestro espíritu.

A la buena de un dios en descalabro,
clandestino de mí,
pobre de qué.
señor de dónde,
en un inacabable deambular,
al arte por el arte
de estar vivo.

Un vaso de agua fresca al transeúnte,
un pedazo de pan al vagabundo,
un puñado de sal al peregrino,
que voy en trashumancia,
que voy de merodeo,
voy de paso.
521
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Versos Improvisados Con Varios Motivos La Empresa Del Ferrocarril De Extremadura

Bien llegados a España, caballeros.
Esta joven nación, su tierra pura
os brinda a los amigos extranjeros
que lecciones la ofrecen de cultura:
por el terso carril marchen ligeros
los hijos de la rica Extremadura,
vuestras artes, y ciencias y portentos
a igualar y vencer con sus talentos.

¡O mi pueblo, sencillo patriarca
tan agreste pacífico y tan rudo,
de ferrados-carriles tu comarca
van a ornar, y ya en vez del torpe y mudo
buey que sus pasos por minutos marca
¡rodará gran vapor!... ¿Quién tanto pudo?
¿Qué impulso, qué vigor, qué movimiento
pone a tan bella fábrica el cimiento?

Hay una tierra, en medio el Océano
donde O''Connell nació y a Byron cuenta,
¿qué reino hallar más fuerte y soberano
que la patria feliz que a ambos alienta?
Pues ya del genio y del poder Britano
tanto el raudal inmenso se acrecienta
que sus diques rompiendo a inundar pasa
el virgen suelo que de sed se abrasa.

Ya corren hasta aquí sus manantiales;
ya el campo bebe su copioso riego;
ya florecen brillando a sus cristales
el extremeño prado y el manchego.
¡Ay! los que tal pobreza y tantos males
en la guerrera lucha a sangre y fuego,
soportaron pacientes, ¿cómo ahora,
dicha comprenderán tan seductora?

Agriado el corazón por los azares,
perdida en desengaños la esperanza,
nada aguardamos ya sino pesares,
sólo en el mal tenemos confianza;
por eso hacia la gente de los mares
torva la vista, y suspicaz se lanza
y rechazando el bien porque suspira
responde el español: «Fraude, mentira».

Empero, no a los hijos de Bretaña
que nos tendieron las amigas manos
cuando el Coloso amenazó a la España
deben temer los nobles castellanos;
antes bien recordar la fiel campaña
que hicieron los dos reinos como hermanos
para que aliento infunda a la memoria
de Wellington su lauro y nuestra gloria.

¡Por qué ese recelar eterno y triste!
¡Por qué en el porvenir tal desconsuelo!
¡Por qué así nuestro espíritu reviste
con su negro color el blanco cielo!
Tal vez el hado en el rencor desiste
con que siguió nuestro cefrado suelo,
y su primer sonrisa alegremente
nos muestra en el camino reluciente.

¡Cuánta prosperidad, cuánta grandeza!
¡Cuán fecundos los montes hoy salvajes
pavimentos darán con su corteza,
moradas ornarán con sus ramajes!;
cuántos pueblos, alzando la cabeza
por contestar de Europa a los ultrajes
«venid aquí —dirán— pueblos hambrientos,
¡que nosotros estamos opulentos!»
526
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Un Año Más

¡Un año más!... un año, Ángela mía,
y aún no ha mudado mi horizonte triste,
y de tan ancha tierra como existe
no he descubierto un palmo todavía;
¡un año más!... un año día tras día
lentos conté, y enero se reviste
de nuevo sol para ostentar mañana
su cabellera por los hielos cana.

Hija de Italia; tú que los jardines
de la reina del mundo has contemplado,
tú, que en su bello mar te has retratado
al buscar sus sirenas y delfines;
tú, que de España ahora en los confines
ves a ese mar, que yo nunca he mirado,
removiendo en su azul mil pabellones,
no puedes comprender mis ambiciones.

A veces de ese mar las conchas beso,
y si veo por dicha algún marino
la relación de su feliz camino
le escucho con tiernísimo embeleso,
y cuando cesa, doloroso peso
siento en el alma, al comparar mezquino
con tan soberbios gigantescos mares
el arroyo en que gimo mis cantares.

Los barcos de los pobres pescadores
son los buques que cruzan sus riberas,
los lienzos de las pobres lavanderas
los ricos estandartes brilladores;
y tan sólo a estos puertos salvadores
vienen, en vez de flotas extranjeras,
blancos gansos, luchando con la ola
y alguna gallareta errante y sola.

¿Has visto al topo que en la tierra hundido
preso en el hoyo se remueve a oscuras
y con la frente en las paredes duras
da cuando intenta ver el sol lucido?
Entre este viejo murallón roído,
yo soy el topo, que las luces puras
que en los alegres campos se reflejan
nunca estos muros contemplar me dejan.

