Poemas
Rabia e Indignación
Poemas en este tema
Ramón López Velarde
El Perro De San Roque
Yo sólo soy un hombre débil, un espontáneo
que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo.
A medida que vivo ignoro más las cosas;
no sé ni por qué encantan las hembras y las rosas,
Sólo estuve sereno, como en un trampolín,
para saltar las nuevas cinturas de las Martas
y con dedos maniáticos de sastre, medir cuartas
a un talle de caricias ideado por Merlín.
Admiro el universo como un azul candado,
gusto del cristianismo porque el Rabí es poeta,
veo arriba el misterio de un único cometa
y adoro en la Mujer el misterio encarnado.
Quiero a mi siglo; gozo de haber nacido en él;
los siglos son en mi alma rombos de una pelota
para la dicha varia y el calosfrío cruel
en que cesa la media y lo crudo se anota.
He oído la rechifla de los demonios sobre
mis bancarrotas chuscas de pecador vulgar,
y he mirado a los ángeles y arcángeles mojar
con sus lágrimas de oro mi vajilla de cobre.
Mi carne es combustible y mi conciencia parda;
efímeras y agudas refulgen mis pasiones
cual vidrios de botella que erizaron la barda
del gallinero, contra los gatos y ladrones.
¡Oh, Rabí, si te dignas, está bien que me orientes:
he besado mil bocas, pero besé diez frentes!
Mi voluntad es labio y mi beso es el rito...
¡Oh, Rabí, si te dignas, bien está que me encauces;
como el can de San Roque, ha estado mi apetito
con la vista en el cielo y la antorcha en las fauces!
que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo.
A medida que vivo ignoro más las cosas;
no sé ni por qué encantan las hembras y las rosas,
Sólo estuve sereno, como en un trampolín,
para saltar las nuevas cinturas de las Martas
y con dedos maniáticos de sastre, medir cuartas
a un talle de caricias ideado por Merlín.
Admiro el universo como un azul candado,
gusto del cristianismo porque el Rabí es poeta,
veo arriba el misterio de un único cometa
y adoro en la Mujer el misterio encarnado.
Quiero a mi siglo; gozo de haber nacido en él;
los siglos son en mi alma rombos de una pelota
para la dicha varia y el calosfrío cruel
en que cesa la media y lo crudo se anota.
He oído la rechifla de los demonios sobre
mis bancarrotas chuscas de pecador vulgar,
y he mirado a los ángeles y arcángeles mojar
con sus lágrimas de oro mi vajilla de cobre.
Mi carne es combustible y mi conciencia parda;
efímeras y agudas refulgen mis pasiones
cual vidrios de botella que erizaron la barda
del gallinero, contra los gatos y ladrones.
¡Oh, Rabí, si te dignas, está bien que me orientes:
he besado mil bocas, pero besé diez frentes!
Mi voluntad es labio y mi beso es el rito...
¡Oh, Rabí, si te dignas, bien está que me encauces;
como el can de San Roque, ha estado mi apetito
con la vista en el cielo y la antorcha en las fauces!
631
Ricardo Jaimes Freyre
Los Héroes
Por sanguinario ardor estremecido,
hundiendo en su corcel el acicate,
lanza el bárbaro en medio del combate
su pavoroso y lúgubre alarido.
Semidesnudo, sudoroso, herido,
de intenso gozo su cerebro late,
y con su escudo al enemigo abate
ya del espanto del dolor vencido.
Surge de pronto claridad extraña,
y el horizonte tenebroso baña
un mar de fuego de purpúreas ondas,
y se destacan entre lampos rojos,
los anchos pechos, los sangrientos ojos
y las hirsutas cabelleras blondas.
hundiendo en su corcel el acicate,
lanza el bárbaro en medio del combate
su pavoroso y lúgubre alarido.
Semidesnudo, sudoroso, herido,
de intenso gozo su cerebro late,
y con su escudo al enemigo abate
ya del espanto del dolor vencido.
Surge de pronto claridad extraña,
y el horizonte tenebroso baña
un mar de fuego de purpúreas ondas,
y se destacan entre lampos rojos,
los anchos pechos, los sangrientos ojos
y las hirsutas cabelleras blondas.
772
Ricardo Jaimes Freyre
Rusia
¡Enorme y santa Rusia, la tempestad te llama!
Ya agita tus nevados cabellos, y en tus venas
la sangre de Rucico, vieja y heroica inflama...
Desde el Neva hasta el Cáucaso con tu rugido llenas
las selvas milenarias, las estepas sombrías...
Mujik, tu arado hiere; tu hoz, mujik, hiere y mata;
como la negra tierra los pechos abrirías;
tiñéranse en tus manos las hoces de escarlata...
Padre Zar, ese pueblo te llama padre. Tiene
callosas las rodillas y las manos callosas;
si hasta el umbral de mármol de tu palacio viene
con manos y rodillas se arrrastrará en sus losas.
Allá lejos, muy lejos, donde el sol nace, luchan,
mujik, mujik, tus hijos, desfalllecen y mueren...
Padre Zar, los esclavos tu sacra voz no escuchan
aunque las rojas lenguas del knut sus flancos hieren.
Mujik, en tus entrañas el hambre ruge...
El cielo,
señor, te dio su vida...
Mujik, cuando las fieras
sienten el hambre, aguzan sus garras en hielo.
Tú... ¡que el pastor te entregue la cervatilla esperas!
Padre Zar, los gusanos quieren ser hombres. Miran
de frente al sol. Te miran de frente... ¿Qué malignos
genios sus tentaciones de rebelión inspiran
cuando son de tu misma misericordia indignos?
Llenas están de sangre las lúgubres prisiones,
llenos están de aullidos los hondos subterráneos...
De la vida y la muerte, tú como Dios, dispones;
¡ya saben el camino las hachas de los cráneos!
Mujik, las muchedumbres que tu señor domina,
que tiemblan si al mirarlas sus ojos centellean,
van del brumoso Báltico a la apartada China
y las naciones todas a sus pies serpentean.
¡Ay, si de cada pecho brotara un solo grito!
¡Si un solo golpe diera cada afrentada mano,
su empuje arrancaría la mole de granito,
como el de los millones de gotas del oceano!
¡Enorme y santa Rusia! De tu dolor sagrado
como de un nuevo Gólgota, fe y esperanza llueve...
La hoguera que consuma los restos del pasado
saldrá de las entrañas del país de la nieve.
