Poemas en este tema

Sueños e Imaginación

Federico García Lorca

Federico García Lorca

Tu Infancia En Menton

TU INFANCIA EN MENTON


Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.
JORGE GUILLÉN


Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.

El tren y la mujer que llena el cielo.

Tu soledad esquiva en los hoteles

y tu máscara pura de otro signo.

Es la niñez del mar y tu silencio

donde los sabios vidrios se quebraban.

Es tu yerta ignorancia donde estuvo

mi torso limitado por el fuego.

Norma de amor te di, hombre de Apolo,

llanto con ruiseñor enajenado,

pero, pasto de ruina, te afilabas

para los breves sueños indecisos.

Pensamiento de enfrente, luz de ayer,

índices y señales del acaso.

Tu cintura de arena sin sosiego

atiende sólo rastros que no escalan.

Pero yo he de buscar por los rincones

tu alma tibia sin ti que no te entiende,

con el dolor de Apolo detenido

con que he roto la máscara que llevas.

Allí, león, allí, furia del cielo,

te dejaré pacer en mis mejillas;

allí, caballo azul de mi locura,

pulso de nebulosa y minutero,

he de buscar las piedras de alacranes

y los vestidos de tu madre niña,

llanto de medianoche y paño roto

que quitó luna de la sien del muerto.

Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.

Alma extraña de mi hueco de venas,

te he de buscar pequeña y sin raíces.

¡Amor de siempre, amor, amor de nunca!

¡Oh, sí! Yo quiero. ¡Amor, amor! Dejadme.

No me tapen la boca los que buscan

espigas de Saturno por la nieve

o castran animales por un cielo,

clínica y selva de la anatomía.

Amor, amor, amor. Niñez del mar.

Tu alma tibia sin ti que no te entiende.

Amor, amor, un vuelo de la corza

por el pecho sin fin de la blancura.

Y tu niñez, amor, y tu niñez.

El tren y la mujer que llena el cielo.

Ni tú, ni yo, ni el aire, ni las hojas.

Sí, tu niñez ya fábula de fuentes.

738
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Casida De Las Palomas Oscuras

CASIDAS
IX

CASIDA DE LAS PALOMAS OSCURAS

A Claudio Guillén

Por las ramas del laurel

vi dos palomas oscuras.

La una era el sol,

la otra la luna.

«Vecinita», les dije,

«¿dónde está mi sepultura?»

«En mi cola», dijo el sol.

«En mi garganta», dijo la luna.

Y yo que estaba caminando

con la tierra por la cintura

vi dos águilas de nieve

y una muchacha desnuda.

La una era la otra

y la muchacha era ninguna.

«Aguilitas», les dije,

«¿dónde está mi sepultura?»

«En mi cola», dijo el sol.

«En mi garganta», dijo la luna.

Por las ramas del laurel

vi dos palomas desnudas.

La una era la otra

y las dos eran ninguna.

863
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Casida Del Sueño Al Aire Libre

Flor de jazmín y toro degollado.
Pavimento infinito. Mapa. Sala. Arpa. Alba.
La niña finge un toro de jazmines
y el toro es un sangriento crepúsculo que brama.

Si el cielo fuera un niño pequeñito,
los jazmines tendrían mitad de noche oscura,
y el toro circo azul sin lidiadores,
y un corazón al pie de una columna.

Pero el cielo es un elefante,
y el jazmín es un agua sin sangre
y la niña es un ramo nocturno
por el inmenso pavimento oscuro.

Entre el jazmín y el toro
o garfios de marfil o gente dormida.
En el jazmín un elefante y nubes
y en el toro el esqueleto de la niña.
625
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Gacela De La Huida (gacelas)

Me he perdido muchas veces por el mar
con el oído lleno de flores recién cortadas.
Con la lengua llena de amor y de agonía
muchas veces me he perdido por el mar,
como me pierdo en el corazón de algunos niños.

