Poemas en este tema

Pasión

Octavio Paz

Octavio Paz

Golden Lotuses - 2

Delgada y sinuosa
como la cuerda mágica.
Rubia y rauda:

dardo y milano.
Pero también inexorable rompehielos.
Senos de niña, ojos de esmalte.
Bailó en todas las terrazas y sótanos,
contempló un atardecer en San José, Costa Rica,
durmió en las rodillas de los Himalayas,
fatigó los bares y las sabanas de áfrica.
A los veinte dejó a su marido
por una alemana;
a los veintiuno dejó a la alemana
por un afgano;
a los cuarenta y cinco
vive en Proserpina Court, int. 2, Bombay.
Cada mes, en los días rituales,
llueven sapos y culebras en la casa,
los criados maldicen a la demonia
y su amante parsi apaga el fuego.
Tempestad en seco.

El buitre blanco
picotea su sombra.
540
Octavio Paz

Octavio Paz

Otoño

En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón,
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!

Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas;
busco dentro mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros...

Y algo que no se sabe y dice «nunca»
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.
586
Olga Orozco

Olga Orozco

El Retoque Final

Es este aquel que amabas.
A este rostro falaz que burla su modelo en la leyenda,
a estos ojos innobles que miden la ventaja de haber volcado a ciegas tu
destino,
a estas manos mezquinas que apuestan a pura tierra su ganancia,
consagraste los años del pesar y de la espera.
Ésta es la imagen real que provocó los bellos espejismos
de la ausencia:
corredores sedosos encandilados por la repetición del eco,
por las sucesivas efigies del error;
desvanes hasta el cielo, subsuelos hacia el recuperado paraíso,
cuartos a la deriva, cuartos como de plumas y diamante
en los que te probabas cada noche los soles y las lluvias de tu siempre
jamás,
mientras él sonreía, extrañamente inmóvil,
absorto en el abrazo de la perduración.
Él estaba en lo alto de cualquier escalera,
él salía por todas las ventanas para el vuelo nupcial,
él te llamaba por tu verdadero nombre.

Construcciones en vilo,
sostenidas apenas por el temblor de un beso en la memoria,
por esas vibraciones con que vuelve un adiós;
cárceles de la dicha, cárceles insensatas que el mismo
Piranesi envidiaría.
Basta un soplo de arena, un encuentro de lazos desatados,
una palabra fría como la lija y la sospecha,
y ese urdimbre de lámpara y vapor se desmorona con un crujido de
alas,
se disuelve como templo de miel, como pirámide de nieve.
Dulzuras para moscas, ruinas para el enjambre de la profanación.
Querrías incendiar los fantasiosos depósitos de ayer,
romper las maquinarias con que fraguó el recuerdo las trampas
para hoy,
el inútil y pérfido disfraz para mañana.
O querrías más bien no haber mirado nunca el alevoso
rostro,
no haber visto jamás al que no fue.
Porque sabes que al final de los últimos fulgores, de las
últimas nieblas,
habrá de desplegarse, voraz como una plaga, otra vez
todavía,
la inevitable cinta de toda tu existencia.
Él pasará otra vez en esa ráfaga de veloces
visiones, de días migratorios;
él, con su rostro de antaño, con tu historia inconclusa,
con el amor saqueado bajo la insoportable piel de la mentira,
bajo esta quemadura.


1.217
Olga Orozco

Olga Orozco

Para Hacer Un Talismán

Se necesita sólo tu corazón
hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.
Un corazón apenas, como un crisol de brasas para la
idolatría.
Nada más que un indefenso corazón enamorado.
Déjalo a la intemperie,
donde la hierba aúlle sus endechas de nodriza loca
y no pueda dormir,
donde el viento y la lluvia dejen caer su látigo en un golpe de
azul escalofrío
sin convertirlo en mármol y sin partirlo en dos,
donde la oscuridad abra sus madrigueras a todas las jaurías
y no logre olvidar.
Arrójalo después desde lo alto de su amor al hervidero de
la bruma.
Ponlo luego a secar en el sordo regazo de la piedra,
y escarba, escarba en él con una aguja fría hasta
arrancar el último grano de esperanza.
Deja que lo sofoquen las fiebres y la ortiga,
que lo sacuda el trote ritual de la alimaña,
que lo envuelva la injuria hecha con los jirones de sus antiguas
glorias.
Y cuando un día un año lo aprisione con la garra de un
siglo,
antes que sea tarde,
antes que se convierta en momia deslumbrante,
abre de par en par y una por una todas sus heridas:
que las exhiba al sol de la piedad, lo mismo que el mendigo,
que plaña su delirio en el desierto,
hasta que sólo el eco de un nombre crezca en él con la
furia del hambre:
un incesante golpe de cuchara contra el plato vacío.