El pueblo con la planta del déspota en la nuca,
muerde la tierra esclava con sus rabiosos dientes
¡y tíñese entretanto la sociedad caduca
con el sangriento rojo de todos los ponientes!
Ya agita tus nevados cabellos, y en tus venas
la sangre de Rucico, vieja y heroica inflama...
Desde el Neva hasta el Cáucaso con tu rugido llenas
las selvas milenarias, las estepas sombrías...
Mujik, tu arado hiere; tu hoz, mujik, hiere y mata;
como la negra tierra los pechos abrirías;
tiñéranse en tus manos las hoces de escarlata...
Padre Zar, ese pueblo te llama padre. Tiene
callosas las rodillas y las manos callosas;
si hasta el umbral de mármol de tu palacio viene
con manos y rodillas se arrrastrará en sus losas.
Allá lejos, muy lejos, donde el sol nace, luchan,
mujik, mujik, tus hijos, desfalllecen y mueren...
Padre Zar, los esclavos tu sacra voz no escuchan
aunque las rojas lenguas del knut sus flancos hieren.
Mujik, en tus entrañas el hambre ruge...
El cielo,
señor, te dio su vida...
Mujik, cuando las fieras
sienten el hambre, aguzan sus garras en hielo.
Tú... ¡que el pastor te entregue la cervatilla esperas!
Padre Zar, los gusanos quieren ser hombres. Miran
de frente al sol. Te miran de frente... ¿Qué malignos
genios sus tentaciones de rebelión inspiran
cuando son de tu misma misericordia indignos?
Llenas están de sangre las lúgubres prisiones,
llenos están de aullidos los hondos subterráneos...
De la vida y la muerte, tú como Dios, dispones;
¡ya saben el camino las hachas de los cráneos!
Mujik, las muchedumbres que tu señor domina,
que tiemblan si al mirarlas sus ojos centellean,
van del brumoso Báltico a la apartada China
y las naciones todas a sus pies serpentean.
¡Ay, si de cada pecho brotara un solo grito!
¡Si un solo golpe diera cada afrentada mano,
su empuje arrancaría la mole de granito,
como el de los millones de gotas del oceano!
¡Enorme y santa Rusia! De tu dolor sagrado
como de un nuevo Gólgota, fe y esperanza llueve...
La hoguera que consuma los restos del pasado
saldrá de las entrañas del país de la nieve.
El pueblo con la planta del déspota en la nuca,
muerde la tierra esclava con sus rabiosos dientes
¡y tíñese entretanto la sociedad caduca
con el sangriento rojo de todos los ponientes!
635
Roberto Juarroz
43
Conglomerado de consumos tristes,
suma y montón de trampas
recolección anónima
de los plurales de la muerte.
Y enfrente, la pasión,
vidamás de la vida,
chispa en el relámpago,
deshielo de la belleza,
escarapela sobre el corazón del caos,
látigo de muchas puntas.
Y enfrente,
el contemplador de ambos fracasos.
Y también del fracaso
de contemplar el fracaso.
Y es allí,
en ese punto de madurez negativa,
donde salta el resorte:
la fe en nada,
la fe de fe,
la fe que no tiene enfrente,
la fe que no es posible contemplar.
suma y montón de trampas
recolección anónima
de los plurales de la muerte.
Y enfrente, la pasión,
vidamás de la vida,
chispa en el relámpago,
deshielo de la belleza,
escarapela sobre el corazón del caos,
látigo de muchas puntas.
Y enfrente,
el contemplador de ambos fracasos.
Y también del fracaso
de contemplar el fracaso.
Y es allí,
en ese punto de madurez negativa,
donde salta el resorte:
la fe en nada,
la fe de fe,
la fe que no tiene enfrente,
la fe que no es posible contemplar.
454
Rafael Cadenas
Ella, La Insojuzgable, No Pudo Detener La Jauría Oigo Voces
Ella, la insojuzgable, no pudo detener la jauría. Oigo voces,
teas, látigos. Desde hace meses están aquí. Les
grito: no soy
el que buscan. Pero ellas conocen su presa: saben que no
me he movido.
teas, látigos. Desde hace meses están aquí. Les
grito: no soy
el que buscan. Pero ellas conocen su presa: saben que no
me he movido.
611
Rafael Cadenas
El Enemigo
Se insinúa con sigilo o irrumpe sin avisar.
Reconozco que estoy condenado a hacerle el juego. Si ambos
fuésemos reales no nos desgastaríamos en esta
persecución,
pero nuestra servidumbre es la misma: somos personajes. Nos
acompaña el miedo.
Mi costumbre es tomar su bando. Le permito que hable por mí.
Me convierte en plato de su odio.
Soy su aliado.
Sí, me usa, me usa para sus fines, que también se vuelven
contra él. La fuente que lo envenena rebosa con jirones
míos,
suyos. Nos confundimos, nos entretejemos, nos intrincamos, sin
querer. Hasta nos perdemos de vista, y ya no sabemos quién
es el que persigue.
Tengo que contrarrestar, con otra voz, sus cargos, pero
casi siempre estoy de su parte.
¿Cuándo tuvo lugar este desplazamiento? Son pocos los
días
en que el enemigo no ha contado con mi apoyo. Nunca en
realidad he sido contrapeso para sus demandas. Me consta, me
consta en mi carne. Siempre firmé sus acusaciones, sus ataques
sorpresivos, sus listas de agravios.
Siempre contó con el respaldo que yo necesitaba para mi tarea.
Sí, siempre a mi acusador lo encontré más eficaz,
y a su
casuística atroz sólo podía oponerle unos ojos
inmóviles.
Reconozco que estoy condenado a hacerle el juego. Si ambos
fuésemos reales no nos desgastaríamos en esta
persecución,
pero nuestra servidumbre es la misma: somos personajes. Nos
acompaña el miedo.
Mi costumbre es tomar su bando. Le permito que hable por mí.
Me convierte en plato de su odio.
Soy su aliado.
Sí, me usa, me usa para sus fines, que también se vuelven
contra él. La fuente que lo envenena rebosa con jirones
míos,
suyos. Nos confundimos, nos entretejemos, nos intrincamos, sin
querer. Hasta nos perdemos de vista, y ya no sabemos quién
es el que persigue.
Tengo que contrarrestar, con otra voz, sus cargos, pero
casi siempre estoy de su parte.
¿Cuándo tuvo lugar este desplazamiento? Son pocos los
días
en que el enemigo no ha contado con mi apoyo. Nunca en
realidad he sido contrapeso para sus demandas. Me consta, me
consta en mi carne. Siempre firmé sus acusaciones, sus ataques
sorpresivos, sus listas de agravios.
