Poemas en este tema

Animales y Naturaleza

Leopoldo María Panero

Leopoldo María Panero

Himno A Satán

Sólo la nieve sabe
la grandeza del lobo
la grandeza de Satán
vencedor de la piedra desnuda
de la piedra desnuda que amenaza al hombre
y que invoca en vano a Satán
señor del verso, de ese agujero
en la página
por donde la realidad
cae como agua muerta.
748
Leopoldo Marechal

Leopoldo Marechal

Poema Sin Título

En una tierra que amasan potros de cinco años
el olor de tu piel hace llorar a los adolescentes.

Yo sé que tu cielo es redondo y azul como los huevos de perdiz
y que tus mañanas tiemblan,
¡gotas pesadas en la flor del mundo!

Yo sé cómo tu voz perfuma la barba de los vientos...

Por tus arroyos los días descienden como piraguas.
Tus ríos abren canales de música en la noche;
y la luna es un papagayo más entre bambúes
o un loto que rompen a picotazos las cigüeñas.

En un país más casto que la desnudez del agua
los pájaros beben en la huella de tu pie desnudo...

Te levantarás antes de que amanezca
sin despertar a los niños y al alba que duerme todavía.
(El cazador de pumas dice que el sol brota de tu mortero
y que calzas al día como a tus hermanitos).

Pisarás el maíz a la sombra de los ancianos
en cuyo pie se han dormido todas las danzas.

Sentados en cráneo de buey
tus abuelos fuman la hoja seca de sus días:
chisporrotea la sal de sus refranes
en el fuego creciente de la mañana.

(Junto al palenque los niños
han boleado un potrillo alazán...)

En una tierra impúber desnudarás tu canto
junto al arroyo de las tardes.
Tú sabes algún signo para pedir la lluvia
y has encontrado yerbas que hacen soñar.

Pero no es hora, duermen
en tu pie los caminos.

Y danzas en el humo de mi pipa
donde las noches arden como tabacos negros...
732
Leopoldo Marechal

Leopoldo Marechal

Canción

El Río de tu Sueño cantará el abecedario del agua.
Tendrá árboles, como llamas verdes
chisporroteando alondras;
y altos bambúes cazarán el girasol de las lunas
en el Río de tu Sueño que sólo tú remontas...

El alba será un loto que perfuma
la muerte de tus noches;
de picotear estrellas estarán ebrios tus pájaro-moscas.
Habrá remansos y un polen que hace dormir al viento
en el Río de tu Sueño que tú remontas.

Con mi remo al hombro he visto zarpar cien días:
mis hermanos pelarán la fruta del mundo, la más roja...
Con mi renio inútil, a lo largo de las noches,
busco el Río de tu Sueño, que sólo tú remontas.
465
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Soledades

SOLEDADES


al Duque de Béjar


Pasos de un peregrino son, errante,

Cuantos me dictó versos dulce Musa

En soledad confusa,

Perdidos unos, otros inspirados.


¡O tú que de venablos impedido

—Muros de abeto, almenas de diamante—,

Bates los montes que de nieve armados

Gigantes de cristal los teme el cielo,

Donde el cuerno, del eco repetido,

Fieras te expone, que — al teñido suelo,

Muertas, pidiendo términos disformes—

Espumoso coral le dan al Tormes!:


Arrima a un frexno el frexno, cuyo acero,

Sangre sudando, en tiempo hará breve

Purpurear la nieve;

Y, en cuanto da el solícito montero,

Al duro robre, al pino levantado

—Émulos vividores de las peñas—

Las formidables señas

Del oso que aun besaba, atravesado,

La asta de tu luciente jabalina,

—O lo sagrado supla de la encina

Lo Augusto del dosel, o de la fuente

La alta cenefa, lo majestuoso

Del sitïal a tu Deidad debido—,

¡O Duque esclarecido!

Templa en sus ondas tu fatiga ardiente,

Y, entregados tus miembros al reposo

Sobre el de grama césped, no desnudo,

Déjate un rato hallar del pie acertado

Que sus errantes pasos ha votado

A la real cadena de tu escudo.