No hay nadie que al dar un beso
no sienta la sonrisa de la gente sin rostro,
ni nadie que al tocar un recién nacido
olvide las inmóviles calaveras de caballo.

Porque las rosas buscan en la frente
un duro paisaje de hueso
y las manos del hombre no tienen más sentido
que imitar a las raíces bajo tierra.

Como me pierdo en el corazón de algunos niños,
me he perdido muchas veces por el mar.
Ignorante del agua, voy buscando
una muerte de luz que me consuma.
616
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Gacela De La Terrible Presencia

Yo quiero que el agua se quede sin cauce.
Yo quiero que el viento se quede sin valles.

Quiero que la noche se quede sin ojos
y mi corazón sin la flor del oro.

Que los bueyes hablen con las grandes hojas
y que la lombriz se muera de sombra.

Que brillen los dientes de la calavera
y los amarillos inunden la seda.

Puedo ver el duelo de la noche herida
luchando enroscada con el mediodía.

Resisto un ocaso de verde veneno
y los arcos rotos donde sufre el tiempo.

Pero no me enseñes tu limpio desnudo
como un negro cactus abierto en los juncos.

Déjame en un ansia de oscuros planetas,
¡pero no me enseñes tu cintura fresca!
611
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Las Seis Cuerdas (gráfico De La Petenera)

La guitarra,
hace llorar a los sueños.
El sollozo de las almas
perdidas,
se escapa por su boca
redonda.
Y como la tarántula
teje una gran estrella
para cazar suspiros,
que flotan en su negro
aljibe de madera.
635
Federico García Lorca

Federico García Lorca

El Paso De La Siguiriya (poema De La Siguiriya Gitana)

Entre mariposas negras
va una muchacha morena
junto a una blanca serpiente
de niebla.

Tierra de luz,
cielo de tierra.

Va encadenada al temblor
de un ritmo que nunca llega;
tiene el corazón de plata
y un puñal en la diestra.

¿Adónde vas, siguiriya,
con un ritmo sin cabeza?
¿Qué luna recogerá
tu dolor de cal y adelfa?

Tierra de luz,
cielo de tierra.
562
Francisco de Medrano

Francisco de Medrano

No Sé Cómo, Ni Cuándo, Ni Qué Cosa

No sé cómo, ni cuándo, ni qué cosa
sentí, que me llenaba de dulzura:
sé que llegó a mis brazos la hermosura,
de gozarse conmigo cudiciosa.

Sé que llegó, si bien, con temerosa
vista, resistí apenas su figura:
luego pasmé, como el que en noche escura
perdido el tino, el pie mover no osa.

Siguió un gran gozo a aqueste pasmo, o sueño
—no sé cuándo, ni cómo, ni qué ha sido—
que lo sensible todo puso en calma.

Ignorallo es saber; que es bien pequeño
el que puede abarcar solo el sentido,
y éste pudo caber en sola l'alma.
425
Enrique Villagrasa González

Enrique Villagrasa González

La Ofrenda

La palabra engendra primavera
y encerrada tras los labios
ella espera
la luz del día
y su brisa húmeda.

Todo bulle cuando la noche,
tu mirada y sus manos.
El tiempo estremecido
anhela sonrisas y besos,
pausado todo. Sexo y vida
y en el sentir de las sombras
volver a poseerte.

Duerme mujer tus sueños
tu cuerpo es tuyo.
467
Enrique Villagrasa González

Enrique Villagrasa González

Luz

Luz


A Manuel López Azorín

qué precisas palabras que la espuma decía
Vicente Aleixandre


Los poemas esconden

en precisas palabras

lo no dicho.


¿El secreto?,

su espuma,

su vacío.


¿Acaso dudas poeta

del fugaz espejo

y su transparencia?


¡Ah, luminosa luz

que elige el ocultamiento!


Invierno


Herido por tu beso

y su locura

y lacerado por el gemido,

de invierno borracho,

todo es pasión oculta

en este nido de algas:

océano de sensaciones.