Siempre contó con el respaldo que yo necesitaba para mi tarea.
Sí, siempre a mi acusador lo encontré más eficaz,
y a su
casuística atroz sólo podía oponerle unos ojos
inmóviles.
598
Roque Dalton García
Muertos
Yo escribí de los muertos
sin saber de sus rudas zarabandas nocturnas…
Fue cuando murió mi primer hijo
y mi novia murió a su manera
y mi madre se quedó sin morir pero no importa
porque ya había barrido gritando de sus ojos la luz…
Sin invitación
sin desnudez apropiada
sin miedo justo a mi medida
llegué hasta sus territorios terribles
con el cabello roto y el hambre vocinglera:
Reñían horriblemente, como hermanos.
Sus uñas de aire rasgaban sus mejillas y sus
pechos de aire
y su furia caía sobre los hombros de mis ojos
como si la batalla solamente sirviera
para insultarme por vivir…
De entre todos ellos
Oolgue hacía brillar como una luna
su ancha ferocidad que merecía el respaldo del mármol
o de la peor espina.
Golpeaba a los demás y a mi miedo
con más crueldad que un niño,
como si desde el principio del tiempo
hubiese recibido sin quererlo
la espantosa encomienda de vengar a Dios.
Oh, amigos,
es duro ver matando a los que descansan en paz,
es más grave que quedarse solo
sabiendo que uno no sirve ni para que lo maten!
Holgué me dejó escapar aquella noche
porque era evidente en mi temblor de manos
el odio por la vida.
Desde el más allá de la muerte sus
tenues camaradas
me miraron partir con un desprecio inmenso
absolutamente avergonzado de mi respiración…
sin saber de sus rudas zarabandas nocturnas…
Fue cuando murió mi primer hijo
y mi novia murió a su manera
y mi madre se quedó sin morir pero no importa
porque ya había barrido gritando de sus ojos la luz…
Sin invitación
sin desnudez apropiada
sin miedo justo a mi medida
llegué hasta sus territorios terribles
con el cabello roto y el hambre vocinglera:
Reñían horriblemente, como hermanos.
Sus uñas de aire rasgaban sus mejillas y sus
pechos de aire
y su furia caía sobre los hombros de mis ojos
como si la batalla solamente sirviera
para insultarme por vivir…
De entre todos ellos
Oolgue hacía brillar como una luna
su ancha ferocidad que merecía el respaldo del mármol
o de la peor espina.
Golpeaba a los demás y a mi miedo
con más crueldad que un niño,
como si desde el principio del tiempo
hubiese recibido sin quererlo
la espantosa encomienda de vengar a Dios.
Oh, amigos,
es duro ver matando a los que descansan en paz,
es más grave que quedarse solo
sabiendo que uno no sirve ni para que lo maten!
Holgué me dejó escapar aquella noche
porque era evidente en mi temblor de manos
el odio por la vida.
Desde el más allá de la muerte sus
tenues camaradas
me miraron partir con un desprecio inmenso
absolutamente avergonzado de mi respiración…
579
Roque Dalton García
Solidaridad
En el pasillo el anciano se prepara para la pelea
teme particularmente los jabs al hígado
y no va dar razón a la colmena ávida
Es un hombre completamente de este siglo
al albañil algebraico aguardentoso
acostumbrado a saltar con ayuda del báculo
por sobre las parejas que hacen como pichones caídos
el amor
El pasillo le queda un tanto corto
porque al fin y al cabo el campeón es el campeón
pero no todos pueden tocar el arcoiris
La peor es la colmena que ahora mismo en las calles
recoge como colillas de cigarro el rencor
Es lo más que se me ocurre decir al respecto
teme particularmente los jabs al hígado
y no va dar razón a la colmena ávida
Es un hombre completamente de este siglo
al albañil algebraico aguardentoso
acostumbrado a saltar con ayuda del báculo
por sobre las parejas que hacen como pichones caídos
el amor
El pasillo le queda un tanto corto
porque al fin y al cabo el campeón es el campeón
pero no todos pueden tocar el arcoiris
La peor es la colmena que ahora mismo en las calles
recoge como colillas de cigarro el rencor
Es lo más que se me ocurre decir al respecto
527
Rubén Darío
¿que Por Qué Así? No Es Muy Dulce
¿Que por qué así? No es muy dulce
la palabra, lo confieso.
Mas, de esa extraña amargura
la explicación está en esto:
después de llorar mis lágrimas
ásperas como el ajenjo,
me alborotó el corazón
la tempestad de mis nervios.
Siguió la risa al gemido,
y a la iracundia el bostezo,
y a la palabra el insulto,
y a la mirada el incendio;
por la puerta de la boca
lanzó su llama el cerebro,
y en aquella noche oscura,
y en aquel fondo tan negro,
con la tempestad del alma
relampagueó el pensamiento,
y les salieron espinas
a las flores de mis versos.
la palabra, lo confieso.
Mas, de esa extraña amargura
la explicación está en esto:
después de llorar mis lágrimas
ásperas como el ajenjo,
me alborotó el corazón
la tempestad de mis nervios.
Siguió la risa al gemido,
y a la iracundia el bostezo,
y a la palabra el insulto,
y a la mirada el incendio;
por la puerta de la boca
lanzó su llama el cerebro,
y en aquella noche oscura,
y en aquel fondo tan negro,
con la tempestad del alma
relampagueó el pensamiento,
y les salieron espinas
a las flores de mis versos.
764
Rubén Darío
Me Tienes Lástima, ¿no?
Me tienes lástima, ¿no?
Y yo quisiera una soga
para echártela al pescuezo
y colgarte de una horca,
porque eres un buen sujeto,
una excelente persona
con mucha envidia en el alma
y mucha baba en la boca.
Y yo quisiera una soga
para echártela al pescuezo
y colgarte de una horca,
porque eres un buen sujeto,
una excelente persona
con mucha envidia en el alma
y mucha baba en la boca.
635
Rubén Darío
He Aquí La Exacta Copia
He aquí la exacta copia
de un caso digno de fe.
Lo cuento tal como fue,
pues no es de cosecha propia.
A un joven de posición,
una joven irritada,
de una sola puñalada
le ha partido el corazón.
Se ha levantado el proceso
y se examina con pausa,
para averiguar la causa
de tan terrible suceso.
