Nostalgia
Poemas en este tema
Emiliano Hernández
A mi madre
de tu mano gentil los dedos finos
i la luz de tus ojos casi azules,
como hechos de crepúsculos marinos.
Yá muerta te besé con ese llanto
de quien no sabe por qué llora. Era
Mayo con sus parábolas de rosas
i todo menos tú, la Primavera.
Si un áspid envenena mi esperanza,
dentro de mí mi espíritu me dice
que es el olvido la mejor venganza.
I amo ¡oh madre! por ti, los dedos finos
i las manos gentiles i los ojos
como hechos de crepúsculos marinos.
Jorge Carrera Andrade
Agua germinal, de El alba llama a la puerta
une el árbol del cielo con la tierra.
Cada trueno es un templo que se desploma.
La tormenta viene desde la Antigüedad
con su viejo olor de piedra eterna.
Es un recuerdo planetario
que nubla la frente del cielo.
El agua evoca los orígenes
con su canto elemental
aprendido en las cuevas de la sombra.
Tormenta inmemorial: lava mi frente
con tu onda meteórica
para que yo pueda ver un mundo limpio
como el que copió por vez primera
en mis ojos de niño.
Haz germinar la semilla del amor
en mi corazón estéril
por tantos años de viaje
a través del desierto.
Nelly Sachs
Al amanecer
cuando un ave ensaya el despertar...
empieza el momento de la nostalgia de todo el polvo
al que la muerte ha abandonado.
Oh, hora de los nacidos,
pariendo en dolores en los que se forma
la primera costilla
de un nuevo ser humano.
Amado, la nostalgia de tu polvo
atraviesa rugiendo mi corazón.
Antonio Machado
Canciones a Guiomar , de Poesias Completas-1917
a la hora de una cita imaginaria.
Rompe el iris al aire el aguacero,
y al monte
su tristeza planetaria.
Sol y campanas en la vieja torre.
¡Oh tarde viva y quieta
que opuso al panta rhei su nada corre,
tarde niña que amaba a su poeta!
¡Y día adolescente
-ojos claros y músculos morenos-,
cuando pensaste a amor, junto a la fuente,
besar tus labios y apresar tus senos!
Todo a esta luz de abril se transparenta;
todo en el hoy de ayer, el Todavía
que en sus maduras horas
el tiempo canta y cuenta,
se funde en una sola melodía,
que es un coro de tardes y de auroras.
A ti, Guiomar, esta nostalgia mía.
Teodoro Cuesta
A la memoria de Diego Terrero - en bable-
¡oh Diego querido! to vida cortó:
metanes nel alma to imaxen s'añera
del triste poeta que siempre t'amó.
¡Fo en valdre! De poco prestó qu'el gadañu
en tí lu emplegara con tantu furor:
el fruto robóme, dexándomi el guañu
que frescu retoña col riegu d'amor.
Y mientres aliende n'aquisti desiertu
que lluegu dexamus al soplu de Dios
barrúntote vivu, pa mí nun tas muertu,
pos dientro del alma vivimos los dos.
Xamás dingún home, cual tú tan bondadosu
nel mundu la planta dacuandu fincó:
l'ayena penuria mirabes dolioso
y el triest'en tí siempre consuelu afayó.
¿llegar yo a olvidate? ¡Juasús qué llocura!
más fácile fora dexar de llucir
sos gales el alba, riscando n'altura,
que yo en tal pecao podíes consentir.
Si en suaños sólo pensallo pudiera
¡qué triste sería el mió despertar!
Perdóneme el cielu, más antes quixera
morir que del alma to nome arrincar.
Fernando Pessoa
Escrito en un libro abandonado en un viaje
José Asunción Silva
Al oído del lector
fue una ternura vaga...
La que inspiran los niños enfermizos,
los tiempos idos y las noches pálidas.
El espíritu sólo
al conmoverse canta:
cuando el amor lo agita poderoso
tiembla, medita, se recoge y calla.
Pasión hubiera sido,
en verdad; estas páginas
en otro tiempo más feliz ecsritas,
no tuvieran estrofas sino lágrimas.
Antonio Gamoneda
Geórgicas, del Libro del frío
Hay yerba negra en las laderas y azucenas cárdenas entre sombras,
pero, ¿qué hago yo delante del abismo?
Bajo las águilas silenciosas, la inmensidad carece de significado.