Nieva, otra vez, ya sabes,

yo escribo pobres palabras

tras los cristales.

Y sigo,

continúo bebiendo

en el latir de su boca

y sus múltiples destellos.


Voz, luz, palabra


En el surco del verso,

que tu voz siembra,

el verbo se encierra.


Misterio, línea de luz,

que ni el sabio conoce.


Cuándo germinará tu voz;

y dónde, pues, la línea de luz;

¿y la línea de sombra?


Oscuro poema


este canto


por el agua clara.


Sólo la palabra es el infinito.


Sendero


En tinieblas y más sombras,

sin luz,

así camino por este canto.


Y me encuentro


con demasiados


poemas sombríos,

con demasiados


versos pálidos,

con demasiados


poetas aburridos.


¿Para cuándo el blanco verso

con su luz y tan intensa

que ciegue la página blanca?


Adiós


La ceniza de unos versos olvidados,

vomita paseos por la orilla de la noche.

Y es que su cadencia grita música

por las caricias de tus dedos.


No ladrón…


y sí soñar otra vez


tu mismo sueño.



…y sí soñar otra vez


tu mismo sueño.

443
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

En La Noche

Vencía la sombra. Misterio, llegando,
rimaba la angustia de sus misereres,
mojando, en el suelo, los frutos de Ceres,
la Maga del germen que lucha creando.

Muy suave, el Deseo pasaba contando
las cálidas noches de extraños placeres,
diciendo los sueños de frescas mujeres
que en torpes neurosis se fueron matando

Su copa de sangre volcaba en las brumas.
Ocaso muy triste, bordeando de heridas
el cielo, llagado de rojas espumas,

y allá, en una oscura visión de tugurio,
con voz de esperanza, cubriendo las vidas
cantaba un apóstol su bárbaro augurio.
368
Ismael Enrique Arciniegas

Ismael Enrique Arciniegas

En Sueños

Ya aspiro los aromas de su huerto;
Las brisas gimen y las hojas tiemblan.
Cuán bella ¡oh luna! a nuestra cita vienes...
Sueña, alma mía... ¡sueña!

Herido traigo el corazón... ¿Deliro?
¿Es el canto del ave que se queja?
Es su voz... ¡y me llama! ¿Por qué tardas?
Ven, mis brazos te esperan.

¿Son mentira tus besos?... ¡No me engañes!
Ábreme tu alma y cuéntame tus penas.
¿Lloras?... ¿por qué ?... Si nuestro amor es crimen,
Crimen, bendito seas;

Traigo para tu sien una corona,
Para ensalzarte mi arpa de poeta.
Yo haré en mis cantos, alma de mi alma,
¡Nuestra pasión, eterna!

Jura otra vez que me amas, que eres mía;
Jura... ¡nadie ríos oye! ¡Nada temas!
—«¡Tuya! bien mío... ¡para siempre tuya!»
¡Sueña, alma mía... sueña!
850
Ismael Enrique Arciniegas

Ismael Enrique Arciniegas

Éxtasis

Leía y meditaba. Era la hora
En que el alma en la carne se ajiganta.
El sol caía en la naciente sombra;
La tarde se apagaba.

Meditaba, y mi espíritu subía,
Subía como al cielo se alza el águila;
Me asomé al infinito, y vi tinieblas,
Y me perdí en la nada.

Sentí hervidero de astros en la sombra,
Y pregunté al vacío ¿dónde se halla
Esa luz creadora que los mundos
De entre el caos levanta?

Y subía, y subía... Lo impalpable
A mis ojos abríase sin vallas;
Y en la sombra, sondando lo infinito,
Mi espíritu flotaba.

De repente la luna alzó su disco.
Brotaron las estrellas a miriadas;
Y la noche me habló con su silencio,
¡Y Dios habló a mi alma!
668
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Meditación De La Rosa

MEDITACIÓN DE LA ROSA

Supón, mi amor, que trazamos la hora con una rosa

y que el agua es la medida de todas las rosas.