Ya averiguada, sonroja
un hecho tan inaudito:
¡él cometió el gran delito
de llamarla bizca y coja!
Por tanto, siendo, en verdad,
ése un delito tan feo,
¡que quede libre la reo!,
¡en completa libertad!
de un caso digno de fe.
Lo cuento tal como fue,
pues no es de cosecha propia.
A un joven de posición,
una joven irritada,
de una sola puñalada
le ha partido el corazón.
Se ha levantado el proceso
y se examina con pausa,
para averiguar la causa
de tan terrible suceso.
Ya averiguada, sonroja
un hecho tan inaudito:
¡él cometió el gran delito
de llamarla bizca y coja!
Por tanto, siendo, en verdad,
ése un delito tan feo,
¡que quede libre la reo!,
¡en completa libertad!
566
Rubén Darío
¡qué Piropo! Escalda Y Pincha
¡Qué piropo! Escalda y pincha.
¡Qué obscenidad! ¡Qué baldón!
¿Quién lo dijo? Ese mocito
del flamante redingot.
A la pobre muchachuela
la cara se le encendió...
Iba descalza, iba rota,
y ¡miren qué contrición!
¡Como si tal harapienta
pudiera tener pudor!
¡Qué obscenidad! ¡Qué baldón!
¿Quién lo dijo? Ese mocito
del flamante redingot.
A la pobre muchachuela
la cara se le encendió...
Iba descalza, iba rota,
y ¡miren qué contrición!
¡Como si tal harapienta
pudiera tener pudor!
705
Rubén Darío
De Lo Que En Tu Vida Entera
De lo que en tu vida entera
nunca debes hacer caso:
La fisga de un envidioso,
el insulto de un borracho,
el bofetón de un cualquiera
y la patada de un asno.
nunca debes hacer caso:
La fisga de un envidioso,
el insulto de un borracho,
el bofetón de un cualquiera
y la patada de un asno.
676
Rubén Darío
He Aquí El Coro Que Entonan
He aquí el coro que entonan
los vagos y los mendigos:
¡Guerra a muerte a los banqueros
que repletan sus bolsillos!
Regla general: Los pobres
son los que odian a los ricos.
los vagos y los mendigos:
¡Guerra a muerte a los banqueros
que repletan sus bolsillos!
Regla general: Los pobres
son los que odian a los ricos.
510
Rubén Darío
Pues Tu Cólera Estalla
Pues tu cólera estalla,
justo es que ordenes hoy, ¡oh Padre Eterno!
una edición de lujo del infierno
digna del guante y frac de la canalla.
justo es que ordenes hoy, ¡oh Padre Eterno!
una edición de lujo del infierno
digna del guante y frac de la canalla.
630
Rubén Darío
Walt Whitman
En su país de hierro vive el gran viejo,
bello como un patriarca, sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo
algo que impera y vence con noble encanto.
Su alma del infinito parece espejo;
son sus cansados hombros dignos del manto;
y con arpa labrada de un roble añejo
como un profeta nuevo canta su canto.
Sacerdote, que alienta soplo divino,
anuncia en el futuro, tiempo mejor.
Dice el águila: «¡Vuela!», «¡Boga!», al marino,
y «¡Trabaja!», al robusto trabajador.
¡Así va ese poeta por su camino
con su soberbio rostro de emperador!
bello como un patriarca, sereno y santo.
Tiene en la arruga olímpica de su entrecejo
algo que impera y vence con noble encanto.
Su alma del infinito parece espejo;
son sus cansados hombros dignos del manto;
y con arpa labrada de un roble añejo
como un profeta nuevo canta su canto.
Sacerdote, que alienta soplo divino,
anuncia en el futuro, tiempo mejor.
Dice el águila: «¡Vuela!», «¡Boga!», al marino,
y «¡Trabaja!», al robusto trabajador.
¡Así va ese poeta por su camino
con su soberbio rostro de emperador!
743
Rosalía de Castro
Glorias Hay Que Deslumbran, Cual Deslumbra
Glorias hay que deslumbran, cual deslumbra
el vivo resplandor de los relámpagos,
y que como él se apagan en la sombra,
sin dejar de su luz huella ni rastro.
Yo prefiero a ese brillo de un instante,
la triste soledad donde batallo,
y donde nunca a perturbar mi espíritu
llega el vano rumor de los aplausos.
el vivo resplandor de los relámpagos,
y que como él se apagan en la sombra,
sin dejar de su luz huella ni rastro.
Yo prefiero a ese brillo de un instante,
la triste soledad donde batallo,
y donde nunca a perturbar mi espíritu
llega el vano rumor de los aplausos.
606
Rosalía de Castro
A Las Rubias Envidias
A las rubias envidias
porque naciste con color moreno,
y te parecen ellas blancos ángeles
que han bajado del cielo.
¡Ah!, pues no olvides, niña,
y ten por cosa cierta,
que mucho más que un ángel siempre pudo
un demonio en la tierra.
porque naciste con color moreno,
y te parecen ellas blancos ángeles
que han bajado del cielo.
¡Ah!, pues no olvides, niña,
y ten por cosa cierta,
que mucho más que un ángel siempre pudo
un demonio en la tierra.
867
Rosalía de Castro
Prodigando Sonrisas
Prodigando sonrisas
que aplausos demandaban,
apareció en la escena, alta la frente,
soberbia la mirada,
y sin ver ni pensar más que en sí misma,
entre la turba aduladora y mansa
que la aclamaba sol del universo,
como noche de horror pudo aclamarla,
pasó a mi lado y arrollarme quiso
con su triunfal carroza de oro y nácar.
Yo me aparté, y fijando mis pupilas
en las suyas airadas:
¡Es la inmodestia! al conocerla dije,
y sin enojo la volví la espalda.
Mas tú cree y espera, ¡alma dichosa!,
que al cabo ese es el sino
feliz de los que elige el desengaño
para llevar la palma del martirio.
que aplausos demandaban,
apareció en la escena, alta la frente,
soberbia la mirada,
y sin ver ni pensar más que en sí misma,
entre la turba aduladora y mansa
que la aclamaba sol del universo,
como noche de horror pudo aclamarla,
pasó a mi lado y arrollarme quiso
con su triunfal carroza de oro y nácar.
Yo me aparté, y fijando mis pupilas
en las suyas airadas:
¡Es la inmodestia! al conocerla dije,
y sin enojo la volví la espalda.
Mas tú cree y espera, ¡alma dichosa!,
que al cabo ese es el sino
feliz de los que elige el desengaño
para llevar la palma del martirio.
