Poemas en este tema

Pasión

Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

Exótica

Tiene un rico sabor de canela
el encanto andaluz que derrama
ese hermoso donaire flamenco,
que trajiste del barrio de Triana.

En su patio de sol, vio Sevilla
adornarse por ti las guitarras,
hoscos ceños de majos celosos
y torneos de fieras navajas.

A tu lado, me envuelve en perfumes
la mantilla que cubre tus gracias,
y tu sangre, de ardor y misterio,
su bravía pasión me contagia.

Y me pongo a pensar en heridas
de claveles y frutas moradas,
cuando se abre la flor de tus labios
en el carmen de todas las ansias.

Y me llenan de luz la cabeza,
yo no sé qué canciones bizarras
de tu tierra de amor y alegría,
y deseo aventuras extrañas,

aventuras rarísimas, cuando
como un vaso de néctar de Málaga
en la copa mortal de tus besos
bebo un vino de sangre gitana.
487
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

Tus Manos

Me obseden tus manos exangües y finas,
¡Tus manos!, Puñales de heridas ajenas,
cuando en el teclado predicen, en notas,
las inapelables deseadas condenas

Tus manos, amores de nardos y rosas,
cuya Histeria tiene sangre de Pasiones,
como aquellas suaves que guardan ocultas
en venas azules sombrías traiciones.

Como las nerviosas manos de mi amada,
que, en largas teorías de gestos cordiales,
devotas del dulce crimen amatorio,
¡Degüellan mis mansos corderos pascuales!
440
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

Revelación

Lujosamente bella y exquisita,
con aire de gitana tentadora,
llegaste, adelantándote a la hora,
rodeada de misterios a la cita.

El salón reservado oyó la cuita
de una cálida noche pecadora,
y el amor de tu carne ofrendadora
reventaron las yemas de Afrodita.

Fue en esa breve noche de locuras,
propicia al Floreal de tus ternuras,
que, cual glóbulos de ansias pasionales,

tu sangre delictuosa de bohemia
infiltró en el cansancio de mi anemia
¡El ardor de los fuertes ideales!
515
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

De La Tregua

Un instante no más. Vengo a cantarte
la canción del laurel. ¡Alza la frente
que es la única digna del presente
que, en mi salutación, voy a dejarte!

Tendrá el orgullo de tu sentimiento,
hoy, otra vez, el soñador cansado
que se acerca a buscar aquí, a tu lado
el generoso olvido de un momento.

Y en la tregua fugaz, mientras se asoma
tu sol a mi pesar indefinido,
consentirá el león, agradecido,
que peine su melena una paloma.

Una ausencia gentil de mi fiereza,
cortés claudicación admirativa,
te dejará anunciarme, imperativa,
la altivez inmortal de tu belleza.

Pero, aunque pueda ser así, no quiero
la sujeción de tus amables lazos,
ni en la suave cadena de unos brazos
de las ternuras ser un prisionero.

Ni aguardes que hasta ti caricias lleve,
pues no debo quitarme la armadura
ni aún en homenaje a tu hermosura,
siendo el reposo de mi afán tan breve.

Y no puedo ceder, ni frente al rico
róseo panal de tu sonrisa leda:
¡El hierro luce mal junto a la seda
y el escudo no sirve de abanico!

Eso sí, en la canción, antes que vuelva
a mi fuerte Ideal, verás, acaso,
para orquestar las horas a tu paso,
un regreso de alondras a mi selva.

Eso sí, la canción tiene un lirismo
tierno y galante para cada beso
que amanece en tus labios, y por eso
se ha puesto a declinar mi pesimismo.

Tal es, pues, lo que digo, y hoy, que llenas
mis odres de pasión con tus bondades,
¡Sobre el rojo clavel de mis crueldades
sangrarán mi perdón tus azucenas!