Si sobrevive aún,
si ha llegado hasta aquí hecho a la viva imagen de tu demonio o
de tu dios;
he ahí un talismán más inflexible que la ley,
más fuerte que las armas y el mal del enemigo.
Guárdalo en la vigilia de tu pecho igual que a un centinela.
Pero vela con él.
Puede crecer en ti como la mordedura de la lepra;
puede ser tu verdugo.
¡El inocente monstruo, el insaciable comensal de tu muerte!


770
Óscar Hahn

Óscar Hahn

Eso Sería Todo

Te estoy haciendo un destino aquí mismo.
Lo estoy dibujando en las alas de un pájaro.
Lo estoy pintando en la pared de mi cuarto.

Ahora el pájaro vuela con furia,
ahora lanza su grito de guerra
y se dispara contra la pared.

Sus plumas están flotando en el espacio.
Sus plumas mojándose en su sangre.

Coge una y te escribe este poema.
416
Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

Ella

Es una intensísima corriente
un relámpago ser de lecho
una dona mórbida ola
un reflujo zumbo de anestesia
una rompiente ente florescente
una voraz contráctil prensil corola entreabierta
y su rocío afrodisíaco
y su carnalesencia
natal
letal
alveolo beodo de violo
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que
estrellan y disgregan
aunque Dios sea su vientre
pero también es la crisálida de una inalada larva de
la nada
una libélula de médula
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes
un chupochupo súcubo molusco
que gota a gota agota boca a boca
la mucho mucho gozo
la muy total sofoco
la toda ¡shock! tras ¡shock!
la íntegra colapso
es un hermoso síncope con foso
un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico
un ¡knock out! técnico dichoso
si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios
el obsesivo residuo de una solución insoluble
un mecanismo radioanímico
un terno bípedo bullente
un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio
y espasmos lírico-dramáticos
aunque tal vez sea un espejismo
un paradigma
un eromito
una apariencia de la ausencia
una entelequia inexistente
las trenzas náyades de Ofelia
o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable
una despótica materia
el paraíso hecho carne
una perdiz a la crema.
845
Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

Mito

Mito
mito mío
acorde de luna sin piyamas
aunque me hundas tus psíquicas espinas
mujer pescada poco antes de la muerte
aspirosorbo hasta el delirio tus magnolias calefaccionadas
cuanto decoro tu lujosísimo esqueleto
todos los accidentes de tu topografía
mientras declino en cualquier tiempo
tus titilaciones más secretas
al precipitarte
entre relámpagos
en los tubos de ensayo de mis venas.
805
Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

Topatumba

Ay mi más mimo mío
mi bisvidita te ando
sí toda
así
te tato y topo tumbo y te arpo
y libo y libo tu halo
ah la piel cal de luna de tu trascielo mío que me levitabisma
mi tan todita lumbre
cátame tu evapulpo
sé sed sé sed
sé liana
anuda más
más nudo de musgo de entremuslos de seda que me ceden
tu muy corola mía
oh su rocío
qué limbo
ízala tú mi tumba
así

ya en ti mi tea
toda mi llama tuya
destiérrame
aletea
lava ya emana el alma
te hisopo
toda mía
ay
entremuero
vida
me cremas
te edenizo.
917
Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