Honre suave, generoso nudo,

Libertad, de Fortuna perseguida;

Que, a tu piedad Euterpe agradecida,

Su canoro dará dulce instrumento,

Cuando la Fama no su trompa al viento.

894
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

En Una Enfermedad De Don Antonio De Pazos, Obispo De Córdoba

Deste más que la nieve blanco toro,
Robusto honor de la vacada mía,
Y destas aves dos, que al nuevo día
Saludaban ayer con dulce lloro,

A ti, el más rubio dios del alto coro,
De sus entrañas hago ofrenda pía
Sobre este fuego, que vencido envía
Su humo al ámbar y su llama al oro,

Por que a tanta salud sea reducido
El nuestro sacro y docto pastor rico,
Que aun los que por nacer están le vean,

Ya que de tres coronas no ceñido,
Al menos mayoral del Tajo, y sean
Grana el gabán, armiños el pellico.
236
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

A Una Dama Vestida De Leonado

Del color noble que a la piel vellosa
De aquel animal dio naturaleza
Que de corona ciñe su cabeza,
Rey de las otras, fiera generosa,

Vestida vi a la bella desdeñosa,
Tal, que juzgué, no viendo su belleza
(Según decía el color con su fiereza),
Que la engendró la Libia ponzoñosa;

Mas viéndola, que Alcides muy ufano
Por ella en tales paños bien podía
Mentir su natural, seguir su antojo,

Cual ya en Lidia torció con torpe mano
El huso, y presumir que se vestía
Del nemeo león el gran despojo.
290
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Con Diferencia Tal, Con Gracia Tanta

Con diferencia tal, con gracia tanta
Aquel ruiseñor llora, que sospecho
Que tiene otros cien mil dentro del pecho
Que alternan su dolor por su garganta;

Y aun creo que el espíritu levanta
—Como en información de su derecho—
A escribir del cuñado el atroz hecho
En las hojas de aquella verde planta.

Ponga, pues, fin a las querellas que usa
Pues ni quejarse ni mudar estanza
Por pico ni por pluma se le veda,

Y llore sólo aquel que su Medusa
En piedra convirtió, por que no pueda
Ni publicar su mal ni hacer mudanza.
439
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Al Conde De Villamediana, De Su Faetón

En vez de las Helíades, ahora
Coronan las Pïérides el Pado,
Y tronco la más culta levantado,
Suda electro en los números que llora.

Plumas vestido ya las aguas mora
Apolo, en vez del pájaro nevado
Que a la fatal del Joven fulminado
Alta rüina, voz debe canora.

¿Quién, pues, verdes cortezas, blanca pluma
Les dio? ¿Quién de Faetón el ardimiento,
A cuantos dora el Sol, a cuantos baña

Términos del océano la espuma,
Dulce fía? Tú métrico instrumento,
Oh Mercurio del Júpiter de España.
230
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

A Don Luis De Ulloa, Que Enamorado Se Ausentó De Toro

Generoso esplendor, sino luciente,
No sólo es ya de cuanto el Duero baña
Toro, mas del Zodíaco de España,
Y gloria vos de su madura frente.

¿Quién, pues, región os hizo diferente
Pisar amante? Mal la fuga engaña
Mortal saeta, dura en la montaña,
Y en las ondas más dura de la fuente:

De venenosas plumas os lo diga
Corcillo atravesado. Restituya
Sus trofeos el pie a vuestra enemiga.

Tímida fiera, bella ninfa huya:
Espíritu gentil, no sólo siga,
Mas bese en el arpón la mano suya.
276
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

¿son De Tolú, O Son De Puertorrico

¿Son de Tolú, o son de Puertorrico,
Ilustre y hermosísima María,
O son de las montañas de Bujía
La fiera mona y el disforme mico?

Gracioso está el balcón, yo os certifico;
Desnudadle de hoy más de celosía.
Goce Cuenca una y otra monería,
Den a unos de cola, a otros de hocico.