Y después de beber en tus castalias,
como en lago de amor tranquilo y terso,
¡Te besaré las sienes con un verso
para calzar de nuevo las sandalias!
556
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

Las Últimas Etapas

Ya puestos en camino,
la fuerza propulsara de la marcha
nos impele a seguir, con la serena
actitud, sin desmayos, de la causa
sustentadora de un ideal glorioso,
que luce sus ensueños de esperanza
como flámulas rojas que flotasen
en jirones de carnes torturadas.
Nos impele a seguir. Siempre la brega
deja un poco de fiebre sobre el alma,
en la frente un fulgor, y en la pupila
la radiante visión de las etapas,
etapas de dolor, hechas teorías
de credos inefables, de parábolas
de lengua incomprendida que pasasen
en la locomoción de las audacias,
¡Como una blanca tropa de lirismos
por inmortales rutas incendiadas!

Preciso es continuar. Todas las dudas
que agobian la cabeza con su carga,
son grilletes fatales del cerebro
y su sitio mejor está en la espalda.
Arrojémoslas, pues. En el avance
hay un cóndor audaz que no se arrastra:
cóndor es la pasión, jamás sujeta,
de las vidas enfermas de ser sanas.
¡Con rumbo hacia lo azul: aunque deslumbre
lo intenso de la luz, hay que mirarla!
Los primeros fulgores
quemarán, tras la noche de las ansias,
la primera visual que los descubra
ocultos en la sombra impenetrada,
así como una antorcha cuyo fuego
ardiese el brazo que la levantara.

¡Insanías de amor, que los enfermos
del manicomio de ese Ideal contagian!
¡Locos, venid! Yo quiero aquí, en el canto,
soltar al viento un corazón con alas:
Los discretos normales podrán sólo
arrojarnos las piedras de sus lástimas
¡No haya vacilación! El derrotero
se ha poblado de enérgicas constancias,
pero, porque no siempre en el peligro
hay carne de temblores libertada,
también es necesario
hacer que resplandezcan llamaradas,
del fecundo calor de un entusiasmo,
en la quietud mortal que todo embarga,
¡Como una floración de primaveras
en el propio país de las escarchas!

Si se llagan los pies en el camino,
más firme, mucho más, será la marca:
en la senda candente que cruzamos
se ve mejor la huella ensangrentada.
Alienten la Epopeya,
los himnos fraternales de esperanza
alzados entre vítores y músicas
con el clamor de las protestas bravas,
como un beso de paz sobre una inmensa
cicatriz que dejase la jornada,
y en cármenes de púrpura
resurjan reventando sus fragancias
¡Todas las rosas del Amor perenne
que perfuman la enorme caravana!

Y en el salmo coral, que sintoniza
un salvaje ciclón sobre la pauta,
venga el robusto canto que presagie,
con la alegre fiereza de una diana,
que recorriese como un verso altivo
el soberbio delirio de la gama,
el futuro cercano de los triunfos,
futuro precursor de las revanchas,
el instante supremo en que se agita
la visión terrenal de las canallas,
los frutos renovados
en la incesante fuerza de las savias,
del germen luminoso que cayera
en el resurgimiento de las almas,
¡Como una rubia polución de soles
en el vientre del surco derramada!

¡Un ensueño en camino,
que sufre la obsesión de la montaña,
bajo la plenitud de las auroras
que alumbran los tropiezos de la marcha!
No hay obstrucción posible: es el Principio
la promesa del Fin. ¡Arde en la llama
de la hoguera moral, el negro escombro
de la atávica Torre de ignorancias,
madre de ese temor: lo incognoscible,
cuyos tupidos velos desgarrara,
en la prisión intelectual más honda,
rechazando el concepto de la Nada
la verdad de la Ciencia hecha Justicia
al procesar la Esfinge del Nirvana!

La gesta de las causas en los siglos,
no ha bordado poemas en sus páginas.
El libro de los mártires no tiene
sino una historia de grandezas trágicas,
de sangre floreciendo en el tormento
sus azucenas que parecen lacras
¡Clarín de los suplicios cuyas voces
en las generaciones se dilatan!
Toda Idea fue así. ¡Dolor bendito
de heridas que supuran enseñanzas!
Al lado de la Cruz está la Horca,
y es bueno no quererlas separadas
¡El leño o el dogal: hablen las épocas,
pues la Cruz y la Horca son hermanas!