Se Miran, Se Presienten, Se Desean

12

Se miran, se presienten, se desean,

se acarician, se besan, se desnudan,

se respiran, se acuestan, se olfatean,

se penetran, se chupan, se demudan,

se adormecen, despiertan, se iluminan,

se codician, se palpan, se fascinan,

se mastican, se gustan, se babean,

se confunden, se acoplan, se disgregan,

se aletargan, fallecen, se reintegran,

se distienden, se enarcan, se menean,

se retuercen, se estiran, se caldean,

se estrangulan, se aprietan, se estremecen,

se tantean, se juntan, desfallecen,

se repelen, se enervan, se apetecen,

se acometen, se enlazan, se entrechocan,

se agazapan, se apresan, se dislocan,

se perforan, se incrustan, se acribillan,

se remachan, se injertan, se atornillan,

se desmayan, reviven, resplandecen,

se contemplan, se inflaman, se enloquecen,

se derriten, se sueldan, se calcinan,

se desgarran, se muerden, se asesinan,

resucitan, se buscan, se refriegan,

se rehúyen, se evaden y se entregan.
743
Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

¡todo Era Amor Amor! No Había Nada Más Que Amor

7

¡Todo era amor... amor! No había nada más que amor.
En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar
más que de amor.

Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos.
Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre.

Amor de cartón piedra, amor con leche... lleno de prevenciones,
de preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapisas.

Amor con una gran M, con una M mayúscula, chorreado de merengue,
cubierto de flores blancas...

Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso...

Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con sus faltas de
puntualidad, de ortografía; con sus interrupciones
cardíacas y telefónicas.

Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los
bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que
arranca los botones de los botines, que se alimenta de encelo y de
ensalada.

Amor impostergable y amor impuesto. Amor, incandescente —y amor
incauto.

Amor indeformable. Amor desnudo. Amor-amor que es, simplemente, amor.

Amor y amor... ¡y nada más que amor!
540
Oliverio Girondo

Oliverio Girondo

Milonga

Sobre las mesas, botellas decapitadas de “champagne” con corbatas
blancas de payaso, baldes de níquel que trasuntan enflaquecidos
brazos y espaldas de “cocottes”.
El bandoneón canta con esperezos de gusano baboso, contradice el
pelo rojo de la alfombra, imanta los pezones, los pubis y la punta de
los zapatos.
Machos que se quiebran en un corte ritual, la cabeza hundida entre los
hombros, la jeta hinchada de palabras soeces.
Hembras con las ancas nerviosas, un poquitito de espuma en las axilas,
y los ojos demasiado aceitados.
De pronto se oye un fracaso de cristales. Las mesas dan un corcovo y
pegan cuatro patadas en el aire. Un enorme espejo se derrumba con las
columnas y la gente que tenía dentro; mientras entre un oleaje
de brazos y de espaldas estallan las trompadas, como una rueda de
cohetes de bengala.
Junto con el vigilante, entra la aurora vestida de violeta.
746
Luis Antonio de Villena

Luis Antonio de Villena

Magia En Verano

Me recreo ante tu cuerpo como ante un paisaje
imprevisto. Me sorprende verte en la desnudez juvenil,
y ansío recorrerlo, como una anhelada geografía.
Me ves pensando en la umbría vegetal de algunas
grutas, o en el agua del muslo donde brillan las venas.
Me perderé en un bosque que cruzo con mis manos,
y pediré una larga estepa donde los labios hablen.
Me ves sorprendido, anonadado, pensando en habitarte.
Y tú, mientras, te abandonas al cálido primor del aire.
Te dejas en la luz, que te navega; y si miro tus ojos
vuelvo al jardín oscuro donde es verano el verde.
Te miro otra vez y casi no te creo posible. Fulges,
encantas, guarda tu cuerpo el hechizo insabido de la tierra.
Y despacio sonríes al irme yo acercando, atónito,
hacia ti mientras el sol nos cubre con su luz, nos desdibuja,
y nos va metiendo en la calma inmensa y rubia de la tarde.
465
Nicolás Guillén

Nicolás Guillén

Cómo No Ser Romántico

Cómo no ser romántico y siglo XIX,
no me da pena,
cómo no ser Musset
viéndola esta tarde
tendida casi exangüe,
hablando desde lejos,
lejos de allá del fondo de ella misma,
de cosas leves, suaves, tristes.

Los shorts bien shorts
permiten ver sus detenidos muslos
casi poderosos,
pero su enferma blusa pulmonar
convaleciente
tanto como su cuello-fino-modigliani,
tanto como su piel-margarita-trigo-claro,
Margarita de nuevo (así preciso),
en la chaise longue ocasional tendida
ocasional junto al teléfono,
me devuelven un busto transparente
(nada, no más un poco de cansancio).