Contra este muro donde puso escalas
el francés ambicioso y el britano
como sus vivas y rugientes balas
mi ardiente corazón se estrella en vano;
en vano tiendo ¡ay! hacia ti mis alas
desde este torreón, que el africano
dejó, tal vez, en nombre de Mahoma
para nidos del búho y la paloma.

Aquí muere la flor de la poesía
antes que esponje el aura su capullo,
aquí se anega el sol del noble orgullo
antes que logre esclarecer al día,
aquí de la creadora fantasía
el manantial se agota sin murmullo,
aquí sólo el amor gigante crece
y ni se agota, apaga ni envejece,

Aquí frente por frente a las pasiones
en imponente lid nos encontramos,
y aquí, como Petrarca, eternizamos
del cariño ideal las ilusiones;
aquí en la soledad los corazones
en nuestro amor tan sólo concentramos
y aquí de la poetisa el vital giro
se puede reasumir en un suspiro.

¡Un año más! ¡Un año, Ángela mía,
y el doloroso incendio no se apaga,
y esta ansiedad devoradora y vaga
no se extingue en mi pecho todavía!...
Ángela, pues, tu voz sonora y pía
a tus hermanos ángeles halaga,
¡ruégales por que el sol del nuevo enero
ilumine la paz que ansiosa espero!

Yo tengo fe en el porvenir oscuro,
yo de engañarme en los recelos trato,
yo a la esperanza el corazón dilato
y bello siempre el porvenir auguro;
yo ser feliz en la ilusión procuro
contra el torrente del destino ingrato
y al ver del nuevo año, sol que brillas,
cruzo mis manos, doblo mis rodillas.

¡Oh nuevo sol, tus rayos bienhechores
no a mí sola su ardor fecundo extiendan
que a las criaturas todas hoy comprendan
sus vivíficos sacros resplandores!
¡Que alivien la miseria y los dolores
de la España infeliz, que al pobre atiendan
y no pase con nuevos desengaños
un año más, unido a tantos años!
755
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Al Liceo De La Habana

Aquí ha vivido al pie de la corriente
conmigo nada más la golondrina;
¿quién pudo en ese vasto continente
el nombre repetir de Carolina?
¿quién os dijo que canto tristemente
sino fuera del valle esa vecina,
que os va a contar al cielo americano
lo que pasa en mi tierra en el verano?

¿Es esa negra quien mi voz sorprende
cuando gimo en el valle descuidada,
y allá más lejos mi secreto vende
cuando yo de su amor no cuento nada?
No ha podido ella ser... ella no entiende
ni mi suspiro ni mi voz ahogada,
y aunque a mi lado viva en el estío
nada os pudo llevar del canto mío...

¿Cómo, tampoco el viento que a las olas
del olvidado Gévora murmura,
en las últimas tierras españolas,
os pudo transmitir mi voz oscura?
¿cuál, pues, de las marinas banderolas
que flotan de la mar por la llanura
agitando en sus olas la poesía,
americanos, trasportó la mía?

Porque sabéis de mí... sabéis mi nombre...
sabéis que canto y repetís mi acento...
y en alabanza, por que más me asombre,
respondéis a mi oculto pensamiento;
y no adivina el corazón del hombre
lo que pude sentir ni lo que siente,
como en mi propio canto repetido
mi eterna gratitud no hayáis oído.

Sabréis que ha sido mi ventura tanta,
que yo he nacido en la inmortal colina
donde nació aquel hombre a cuya planta
el pabellón de América se inclina;
aquél por quien se eleva la cruz santa
y la luz evangélica ilumina
en ese mundo hermoso y opulento,
a donde fue a exhalar su último aliento.

Y sabréis que me siento en una peña
a ver al toro derribar la cuna
de aquel grande Cortés que nuestra enseña
clavó sobre las torres de la luna;
que en la cóncava piedra berroqueña
de su blasón echar de la laguna,
he visto el agua... y dar a nuestros bueyes
la copa digna de beber los reyes.

Y que levanto la mirada al cielo
a darle gracias por el gran caudillo
no tiene su sepulcro en este suelo
que empaña de su cuna el claro brillo;
y que dirijo con gozoso anhelo
al Occidente el corazón sencillo,
para decir «salud» a los hermanos
que guardan los sepulcros castellanos.

Hijos de aquella isla hospitalaria
donde brindan las palmas en reposo,
sabréis cómo en mi tierra solitaria
agradecemos vuestro asilo honroso;
y apenas escucháis nuestra plegaria,
cuando tendiendo el brazo generoso,
atravesáis el mar con digno ejemplo
para hacernos entrar en vuestro templo.