Un bosque se abre en la memoria y el olor a resina es útil al corazón.
Vi las esferas del sudor y los insectos en la dulzura;
luego, el crepúsculo en sus ojos;
después, el cardo hirviendo ante el centeno y la fatiga de los
pájaros perseguidos por la luz.
Sándor Petőfi
Al final de septiembre
El álamo verdea ante mi ventana.
Mas... mira allá: ¿ves el reino invernal?
Un manto níveo cubre la montaña...
En mi joven corazón el dorado verano
Reina aún, con plena primavera,
Pero la helada mano del invierno
Encanece mi oscura cabellera.
Se marchitan las flores... Se extingue la vida...
¡Siéntate sobre mi regazo, adorada!
Si hoy tu cabeza descansa sobre mi pecho
Quizás llorarás sobre mi tumba mañana...
Oh, dime: si antes moriré, ¿cubrirás
Mis restos con lienzo sepulcral, dolorosa?
¿Dejarías mi nombre si el amor retorna?
¿Me olvidarías por su llama fogosa?
Si, ya viuda, tu velo un día caerse dejaras
Sobre mi lápida, ponlo cual bandera oscura;
Saldré de mi tumba, llevándolo conmigo
Al mediar la noche, en la triste hora...
Con tu velo de viuda secaré mi llanto
Por ti, que tan pronto me has olvidado;
Vendaré con él mi corazón sangrante
Que aún, desde Allá, para siempre, te sigue amando.
Manuel Machado
Adelfos (a Miguel de Unamuno), de Alma
-soy de la raza mora, vieja amiga del Sol-,
que todo lo ganaron y todo, lo perdieron.
Tengo el alma de nardo del árabe español.
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...
De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer,
En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...,
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.
Besos, ¡pero no darlos! Gloria..., ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
Que las olas me traigan y las olas me lleven,
y que jamás me obliguen el camino a elegir.
¡Ambición!, no la tengo, ¡Amor!, no lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido.
Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud,
De mi alta aristocracia, dudar jamás se pudo,
No se ganan, se heredan, elegancia y blasón...
Pero el lema de casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol,
Nada es pido. Ni os amo, ni os odio, Con dejarme,
lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí...
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
ya que yo no me tomo la pena de vivir!...
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Da cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna,
¡El beso generoso que no he de devolver!
José Hierro
Cae el sol
Ahora quisiera
meditar, recogerme, olvidar: ser
hoja de olvido y soledad.
Hubiera sido necesario el viento
que esparce las escamas del otoño
con rumor y color.
Hubiera sido necesario el viento.
Hablo con humildad,
con la desilusión, la gratitud
de quien vivió de la limosna de la vida.
Con la tristeza de quien busca
una pobre verdad en que apoyarse y descansar.
La limosna fue hermosa -seres, sueños, sucesos, amor-,
don gratuito, porque nada merecí.
¡Y la verdad! ¡Y la verdad!
Buscada a golpes, en los seres,
hiriéndolos e hiriéndome;
hurgada en las palabras;
cavada en lo profundo de los hechos
-mínimos, gigantescos, qué más da:
después de todo, nadie sabe
qué es lo pequeño y qué lo enorme;
grande puede llamarse a una cereza
( "hoy se caen solas las cerezas",
me dijeron un día, y yo sé por qué fue ),
pequeño puede ser un monte,
el universo y el amor.
Se me había olvidado algo
que había sucedido.
Algo de lo que yo me arrepentía
o, tal vez, me jactaba.
Algo que debió ser de otra manera.
Algo que era importante
porque pertenecía a mi vida: era mi vida.
( Perdóname si considero importante mi vida:
es todo lo que tengo, lo que tuve;
hace ya mucho tiempo, yo la habría vivido
a oscuras, sin lengua, sin oídos, sin manos,
colgado en el vacío,
sin esperanza.)
Pero se me ha borrado
la historia ( la nostalgia )
y no tengo proyectos
para mañana, ni siquiera creo
que exista ese mañana ( la esperanza ).
Ando por el presente
y no vivo el presente
( la plenitud en el dolor y la alegría ).
Parezco un desterrado
que ha olvidado hasta el nombre de su patria,
su situación precisa, los caminos
que conducen a ella.
Perdóname que necesite
averiguar su sitio exacto.
Y cuando sepa dónde la perdí,
quiero ofrecerte mi destierro, lo que vale
tanto como la vida para mí, que es su sentido.