Un papagayo os dejaré, señora
(Pues ya tan mal se corresponde a ruegos
Y a cartas de señoras principales),

Que os repita el parlero cada hora
Como es ya mejor Cuenca para ciegos,
Habiéndose de ver fierezas tales.
270
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

A Su Hijo Del Marqués De Ayamonte, Que Excuse La Montería

Deja el monte, garzón bello, no fíes
Tus años dél, ni nuestras esperanzas;
Que murallas de red, bosques de lanzas
Menosprecian los fieros jabalíes.

En sangre a Adonis, si no fue en rubíes,
Tiñeron mal celosas asechanzas,
Y en urna breve funerales danzas
Coronaron sus huesos de alhelíes.

Deja el monte, garzón; poco el luciente
Venablo en Ida aprovechó al mozuelo
Que estrellas pisa ahora en vez de flores.

Cruel verdugo el espumoso diente,
Torpe ministro fue el ligero vuelo
(No sepas más) de celos y de amores.
266
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Al Marqués De Ayamonte, Determinado A No Ir A México

Volvió al mar Alción, volvió a las redes
De cáñamo, excusando las de hierro;
Con su barquilla redimió el destierro,
Que era desvío y parecía mercedes.

Redujo el pie engañado a las paredes
De su alquería, y al fragoso cerro
Que ya con el venablo y con el perro
Pisa Lesbín, segundo Gaminedes:

Gallardo hijo suyo, que los remos
Menospreciando con su bella hermana,
La montería siguen importuna,

Donde la Ninfa es Febo y es Diana,
Que en sus ojos del Sol los rayos vemos,
Y en su arco los cuernos de la Luna.
215
Luis Felipe Vivanco

Luis Felipe Vivanco

Presentación A Los Pájaros

Con mi niñita nueva bajo el brazo
salgo a la primavera,
nuestra niña de invierno aún empañada
de calor tuyo y vaho de tu cueva.
Salgo al volar travieso de los pájaros
con mi niñita nueva,
nuestra cachorra acariciada por la
nocturna vecindad de tus riberas.
Bajo el brazo la traigo y no me olvido,
al contemplaros, de ella;
¡oh juventud del cielo!, ¡oh campo verde
y recuestos en flor como una fiesta!
La traigo blanca y rubia y no la cambio
por la menuda yerba,
ni por la más silvestre forecilla
que un delantal, en vez de un traje, estrena.
¡Cuántas veces los dos hemos salido
prolongando la espera
tan frecuentada ya por sus pisadas
y andada, con su ritmo, hacia la sierra!
Su ritmo entre los surcos, con el denso
crecer de la cosecha,
y en el pujar suave de los árboles,
y en la dulce estrechez de las veredas.
Su ritmo en tu cintura, y en tus húmedas
mejillas con ojeras
de la tarde que se apaga, su caricia
de fresco viento matinal que empieza.
Gorjeos matinales nos descubren
otra vez, pero aquella
éramos, los dos solos, nuestro abrazo,
y ahora somos, también, su mies pequeña,
su pelusilla rubia, su puñado
de sol, de agua despierta,
¡cortejadla, mis pájaros, y amadla!
¡mi ruiseñor, y mi mirlo, y oropéndola!
¡Mi urraca que a saltitos desmenuzas
tu fama de usurera!
¡Mis golondrinas de hace un año, dentro
del viejo portalón con sus macetas!
¡Mis huéspedes celestes, tan asiduos
cantores, tan cerca,
tan de huerto cerrado y pobres tapias,
tan de lluvia y celindas, tan de veras!
Piad como esta vez, como sois siempre
de alados, como cuelgan
vuestras voces y juegos bulliciosos
en el aire que huele a lila y menta.
Tú, ruiseñor, el trino entreverado
de magnolia y estrella.
Y tú, mirlo, tus silbos casi azules.
Tú, urraca, tu cascada voz de tierra.
Vosotras, golondrinas, vuestra albórbola
cotidiana y obrera.
Tú, oropéndola, el eco espejeante
de un interior sonoro de colmena.
Con mi niñita nueva bajo el brazo
llego a la primavera,
¡mirad que os la presento aún con escarcha,
recién hecha de amor, y nuestra y vuestra!
370
Luis Felipe Vivanco