Es sábado en la calle, pero en vano.
Ay, cómo amarla de manera
que no se me quebrara
de tan espuma tan soneto y madrigal,
me voy no quiero verla,
de tan Musset y siglo XIX
cómo no ser romántico.
743
Nicolás Guillén

Nicolás Guillén

Un Poema De Amor

No sé. Lo ignoro.
Desconozco todo el tiempo que anduve
sin encontrarla nuevamente.
¿Tal vez un siglo? Acaso.
Acaso un poco menos: noventa y nueve años.
¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma,
un tiempo enorme, enorme, enorme.

Al fin, como una rosa súbita,
repentina campánula temblando,
la noticia.
Saber de pronto
que iba a verla otra vez, que la tendría
cerca, tangible, real, como en los sueños.
¡Qué explosión contenida!
¡Qué trueno sordo
rodándome en las venas,
estallando allá arriba
bajo mi sangre, en una
nocturna tempestad!
¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manera
de saludarnos, de manera
que nadie comprendiera
que ésa es nuestra propia manera?
Un roce apenas, un contacto eléctrico,
un apretón conspirativo, una mirada,
un palpitar del corazón
gritando, aullando con silenciosa voz.

Después
(ya lo sabéis desde los quince años)
ese aletear de las palabras presas,
palabras de ojos bajos,
penitenciales,
entre testigos enemigos.
Todavía
un amor de «lo amo»,
de «usted», de «bien quisiera,
pero es imposible»... De «no podemos,
no, piénselo usted mejor»...
Es un amor así,
es un amor de abismo en primavera,
cortés, cordial, feliz, fatal.
La despedida, luego,
genérica,,
en el turbión de los amigos.
Verla partir y amarla como nunca;
seguirla con los ojos,
y ya sin ojos seguir viéndola lejos,
allá lejos, y aun seguirla
más lejos todavía,
hecha de noche,
de mordedura, beso, insomnio,
veneno, éxtasis, convulsión,
suspiro, sangre, muerte...
Hecha
de esa sustancia conocida
con que amasamos una estrella.
1.111
Nicasio Álvarez de Cienfuegos