Y entonces, triste, pero firme,
perdóname, te ofreceré una vida
ya sin demonio ni alucinaciones.
José Hernández
El Gaucho Martín Fierro
al compás de la vigüela
que el hombre que lo desvela
una pena extraordinaria
como la ave solitaria
con el cantar se consuela.
Pido a los Santos del Cielo
que ayuden mi pensamiento;
les pido en este momento
que voy a cantar mi historia
me refresquen la memoria
y aclaren mi entendimiento.
José García Nieto
Al espejo retrovisor de un coche, de Segundo libro de poemas
en ti está lo que atrás vamos dejando,
lo que hemos ido con pasión amando,
definitivamente ya perdido,
en ti vemos las gracias que se han ido,
los paisajes y el cielo del ayer,
cuando las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido,
pero vives y estás, claro y pequeño,
miras aquellos prados, aquel sueño tan lejano,
las rosas de aquel día,
crees que puedes cambiar toda la suerte y,
aunque vamos derechos a la muerte,
vives de lo pasado todavía.
Lêdo Ivo
Asilo Santa Leopoldina
Llego en navíos desaparecidos, en trenes sedientos.
En aviones ciegos que sólo aterrizan al anochecer.
En los estrados de las plazas blancas pasean cangrejos.
Entre las piedras de las calles escurren ríos de azúcar
fluyendo dulcemente de los sacos almacenados
en los trapiches
y clarean la sangre vieja de los asesinados.
Luego que desembarco tomo el camino del hospicio.
En la ciudad donde mis ancestros reposan en
cementerios marinos
sólo los locos de mi infancia continúan vivos a mi espera.
Todos me reconocen y me saludan con gruñidos
y gestos obscenos o ruidosos.
Cerca, en el cuartel. La corneta que chilla
separa la puesta del sol de la noche estrellada.
Los locos lánguidos bailan y cantan entre las gradas
. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Más allá de la piedad
el orden del mundo brilla como una espada.
Y el viento del mar océano inunda mis ojos de lágrimas.
Miquel Martí Pol
Em declaro vençut -en catalán-
els malviuré en somort. Cada matí
esfullaré una rosa —la mateixa—
i amb tinta evanescent escriuré un vers
decadent i enyorós a cada pètal.
Us llego la meva ombra en testament:
és el que tinc més perdurable i sòlid,
i els quatre pams de món sense neguit
que invento cada dia amb la mirada.
Quan em mori, caveu un clot profund
i enterreu-m’hi dempeus, cara a migdia,
que el sol, quan surt, m’encengui el fons dels ulls.
Així la gent que em vegi exclamarà:
—Mireu, un mort amb la mirada viva.
Salvador Espriu
Assaig de cántic en el temple, de El caminant y el mur -en catalán-
covarda, vella, tan salvatge terra,
i com m'agradaria d'allunyar-me'n,
nord enllà,
on diuen que la gent és neta
i noble, culta, rica, lliure,
desvetllada i feliç!
Aleshores, a la congregació, els germans dirien
desaprovant: "Com l'ocell que deixa el niu,
així l'home que se'n va del seu indret",
mentre jo, ja ben lluny, em riuria
de la llei i de l'antiga saviesa
d'aquest meu àrid poble.
i em quedaré aquí fins a la mort.
Car sóc també molt covard i salvatge
i estimo a més amb un
desesperat dolor
aquesta meva pobra,
bruta, trista, dissortada pàtria
Salvador Espriu
Cementiri de Sinera -en catalán-
encercla el cementiri!
Aquesta mar, Sinera,
turons de pins i vinya,
pols de rials. No estimo
res més, excepte l'ombra
viatgera d'un núvol.
El lent record
dels dies
que són passats per sempre.
Vicente Gallego
Equivalencias
A Manolo Borrás y Ramírez
Un intenso desorden
de pedrería rota sangra el cielo.
Los hondos pies de adentro van pisando
desnudos el cristal del tiempo frío.
Y trae la noche negro su vendaje
para cegar la herida
de qué pasión, que nos cumpliera cuándo.
Ya todo sucedió y aguarda todo
su nuevo suceder en el futuro
maternal del olvido.