Y ¿a quién hoy sino a mí, pobre criatura;
cigarra de estos sucios labradores,
del áspero rincón de Extremadura
se tornan vuestros ojos protectores?
Mi canto agreste por mi tierra dura
el oído desgarra a los pastores,
y yo propia cansada de mi tono
al silencio del campo me abandono.

Pero a vosotros mi insonoro eco
dulce parece por sonar lejano,
y ya del sulco en el ingrato hueco
vuelvo a cantar en mi eternal verano;
no importa que mi son rústico y seco
aleje a los pastores de este llano,
si atravesando los lejanos mares
llegan a vuestro cielo mis cantares.

¡Gracias! el llanto que al oíros brota
refresca mi semblante y me consuela,
el alma a bordo de mi arpa rota
ya por los mares a encontraros vuela;
al pie de vuestra palma gota a gota
caerá ese llanto que mi fe revela,
¡y a la sombra feliz de vuestra palma
entre las vuestras vivirá mi alma!
471
Carolina Coronado

Carolina Coronado

A Cádiz

No es sueño, es la verdad ¡oh mar! te veo...
no es sueño, es la verdad, ¡estoy contigo!...
no es sueño, es la verdad, tus ondas sigo
y sacio en contemplarte mi deseo;
aquí está la verdad en que yo creo,
aquí habita el Señor que yo bendigo,
y siento entre estas vívidas montañas
el hondo palpitar de sus entrañas.

¡Tú eres el mar!... ¡el mar!... no eres el
río;
el horizonte con tus brazos llenas,
y en vez de murmurar bramas y truenas
maravillando el pensamiento mío,
pero en tu seno con placer confío
recuerdos, dichas, esperanzas, penas,
sin que un instante me acobarde el miedo
de que en tus ondas sumergirme puedo.

¿Miedo de ti? ¿Por qué? ¿No es de la tierra
de dónde vengo yo? ¡Por qué temerte!
¿Amenazas tú más que con la muerte
ni tienes sino el agua que dé guerra?
¿En dónde tu maldad ¡oh mar! se encierra
para que así nos acobarde el verte?
¿Qué me puedes hacer? ¿Tragar mi barca?...
La Francia se ha tragado a su monarca.

¿A dónde vais, pobres gaviotas,
huyendo así del horizonte oscuro?
¿No teméis el morir al pie del muro
en sangre tintas vuestras alas rotas?
Hubo una edad entre las más remotas,
en que la tierra fue asilo seguro;
pero lanzados ya de aquel asilo,
el torrente del mar es más tranquilo.

¡Ah! yo no sé; pero al mirar de lejos
la vasta soledad del agua hermosa,
me siento de vosotras envidiosa
que podéis habitar en sus espejos;
los marinos nos dan tristes consejos,
porque huyamos del agua borrascosa;
pero al lanzarnos de tan bella casa,
no saben ahora lo que en tierra pasa.

¡Cuánto más blando el mar que nos rodea,
aunque el torrente abata vuestros vuelos,
será que las pasiones, los desvelos
de esa región que a nuestra vista humea!
¡No os vais del mar! El alma se recrea
soñándose suspensa entre dos cielos,
y si no tengo yo en las verdes salas,
menos debéis temer que tenéis alas.

¿Qué he de temer? ¿Que el mar en sus extremos
de sal inunde mi entreabierta boca?
¡La sed que en medio el agua nos sofoca
en la salada lluvia saciaremos!
Más salado es el llanto y lo bebemos
en tierra seca, y no en corriente poca,
siempre con ansia igual, con igual daño
un día y otro, uno y otro año.

¡Oh mil veces feliz ave y marino,
que cruzan sin temor esas montañas,
y más dichosa tú la que te bañas,
Cádiz, en ese golfo cristalino!
Allá te veo entre el flotante lino
salir, hermosa, honor de las Españas,
cual salen las palomas por el río
cuando a bañarse van en el estío.

Hija de las entrañas de Océano,
como sus conchas y sus peces eres,
y las que guardas célicas mujeres
son perlas escogidas por tu mano,
a bordo de tu buque soberano
Siempre embarcados, tus felices seres,
Gozan en paz de la ilusión divina
De este viaje que jamás termina.

Cuando del muro los estrechos lazos
salta y el onda tu cabeza baña,
dicen que quiere con terrible saña
tragarte el mar en míseros pedazos,
pero es que te acaricia entre sus brazos
como a sus tiernos hijos la alimaña,
y cuando más parece que te abruma
te da la leche de su blanca espuma.