Nicasio Álvarez de Cienfuegos

Mi Paseo Solitario De Primavera

Dulce Ramón, en tanto que, dormido
a la voz maternal de primavera,
vagas errante entre el insano estruendo
del cortesano mar siempre agitado,
yo, siempre herido de amorosa llama,
busco la soledad y en su silencio
sin esperanza mi dolor exhalo.
Tendido allí sobre la verde alfombra
de grama y trébol, a la sombra dulce
de una nube feliz que marcha lenta,
con menudo llover regando el suelo,
late mi corazón, cae y se clava
en el pecho mi lánguida cabeza,
y por mis ojos violento rompe
el fuego abrasador que me devora.
Todo despareció; ya nada veo
ni siento sino a mí, ni ya la mente
puede enfrenar la rápida carrera
de la imaginación que, en un momento,
de amores en amores va arrastrando
mi ardiente corazón, hasta que prueba
en cuántas formas el amor recibe
toda su variedad y sentimientos.
Ya me finge la mente enamorado
de una hermosa virtud: ante mis ojos
está Clarisa; el corazón palpita
a su presencia: tímido, no puede
el labio hablarla; ante sus pies me postro,
y con el llanto mi pasión descubro.
Ella suspira y, con silencio amante,
jura en su corazón mi amor eterno;
y llora y lloro, y en su faz hermosa
el labio imprimo, y donde toca ardiente
su encendido color blanquea en torno...
Tente, tente, ilusión... Cayó la venda
que me hacía feliz; un cefirillo
de repente voló, y al son del ala
voló también mi error idolatrado.
Torno ¡mísero! en mí, y hállome solo,
llena el alma de amor y desamado
entre las flores que el abril despliega,
y allá sobre un amor lejos oyendo
del primer ruiseñor el nuevo canto.
¡Oh mil veces feliz, pájaro amante,
que naces, amas, y en amando mueres!
Ésta es la ley que, para ser dichosos,
dictó a los seres maternal natura.
¡Vivificante ley! el hombre insano,
el hombre solo en su razón perdido
olvida tu dulzor, y es infelice.
El ignorante en su orgullosa mente
quiso regir el universo entero,
y acomodarle a sí. Soberbio réptil,
polvo invisible en el inmenso todo,
debió dejar al general impulso
que le arrastrara, y en silencio humilde
obedecer las inmutables leyes.
¡Ay triste! que a la luz cerró los ojos,
y en vano, en vano por doquier natura,
con penetrante voz, quiso atraerle:
de sus acentos apartó el oído,
y en abismos de mal cae despeñado.
Nublada su razón, murió en su pecho
su corazón; en su obcecada mente,
ídolos nuevos se forjó que, impíos,
adora humilde, y su tormento adora.
En lugar del amor que hermana al hombre
con sus iguales, engranando a aquéstos
con los seres sin fin, rindió sus cultos
a la dominación que injusta rompe
la trabazón del universo entero,
y al hombre aísla, y a la especie humana.
Amó el hombre, sí, amó, mas no a su hermano,
sino a los monstruos que crió su idea:
al mortífero honor, al oro infame,
a la inicua ambición, al letargoso
indolente placer, y a ti, oh terrible
sed de la fama; el hierro y la impostura
son tus clarines, la anchurosa tierra
a tu nombre retiembla y brota sangre.
Vosotras sois, pasiones infelices,
los dioses del mortal, que eternamente
vuestra falsa ilusión sigue anhelante.
Busca, siempre infeliz, una ventura
que huye delante de él, hasta el sepulcro,
donde el remordimiento doloroso,
de lo pasado levantando el velo,
tanto mísero error al fin encierra.
¿Dó en eterna inquietud vagáis perdidos,
hijos del hombre, por la senda oscura
do vuestros padres sin ventura erraron?
Desde sus tumbas, do en silencio vuelan
injusticias y crímenes comprados
con un siglo de afán y de amargura,
nos clama el desengaño arrepentido.
Escuchemos su voz; y, amaestrados
en la escuela fatal de su desgracia,
por nueva senda nuestro bien busquemos,
por virtud, por amor. Ciegos humanos,
sed felices, amad: que el orbe entero
morada hermosa de hermanal familia
sobre el amor levante a las virtudes
un delicioso altar, augusto trono
de la felicidad de los mortales.
Lejos, lejos honor, torpe codicia,
insaciable ambición; huid, pasiones
que regasteis con lágrimas la tierra;
vuestro reino expiró. La alma inocencia,
la activa compasión, la deliciosa
beneficencia, y el deseo noble
de ser feliz en la ventura ajena
han quebrantado vuestro duro cetro.
¡Salve, tierra de amor! ¡mil veces salve,
madre de la virtud! al fin mis ansias
en ti se saciarán, y el pecho mío
en tus amores hallará reposo.
El vivir será amar, y dondequiera
Clarisas me dará tu amable suelo.
Eterno amante de una tierna esposa,
el universo reirá en el gozo
de nuestra dulce unión, y nuestros hijos
su gozo crecerán con sus virtudes.
¡Hijos queridos, delicioso fruto
de un virtuoso amor! seréis dichosos
en la dicha común, y en cada humano
un padre encontraréis y un tierno amigo,
y allí... Pero mi faz mojó la lluvia.
¿Adónde está, qué fue mi imaginada
felicidad? De la encantada magia
de mi país de amor vuelvo a esta tierra
de soledad, de desamor y llanto.
Mi querido Ramón, vos mis amigos,
cuantos partís mi corazón amante,
vosotros solos habitáis los yermos
de mi país de amor. Imagen santa
de este mundo ideal de la inocencia,
¡ay, ay! fuera de vos no hay universo
para este amigo que por vos respira.
Tal vez un día la amistad augusta
por la ancha tierra estrechará las almas
con lazo fraternal. ¡Ay! no; mis ojos
adormecidos en la eterna noche
no verán tanto bien. Pero, entretanto,
amadme, oh amigos, que mi tierno pecho
pagará vuestro amor, y hasta el sepulcro
en vuestras almas buscaré mi dicha.
585
Manuel Machado

Manuel Machado

Oriente - Flores - Alma

ORIENTE

FLORES

A Ramón del Valle Inclán

Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado,

la copa de oro olvida que está de néctar llena.