Piensa, azucena, en un becqueriano batir de alas

presente a nuestro paso, inmerso en nuestro tiempo.

Siempre hay alguien desnudo en lo que va del cielo

a esta tierra de duros y salobres pensamientos.

Yo te miro decir y escucho tu silencio

cuando lloro los días que fueron pavorosos.

Una balada es un poco de tibia espuma

es un sereno atardecer salido de la nada.

Supón entonces, amor mío, que hay un espejo

al que sonríes por las verdades ya dichas.

La luna acaba de ser amada, dijo un poeta

que simplemente se llamaba Juan punto y aparte.

Sabes bien que habrá una invasión de misterios

bien soñados tal vez o dulcemente pensados.

Andamos y desandamos mil y un caminos

como sombritas de fieras sin salida posible.

El hombre es la más bella conquista del aire

insistió aquel poeta que se llamaba nada más Juan.

Un miedo de singulares perfiles nos abruma

mientras morimos gritando ¡amor! amor.

Hemos vivido más o menos como ángeles en pena

navegando en lo que llamamos un desierto ardiente.

Amando hasta nunca decir basta de amar

y oído y visto guerras de infinito terror.

La bondad nos quedaba estrictamente prohibida

porque ya no había espacio ni necesaria era.

Apostamos la vida a un albur de silencio

cuando el amor no era sino una niña espina.

Alguien nunca esperado se acerca paso a paso

y pretende quebrar este amor de la rosa de hielo.

Hoy debemos cerrar las puertas, las ventanas

y no dejar entrar la niebla y su veneno.

Pues te repito que tendremos los agrios pensamientos

que suelen suceder al sudor amoroso.

Ahora supón, oh descarnada rosa bienamada

que nos fatiga el encierro y salimos a una calle.

¿Por qué no hay aquí una calle nombrada
Góngora

con los campos de plumas tan urgentes?

Ignoro si ganamos o perdimos la batalla

contra los días que fueron y los días que vendrán.

No estoy ni estuve para decir cuáles penas

nos afligieron ni para descubrir lo que somos.

Sólo sé que no sé nada sino amarte

como se ama a la rosa paridamente fresca.

Te contaré mis ciclos de histeria y de neurosis

como si fueran sólo el alma de mi siglo.

Todo parece primitivo todo insomne

todo parece mar parece dientes parece lejos.

Ámame por desdicha por descanso porque sí

o porque no o porque nada o por mero desvelo

Después de todo soy una constante rebelión

sofocada como adivinarás a pura sangre.

Vamos tú y yo y aquella rosa recién llegada

por una oscuridad parecida a un reino quietísimo.

Hemos vivido y viviremos en la memoria de aquel hombre

que pasa como un árbol que no tiene descanso.

No pienses ya nada ni nada supongas

porque las fronteras son irremediables

y yo sobrevivo tú sobrevives todos sobrevivimos

para que el amor sea el gemido de siempre

y la piel no parezca un campo incendiado

y la dicha recorra tu cuerpo como una caricia mía.

17 de diciembre de 1979

601
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Los Sueños

LOS SUEÑOS


Miro pasar las nubes de la noche.

Miro pasar tu cuerpo, tu sombra de laurel.

Oigo los sueños de la noche

(nubes también, o aves)

y conozco el misterio de lo eterno,

la sabia voz de lo desconocido.


Oigo ese sueño jubiloso de la mujer amada,

el negro sueño de los asesinos,

el sueño doloroso del niño.


Y no hay sueño en la noche

que no parezca ser mi propio sueño.


Miro pasar los sueños

como navíos cargados de esperanza.

Y hay un hombre en el sueño

y el hombre sueña rosas, sueña sangre,

sueña su propia infancia

y una lágrima turbia le corre por el rostro.


