Poemas en este tema

Tiempo y su Transcurso

Gonzalo Rojas

Gonzalo Rojas

Los Amantes

París, y esto es un día del 59 en el aire.
Por lo visto es el mismo día radiante desde entonces.
La primavera sabe lo que hace con sus besos. Todavía te busco
en ese taxi urgente, y el gentío. Está escrito que esta noche
dormiré con tu cuerpo largamente, y el tren interminable.

París, y éste es el fósforo de la maravilla violenta.
Todo es en el relámpago y ardemos sin parar desde el principio
en el hartazgo. Amémonos estos pobres minutos.
De trenes y más trenes y de aviones errantes nos cosieron los dioses,
y de barcos y barcos, esta red que nos une en lo terrestre.

París, y esto el oleaje de la eternidad de repente.
Allí nos despedimos para seguir volando. No te olvides
de escribirme. La pérdida de esta piel, de estas manos,
y esas ruedas terribles que te llevan tan lejos en la noche,
y este mundo que se abre debajo de nosotros para seguir naciendo.

París, y vamos juntos en el remolino gozoso
de esto que nace y nace con la revolución de cada día.
A tus pétalos altos encomiendo la estrella del que viene en los meses de tu sangre,
y te dejo dormir en la sábana. Pongo mi mano en la hermosura
de tu preñez, y toco claramente el origen.
804
Gonzalo Rojas

Gonzalo Rojas

El Principio Y El Fin

Cuando abro en los objetos la puerta de mí mismo:
¿quién me roba la sangre, lo mío, lo real?
¿Quién me arroja al vacío
cuando respiro? ¿Quién
es mi verdugo adentro de mí mismo?

Oh Tiempo. Rostro múltiple.
Rostro multiplicado por ti mismo.
Sal desde los orígenes de la música. Sal
desde mi llanto. Arráncate la máscara riente.
Espérame a besarte, convulsiva belleza.
Espérame en la puerta del mar. Espérame
en el objeto que amo eternamente.
781
Gustavo Pereira

Gustavo Pereira

Hay Un Tiempo

Hay un tiempo de echarse a pensar y un tiempo de arder
y días de caer rendidos bajo techo
Un tiempo de amar
hasta el fondo
y días de herrumbre inmersos en nuestras cosas
Hay un tiempo de tender la mano y un tiempo de golpear
y un recuerdo que naufraga en nosotros y un rostro que acaso hemos visto o no.
610
Gaspar María de la Nava Álvarez

Gaspar María de la Nava Álvarez

Los Verdaderos Placeres

Vino, y festín sabroso,
y el dulce retozar de la camella,
que firme el suelo huella,
a la que amo ansioso
recuesta en lo interior del bosque umbroso.

Muchachas agraciadas,
que en torno nos rodean, con vestidos
de oro y seda tejidos;
y las frentes veladas
cual ebúrneas estatuas delicadas;

abundancia y sosiego,
y el ay suave de la cuerda herida
hacen feliz la vida:
y el hombre sigue ciego
de la fortuna el inconstante juego.

El caso adverso y fuerte,
y la dicha apacible, y la riqueza,
y la amarga pobreza
tienen la misma suerte:
que cuanto vive está sujeto a muerte.
463
Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

Noche

Las montañas se deshacen,
el ganado se ha perdido;
el sol regresa a su fragua:
todo el mundo se va huido.

Se va borrando la huerta,
la granja se ha sumergido
y mi cordillera sume
su cumbre y su grito vivo.

Las criaturas resbalan
de soslayo hacia el olvido,
y también los dos rodamos
hacia la noche, mi niño.
1.183
Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

Ausencia

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos que se devanaban,
en lanzaderas, debajo tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.

Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor, y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese, y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!
1.155
Gerardo Diego

Gerardo Diego

Reflejos

En este río lácteo
los navíos no sueñan sobre el álveo

Como un guante famélico
el día se me escapa de los dedos

Me voy quedando exhausto
pero en mi torso canta el mármol


Una rueda lejana
me esconde y me suaviza
las antiguas palabras


Cae el líquido fértil de mi estatua
y los navíos cabecean


amarrados al alba
383
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Al Secretario Gonzalo Pérez

«No más, como solía, jocundo y vago
te veo correr dorando tu ribera,
mas, turbio de mis lágrimas, la fiera
llama creer que yo llorando apago.

»Ya no te muestra el cielo aquel halago
con que suele adornar tu primavera,
ya no es tu claridad la que antes era».
decía Pireno contemplando el Tago.

«¿Qué será de ti, mísero Pireno,
—tornó a decir llorando—, si el pasado
tiempo no torna alegre cual solía?»