¡Ciudad de torres solitaria y bella!
todo es hermoso en tu recinto amigo;
el pobre halla limosna y halla abrigo,
y aun da a otros pobres el sobrante de ella.
Cuando me lleve mi contraria estrella
lejos de ti; me soñaré contigo...
si es que duerme bastante para el sueño
quien nada espera dulce ni risueño.

¡Ah, sí! me queda la ilusión divina
de este mar tan inmenso y tan profundo,
donde ha de hallar, al fin, descanso el mundo
cuando lo quiera Dios. Alma vecina
del mar, mejor comprende y adivina
lo que es Dios, lo que el pueblo moribundo,
que encerrado se agita y despedaza
ser contra ser y raza contra raza.

Ya le voy a dejar, nada en la vida
sino el dolor profundo es duradero,
y por lo misino que mirarlo quiero,
tengo que darle ya mi despedida;
todo placer va siempre de partida
muy pronto por la vida, muy ligero,
y basta que la mar mi encanto sea
para que nunca más su encanto vea.

¡Adiós, amigos!... ¡tierra hospitalaria!...
Las lagrimas más dulces que he vertido
¡oh Cádiz, Cádiz! en tu seno han sido;
y si en medio del agua solitaria
ves en el barco un rostro, que afligido
te mira, yo seré que entre la varia
gente y la nube del vapor que humea
«¡Adiós, adiós, diré mientras te
vea!»
723
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Última Tarde En Andalucía

En despedidas nuestra vida pasa
cada día un adiós ¡ay triste vida!
¡que siendo vida en tiempo tan escasa,
la hayamos de pasar tan afligida!
Aun el de ayer nuestra mejilla abrasa
llanto de la postrera despedida,
y hoy se agolpa a los ojos otro tanto...
¡qué lluvia tan perenne es la del llanto!

Yo que no dejo hogar en que viviera,
una piedra ni un árbol conocido,
sin que al mirarlo por la vez postrera
no me arranque una lágrima, un gemido;
paso en lamentación mi vida entera:
mas ¿cómo sin lamentos me despido?
¿cómo no ha de llorar el alma mía
cuando te pierdo, hermosa Andalucía?

Hasta al mismo dolor si se despide
le damos al pasar una mirada,
una mirada que el espacio mide
de aquella hora en su región pasada.
¿Cómo podéis pensar que el bien se olvide?
¿cómo podéis querer que yo olvidada
de esta hermosa y dulcísima ribera
no le dé ni una lágrima siquiera?

Las bellas tardes que pasé a su orilla
¿sabéis que fueron para mí muy bellas?
¿sabéis que de la barca más sencilla
gozo en seguir las relucientes huellas?
¿sabéis que es más hermosa cuando brilla
aquí la luna, el sol y las estrellas,
y que voy a sufrir más desconsuelo
cuando me aleje de tan claro cielo?

¿Sabéis que necesito en este ambiente
ahogarme en azahar, morirme en rosas
para aliviar mi corazón doliente,
de emociones muy tristes, muy penosas?
¿sabéis que he menester la luz candente
de esas puras mañanas vaporosas,
aspirar de estos huertos en la calma,
para alejar el tedio de mi alma?

¿Habéis mirado el agua en la llanura
cuando se oculta el sol en la arboleda,
los árboles bañando y la frescura
y la fragancia que al bañarlos queda
habéis sentido allí... ¡Ah! qué ternura
inspira el son del agua cuando rueda
por los campos de acacia perfumados
y sus ecos muriendo en los collados.

¡O amiga tierra! ¡O vale regalado!
O sol ardiente, sol de Mediodía,
como al insecto yerto has reanimado
mi ser que en el dolor languidecía;
en pago al caro bien que tú me has dado
te doy mi corazón en mi poesía,
y aunque la hieran con su diente insano
canes que al darles pan muerden la mano.

Poco y amargo a su mortal fiereza
hoy mi mano en mis versos les envía,
porque abrasa la fiebre mi cabeza
y no puedo cantar como quería;
yo me llevo conmigo la tristeza,
pero dejar quisiera la alegría,
y no puedo... me ahogo... esfuerzo el canto,
y en vez ¡ay! de cantar prorrumpo en llanto.
485
Carolina Coronado

Carolina Coronado

La Aurora De 1848

Ya se presenta allí, ya nos aguarda:
decid, ¿no os acobarda,
corazones humanos, su venida?
¿hay alguno que inquieto
no esté con el secreto
que esconde el porvenir para su vida?

Yo os conjuro a mirar la última estrella
que humilde luz destella,
cuando empieza a radiar el sol naciente;
y os conjuro, mortales,
a recordar los males
que lloráis del pasado amargamente.