Un poeta que sueña

(viva imagen del sueño, estatua desolada)

gime en el sueño y pide

la nueva voz del ansia y el grito del amor.

Sean el sueño y la paz para el poeta.

Sean la dicha y el pan para el poeta.

La libertad para el poeta.


Miro el puro prodigio de los sueños.

El sueño de tu cuerpo, los laureles

de tu sombra en la sombra

de esta noche de encendidos perdones.


Oigo ese sueño amargo del traidor en su nido,

su aurora mutilada,

su larga noche de agonía,

su pasión de belleza y de martirio.

(Profunda noche o cabellera

para el ciego del alma).


Oigo el suave nacer de los amores,

el suspiro anhelante, el beso despiadado.

Oigo ese fuego lento

de un pobre amor sin patria

y de un amor tan noble como el llanto.


Oigo el amor en triunfo:

la estrella temblorosa en su trono de luz,

la enamorada música, la selva

de estremecidos pasos de gacela

y las hojas que caen

como abrazos perdidos.

¡Amor encarcelado, amor divino,

atormentado amor, espiga de dulzura!


No hay amor en la noche

que no parezca ser mi propio amor.


Van los navíos del sueño

por el profundo mar de la esperanza;

los oigo navegar, ebrios, danzando

la danza de una noche constelada de espinas.


Va mi sueño en los sueños

de bondad, en los sueños

que despiertan al mundo, virginales,

y en el sueño marchito

y en el doliente sueño

de una infinita adolescencia.


Resplandece tu sueño,

tu sueño de laurel y mariposa,

y lo miro pasar

como una espada en vuelo,

desnuda de dolor, virgen de heridas.


Y no hay vuelo en tu sueño

que no parezca ser mi propio vuelo.


Miro pasar un ángel

y un silencio de bosques,

como una catedral de frías cenizas,

me envenena los ojos, los oídos,

y penetro en el alba

con los brazos abiertos al corazón del mundo.

769
Efraín Huerta

Efraín Huerta

La Paloma Y El Sueño

LA PALOMA Y EL SUEÑO

Tú no veías el árbol, ni la nube ni el aire.

Ya tus ojos la tierra se los había bebido

y en tu boca de seda sólo un poco de gracia

fugitiva de rosas, y un lejano suspiro.


No veías ni mi boca que se moría de pena

ni tocabas mis manos huecas, deshabitadas.

Espeso polvo en torno daba un sabor a muerte

al solemne vivir la vida más amarga.


Había sed en tus ojos. Suave sudor tu frente

recordaba los ríos de suave, lenta infancia.

Yo no podía con mi alma. Mi alma ya no podía

con mi cuerpo tan roto de rotas esperanzas.


Tus palabras sonaban a olas de frágil vuelo.

Tus palabras tan raras, tan jóvenes, tan fieles.

Una estrella miraba cómo brilla tu vida.

Una rosa de fuego reposaba en tu frente.


Y no veías los árboles, ni la nube ni el aire.

Parecías desmayarte bajo el beso y su llama.

Parecías la paloma extraviada en su vuelo:

la paloma del ansia, la paloma que ama.


Te dije que te amaba, y un temblor de misterio

asomó a tus pupilas. Luego miraste, en sueños,

los árboles, la nube y el aire estremecido,

y en tus húmedos ojos hubo un aire de reto.


No parecías la misma de otras horas sin horas.

Ya sueñas, o ya vuelas y ni vuelas ni sueñas.

Te fatigan los brazos que te abrazan, paloma,

y, al sollozar, a un lirio desmayado recuerdas.


Ya sé que estoy perdido, pero siempre ganado.

Perdido entre tu sombra, ganado para nunca.

Mil besos son mil pétalos protegiendo tu piel

y tu piel es la lámpara que mis ojos alumbra.


¡Oh geografía del ansia, geografía de tu cuerpo!

Voy a llorar las lágrimas más amargas del mundo.