671
Rosalía de Castro
Desbórdanse Los Ríos Si Engrosan Su Corriente
Desbórdanse los ríos si engrosan su corriente
los múltiples arroyos que de los montes bajan;
y cuando de las penas el caudal abundoso
se aumenta con los males perennes y las ansias,
¿cómo contener, cómo, en el labio la queja?,
¿cómo no desbordarse la cólera en el alma?
los múltiples arroyos que de los montes bajan;
y cuando de las penas el caudal abundoso
se aumenta con los males perennes y las ansias,
¿cómo contener, cómo, en el labio la queja?,
¿cómo no desbordarse la cólera en el alma?
653
Rosalía de Castro
¡aturde La Confusa Gritería
¡Aturde la confusa gritería
que se levanta entre la turba inmensa!
Ya no saben qué quieren ni qué piden;
mas embriagados de soberbia, buscan
un ídolo o una víctima a quien hieran.
Brutales son sus iras,
y aun quizás mas brutales sus amores;
no provoquéis al monstruo de cien brazos,
como la ciega tempestad terrible,
ya ardiente os ame o fríamente os odie.
que se levanta entre la turba inmensa!
Ya no saben qué quieren ni qué piden;
mas embriagados de soberbia, buscan
un ídolo o una víctima a quien hieran.
Brutales son sus iras,
y aun quizás mas brutales sus amores;
no provoquéis al monstruo de cien brazos,
como la ciega tempestad terrible,
ya ardiente os ame o fríamente os odie.
771
Rosalía de Castro
Unos Con La Calumnia Le Mancharon
Unos con la calumnia le mancharon,
otros falsos amores le han mentido,
y aunque dudo si algunos le han querido,
de cierto sé que todos le olvidaron.
Solo sufrió, sin gloria ni esperanza,
cuanto puede sufrir un ser viviente;
¿por qué le preguntáis qué amores siente
y no qué odios alientan su venganza?
otros falsos amores le han mentido,
y aunque dudo si algunos le han querido,
de cierto sé que todos le olvidaron.
Solo sufrió, sin gloria ni esperanza,
cuanto puede sufrir un ser viviente;
¿por qué le preguntáis qué amores siente
y no qué odios alientan su venganza?
954
Rosalía de Castro
Los Tristes
De la torpe ignorancia que confunde
lo mezquino y lo inmenso;
de la dura injusticia del más alto,
de la saña mortal de los pequeños,
¡no es posible que huyáis! cuando os conocen
y os buscan, como busca el zorro hambriento
a la indefensa tórtola en los campos;
y al querer esconderos
de sus cobardes iras, ya en el monte,
en la ciudad o en el retiro estrecho,
¡ahí va! exclaman ¡ahí va!, y allí
os insultan
y señalan con íntimo contento
cual la mano implacable y vengativa
señala al triste y fugitivo reo.
lo mezquino y lo inmenso;
de la dura injusticia del más alto,
de la saña mortal de los pequeños,
¡no es posible que huyáis! cuando os conocen
y os buscan, como busca el zorro hambriento
a la indefensa tórtola en los campos;
y al querer esconderos
de sus cobardes iras, ya en el monte,
en la ciudad o en el retiro estrecho,
¡ahí va! exclaman ¡ahí va!, y allí
os insultan
y señalan con íntimo contento
cual la mano implacable y vengativa
señala al triste y fugitivo reo.
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Pablo de Rokha
Tercetos Dantescos A Casiano Basualto (dedicado A Pablo Neruda)
Gallipavo senil y cogotero
de una poesía sucia, de macacos,
tienes la panza hinchada de dinero.
Defeca en el portal de los maracos,
tu egolatría de imbécil famoso
tal como en el chiquero los verracos.
Legas a ser hediondo de baboso,
y los tontos te llaman: ¡«gran podeta»!
en las alcobas de lo tenebroso.
Si fueras un andrajo de opereta,
y únicamente un pajarón flautista,
¡sólo un par depatadas en la jeta!...
Pero tu índole sadomasoquista,
un tiburón de las cloacas suma
a la carroña del oportunista.
Y si eres infantil como la espuma,
eres absurdo Cacaseno oscuro,
si el escribir con menstruación te abruma.
Granburgués, te arrodillas junto al muro
del panteón de la Academia Sueca,
a mendigar... ¡dual amoral impuro!
Y emerge el delincuente hacia la pleca
de la carátula facinerosa,
que exhibe al sol la criadilla seca.
Astuto, ruin, tarado, voz gangosa,
saqueas a la U.R.S.S, envilecido,
con la tremenda mano estropajosa.
Flojo arribista, tonto y bien comido,
dijiste de este norme pueblo ardiente:
«Chile, país de cafres», ¡gran bandido!
Eres la negra cabeza de puente
de la horrorosa corrupción burguesa
en el filo-marxismo decadente.
Avido como pájaro de presa,
refleja tu persona a un mar de idiotas,
y es su retrato, en ti, lo que interesa.
Por eso no caminas, y rebotas
contra la parte más noble y sufriente
de tu partido, y te ladran las botas.
¡Tú, el discriminador impenitente,
burócrata y plutócrata racista
que insulta a herida, a eterna, a heroica gente!...
Es que tienes costumbres de alquimista
de fiambrería, y es que estás vendido,
todo, al gran criminal imperialista.
Es que tienes costumbres de alquimista
de fiambrería, y es que estás vendido,
todo, al gran criminal imperialista.
La baba oscura del hampón, hundido
en la maldad oblicua del plagiario,
te chorrea del corazón podrido.
Y las pelotas del «estravagario»,
juegan al campeonato del canalla
en el gran orinal «crepusculario».
Eres el «jefe» de una tal morralla,
tan desleal como todo cobarde,
y mereces escupos, no metralla.
Calumniador e infamador, tu alarde
de apropiarte de un muerto es de demente,
que se ahoga en los mares de la tarde.
Abominando del hombre valiente,
echas en cara la desgracia humana,
y, al insultar, muestras la bestia ingente.
¡Es tan abyecta tu actitud marrana
y es tan de amoral tu ejecutoria...
¡debiste ser hijo de puto y rana!...
Chillas por eso pidiendo euforia
necio-anormal de «un puntapié en el culo»,
y el ser pro-imperialista es tu victoria.
Tu condición de Judas y de Chulo,
corrompe con dinero mal habido,
y a quien explotas, lo declaras nulo.