Vandalio, que el dolor de mal ajeno
hacía recordar su propio estado,
lloraba de piedad mientras le oía.
458
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Soneto De Gutierre De Cetina, Siendo Enamorado En La Corte, Para Donde Montemayor Se Partía

Si como vas, Lusitano, yo fuese
do el alma dejé, que no debiera;
si como verás presto la ribera
del hermoso Pisuerga, así la viese;

si como partirás do yo partiese,
y llegarás do yo llegar quisiera;
si el bien que verás tú, yo ver pudiera,
y el poder ir como tú vas , tuviese,

estos húmidos ojos que llorando
te mueven a piedad, vieras gozosos
andar, su mayor bien manifestando.

Mas ordenan los hados enojosos,
porque lo sienta más, irme alargando
los días del destierro trabajoso.
359
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Cuando A Contemplar Vengo El Curso Breve

Cuando a contemplar vengo el curso breve
de esta vida mortal, vana, ligera,
y cómo saltear airada y fiera
suele la muerte a aquél que morir debe,

viene el sentido a ser casi de nieve
ante el sol del temor que desespera,
viendo cuán tarde y mal, ya que andar quiera,
el mal uso a virtud los pasos mueve.

Y es el mal que me quejo y muestro ceño
de fortuna, de amor, de mi señora,
sabiendo que la culpa es toda mía,

que, como hombre engolfado en dulce sueño,
me duermo sin pensar siquiera un hora
que siendo el morir cierto, ignoro el día.
319
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Corre Con Tempestad Furiosa Y Fuerte

Corre con tempestad furiosa y fuerte
el más cuerdo piloto, el más experto,
y en viendo cerca el deseado puerto,
el miedo en esperanza se convierte;

mas queriendo surgir la mala suerte,
lo torna con extraño desconcierto;
sale un viento cruel, contrario, incierto,
que atrás lo vuelve a recelar la muerte.

Así yo, en la fortuna del deseo
a vos vengo, que sois el puerto mío,
donde de tanto mal pienso salvarme;

mas, ¡ay, hado cruel!, que apena os veo,
cuando un contrario viento de un desvío
hace que en el dolor vuelva a engolfarme.
324
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Al Monte Donde Fue Cartago

Excelso monte do el romano estrago
eterna mostrará vuestra memoria;
soberbios edificios do la gloria
aún resplandece de la gran Cartago;

desierta playa, que apacible lago
lleno fuiste de triunfos y victoria;
despedazados mármoles, historia
en quien se ve cuál es del mundo el pago;

arcos, anfiteatros, baños, templo,
que fuistes edificios celebrados
y agora apenas vemos las señales;

gran remedio a mi mal es vuestro ejemplo:
que si del tiempo fuistes derribados,
el tiempo derribar podrá mis males.
541
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Pasan Tan Prestos Los Alegres Días

Pasan tan prestos los alegres días,
volando sin parar apresurados,
y del perdido bien acompañados
llevan tras sí las esperanzas mías.

Mas los que traen las ansias, las porfías,
temor, recelos, bascas y cuidados,
éstos pasan despacio, tan pesados,
que parece que van por otras vías.

Pues si no muda el sol su movimiento,
si regla cierta en sus caminos guarda,
si no se puede errar orden del cielo,

las horas enojosas del tormento
¿por qué tan luengas son? ¿Cómo se tarda?
Y las alegres, ¿quién las lleva en vuelo?
348
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Horas Alegres Que Pasáis Volando

Horas alegres que pasáis volando
porque a vueltas del bien mayor mal sienta;
sabrosa noche que en tan dulce afrenta
el triste despedir me vas mostrando;

importuno reloj, que apresurando
tu curso, mi dolor me representa;
estrellas con quien nunca tuve cuenta,
que mi partida vais acelerando;

gallo que mi pesar has denunciado;
lucero que mi luz va obscureciendo;
y tú, mal sosegada y moza aurora;

si en vos cabe dolor de mi cuidado,
id poco a poco el paso deteniendo,
si no puede ser más, siquiera un hora.
558
Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Lxix

RIMA LXIX



¡La vida es sueño!
Calderón.


Al brillar un relámpago nacemos,

y aún dura su fulgor cuando morimos;

¡tan corto es el vivir!


La Gloria y el Amor tras que corremos

sombras de un sueño son que perseguimos;

¡despertar es morir!


969
Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Lxii

RIMA LXII


[Al amanecer]


Primero es un albor trémulo y vago,

raya de inquieta luz que corta el mar;

luego chispea y crece y se dilata

en ardiente explosión de claridad.


La brilladora lumbre es la alegría,

la temerosa sombra es el pesar.

¡Ay! En la oscura noche de mi alma,

¿cuándo amanecerá?


1.168
Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Xxxviii

Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿sabes tú
adónde va?
881
Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Ii

Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará;

hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá;

gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar,
y rueda y pasa, y se ignora
qué playa buscando va;

luz que en cercos temblorosos
brilla, próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será;

eso soy yo, que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.
1.443
Francisco Villaespesa

Francisco Villaespesa

El Reloj

Tardes de Paz... Monotonía
de lluvia en las vidrieras...
Se extingue el humo gris del día...
¿En dónde están mis primaveras?