Y, creyente en los sueños que evoca la sirena,

toda en los ojos tiene su alma de soldado.

La reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores,

en la copa de Antonio las deja dulcemente...

Y prosigue su cuento de batallas y amores,

aprendido en las magas tradiciones de Oriente...

Detiénese... Y Antonio ve su copa olvidada...

Mas pone ella la mano sobre el borde de oro,

y, sonriendo, lenta hacia sí la retira...

Después, siempre a los ojos del guerrero asomada,

sella sus gruesos labios con un beso sonoro...

Y da la copa a un siervo, que la bebe y expira...

561
Manuel Machado

Manuel Machado

Encajes - Alma

Alma son de mis cantares,
tus hechizos...
Besos, besos
a millares. Y en tus rizos,
besos, besos a millares.
¡Siempre amores! ¡Nunca amor!

Los placeres
van de prisa:
una risa
y otra risa,
y mil nombres de mujeres,
y mil hojas de jazmín
desgranadas
y ligeras...
Y son copas no apuradas,
y miradas
pasajeras,
que desfloran nada más.

Desnudeces,
hermosuras,
carne tibia y morbideces,
elegancias y locuras...

No me quieras, no me esperes...
¡No hay amor en los placeres!
¡No hay placer en el amor!
507
Manuel José Quintana

Manuel José Quintana

Silva A Luisa Todi

¿Qué se negó de la falaz Armida
al mágico poder? Su voz sonaba,
y el báratro profundo
de sus lóbregos senos alanzaba
el tremendo escuadrón que la servia.
viérase al punto de infernal veneno
toda inundarse en derredor la esfera,
arder el rayo y retumbar el trueno.
la rápida carrera
suspenderse del sol, bramar los vientos,
en sus hondos cimientos
estremecerse el mar y mal segura
la tierra contrastada,
de sus ejes eternos desquiciada.

Mas cuando al fin enamorada y ciega
el corazón indómito rendía,
y de perder su amante recelosa,
en los fines del orbe le escondía,
ya no era entonces la espantosa maga;
era ya una deidad. El polo yerto
ostentose cubierto
con el manto de Flora;
por los fecundos prados
las fuentes murmuraban
y de esencias bañados
los céfiros jugaban con las flores
volaban los Amores
las gracias y el deleite en pos de Armida
y ella entre tanto de Rinaldo asida
el coro de las aves escuchaba
que al placer y al amor la convidaba.

Tal fue entonces Armida; y tal ahora
Tú ¡oh! Poderosa Todi la presentas
ya en ternura y delicias anegada
temerosa después, y al fin furiosa
viendo su gloria y su beldad hollada.
Invención celestial. No, no es Armida
la que así nos enciende
y el agitado espíritu suspende
el mentido poder que por su encanto
tuvo en los elementos confundidos,
hoy en nuestros oídos*
lo alcanza el arte y lo renueva el canto.


¡Soberana armonía!
¿En qué sus dulces y halagüeñas flores
Más bien que en tus loores
Esparcir deberá la poesía?
Pero ¿cómo en su vuelo
La poderosa voz seguir podría
Que pasma al mundo y maravilla al cielo?
Ella parte suave;
Y ora orgullosa y grave
Del espacio los ámbitos domina,
Ora en quiebros dulcísimos se pierde,
Y delicada trina;
Ora sube al Olimpo, ora desciende,
Y ora como un raudal rico y sonoro
Vierte súbitamente en los oídos
De su riqueza armónica el tesoro.

Sola la admiración enmudecida
Seguirla puede en su veloz carrera;
¿Y do ha vivido el corazón de fiera
Que se negase esquivo
De su expresión celeste al atractivo?

¡Oh! No es posible el evitar su imperio
la fogosa energía
de su gesto y acción se le prometen,
y su mágico acento y melodía.
Aquí vence, aquí triunfa, aquí arrebata
vedla de gloria y majestad vestida
cuando del solio el esplendor retrata
vedla después, desesperada y llena
de cólera y soberbia amenazando
nube parece que espantosa truena,
o terrible Aquilón cuando soplando
con hórrido silbido,
sacude el universo combatido.