Yo en mi atrevido, pertinaz empeño,
quiero apartar del sueño
el ánimo tranquilo y descuidado,
porque en sí mismo lea,
y en cuanto le rodea
estime el porvenir por lo pasado.

¿Quién el feliz será que ningún daño
ha sufrido en el año
que hacia el abismo rápido desciende,
y en soñolencia vaga
ve el astro que se apaga
y no quiere mirar ti que se enciende?

¿Quién será que del año en el espacio
la rueda de topacio
del sol sobre su frente no ha sentido,
destrozando las flores
de sus bellos amores,
de su esperanza, de su bien querido?

Cada cual en su historia lastimada
arroje una mirada
de su pena al recuerdo lastimero;
y temblará de espanto
¿al pensar que otro tanto
tal vez te aguarda el año venidero...

¡Ah! -Vos diréis que lóbrego y sombrío
empiezo el canto mío,
en vez de alzar con plácida sonrisa
himno que alegre el alma,
dulce expresión de calma
del feliz corazón de una poetisa.

Vos diréis que los mágicos jardines,
los bosques de jazmines,
orgullo de la hermosa Andalucía,
deben de mi cabeza
alejar la tristeza,
despertar mi entusiasmo y mi alegría.

Diréis que en el murmullo de esas fuentes
se calman las vehementes
penas del joven corazón herido,
y que a esta tierra agravio,
si no expresa mi labio
la dicha que en sus campos he sentido.

¡Ay! sí; yo cantaré cuando me aleje
tal vez por siempre, y deje
la tierra, alivio a mi salud perdida;
yo elevaré un acento
de hondo agradecimiento
en el adiós de tierna despedida.

No olvidaré las fuentes bulliciosas
ni las perennes rosas,
que esmalta sin cesar tibio rocío;
ni la luz trasparente
de un sol siempre luciente
sobre el cristal de su encantado río.

Yo en las ruinas que cantó RIOJA
he besado la hoja
de una amarilla flor, que allí temblando
crecía en una roca;
yo he llevado a mi boca
la corona real de SAN FERNANDO.

Yo del audaz COLÓN sobre la losa
he orado respetuosa
en la gran catedral, bajel divino,
digno del bueno piloto
que un nuevo mundo ignoto
buscaba por el piélago marino.

No; yo no olvido cuanto grande encierra
esta gloriosa tierra;
y cuando quiera el Dios de la armonía
cesar en su abandono,
elevaré mi tono
para cantar la bella Andalucía.

Diré cómo he venido, triste ave,
a este clima suave
donde he encontrado generoso abrigo;
y que, siempre querida,
del árbol que me anida
la benéfica sombra irá conmigo.

Diré que la amistad me dio sus brazos,
que los más puros lazos
me estrechan con dulcísimos favores
en esta tierra bella:
diré que he hallado en ella
toda ilusión... excepto los amores.

No seré como el mísero gusano
que en el ramo lozano
después que logra protector asilo,
marchita su frescura,
royendo la flor pura
en cuyas hojas reposó tranquilo.

Pero es la vez primera, ¡oh madre mía!
que el grave y santo día
en que el año nos muestra sus albores
vivo de ella apartada,
y me siento agobiada
de dudas, de presagios, de temores.

Por más que esfuerzo el ánimo caído,
por más que del sentido
quiero alejar presentimientos vanos,
la pena me quebranta,
se anuda mi garganta
al recordar mis padres, mis hermanos.

El año expira... en él ya no los veo
sino por el deseo;
pálido el nuevo sol irá mañana
con sus rayos perdidos,
cuando aún estén dormidos,
las rejas a alumbrar de mi ventana.

Mis tórtolas con queja lastimera,
sin mí por vez primera,
saludarán del astro la venida;
¡hartas veces cantamos
y juntas celebramos
la antorcha de esos años extinguida!

Y he visto que los años mi contento
de uno en otro momento
en mi espíritu han ido amortiguando,
y que de mi poesía
la llama que lucía,
poco a poco también se fue apagando.

¿Qué nos traerá ese sol aún escondido
a este mundo afligido?
¿Qué nuevo llanto verterán los ojos?
¿A qué ignorada pena
la suerte nos condena
en sus varios y fáciles antojos?

Tal vez de España, guerras, desventuras,
aguardan las criaturas,
o el espantoso azote del Oriente
vendrá, salvando mares,
las vidas a millares
a devorar de nuestra pobre gente.

¡Y el año expira.... y suena la campana
que pronuncia el mañana!
Y ciegos, sin saber donde corremos,
por más que le temamos,
al porvenir nos vamos,
¡aunque en el fijo mal nos estrellemos!

¡Mísera condición! Nadie nos guía
esta noche sombría;
perdemos ya de vista a un ENEMIGO
en el año que ha muerto:
pero ¿sabéis de cierto
si en el presente hallamos un AMIGO?