¡Y por eso en la lidia,
camino al porvenir de la Cruzada,
coronando el pendón de las bravuras,
los trofeos, aún tibios, se levantan,
como ejemplos viriles anunciados
en la fulguración de la escarlata,
desde sórdidos púlpitos sangrientos
por muertos sacerdotes que aún tronaran
palabras de rencor hechas conjuros,
predicando el sermón de las venganzas!

Triste labor del Odio,
que desata sus hordas de amenazas,
diciendo su creación demoledora
a las hoscas angustias de la Raza.
Los tremendos instantes de la prueba
saben de los martillos que no aplastan
los ímpetus hermosos, más hermosos
después del golpe que sobre ellos baja,
y en la espera, nerviosa, del momento
del derrumbe final, la última etapa,
a través de las brumas sigilosas
que pueden ocultar la Ciudad blanca,
se descubren, allá, en otro horizonte,
espléndidas auroras que se alzan,
los risueños Orientes ¡Bienvenidos!
Los iris eternales del mañana,
¡Arcos gloriosos de los triunfos nuevos
por donde toda la Epopeya pasa!

Y tras el loco batallar de siglos,
así como después de la jornada
en infinitas gotas se traduce
la honra del sudor sobre las caras,
sobre las rudas frentes, pensativas
como un viejo Pesar que meditara,
la cicatriz de sangre se resuelve
en agua de Perdón que todo lava,
en agua dulce y bautismal, borrando
las huellas más infames, más amargas,
¡Como un Jordán de olvido que quitase
hasta el recuerdo mismo de las manchas!

Preciso es continuar, cada desmayo
hace ver insalvables las distancias.
En la estéril noción de lo imposible,
los músculos morales se relajan,
y en el afán que el miedo empequeñece
se ven lejos las cumbres más cercanas.
La formidable voz de anunciaciones
estremece el ambiente con sus vastas
repercusiones de tonantes notas,
cubriendo las necrópolis de calmas.
La anunciación postrer que se divulga
con los alertas de cerebros guardias.
Muertos odios que vuelven en caricias
las opresiones de la lucha bárbara,
¡Como una herida que revienta en flores
y perfuma las vendas maculadas!

Ya puestos en camino,
no se esquiva el obstáculo: se aparta.
La senda libre de cualquier tropiezo
nunca fue la más digna de la planta
encallecido en la ascensión penosa
del breñal que la suerte deparara.
¡Así va la legión, atravesando
los últimos espacios que separan
del rumbo abierto al porvenir soñado,
como ruta augural, por donde marchan
las sombras fugitivas del silencio,
en larga proyección, cantando hosannas
si triunfantes por fin, y si vencidos,
cayendo frente al Sol, como las águilas!
502
Eunice Odio

Eunice Odio

Poema Primero Posesión En El Sueño

Ven
Amado

Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche.
Tu cuerpo acabará
donde comience para mí
la hora de tu fertilidad y tu agonía;
y porque somos llenos de congoja
mi amor por ti ha nacido con tu pecho,
es que te amo en principio por tu boca.
Ven
Comeremos en el sitio de mi alma.
Antes que yo se te abrirá mi cuerpo
como mar despeñado y lleno
hasta el crepúsculo de peces.
Porque tú eres bello,
hermano mío,
eterno mío dulcísimo,
Tu cintura en que el día parpadea
llenando con su olor todas las cosas,
Tu decisión de amar,
de súbito,
desembocando inesperado a mi alma,
Tu sexo matinal
en que descansa el borde del mundo
y se dilata.
Ven
Te probaré con alegría.
Manojo de lámparas será a mis pies tu voz.
Hablaremos de tu cuerpo
con alegría purísima,
como niños desvelados a cuyo salto
fué descubierto apenas, otro niño,
y desnudado su incipiente arribo,
y conocido en su futura edad, total, sin diámetro,
en su corriente genital más próxima,
sin cauce, en apretada soledad.