Tu verso inmoral se ha «enriquecido»
de un mil de pederastas de prontuario:
cantas por paga, en tu rabel transido.
Estafándola, alzando su calvario,
a aquella fiel humilde «hormiguita»,
formas la roña del prostibulario.
Por tu gran colección hermafrodita
sin que falte una loca Concha sola,
la Reacción mundial te felicita.
la miendo por debajo de la cola
al ladrón del Viet Nam, al asesino,
eres el héroe de la coca-cola.
Gran comensal del Wall Street ladino
miras a Cuba como los «gusanos»,
y su martirio te importa un comino.
Tu comunismo es farsa de Casi Anos
emputacidos y escandalosos,
que vende, como reses, sus hermanos.
Ceñido de mugrientos y roñosos,
tinterillo de latifundistas,
yo te comparo a los perros tiñosos.
Defiendes, pisoteando comunistas,
a los patrones contra los peones,
y los dueños de fundo son tus pistas.
Ladroneando, eres tú flor de bribones,
y como vives de seres dudosos,
auspicias guardaespaldas maricones.
Insultador de héroes grandiosos,
como Mao Tse-tung y su Partido,
entregas sangre ajena alos golosos.
Tu «pedosita» es pacotilla, herido
de vanidad añeja de ramera,
«gozas» de «fama», pero estás vencido.
A la siniestra mafia aventurera
de la chacota en la literatura
tu camarilla le dio pedorrera.
¡Oh! mixtificador, tu sinecura
de atorrante político, «escruchante»
poético, es un tarro de basura.
Engañas a «las musas», y el cantante
de prostíbulo que hay en tus muletas,
en las ideas es un comerciante.
Sodomitas, rufianes, proxenetas,
pacotilleros y filibusteros,
te corretean entre cuchufletas.
Bohemio y metafísico, en usleros
de material confuso estás sentado,
como en grandes divanes de braseros.
De «Derecha» y de «Izquierda» te has timbrado
y oscilas de entre alones y loyolas,
manoseando para lado y lado.
Como te arrastran las sesenta bolas
de las antologías criminales,
te balanceas en las carambolas.
Un rebizno mundial de homosexuales,
monta la máquina cosmopolita
de tus negocios internacionales.
Y hasta el cura pronazi aranedita
llorando se arremanga las polleras
en honor de tu gran guata «bendita».
Yegua de arreo, riega las praderas
de la bohemia tu meada de piojo
funeral, corroído de goteras.
Los de Hernanes, el negro y el rojo,
son los sucios eunucos amarillos
de tu harem: Cardenal y Matapiojo.
Ellos te chupan de los calzoncillos
la bazofia, con lengua de lacayos:
pían sin pico, aunque son pajarillos.
Tal como dos esclavos, dos cipayos
enmascarados en su podredumbre,
sirvientes del verdugo y papagayos.
Los «capos» de la antigua servidumbre
te abandonaron por ingrato e inmundo
como a un cuchillo mordido de herrumbe.
Hoy por hoy, solo, en el hoyo del mundo
chillas y gritas, espantosamente,
lo mismo que un zapato moribundo.
Y aunque manchas tu patria, impunemente,
contrbandeando éxito por mérito,
te escupe un gran gargajo frente a frente.
Vendido a Norteamérica, el pretérito
de tus engaños al proletariado,
da vuelta la chaqueta al benemérito.
Traidor y desertor calificado,
te burlaste de los trabajadores
yendo de negociado en negociado.
Tu frenesí es corruptor de menores
intelectuales, «regolucionario»
a lo Mansilla, «Rey» de embaucadores.
«La araña negra» y «el patibulario»
te llamó Juan de Luigi, al cual echabas
en cara la ceguera... ¡oh!, mal corsario.
Telarañoso y mercantil, alabas
lo que negaste, como equilibrista,
y al Premio Nobel lo llenas de babas.
De país en país, gran arribista,
tu gonorrea literaria has ido
vendiendo como egregio pendolista.
Tu «reconciliación» de forajido
con el imperialismo, es lo más lógico:
se van de corrompido a corrompido.
Como un bruto o eunuco patológico
estás sobre las clases defecando
y a tu estiércol lo estimas antológico.
Un viejo perro muerto anda aullando
en tus quejidos de gran roña ahita
y, al vomitar, te vas desintegrando...
Toda tu obra mal robada, imita:
«Macchu-Picchu» es Ramponi, el argentino,
a quien plagiaste su «Piedra Infinita».
Tagore, Baudelaire, Vallejo, (vino
y mito), te encubren, y te aterra
haber transado tu alma de cochino.
El fosil colonial de Inglaterra
entre biblias y whiskyes y serpientes
engendró «Residencia en la Tierra».
Si hablando a gentes proletarias, mientes,
mientes cantando y llorando y, mintiendo,
mientes a delincuentes y a inocentes.
Como lo heroico no lo estás viviendo,
tú frenas la potencia de las masas
con tu veneno «poético» horrendo.
Por tus siete maletas, sobrepasas
el equipaje multimillonario,
cuando el botín repleta tus tres casas.
A alguna menopáusica de acuario,
«tu Farewell» ¡de Blomberg!, le produjo
alteraciones en su calendario.
Sabat Ercasty te dejó con pujo
sangriento, y «El Hondero Entusiasta»,
es la baraja y el moco del brujo.
Siendo un feto, te das de iconoclasta,
y a mí me has estafado desde el nombre
a esta línea de fuego, que te aplasta.
No eres un hombre pobre un pobre hombre
condecorado como a un espía
del anticomunismo, cobre a cobre.
«Punta de lanza» de la porquería
capitalista, porque no batallas,
en la agonía de la burguesía.
Ni Trujillo agregó a tantas medallas
tanta asquerosa maldad engañosa,
y «Chapitas» fue ejemplo de canallas.
El gran oficialismo es tu ruidosa
pantalla, adulas a cualquier Gobierno
y le cambias por plata, verso o prosa.
«Gran mal poeta», (engendro del infierno),
te llamó Juan Ramón en «Españoles
de Tres Mundos», Caín de mas de un cuerno.
¡Y tú, coleccionando caracoles
o mascarones en que te defines!...
«Radio La Habana» baleó tus controles...
Entre los más rosados querubines,
te «canonizarán» de comunista
con la trompeta de los malandrines.
Un Belaúnde pronacifascista
y asesinador de guerrilleros
coronó tu cinismo de pancista.
Como a chancha «matada», los culeros
te lastiman el lomo y las berijas,
(dos instrumentos de los marulleros).