Vos no temáis, aunque enemigo sea,
porque en esta pelea
sois hombres, al fin, y con valor os vemos
a sufrir padeceres;
¡pobres de las mujeres
que ni valor para sufrir tenemos!

Y aun cuando el año próvido y fecundo
venga sobre este mundo
a dar de bienes su rocío santo,
siempre, sin dichas otras,
será para nosotras
¡estéril en placer, fecundo en llanto!
507
Carolina Coronado

Carolina Coronado

A La Invención Del Globo

Águila altiva, que la nube asaltas
y en la cumbre a mirar al sol te atreves;
águila rauda, que los mares saltas
cuando las alas anchurosas mueves;
águila audaz, que en las regiones altas
la hiriente lumbre de los astros bebes;
águila reina, ya tiene el espacio
rival que te dispute tu palacio.

Si hallaras por acaso en tu elemento
veloz cruzando por las propias vías
al hombre que se eleva al firmamento
«vive Dios, al pasar, le gritarías,
que ni libres están, genio avariento,
de tus asaltos las regiones mías;
venció tu brazo cuanto halló en la tierra
¿y ora viene a mover al cielo guerra?»

Sí, sí, corcel para correr el suelo,
ligero pez para salvar los mares,
es águila atrevida para el cielo
el libre ser que en tu camino hallares;
déjale remontar contigo el vuelo
que de estrellas tal vez nuevos millares
cuando más huya la terrestre esfera
va a descubrir en su feliz carrera.

¿Qué vales tú si allá de las alturas
las bellezas que alcanzas no nos cuentas?
¿Qué importa cuanto ves en las anchuras
que mides con tus alas turbulentas
si nuevas no nos das a las criaturas
que estamos de saber aquí sedientas,
si un himno a la creación por obra tanta
jamás tu pico inexpresivo canta?

Mas aquel otro ser que el éter hiende
sube ya a comprender tanta belleza,
y del nuevo prodigio que sorprende
bajará a relatarnos la grandeza;
ya por cima del mundo se suspende
a contemplar la gran naturaleza,
y si le place el mar, su vuelo ataja
y como el ave acuática al mar baja.

Y cual vapor del mar se eleva luego
y con las nubes por los aires gira,
del encendido Can resiste el fuego,
del furioso aquilón sufre la ira;
sus fuertes alas en su presto juego
salvan al hombre que asombrado mira
allá por bajo de suspies tendido
el monstruo enorme de quien es nacido.

Como naturalista observa atento
de ignorado reptil la forma extraña;
el hombre aquel verá, pegado al viento,
como es la tierra que el Océano baña;
del polo ignoto, de viviente exento,
escrutará, tal vez, la oculta entraña,
y tal verdad puede alcanzar su idea
que la ciencia de ayer fábula sea...

¡Tanto saber...! ¿si escalará tu estancia
esta turba, Señor, de inquieta gente?
¿No pusiste, gran Dios, harta distancia
entre tu solio y nuestro genio ardiente?
No lograremos ¡ay!, por mi constancia
el triunfo de encontrarte frente a frente,
mas libres ya sobre los aires vamos;
¡Gloria porque a tu sol nos acercamos!
1.138
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Acuérdate De Mí

Y cuando ya no veas
las playas españolas
que tan tristes y solas
van a quedar sin ti,
cuando estés en la nave
mirando al Océano,
acuérdate ¡ay!, hermano,
¡acuérdate de mí!

Si el cielo está sereno
y el agua hermosa en calma,
en tanto que mi alma
te sigue desde aquí,
en tanto vaya el onda
sulcando tu navío,
¡ay! siempre, hermano mío,
¡acuérdate de mí!

Y si el cielo se irrita
y la mar se embravece,
mientras la gente rece
en derredor de ti,
levanta confiado
tus ojos hacia el cielo,
y al pedirle consuelo
¡acuérdate de mí!

En calma y en bonanza
siempre en el Océano
repite, dulce hermano,
«yo me acuerdo de ti».
Siempre con sol y estrellas
por la región marina,
repite «Carolina»
¡acuérdate de mí!
716
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Último Canto

Emilio, mi canto cesa;
falta a mi numen aliento.
Cuando aspira todo el viento
que circula en su fanal,
el insecto que aprisionas
en su cóncavo perece
si aire nuevo no aparece
bajo el cerrado cristal.

Celebré de mis campiñas
las flores que allí brotaron
y las aves que pasaron
y los arroyos que hallé,
mas de arroyos, flores y aves
fatigado el pensamiento
en mi prisión sin aliento
como el insecto quedé.