Voy a besar tu sombra y a vivir tu recuerdo.

Voy a vivir muriendo. Soy el que nunca estuvo.

680
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Línea Del Alba

LÍNEA DEL ALBA
III


Tienes la frente al alba:

ella cuenta los poros de tu cuerpo,

en laderas del sueño,

con los hombros quemados.


En el alba se vierte la costumbre del alma,

se agita el pulso del deseo

como si fuera un ciervo

duramente alanceado

con agujas de bronce

o pestañas de vírgenes.


Tienes la frente al alba

y pedazos de niebla

volando de tus senos

a mis manos.

1.115
Dulce María Loynaz

Dulce María Loynaz

Poema Cii

Pajarillos de jaula me van pareciendo a mí misma mis sueños.
Si los suelto, perecen o regresan. Y es que el grano y el cielo
hay que ganarlos; pero el grano es demasiado pequeño y
el
cielo es demasiado grande..., y las alas, como los pies, también
se cansan.
886
Dulce María Loynaz

Dulce María Loynaz

Juegos De Agua

Los juegos de agua brillan a la luz de la luna
como si fueran largos collares de diamantes:
Los juegos de agua ríen en la sombra...Y se enlazan
y cruzan y cintilan dibujando radiantes
garabatos de estrellas...

Hay que apretar el agua
para que suba fina y alta...Un temblor de espumas
la deshace en el aire; la vuelve a unir...desciende
luego, abriéndose en lentos abanicos de plumas...

Pero no irá muy lejos...Esta es agua sonámbula
que baila y que camina por el filo de un sueño,
transida de horizontes en fuga, de paisajes
que no existen...Soplada por un grifo pequeño.

¡Agua de siete velos desnudándote y nunca
desnuda! ¡Cuándo un chorro tendrás que rompa el
broche
de mármol que te ciñe, y al fin por un instante
alcance a traspasar como espada, la Noche!
908
David Escobar Galindo

David Escobar Galindo

Jazmines Heredados

Cierro los ojos para ver la luz
que sobrevive al íntimo terror
de disolverse en la total conciencia;
y hay primero una ráfaga difusa,
una explosión serena y ambarina
que tiembla como el fluido de los sueños
en la frontera de la madrugada.

Doy un paso, y la frágil claridad
se abre como llamándome,
como invitándome a su intimidad
aterradora y dulce:
es una sensación desesperada
y sosegada al mismo tiempo,
el inicio quizás
de la aventura del entendimiento,
pero no por la sed de la razón
sino por la fragancia deliciosa
del ser y el olvidar entrelazados.

¡Yo he soñado esta gracia tantas veces,
y sin embargo siento
la torpeza descalza del primate
que comprende el milagro de la flor,
después de estar en vela por milenios!
Es una fantasía tan fecunda
que por los poros me gotea música,
y soy de pronto un semidiós perlado
en una mutación arrolladora
que desgasta los genes como fósforos
y alumbra las estancias más profundas,
esas que el pensamiento
se figuró vacías,
o a lo más ocupadas por fantasmas.

Y no: el jardín existe,
el paraíso es un temblor que habita
las voluptuosidades más anónimas;
y la verdad difusa del anhelo,
sentido humanamente hasta la médula,
transforma al pensador en habitante
de su cielo enterrado y sin memoria.
Y de su indefensión que se confiesa
en el orgullo de la vida impune,
de ese brillo de espuma
que congrega en los ojos
la marejada ausente de la sangre,
va abriéndose un espacio
de pájaros que vuelan sin descanso
en la embriaguez de la nocturnidad,
de muchachas desnudas que se enredan
en sus velos sangrantes,
de nubes que se bañan en el fuego
y liberan los aires ateridos.