Es decir, las ambiguas sabandijas
de la retórica y de la poética,
ya sólo en los sobacos las prohijas.
Porque como eres «loco» de la estética
y el robot parroquial de un clan idiota,
hasta tus cómplices piden genética.
¿Tú revolucionario? La pelota
del trotzquismo te cuelga del hocico,
enmascarándote. Y Lenin te azota.
Con tu conducta de sapo y de mico
ofendes a la inmensa clase obrera,
y a costillas del pueblo eres tan rico.
Además, el Pentágono reitera
en dólares sonantes y contantes,
su amor a la canalla aventurera.
Y la CIA procura resonantes
éxitos al carajo «bien portado»
y condecoraciones y diamantes.
Y un horrendo esplendor prefabricado
y queso y pan y vino, todo de oro,
y los difraces del enmascarado.
La gritería universal, el toro
de cartón rojo, el Caballo de Troya,
la gran máquina-jaula para el loro.
Turbia gran bruja macabra de Goya
es tu aflicción de «Toribio Gallina,
el Náufrago», colgando de una bo... ya.
A tu «realismo» échale formalina
en el tronco esencial de la macana,
porque muestra su lengua femenina.
La épica social americana
la escribo yo, rugiendo pueblo adentro,
con mi pluma-fusil, (gran hacha humana).
Y tu canción de amor es epicentro
de mistificadores, y bolina
de maricas, con punto y como al centro.
Lo bautizaste como «Guillermina»
al «Mascarón», que oculta tus «apremios»
de bailarín de la Tía Carlina.
Y si aún deseas premios y más premios,
te ofrezco el premio a la sirvengüenzura
colosal y feroz de los bohemios,
que se cavan la propia sepultura:
no importas tú, ¡importa tu impostura!...
de una poesía sucia, de macacos,
tienes la panza hinchada de dinero.
Defeca en el portal de los maracos,
tu egolatría de imbécil famoso
tal como en el chiquero los verracos.
Legas a ser hediondo de baboso,
y los tontos te llaman: ¡«gran podeta»!
en las alcobas de lo tenebroso.
Si fueras un andrajo de opereta,
y únicamente un pajarón flautista,
¡sólo un par depatadas en la jeta!...
Pero tu índole sadomasoquista,
un tiburón de las cloacas suma
a la carroña del oportunista.
Y si eres infantil como la espuma,
eres absurdo Cacaseno oscuro,
si el escribir con menstruación te abruma.
Granburgués, te arrodillas junto al muro
del panteón de la Academia Sueca,
a mendigar... ¡dual amoral impuro!
Y emerge el delincuente hacia la pleca
de la carátula facinerosa,
que exhibe al sol la criadilla seca.
Astuto, ruin, tarado, voz gangosa,
saqueas a la U.R.S.S, envilecido,
con la tremenda mano estropajosa.
Flojo arribista, tonto y bien comido,
dijiste de este norme pueblo ardiente:
«Chile, país de cafres», ¡gran bandido!
Eres la negra cabeza de puente
de la horrorosa corrupción burguesa
en el filo-marxismo decadente.
Avido como pájaro de presa,
refleja tu persona a un mar de idiotas,
y es su retrato, en ti, lo que interesa.
Por eso no caminas, y rebotas
contra la parte más noble y sufriente
de tu partido, y te ladran las botas.
¡Tú, el discriminador impenitente,
burócrata y plutócrata racista
que insulta a herida, a eterna, a heroica gente!...
Es que tienes costumbres de alquimista
de fiambrería, y es que estás vendido,
todo, al gran criminal imperialista.
Es que tienes costumbres de alquimista
de fiambrería, y es que estás vendido,
todo, al gran criminal imperialista.
La baba oscura del hampón, hundido
en la maldad oblicua del plagiario,
te chorrea del corazón podrido.
Y las pelotas del «estravagario»,
juegan al campeonato del canalla
en el gran orinal «crepusculario».
Eres el «jefe» de una tal morralla,
tan desleal como todo cobarde,
y mereces escupos, no metralla.
Calumniador e infamador, tu alarde
de apropiarte de un muerto es de demente,
que se ahoga en los mares de la tarde.
Abominando del hombre valiente,
echas en cara la desgracia humana,
y, al insultar, muestras la bestia ingente.
¡Es tan abyecta tu actitud marrana
y es tan de amoral tu ejecutoria...
¡debiste ser hijo de puto y rana!...
Chillas por eso pidiendo euforia
necio-anormal de «un puntapié en el culo»,
y el ser pro-imperialista es tu victoria.
Tu condición de Judas y de Chulo,
corrompe con dinero mal habido,
y a quien explotas, lo declaras nulo.
Tu verso inmoral se ha «enriquecido»
de un mil de pederastas de prontuario:
cantas por paga, en tu rabel transido.
Estafándola, alzando su calvario,
a aquella fiel humilde «hormiguita»,
formas la roña del prostibulario.
Por tu gran colección hermafrodita
sin que falte una loca Concha sola,
la Reacción mundial te felicita.
la miendo por debajo de la cola
al ladrón del Viet Nam, al asesino,
eres el héroe de la coca-cola.
Gran comensal del Wall Street ladino
miras a Cuba como los «gusanos»,
y su martirio te importa un comino.
Tu comunismo es farsa de Casi Anos
emputacidos y escandalosos,
que vende, como reses, sus hermanos.
Ceñido de mugrientos y roñosos,
tinterillo de latifundistas,
yo te comparo a los perros tiñosos.
Defiendes, pisoteando comunistas,
a los patrones contra los peones,
y los dueños de fundo son tus pistas.
Ladroneando, eres tú flor de bribones,
y como vives de seres dudosos,
auspicias guardaespaldas maricones.
Insultador de héroes grandiosos,
como Mao Tse-tung y su Partido,
entregas sangre ajena alos golosos.
Tu «pedosita» es pacotilla, herido
de vanidad añeja de ramera,
«gozas» de «fama», pero estás vencido.
A la siniestra mafia aventurera
de la chacota en la literatura
tu camarilla le dio pedorrera.
¡Oh! mixtificador, tu sinecura
de atorrante político, «escruchante»
poético, es un tarro de basura.
Engañas a «las musas», y el cantante
de prostíbulo que hay en tus muletas,
en las ideas es un comerciante.
Sodomitas, rufianes, proxenetas,
pacotilleros y filibusteros,
te corretean entre cuchufletas.