Ven
Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche,
y anudarán aromas caídos nuestras bocas.

Te poblaré de alondras y semanas
eternamente oscuras y desnudas.
458
Enrique Lihn

Enrique Lihn

Nocturno

Eres la primera que te me paseas por aquí
en mucho tiempo a la redonda:
«Víveme, víveme, yo soy inagotable»,
con tu absurda existencia al desnudo:
«has visto tú qué linda soy dímelo chico»
pequeños senos duros rompeolas y el juego de las nalguitas:
«me canso en todo, menos en esto»
Y apruebo lo de mulata canela que te dicen, el relajo
ése de «óyeme, enfermona, tú,
que no somos de palo ni de hierros»
Vaya, como en cada uno de tus condenadas historias
jálate también aquí una conga del carajo.
847
Ismael Enrique Arciniegas

Ismael Enrique Arciniegas

En Sueños

Ya aspiro los aromas de su huerto;
Las brisas gimen y las hojas tiemblan.
Cuán bella ¡oh luna! a nuestra cita vienes...
Sueña, alma mía... ¡sueña!

Herido traigo el corazón... ¿Deliro?
¿Es el canto del ave que se queja?
Es su voz... ¡y me llama! ¿Por qué tardas?
Ven, mis brazos te esperan.

¿Son mentira tus besos?... ¡No me engañes!
Ábreme tu alma y cuéntame tus penas.
¿Lloras?... ¿por qué ?... Si nuestro amor es crimen,
Crimen, bendito seas;

Traigo para tu sien una corona,
Para ensalzarte mi arpa de poeta.
Yo haré en mis cantos, alma de mi alma,
¡Nuestra pasión, eterna!

Jura otra vez que me amas, que eres mía;
Jura... ¡nadie ríos oye! ¡Nada temas!
—«¡Tuya! bien mío... ¡para siempre tuya!»
¡Sueña, alma mía... sueña!
849
Ismael Enrique Arciniegas

Ismael Enrique Arciniegas

En Colonia

En la vieja Colonia, en el oscuro
rincón de una taberna,
tres estudiantes de Alemania un día
bebíamos cerveza.

Cerca, el Rhin murmuraba entre la bruma,
evocando leyendas,
y sobre el muerto campo y en las almas
flotaba la tristeza.

Hablamos de amor, y Franck, el triste,
el soñador poeta,
de versos enfermizos, cual las hadas
de sus vagos poemas:

«Yo brindo —dijo— por la amada mía,
la que vive en las nieblas,
en los viejos castillos y en las sombras
de las mudas iglesias;

»Por mi pálida Musa de ojos castos
y rubia cabellera,
que cuando entro de noche en mi buhardilla en la
frente me besa».

Y Karl, el de las rimas aceradas,
el de la lira enérgica,
cantor del Sol, de los azules cielos
y de las hondas selvas,

el poeta del pueblo, el que ha narrado
las campestres faenas,
el de los versos que en las almas vibran
cual músicas guerreras:

«Yo brindo —dijo— por la Musa mía,
la hermosa lorenesa,
de ojos ardientes, de encendidos labios
y riza cabellera;

»por la mujer de besos ardorosos
que espera ya mi vuelta
en los verdes viñedos donde arrastra
sus aguas el Mosela».

«¡Brinda tú!»—me dijeron—. Yo callaba
de codos en la mesa,
y ocultando una lágrima, alcé el vaso
y dije con voz trémula:

«¡Brindo por el amor que nunca acaba!»
y apuré la cerveza;
y entre cantos y gritos exclamamos:
«¡Por la pasión eterna!».

Y seguimos risueños, charladores,
en nuestra alegre fiesta...
Y allí mi corazón se me moría,
se moría de frío y de tristeza.
820
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Eres, Amor

ERES, AMOR...

Eres, amor, el brazo con heridas

y la pisada en falso sobre un cielo.

Eres el que se duerme, solitario,

en el pequeño bosque de mi pecho.

Eres, amor, la flor del falso nombre.