¿Y qué mucho cuando un hora
basta al pájaro de vuelo
para cruzar todo el cielo
que mi horizonte cubrió?;
¿qué mucho que necesite
ver otra tierra más bella
si no ha visto sino aquella
que de cuna le sirvió?

Agoté como la abeja
de estos campos los primores
y he menester nuevas flores
donde perfumes libar,
o, cual la abeja en su celda,
en mi mente la poesía
ni una gota de ambrosía
a la colmena ha de dar.

No anhela tierra el que ha visto
lo más bello que atesora,
ni la desea el que ignora
si hay otra tierra que ver:
mas de entrambos yo no tengo
la ignorancia ni la ciencia,
y del mundo la existencia
comprendo sin conocer.

Sé que entre cien maravillas
el más caudaloso río
gota leve de rocío
es en el seno del mar:
y que en nave, cual montaña,
que mi horizonte domina
logra la gente marina
por esa región cruzar.

Mas ¡por Dios! que fue conmigo
tan escasa la fortuna
que el pato de la laguna
vi por sola embarcación:
¿qué me importa el Océano
y cuantos ámbitos cierra?
¡Sólo para mí en la tierra
hay diez millas de creación!

Mar, ciudades, campos bellos
velados ¡ay! a mis ojos;
sólo escucho para enojos
vuestros nombres resonar.
Ni de Dios ni de los hombres
las magníficas hechuras
son para el ciego que a oscuras
la existencia ha de pasar.

Tal ansiedad me consume,
tal condición me quebranta,
roca inmóvil es mi planta,
águila rauda mi ser...
¡Muere el águila a la roca
por ambas alas sujeta;
mi espíritu de poeta
a mis plantas de mujer!—

Pues tras de nuevos perfumes
no puede volar mi mente
ni respirar otro ambiente
que el de este cielo natal;
no labra ya más panales
la abeja a quien falta prado,
perece el insecto ahogado
sin más aire en su fanal.
943
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Gesto De Sable Pájaro, Ademán De Orgullo

Gesto de sable pájaro, ademán de orgullo
cuando con los días contados
finges, te creces, injurias con la voz que va derecha.
Fugaces cortesías de los mares se disputan tu honor
y cierto género de noticias o silencios muy elocuentes,
espías del recuerdo las estrellas evocadoras, oleajes
de postrimerías, bendiciones, cuando
—bajo la advocación del Holandés— te desposas con el
aparejo
y el viento oficiante murmura
sobre el podrido tálamo de lona
mientras que la madera entona el réquiem.
501
Alfonsina Storni

Alfonsina Storni

Golondrinas

Las dulces mensajeras de la tristeza son...
son avecillas negras, negras como la noche.
¡Negras como el dolor!

¡Las dulces golondrinas que en invierno se van
y que dejan el nido abandonado y solo
para cruzar el mar!

Cada vez que las veo siento un frío sutil...
¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas
amantes de abril!

¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar
como los emigrantes, a las tierras extrañas,
la migaja de pan!

¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales, con las alas de luto
llegaos hasta mí!

Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad
de un volido tan sólo, eterno y más eterno
la inmensidad del mar...

¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?...
¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera,
la fuente del amor?...

¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis!
Yo soy una bohemia, una pobre bohemia
¡Llevadme donde vais!

¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis,
que tengo el alma enferma porque no puedo irme
volando yo también?

¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto
llegaos hasta mí!

¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!...
¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas
tejidas en azul!
1.091
Alfonso Reyes

Alfonso Reyes

Lailye

Lailye ¿cuándo vuelves a México y me buscas,
ya sea en Cuernavaca, ya sea en Tepoztlán?
Juntos recordaríamos aquellas cosas bruscas
del asno, el indio, el loro, la araña, el alacrán . . .

A ti que te sorprendes —aunque jamás te ofuscas—
con nuestros usos y nuestra agua y nuestro pan
¿qué te parecería si vuelves y me buscas,
ya sea en Cuernavaca, ya sea en Tepoztlán?

¿Te acuerdas? Era entonces tu ser surco en amagos,
flor de capullo, germen de amores y pasiones.
Y ahora que te abriste al triunfo y los halagos

—¡oh suma de los pueblos, compendio de naciones!—,
dime: ¿a qué te sabría volver por estos pagos,
estrella de los rumbos y de las tentaciones?
603
Alfonso Reyes

Alfonso Reyes

¡a Cuernavaca!

A Cuernavaca voy, dulce retiro,
cuando, por veleidad o desaliento,
cedo al afán de interrumpir el cuento
y dar a mi relato algún respiro.

A Cuernavaca voy, que sólo aspiro
a disfrutar sus auras un momento:
pausa de libertad y esparcimiento
a la breve distancia de un suspiro.