La lluvia es una fantasía,
de misteriosas encajeras...
Tú, que tejiste mi alegría,
¿tras qué cristal mi vuelta esperas...?

Lentas deslízanse en la alfombra
las tocas negras de la sombra;
viuda que no falta a la cita...

Igual que un pecho adormecido
el reloj tímido palpita...
¡Oh juventud! ¿Dónde te has ido...?
457
Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Letrilla Lírica

Rosal, menos presunción
donde están las clavellinas,
pues serán mañana espinas
las que agora rosas son.


¿De qué sirve presumir,
rosal, de buen parecer,
si aun no acabas de nacer
cuando empiezas a morir?
Hace llorar y reír
vivo y muerto tu arrebol
en un dia o en un sol:
desde el Oriente al ocaso
va tu hermosura en un paso,
y en menos tu perfección.
Rosal, menos presunción
donde están las clavellinas,
pues serán mañana espinas
las que agora rosas son.

No es muy grande la ventaja
que tu calidad mejora:
si es tus mantillas la aurora,
es la noche tu mortaja.
No hay florecilla tan baja
que no te alcance de días,
y de tus caballerías,
por descendiente de la alba,
se está rïendo la malva,
cabellera de un terrón.
Rosal, menos presunción
donde están las clavellinas,
pues serán mañana espinas
las que agora rosas son.
1.150
Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Reloj De Campanilla

El metal animado,
a quien mano atrevida, industrïosa,
secretamente ha dado
vida aparente en máquina preciosa,
organizando atento
sonora voz a docto movimiento;
en quien, desconocido
espíritu secreto, brevemente
en un orbe ceñido,
muestra el camino de la luz ardiente,
y con rueda importuna
los trabajos del sol y de la luna,
y entre ocasos y auroras
las peregrinaciones de las horas;
máquina en que el artífice, que pudo
contar pasos al sol, horas al día,
mostró más providencia que osadía,
fabricando en metal disimuladas
advertencias sonoras repetidas,
pocas veces creídas,
muchas veces contadas;
tú, que estás muy preciado
de tener el más cierto, el más limado,
con diferente oído,
atiende a su intención y a su sonido.

La hora irrevocable que dio, llora;
prevén la que ha de dar; y la que cuentas,
lógrala bien, que en una misma hora
te creces y te ausentas.
Si le llevas curioso,
atiéndele prudente,
que los blasones de la edad desmiente;
y en traje de reloj llevas contigo,
del mayor enemigo,
espía desvelada y elegante,
a ti tan semejante,
que, presumiendo de abreviar ligera
la vida al sol, al cielo la carrera,
fundas toda esta máquina admirada
en una cuerda enferma y delicada,
que, como la salud en el más sano,
se gasta con sus ruedas y su mano.

Estima sus recuerdos,
teme sus desengaños,
pues ejecuta plazos de los años,
y en él te da secreto,
a cada sol que pasa, a cada rayo,
la muerte un contador, el tiempo un ayo.
584
Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Contiene Una Elegante Enseñanza De Que Todo Lo Criado Tiene Su Muerte De La Enfermedad Del Ti

Falleció César, fortunado y fuerte;
ignoran la piedad y el escarmiento
señas de su glorioso monumento:
porque también para el sepulcro hay muerte.

Muere la vida, y de la misma suerte
muere el entierro rico y opulento;
la hora, con oculto movimiento,
aun calla el grito que la fama vierte.

Devanan sol y luna, noche y día,
del mundo la robusta vida, ¡y lloras
las advertencias que la edad te envía!

Risueña enfermedad son las auroras;
lima de la salud es su alegría:
Licas, sepultureros son las horas.
500
Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Prevención Para La Vida Y Para La Muerte

Si no temo perder lo que poseo,
ni deseo tener lo que no gozo,
poco de la Fortuna en mí el destrozo
valdrá, cuando me elija actor o reo.

Ya su familia reformó el deseo;
no palidez al susto, o risa al gozo
le debe de mi edad el postrer trozo,
ni anhelar a la Parca su rodeo.

Sólo ya el no querer es lo que quiero;
prendas de la alma son las prendas mías;
cobre el puesto la muerte, y el dinero.

A las promesas miro como a espías;
morir al paso de la edad espero:
pues me trujeron, llévenme los días.
424
Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Repite La Fragilidad De La Vida, Y Señala Sus Engaños Y Sus Enemigos

¿Qué otra cosa es verdad sino pobreza
en esta vida frágil y liviana?
Los dos embustes de la vida humana,
desde la cuna, son honra y riqueza.

El tiempo, que ni vuelve ni tropieza,
en horas fugitivas la devana;
y, en errado anhelar, siempre tirana,
la Fortuna fatiga su flaqueza.

Vive muerte callada y divertida
la vida misma; la salud es guerra
de su proprio alimento combatida.

¡Oh, cuánto, inadvertido, el hombre yerra:
que en tierra teme que caerá la vida,
y no ve que, en viviendo, cayó en tierra!
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