Eres el viejo llanto y la tristeza,

la soledad y el río de la virtud,

el brutal aletazo del insomnio

y el sacrificio de una noche ciega.

Eres, amor, la flor del falso nombre.


Eres un frágil nido, recinto de veneno,

despiadada piedad, ángel caído,

enlutado candor de adolescencia

que hubiese transcurrido como un sueño.

Eres, amor, la flor del falso nombre.


Eres lo que me mata, lo que ahoga

el pequeño ideal de ir viviendo.

Eres desesperanza, triste estatua

de polvo nada más, de envidia sorda.

Eres, amor, la flor del falso nombre.

12 de julio de 1948

1.110
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Manifiesto Nalgaísta Aleluya Cocodrilos Sexuales Aleluya

MANIFIESTO NALGAÍSTA

ALELUYA COCODRILOS SEXUALES ALELUYA

Para ella que me mira morir

El gran río penetró la roca viva

y se adelgazó hasta el miedo y el estruendo

se hizo rayo se hizo ruina se hizo tonto esqueleto

y hoy padece a lo largo de pieles de tigre

a la orilla del cocodrilo que me sueña

y me hunde en el naufragio

de su carne tan blanca

oh carne nacarada en medio

de la arena


como tú

y estas dos medallas de oro que muerdo

dalias de vida y de martirio

y en ellas me retrato y consigo el descenso

al dulce infierno de tu vientre

y de nuevo los dientes


ah malditos

ah maldita tú también

larga bestia ululante despierta lengua

en aquel círculo de asesinos

(Pierde toda esperanza


amor mío)

de almas danzantes albas

cool cool cool cool jazz


¡Bríndamelo por fin!

Aleluya Aleluya magnífico Grijalva

muerto de frío de rocas y pañuelos rojos

Piérdete

adelgázate hasta la soledad

de los cocodrilos que agonizan

al pie de mi medio siglo


y de mi alcohol

cohol cohol cohol cohol jazz

cool cool cool cool jazz

marinera manía

de pintar escribir declamar pagar impuestos

luz renta etcétera


y luego abrazarte

bajo el diluvio de sones antillanos y misas lubas

y volver a abrazarte hasta el arte y el hartazgo

y aleluyarte hasta no sé cuando

dormida y abrumada purificada


putificada

¡Aleluya! ¡Aleluya!

poetas elotes tiernos calaveritas apaleadas

poetas inmensos reyes del eliotazgo

baratarios y pancistas

grandísimos quijotes de su tiznadísima chingamusa

perdónenme grandes y pequeños pequeñísimos
poetas

(Soy acaso el Hijo de Sánchez de la poesía

¿Peralvillo Tepito Incorporated?

Alors los invito a discurrir

pespunte limpio

por el nuevo Paseo la Anti-Reforma)

701
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Tótem

TÓTEM

Siempre

Amé

Con la

Furia

Silenciosa

De un

Cocodrilo

Aletargado

30 de junio de 1969

940
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Estuario

ESTUARIO


Opresora. Todo lo aprisionas

con tu lengua y pasos de giganta,

oh desconocida oh luminosa

hija de ríos hecha de jade y miel.

Cárcel doy a tu pálida

presencia, gacela ojos de tigre,

cárcel me doy de amor,

mordedura, paciente fuego, ala

y marea, faro en la mar abierta.

Desciendes y derribas

la muralla del ansia. Das tregua

a la cosecha secreta del alba,

cuando los ojos cierra el puerto

al verano y la espuma.

Todo aprisionas con fría garra

deleitosa y madura,

opresora, dientes y lengua de giganta,

dormido espectro, oleaje

de apasionada mansedumbre

muerto de miedo y libertad.

Mayo de 1963

628
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Para Gozar De Tu Paz

PARA GOZAR DE TU PAZ


Como el viento agita las altas hierbas

así mis dedos vuelan sobre tu cabellera de diamantes,

y la noche de alcohol y los árboles de oro

encierran para siempre un sollozo de triunfo,

el ay de la alegría, el ah definitivo.