¿Mas cuál benigna suavidad se siente?
Él es, el blando Amor, el hijo ardiente
de la hermosa y divina Citerea.
Más dulce y grato que la miel hiblea,
más puro que los céfiros, su acento
sale inflamando el viento,
y por do quiera su ternura inspira.
ya tras el bien perdido
vaga anhelante y con dolor suspira;
en el dulce trinar pinta el gemido,
en los blandos gorjeos
aparecen los tímidos deseos,
la amorosa inquietud, las ansias tiernas,
la risa alegre y apacible juego
que ceban tanto el delicioso fuego.
Ya con tono más grave
la sublime constancia se ve ornada,
o en celeste deliquio modulada
del caro bien la posesión suave.


Entonces gime el insensible, entonces
Hasta los duros mármoles se agitan;
Amor aprende a amar, a amar incitan
El eco, el viento, y de tu voz herido,
Por su divino impulso es arrastrado
Mi corazón vencido.
Salta en el pecho, y sin cesar palpita,
Todo anegado en el amante anhelo
Que inspira el canto; su vehemente llama
Veloz discurre por mi sangre y venas,
Y en todas ellas su calor derrama;
Derrama su calor, que vuelto en llanto,
Sin ser posible a contenerle el seno,
Salta a la vista en delicioso encanto.

¿Quién de tu genio mesurar podría
la extensión y el ardor? Dinos, ¿en dónde
tuvo su oriente? En dónde
se adestró a desplegar tal osadía,
y de tanta riqueza Salió lleno?
¿Fue acaso allá donde el feliz Ismeno
corrió bañando la sonora Tebas?
¿O más bien sobre el Ísmaro sombrío,
do por la vez primera
los ecos de la música sonaron,
y tras sí arrebataron
los hombres y las fieras,
las rocas y los árboles? ¿Do Orfeo
su lira de oro celestial pulsaba
los vientos a su voz se condolían,
y a Eurídice llamaba,
y Eurídice los montes respondían?

Igual, empero, o superior, tú impeles
al seno del olvido
los pesares amargos y crueles.
Yo lo vi, lo sentí. Del hondo averno
por mi mal abortado
un esquivo cuidado devoraba
mi triste corazón, cuando presente
vi la sidonia reina, que el amaba
contra el troyano pérfido inclemente.
¡Bárbara atrocidad! Huye el ingrato
sin que bastantes sean
de la mísera amante las querellas
su fuga a suspender: huye, no cura
los preciosos tesoros
que fiel le prodigaba la hermosura;
tesoros ¡ay! De amor y de ternura,
y se entrega a la mar. ¡Qué de lamentos!
¡qué horrorosos acentos!
¡qué desesperación! En vano llora
la triste, y corre enfurecida, y gime;
en vano al cielo en su dolor implora,
y a los hombres también; hombres y dioses
al dolor y al horror la abandonaron
¿Morirá la infelice
sin hallar compasión? Grande, sublime,
terrible situación, que sorprehendido**
mi espíritu admiraba,
y olvidó su aflicción llorando a Dido.

¡Y que tan dulces horas
hayan de fenecer! Mantua te pierde,
Mantua, que tanto te admiró; desierto
se verá el gran teatro donde un día
al eco de tu canto y los aplausos
el soberbio artesón se estremecía.
Mustio el espectador, irá a buscarte
y no te encontrará; y en tal vacío,
¿Do está, dirá, la enamorada Elfrida,
la encantadora Elfrida? ¿Adónde fueron
la dulce Hipermenestra,
la arrogante Cleopatra y Cleofida?
Sombras sublimes, cuya hermosa idea
inventar y animar el genio pudo,
¿será que nunca ya mi mente os vea?

Anda, vive feliz, corre el sendero
que a tu brillante gloria abrió el destino;
mas ¿qué le falta a su esplendor divino?
El universo entero
su honor, su encanto, su deidad te aclama.
Llevada en raudo vuelo
por la sonante trompa de la fama,
pasmarás las edades, y asombrado
te nombrará el artista y confundido.
Por más osado que su genio sea,
tú el término serás de su esperanza,
dique a su presunción: él desde lejos
adorará tus soberanas huellas,
y lucirá tal vez con tus reflejos;
así en el alto Olimpo las estrellas
brillan, mas solamente en noche umbría,
cediendo el resplandor y la victoria
al gran planeta que preside al día.