Luis Felipe Vivanco

La Mirada Del Perro

De pronto, trabajando, comiendo, paseando, me encuentro la mirada del perro.
Me interrumpe como dos hojas de árbol dentro de una herida,
como llanto infantil de alma que nunca ha sido pisada todavía
o esa vieja mujer que friega, en cambio, el suelo, de rodillas.
De no saber qué hacer resignada, y huidiza,
y suplicante -de no saber que permanece en su orilla-,
me deja interrumpido como pequeña iglesia románica en un pueblo
o esa peña y sus grietas a un lado del atajo, mientras sigo subiendo.
(Me deja entre mis libros de elemental e ingreso,
naturalmente, estudiosamente unido a Dios en el tiempo
de la imaginación que aún mezcla sus leyendas de Bécquer con insectos).
O me atraviesa con su temor de criatura confiada y su exceso
de alegría por mí (que soy un poco duro y no me la merezco).
La mirada del perro.
391
Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

Inscripción Para El Sepulcro De D Francisco Gregorio De Salas

En esta venerada tumba, humilde,
yace Salicio: el ánimo celeste,
roto el nudo mortal, descansa y goza
eterno galardón. Vivió en la tierra
pastor sencillo, de ambición remoto,
a el trato fácil y a la honesta risa,
y del pudor y la inocencia amigo.
Ni envidia conoció, ni orgullo insano,
su corazón, como su lengua puro.
Amaba la virtud, amó las selvas.
Diole su plectro, y de olorosas flores.
guirnalda le ciñó, la que preside
al canto pastoril, divina Euterpe.


368
Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

Oda Traducción De Horacio

El que inocente
la vida pasa
no necesita
morisca lanza,
fusco, ni corvos
arcos, ni aljaba
llena de flechas
envenenadas;
o a las regiones
que Hydaspe baña
o por las Syrtes
muy abrasadas,
o por el yermo
Cáucaso vaya.

Yo la sabina
selva cruzaba,
cantando amores
a mi adorada
Lálage, libre
de afán el alma,
por muy remoto
sitio, sin armas;
y un lobo fiero
me ve y se aparta.
Monstruo igual suyo
no tiene Daunia
en montes llenos
de encinas altas
ni los desiertos
de Mauritania,
donde leones
y tigres braman.

Ponme en los yertos
campos, do el aura
no goza estiva
ninguna planta:
lado del mundo,
región helada
que infestan vientos
y nubes pardas,
o en la que al rayo
del sol cercana,
de habitaciones
carece y aguas;
Lálage siempre
será mi amada:
dulce si ríe,
dulce si canta.


399
Luis Cañizal de la Fuente

Luis Cañizal de la Fuente

Por La Noche, En El Corral

Por la noche, en el corral,
el grillo va levantando,
ladrillito a ladrillito,
el paredón de su canto.


667
Julián del Casal

Julián del Casal

Tardes De Lluvia

Bate la lluvia la vidriera
Y las rejas de los balcones,
Donde tupida enredadera
Cuelga sus floridos festones.

Bajo las hojas de los álamos
Que estremecen los vientos frescos,
Piar se escucha entre sus tálamos
A los gorriones picarescos.

Abrillántase los laureles,
Y en la arena de los jardines
Sangran corolas de claveles,
Nievan pétalos de jazmines.

Al último fulgor del día
Que aún el espacio gris clarea,
Abre su botón la peonía,
Cierra su cáliz la ninfea.

Cual los esquifes en la rada
Y reprimiendo sus arranques,
Duermen los cisnes en bandada
A la margen de los estanques.

Parpadean las rojas llamas
De los faroles encendidos,
Y se difunden por las ramas
Acres olores de los nidos.