Como el aire de junio en la colina

mueve la dulce sombra de la nube,

así mi corazón se sacrifica

en el húmedo templo de tu pelo.


Nave sin dueño, sombra de ardorosa

violencia, ésta mi mano canta

bajo el murmullo alado de tu gloria.

Porque tienes la luz y la belleza

en el sereno estanque de tu rostro,

así el negro laurel es tu corona

y es mi fatiga y es

la sangre del insomnio.


Sólo cuando el pecado es la guirnalda

y la atadura, la cadena infinita

y el profundo latido; sólo cuando

la hora ha llegado, y tú,

joven de rosas y jazmines,

miras al horizonte del deseo

y dejas que el tesoro de seda y maravilla

sea la noche en mis manos,

sólo entonces, dorada,

todo me pertenece;

las hierbas agitadas y el viento

corriendo como el agua entre mis dedos:

agua de mi delirio, eterna fiebre,

espejismo y violencia, dura espina,

pedernal de la muerte, lento mármol,

millón de espigas negras.


Donde nace la idea,

donde tus pensamientos

—aves en dulce selva sometidas—,

donde mis labios buscan el milagro,

ahí estará mi fuerza.

Ahí estará el dolor de mi presencia:

al pie de tu dominio y tu pureza,

sin más aroma que el júbilo

y una medalla de aire,

palpitante, como el fuego

de una lágrima viva.


Crece la hierba, el río,

y el ala de la garza

es la mano de Dios que se despide.

Crece el amor en invisible grito

(quemante, activa espada),

y el corazón despierta

como herido de muerte.

Doblo la lenta hoja del silencio

y te apareces tú, página y perla,

con el cabello al viento

y una cierta sonrisa de alta luna.


Suave y veloz, como el aire de junio,

beso tu cabellera de diamantes,

el tesoro escondido de tu sueño,

y digo adión a la violencia

para gozar tu paz,

tu dulce, tu gloriosa geografía,

por siempre detenido,

por siempre enamorado.

1957

633
Efraín Huerta

Efraín Huerta

La Amante

LA AMANTE

Y, desdichada, hallarte vibrante de violetas,

celeste, submarina, subterránea,

ahijada de las nubes,

sobrina del oleaje,

madre de minerales

y vegetales de oro,

universal, florida,

jugosa como caña

y ligera de brisas

y cánticos de seda.


Desdichada penumbra al encontrarte

negándose tu cuerpo a mi deseo,

dándose al día siguiente,

circulando en el aire que respiro,

diseñando mi vida,

mi agonía

y mi muerte sencilla,

y mi futura muerte

entre los muertos.


Ah tu cordial miseria de caricias,

el gesto amargo de tus manos

y la rebelde fuga de tu piel,

cómo me decepcionan,

me castigan y ahogan,

hembra de plata líquida,

insobornable y mía.


Y tu noche de gritos y gemidos,

alimentando vida, creando luz,

provocando sudor, melancolía,

amor y más amor desfallecido,

tumultos de palabras,

mi desdichada niña,

olvidándote, sí, casi perdiéndote

en el ruido de torsos y sollozos.


Pero siendo destino, siendo gloria

tus cabellos castaños, tus miradas

y tus feas rodillas de suave juventud.

748
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Absoluto Amor

ABSOLUTO AMOR

Como una limpia mañana de besos morenos

cuando las plumas de la aurora comenzaron

a marcar iniciales en el cielo. Como recta

caída y amanecer perfecto.


Amada inmensa

como una violeta de cobalto puro

y la palabra clara del deseo.


Gota de anís en el crepúsculo

te amo con aquella esperanza del suicida poeta

que se meció en el mar

con la más grande de las perezas románticas.


Te miro así

como mirarían las violetas una mañana

ahogada en un rocío de recuerdos.


Es la primera vez que un absoluto amor de oro

hace rumbo en mis venas.


Así lo creo te amo

y un orgullo de plata me corre por el cuerpo.