473
Miguel Hernández

Miguel Hernández

La Boca

Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.

¡Cuánta boca enterrada,
sin boca, desenterramos!

Beso en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.
792
Miguel Hernández

Miguel Hernández

Antes Del Odio

Beso soy, sombra con sombra.
Beso, dolor con dolor,
por haberme enamorado,
corazón sin corazón,
de las cosas, del aliento
sin sombra de la creación.
Sed con agua en la distancia,
pero sed alrededor.

Corazón en una copa
donde me lo bebo yo
y no se lo bebe nadie,
nadie sabe su sabor.
Odio, vida: ¡cuánto odio
sólo por amor!

No es posible acariciarte
con las manos que me dio
el fuego de más deseo,
el ansia de más ardor.
Varias alas, varios vuelos
abaten en ellas hoy
hierros que cercan las venas
y las muerden con rencor.
Por amor, vida, abatido,
pájaro sin remisión.
Sólo por amor odiado,
sólo por amor.

Amor, tu bóveda arriba
y no abajo siempre, amor,
sin otra luz que estas ansias,
sin otra iluminación.
Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor,
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz,
comiendo pan y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo sólo,
sólo por amor.

Todo lo que significa
golondrinas, ascensión,
claridad, anchura, aire,
decidido espacio, sol,
horizonte aleteante,
sepultado en un rincón.
Esperanza, mar, desierto,
sangre, monte rodador:
libertades de mi alma
clamorosas de pasión,
desfilando por mi cuerpo,
donde no se quedan, no,
pero donde se despliegan,
sólo por amor.

Porque dentro de la triste
guirnalda del eslabón,
del sabor a carcelero
constante, y a paredón,
y a precipicio en acecho,
alto, alegre, libre soy.
Alto, alegre, libre, libre,
sólo por amor.

No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión,
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy. Siénteme libre.
Sólo por amor.
709
Miguel Hernández

Miguel Hernández

El Amor Ascendía Entre Nosotros

El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.

El íntimo rumor de los dos cuerpos
hacia el arrullo un oleaje trajo,
pero la ronca voz fue atenazada,
fueron pétreos los labios.

El ansia de ceñir movió la carne,
esclareció los huesos inflamados,
pero los brazos al querer tenderse
murieron en los brazos.

Pasó el amor, la luna, entre nosotros
y devoró los cuerpos solitarios.
Y somos dos fantasmas que se buscan
y se encuentran lejanos.
586
Miguel Hernández

Miguel Hernández

Como El Toro He Nacido Para El Luto

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.
595
Manuel Gutiérrez Nájera

Manuel Gutiérrez Nájera

A Salvador Díaz Mirón

Tienes en tu laúd cuerdas de oro
que el soplo del espíritu estremece,
y tu genio, como un alto sicomoro,
entre borrascas y huracanes crece.

No te brinda la musa sus favores
entre mirtos y rojas amapolas:
cuando quieres gozar de sus amores
la acechas, la sorprendes y la violas.

Tu verso no es el sonrosado efebo
que en la caliente alcoba se afemina:
vigoroso como Hércules mancebo
acomete, conquista y extermina.

El mar es como tú: con su rüido
de tus estrofas la cadencia iguala;
refleja el cielo cuando está dormido
y en sus momentos de furor lo escala.
1.225
Manuel Gutiérrez Nájera

Manuel Gutiérrez Nájera

Para Un Menú

Las novias pasadas son copas vacías;
en ellas pusimos un poco de amor;
el néctar tomamos... huyeron los días...
¡Traed otras copas con nuevo licor!

Champán son las rubias de cutis de azalia;
borgoña los labios de vivo carmín;
los ojos oscuros son vino de Italia,
los verdes y claros son vino del Rin.

Las bocas de grana son húmedas fresas;
las negras pupilas escancian café;
son ojos azules las llamas traviesas,
que trémulas corren como almas del té.

La copa se apura, la dicha se agota;
de un sorbo tomamos mujer y licor...
Dejemos las copas... Si queda una gota,
que beba el lacayo las heces de amor.
1.067