¡Y esa es la tierra oculta
por la luz terminal de la palabra,
el sitio en que el jilguero
derrama en una gota
de alucinada muerte
mi corazón eterno y sin salida!
Esa es la fantasía planetaria
a la que volveré una y cien veces,
mientras alumbren en la luz secreta
los maduros jazmines
del amor inminente
en un ciego perfume inagotable.
545
David Escobar Galindo

David Escobar Galindo

Devocionario (poema 257)

Vengo creyendo en la pasión onírica
como un tierno regalo de las hadas.
Me han dicho: Usted escriba de lo real.
Yo nunca le hice caso a los dogmáticos.
Le hice caso a mis sueños más rebeldes;
es decir, le hice caso a mis insomnios.
485
David Escobar Galindo

David Escobar Galindo

Diálogo En La Tiniebla

No busco la verdad, pero persigo
su estela cautivante, su aleteo
que es la réplica infiel de lo que creo
y el huidizo fulgor de lo que digo.

La verdad absoluta es un castigo
que quizás no merezca mi deseo.
Y su ausencia es el último trofeo
que desvela mi angustia de testigo.

Me quedo con la flor de la pregunta,
aspirando el aroma sin respuesta,
dejando que el silencio apenas hable.

Y al sentir que la lágrima despunta,
la verdad, como un grillo, me contesta
desde el jardín del vértigo insondable.
494
David Escobar Galindo

David Escobar Galindo

El Caballero De Magritte

Caminaba por calles
donde la luz se demoraba mucho,
quizás contando gajos de San Carlos.
Eran esos lugares apacibles,
de inmóviles señoras a las puertas
y costureras en un fondo de humo.
Yo no nací para las avenidas
-hago una salvedad: Campos Elíseos-,
sino para los quietos callejones,
para los caminitos con recodos.
¡Es una ceremonia tan magnánima
la de admirar antiguos adoquines,
con ojos inocentes que nos siguen
desde el gastado albor de los encajes!

A la par de las verjas,
los pequeños jardines eran reinos
donde una rosa siempre gobernaba.
Una rosa distinta cada día:
la de ayer más fragante,
la de hoy más empinada,
la de mañana casi con luz propia,
la de después con tiernas telarañas.
Era tan dulce el aire
como si hubiera hecho la siesta
junto a la dulcería «Las Gardenias»;
y yo, cuidándome de no ser visto,
cortaba un ramo de aire,
y lo iba saboreando hasta el cansancio,
con la perseverancia del profeta.

Alguna vez, las calles
se llenaban de lluvia:
era como si todas las cortinas
se rebelaran tras de sus balcones,
con un murmullo alegre y recatado,
que le daba al ambiente
esa ternura de filial crepúsculo.
No sé por qué la lluvia
siempre me sorprendió cuando la tarde
ya no tenía apenas resplandores.
Era una lluvia viva, desde luego.
Una lluvia caliente y vaporosa.
La lluvia que sonaba entre los árboles
como la antigua y auroral marimba,
tocada por ancianos.

Me enseñaron las calles
la paciencia del río cotidiano,
la claridad humilde del remanso
que refleja una garza imaginaria.
Supe después la fuerza de los ríos,
brilló después se fue volviendo espacio
donde ya era posible
inventar una estrella.
Pero nunca dejé de caminar
por las calles tranquilas, suburbanas,
igual que el enlutado personaje
de Magritte, sin edad, siempre de espaldas.
Quizás los muros se descascaraban,
quizás las puertas eran más herméticas.
Yo siempre caminaba por las calles
donde la luz se demoraba mucho,
donde la vida era el indescifrado,
sereno laberinto.
Nunca dejé de andar por esas calles,
porque sé que una de ellas desemboca
en la Plaza del sueño.
543
David Escobar Galindo

David Escobar Galindo

Despierto A Medianoche Es Un Alarde

Despierto a medianoche. Es un alarde
de lucidez frugal. Todo respira
a nuestro alrededor, como si fuéramos
los poderdantes de la gracia cósmica.
Vuelvo a dormirme, entonces. De seguro
en ese lapso se ha acabado el tiempo.
399