Ni campo ni ciudad, cima ni hondura;
beata soledad, quietud que aplaca
o mansa compañía sin hartura.

Tibieza vegetal donde se hamaca
el ser en filosófica mesura...
¡A Cuernavaca voy, a Cuernavaca!
622
Alfonso Reyes

Alfonso Reyes

Para Un Mordisco

Propio camaleón de otros cielos mejores,
A cada nueva aurora mudaba de colores.

Así es que prefiriera a su rubor primero
El tizne que el oficio deja en el carbonero.

Quiero decir (me explico): la mudanza fue tal,
que iba del rojo al negro lo mismo que Stendhal.

Luego, un temblor de púrpura casi cardenalicio
(que viene a ser también el tizne de otro oficio)

se quebró en malva y oro con bandas boreales,
que ni el disco de Newton exhibe otras iguales.

Es muy de Juan Ramón esto de malvas y oros,
O del traje de luces de un matador de toros.

Y no sé si atreverme, en cosa tan sencilla,
A decir que hubo una "primavera amarilla",

Con unas vetas verdes, con unos jaspes grises
En olas circunflejas como en el mar de Ulises.

¡Ulises yo, que apenas de Caribdis a Escila
—de un vértice a un escollo — saciaba la pupila!

Porque como es efímero todo lo que es anhelo,
El color se evapora y otra vez sube al cielo,

Y ya sabemos que poco a poco se va
Aun la marca de fuego de la infidelidá.

Y se acabó la historia — Tal era la mordida
Que lucía en el anca mi querida.
734
Alfonso Reyes

Alfonso Reyes

A Enrique González Martínez

Muchas sendas hollé, muchos caminos
solicitaron el afán creciente,
de contrastar los usos de la gente
y confundirme con los peregrinos.

Mezclaba los sabores de los vinos
en cada clima caprichosamente,
y yo no sé si ello fue prudente
o si mis pasos fueron desatinos.

Había que buscar la ruta cierta
y ceñir el desborde con el dique.
Volví cansado, procuré la puerta...

Y déjame, poeta, que lo explique
como quien se despoja y se liberta:
tú estabas a la puerta, claro Enrique.
607
Amado Nervo

Amado Nervo

Impaciencia

Soy un viajero que tiene prisa
de partir.
Soy un alma impaciente e insumisa
que se quiere ir.
Soy un ala que trémula verbero...
¿Cuándo vas, oh Destino, a quitar
de mi pie tu grillete de acero
y —¡por fin!— a dejarme volar?
853
Álvaro Mutis

Álvaro Mutis

Razón Del Extraviado

RAZÓN DEL EXTRAVIADO


Para Alastair Reid



Vengo del norte,

donde forjan el hierro, trabajan las rejas,

hacen las cerraduras, los arados,

las armas incansables,

donde las grandes pieles de oso

cubren paredes y lechos,

donde la leche espera la señal de los astros,

del norte donde toda voz es una orden,

donde los trineos se detienen

bajo el cielo sin sombra de tormenta.

Voy hacia el este,

hacia los más tibios cauces

de la arcilla y el limo

hacia el insomnio vegetal y paciente

que alimentan las lluvias sin medida;

hacia los esteros voy, hacia el delta

donde la luz descansa absorta

en las magnolias de la muerte

y el calor inaugura vastas regiones

donde los frutos se descomponen

en una densa siesta

mecida por los élitros

de insectos incansables.

Y, sin embargo, aún me inclinaría

por las tiendas de piel, la parca arena,

por el frío reptando entre las dunas

donde canta el cristal

su atónita agonía

que arrastra el viento

entre túmulos y signos

y desvía el rumbo de las caravanas.

Vine del norte,

el hielo canceló los laberintos

donde el acero cumple

la señal de su aventura.

Hablo del viaje, no de sus etapas.

En el este la luna vela

sobre el clima que mis llagas

solicitan como alivio

de un espanto tenaz y sin remedio.

503
Antonio Machado

Antonio Machado

A Don Ramón Del Valle-inclán

Yo era en mis sueños, don Ramón, viajero
del áspero camino, y tú, Caronte
de ojos de llama, el fúnebre barquero
de las revueltas aguas de Aqueronte.
Plúrima barba al pecho te caía.
(Yo quise ver tu manquedad en vano.)
Sobre la negra barca aparecía
tu verde senectud de dios pagano.
Habla, dijiste, y yo: cantar quisiera
loor de tu Don Juan y tu paisaje,
en esta hora de verdad sincera.
Porque faltó mi voz en tu homenaje,
permite que en la pálida ribera
te pague en áureo verso mi barcaje.

Ramón López Velarde
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