Bohemio y metafísico, en usleros
de material confuso estás sentado,
como en grandes divanes de braseros.
De «Derecha» y de «Izquierda» te has timbrado
y oscilas de entre alones y loyolas,
manoseando para lado y lado.
Como te arrastran las sesenta bolas
de las antologías criminales,
te balanceas en las carambolas.
Un rebizno mundial de homosexuales,
monta la máquina cosmopolita
de tus negocios internacionales.
Y hasta el cura pronazi aranedita
llorando se arremanga las polleras
en honor de tu gran guata «bendita».
Yegua de arreo, riega las praderas
de la bohemia tu meada de piojo
funeral, corroído de goteras.
Los de Hernanes, el negro y el rojo,
son los sucios eunucos amarillos
de tu harem: Cardenal y Matapiojo.
Ellos te chupan de los calzoncillos
la bazofia, con lengua de lacayos:
pían sin pico, aunque son pajarillos.
Tal como dos esclavos, dos cipayos
enmascarados en su podredumbre,
sirvientes del verdugo y papagayos.
Los «capos» de la antigua servidumbre
te abandonaron por ingrato e inmundo
como a un cuchillo mordido de herrumbe.
Hoy por hoy, solo, en el hoyo del mundo
chillas y gritas, espantosamente,
lo mismo que un zapato moribundo.
Y aunque manchas tu patria, impunemente,
contrbandeando éxito por mérito,
te escupe un gran gargajo frente a frente.
Vendido a Norteamérica, el pretérito
de tus engaños al proletariado,
da vuelta la chaqueta al benemérito.
Traidor y desertor calificado,
te burlaste de los trabajadores
yendo de negociado en negociado.
Tu frenesí es corruptor de menores
intelectuales, «regolucionario»
a lo Mansilla, «Rey» de embaucadores.
«La araña negra» y «el patibulario»
te llamó Juan de Luigi, al cual echabas
en cara la ceguera... ¡oh!, mal corsario.
Telarañoso y mercantil, alabas
lo que negaste, como equilibrista,
y al Premio Nobel lo llenas de babas.
De país en país, gran arribista,
tu gonorrea literaria has ido
vendiendo como egregio pendolista.
Tu «reconciliación» de forajido
con el imperialismo, es lo más lógico:
se van de corrompido a corrompido.
Como un bruto o eunuco patológico
estás sobre las clases defecando
y a tu estiércol lo estimas antológico.
Un viejo perro muerto anda aullando
en tus quejidos de gran roña ahita
y, al vomitar, te vas desintegrando...
Toda tu obra mal robada, imita:
«Macchu-Picchu» es Ramponi, el argentino,
a quien plagiaste su «Piedra Infinita».
Tagore, Baudelaire, Vallejo, (vino
y mito), te encubren, y te aterra
haber transado tu alma de cochino.
El fosil colonial de Inglaterra
entre biblias y whiskyes y serpientes
engendró «Residencia en la Tierra».
Si hablando a gentes proletarias, mientes,
mientes cantando y llorando y, mintiendo,
mientes a delincuentes y a inocentes.
Como lo heroico no lo estás viviendo,
tú frenas la potencia de las masas
con tu veneno «poético» horrendo.
Por tus siete maletas, sobrepasas
el equipaje multimillonario,
cuando el botín repleta tus tres casas.
A alguna menopáusica de acuario,
«tu Farewell» ¡de Blomberg!, le produjo
alteraciones en su calendario.
Sabat Ercasty te dejó con pujo
sangriento, y «El Hondero Entusiasta»,
es la baraja y el moco del brujo.
Siendo un feto, te das de iconoclasta,
y a mí me has estafado desde el nombre
a esta línea de fuego, que te aplasta.
No eres un hombre pobre un pobre hombre
condecorado como a un espía
del anticomunismo, cobre a cobre.
«Punta de lanza» de la porquería
capitalista, porque no batallas,
en la agonía de la burguesía.
Ni Trujillo agregó a tantas medallas
tanta asquerosa maldad engañosa,
y «Chapitas» fue ejemplo de canallas.
El gran oficialismo es tu ruidosa
pantalla, adulas a cualquier Gobierno
y le cambias por plata, verso o prosa.
«Gran mal poeta», (engendro del infierno),
te llamó Juan Ramón en «Españoles
de Tres Mundos», Caín de mas de un cuerno.
¡Y tú, coleccionando caracoles
o mascarones en que te defines!...
«Radio La Habana» baleó tus controles...
Entre los más rosados querubines,
te «canonizarán» de comunista
con la trompeta de los malandrines.
Un Belaúnde pronacifascista
y asesinador de guerrilleros
coronó tu cinismo de pancista.
Como a chancha «matada», los culeros
te lastiman el lomo y las berijas,
(dos instrumentos de los marulleros).
Es decir, las ambiguas sabandijas
de la retórica y de la poética,
ya sólo en los sobacos las prohijas.
Porque como eres «loco» de la estética
y el robot parroquial de un clan idiota,
hasta tus cómplices piden genética.
¿Tú revolucionario? La pelota
del trotzquismo te cuelga del hocico,
enmascarándote. Y Lenin te azota.
Con tu conducta de sapo y de mico
ofendes a la inmensa clase obrera,
y a costillas del pueblo eres tan rico.
Además, el Pentágono reitera
en dólares sonantes y contantes,
su amor a la canalla aventurera.
Y la CIA procura resonantes
éxitos al carajo «bien portado»
y condecoraciones y diamantes.
Y un horrendo esplendor prefabricado
y queso y pan y vino, todo de oro,
y los difraces del enmascarado.
La gritería universal, el toro
de cartón rojo, el Caballo de Troya,
la gran máquina-jaula para el loro.
Turbia gran bruja macabra de Goya
es tu aflicción de «Toribio Gallina,
el Náufrago», colgando de una bo... ya.
A tu «realismo» échale formalina
en el tronco esencial de la macana,
porque muestra su lengua femenina.
La épica social americana
la escribo yo, rugiendo pueblo adentro,
con mi pluma-fusil, (gran hacha humana).
Y tu canción de amor es epicentro
de mistificadores, y bolina
de maricas, con punto y como al centro.
Lo bautizaste como «Guillermina»
al «Mascarón», que oculta tus «apremios»
de bailarín de la Tía Carlina.
Y si aún deseas premios y más premios,
te ofrezco el premio a la sirvengüenzura
colosal y feroz de los bohemios,
que se cavan la propia sepultura:
no importas tú, ¡importa tu impostura!...
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