1935

714
Enrique González Martínez

Enrique González Martínez

Vienes A Mí, Te Acercas Y Te Anuncias

Vienes a mí, te acercas y te anuncias
con tan leve rumor, que mi reposo
no turbas, y es un canto milagroso
cada una de las frases que pronuncias.

Vienes a mí, no tiemblas, no vacilas,
y hay al mirarnos atracción tan fuerte,
que lo olvidamos todo, vida y muerte,
suspensos en la luz de tus pupilas.

Y mi vida penetras y te siento
tan cerca de mi propio pensamiento
y hay en la posesión tan honda calma,

que interrogo al misterio en que me abismo
si somos dos reflejos de un ser mismo,
la doble encarnación de una sola alma.
316
Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

Epigrama

Tú que estás orgullosa
de mis versos

Pero no porque
yo los escribí

Sino porque
los inspiraste tú

Y a pesar de que fueron
contra ti

tu pudiste inspirar
mejor poesía

tu pudiste inspirar
mejor poesía
891
Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

Epigrama

Te doy Claudia, estos versos,
porque tú eres su dueña.

Los he escrito sencillos
para que tú los entiendas.

Son para ti solamente,
pero si a ti no te interesan,
un día se divulgarán,
tal vez por toda Hispanoamérica...

Y si al amor que los dictó,
tú también lo desprecias,

otras soñarán
con este amor
que no fue para ellas.

Y tal vez verás,
Claudia,
que estos poemas,
(escritos para conquistarte a ti)
despiertan
en otras parejas
enamoradas que los lean
los besos que en ti
no despertó el poeta.
1.199
Dina Posada

Dina Posada

Conquistador

Cuando me tiene vista
como presa segura
avanza tu falo
descubriendo sus virtudes

trae en su médula
néctar de un principio
y palpitar de un fin

Tímido meñique adormecido
al rozarme
gallardo índice certero

Voz erguida articulando callada conquista

Devoto a la vigilia
arrastra
por los pliegues de mi sombra
rumor de un anhelo

Ávido ofidio
buscando en mi selva
la dulce fruta jugosa
raíz de su ardor

Llave que se acopla
a mi cerradura
se a
b
i
s
m
a en mi secreto
y me inunda y dobla mi frente
con su cálido soplo desgajante
577
Dina Posada

Dina Posada

Cinta Abismal

Es tu lengua

acierto de vigilia

dejándose llevar
por el lascivo

inquieto

travieso
viento moreno
de mis muslos

Hebra de agua tibia
descubriendo
mis pechos despiertos
piruetea con la gana
que el espejo refleja
en una marejada
de pulsos agitados

Lápiz de filo diligente
perfilando mi abertura
que se explaya

enardece

y grita
soltando su vena
salpicando los sentidos

Voluntad de labios

sometiendo
labios a su voluntad

Anzuelo que pesca

sujeta

y

vuela
con mi carne

al punto preciso

donde el resuello

dice

que termina

y

la quietud

clama
por nacer
576
Dina Posada

Dina Posada

Exploradoras

Tus manos
siempre encuentran en mi piel
una senda inexplorada
para zarpar con rabiosa gana
a la apetecida boca
del relámpago carnal

tus manos
saben evadir la rutina
cuando las pienso
se humedece mi memoria
e impaciente las aguardo
554
Dulce María Loynaz

Dulce María Loynaz

Tiempo

El beso que no te di
se me ha vuelto estrella dentro...
¡Quién lo pudiera tornar
—y en tu boca...—otra vez beso!
1.308
Delmira Agustini

Delmira Agustini

Lo Inefable

Yo muero extrañamente... No me mata la Vida.
No me mata la Muerte, no me mata el Amor;
Muero de un pensamiento mudo como una herida...
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor

De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida,
Devorando alma y carne, y no alcanza a la flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
Que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?...

¡Cumbre de los Martirios!... ¡Llevar eternamente,
Desgarradora y árida, la trágica simiente
Clavada en las entrañas como un ardiente feroz!...

¡Pero arrancarla un día en una flor que abriera
Milagrosa, inviolable!... ¡Ah, más grande no fuera
Tener entre las manos la cabeza de Dios!
627