Lejos convoca la campana,
Dando sus toques funerales,
A que levante el alma humana
Las oraciones vesperales.

Todo parece que agoniza
Y que se envuelve lo creado
En un sudario de ceniza
Por la llovizna adiamantado.

Yo creo oír lejanas voces
Que, surgiendo de lo infinito,
Inícianme en extraños goces
Fuera del mundo en que me agito.

Veo pupilas que en las brumas
Dirígenme tiernas miradas,
Como si de mis ansias sumas
Ya se encontrasen apiadadas.

Y, a la muerte de estos crepúsculos,
Siento, sumido en mortal calma,
Vagos dolores en los músculos,
Hondas tristezas en el alma.
760
Julián del Casal

Julián del Casal

Medioeval

Monstruo de piedra, elévase el castillo
Rodeado de coposos limoneros,
Que sombrean los húmedos senderos
Donde crece aromático el tomillo.

Alzadas las cadenas del rastrillo
Y enarbolando fúlgidos aceros,
Seguido de sus bravos halconeros
Va de caza el señor de horca y cuchillo.

Al oír el clamor de las bocinas,
Bandadas de palomas campesinas
Surgen volando de las verdes frondas,

Y de los ríos al hendir las brumas
Dibujan con la sombra de sus plumas
Cruces de nieve en las azules ondas.
512
Julián del Casal

Julián del Casal

Sourinomo

Como rosadas flechas de aljabas de oro
Vuelan los bambúes finos flamencos,
Poblando de graznidos el bosque mudo,
Rompiendo de la atmósfera los níveos velos.

El disco anaranjado del Sol poniente
Que sube tras la copa de arbusto seco,
Finge un nimbo de oro que se desprende
Del cráneo amarfilado de un bonzo yerto.

Y las ramas erguidas de los juncales
Cabecean al borde de los riachuelos,
Como el soplo del aura sobre la playa
Los mástiles sin velas de esquifes viejos.
540
Julián del Casal

Julián del Casal

Hércules Y Las Estinfálides

Rosada claridad de luz febea
Baña el cielo de Arcadia. Entre gigantes
Rocas negras de picos fulgurantes,
El dormido Estinfalo centellea.

Desde abrupto peñasco que azulea,
Hércules, con miradas fulminantes,
El níveo casco de álamos humeantes
Y la piel del león de la Nemea,

Apoya el arco en el robusto pecho,
Y las candentes flechas desprendidas
Rápidas vuelan a las verdes frondas,

Hasta que mira en su viril despecho
Caer las Estinfálides heridas,
Goteando sangre en las plateadas ondas.
564
Julián del Casal

Julián del Casal

Paisaje De Verano

Polvo y moscas. Atmósfera plomiza
Donde retumba el tabletear del trueno
Y, como cisnes entre inmundo cieno,
Nubes blancas en cielo de ceniza.

El mar sus ondas glaucas paraliza,
Y el relámpago, encima de su seno,
Del horizonte en el confín sereno
Traza su rauda exhalación rojiza.

El árbol soñoliento cabecea,
Honda calma se cierne largo instante,
Hienden el aire rápidas gaviotas,

El rayo en el espacio centellea,
Y sobre el dorso de la tierra humeante
Baja la lluvia en crepitantes gotas.
737
Julián del Casal

Julián del Casal

Galatea

En el seno radioso de su gruta,
Alfombrada de anémonas marinas,
Verdes algas y ramas coralinas,
Galatea, del sueño el bien disfruta.

Desde la orilla de dorada ruta
Donde baten las ondas cristalinas,
Salpicando de espumas diamantinas
El pico negro de la roca bruta,

Polifemo, extasiado ante el desnudo
Cuerpo gentil de la dormida diosa,
Olvida su fiereza, el vigor pierde,

Y mientras permanece, absorto y mudo,
Mirando aquella piel color de rosa,
Incendia la lujuria su ojo verde.
702
Julián del Casal

Julián del Casal