Si supieran del luto las estrellas,
si un instante pudiéramos
con sus ojos mirar el mundo nuestro,
quizá en la tierra viésemos lo mismo
que en el cielo se ve desde aquí abajo:
las altas luces mudas
de la ardiente capilla en la que yace
el maltratado cuerpo de este sueño.
Vicente Gallego
Descabalada Ciencia
nuestra felicidad:
esta brisa tranquila bajo el sol del espíritu,
breve tregua del alma con los cielos azules
que fomentan acaso el inmortal anhelo
de una alada conciencia más allá de la muerte.
Dulce engaño del cuerpo que ha gozado
su alto vuelo de sal sobre otro cuerpo,
y ligero se siente, y sus alas procuran
espantar un instante su condición orgánica
para soñarse un día
—corrompida la fruta—
sabor agradecido, aroma al menos,
ingrávida memoria de la dicha
que es ahora en la tarde.
Parece hoy suficiente salvación
albergar la esperanza
de una muerte que sea duermevela,
cansancio vespertino en el verano
satisfecho y redondo de haber sido,
contemplativo exilio, amortiguado eco
lejano y cadencioso de nosotros.
Firmamento irisado de los días felices,
quién pudiera salvarte,
como imagen cumplida del trayecto,
en la hueca retina del no ser,
o siquiera preñar el negativo
estricto de la nada que seremos
con el polen de luz de esta alegría.
Vicente Gallego
En La Casa De Nadie
A José Luis Martínez
Futuros galeotes
de este sueño engañoso, mirad a quien amáis:
mirad cómo apuntala el frágil entramado
su ser de vuestro ser.
¿Es posible que muera?
¿Y quién sabrá deciros que fue nuestra
la dicha virginal que hoy se os ofrece?
¿Quién sabrá convenceros
de que nosotros fuimos, como vosotros sois,
dueños solos del mundo, que floreció el jazmín
tan sólo por nosotros, que se inventó el amor
para nosotros sólo?
Qué milagro perverso
—¿y quién lo hizo?—,
qué lujoso derroche nuestra naturaleza:
desguarnecido pájaro de inquebrantable aliento
que su verdad le canta, despreciando la noche,
a su perfecta aurora.
Dueños solos del mundo,
como dueño del mundo
os deseo fortuna en esta casa,
esta casa de nadie donde la nada urde
vuestra luz venidera en mi balcón de sombra.
Vicente Gallego
La Perspectiva Miente
como un guardagujas
en una vía muerta, y el verano parece
el inútil sofoco de una dama anticuada.
Por buscarle a este tiempo alguna luz
he pensado en los días de otro agosto
que en la memoria brillan como un faro:
ese agosto en que un niño fue feliz.
O lo imagina al menos este hombre
que es ahora aquel niño,
porque ha comprendido que esa luz
no le llega de entonces, y que es el recuerdo
quien la pone en escena cuando los años pasan.
Mi memoria se esfuerza
por volver a aquel tiempo y serle fiel,
y esa misma película, que hace sólo un segundo
rebosaba de brillo y de color,
ahora pasa en mi mente con la escasa
y temblorosa luz con la que fue rodada:
En un pueblo pequeño, bajo el cielo
inexplicable y alto de los viejos veranos,
unos niños se aburren: ese mundo,
con horarios de vuelta y prohibiciones,
les parece pequeño. Para matar las horas
se esconden de sus padres, fuman, dicen
que fumar a escondidas ya les cansa,
que están hartos del pueblo, de sus padres,
de esperar que la vida, la verdadera vida,
comience.
Sí, en aquellas escenas
todo fue en blanco y negro, y es ahora el recuerdo
—experto en adornar viejas películas—
el que al darles color y darles brillo
me devuelve tan bellas sus imágenes.
La experiencia me enseña que estas tardes de tedio,
cuando olvide sus sombras
atrapado en las sombras de otras tardes
todavía más negras, quedarán registradas
como un tiempo de luz en mi recuerdo,
y sabrán consolarme en las horas oscuras.
Debe haber cierta luz en las tardes de ahora,
la experiencia lo enseña.
Lo que no nos enseña la maldita experiencia
es en dónde se esconde, de qué modo gozarla en el
presente,
ni por qué cruel torpeza cualquier tiempo que luego
brillará como un sol en la memoria
tenemos que vivirlo a la luz de una vela.
Vicente Gallego
En Las Horas Oscuras
que van creciendo en nuestras vidas
al igual que la noche se alarga en el invierno,
en esas horas, a menudo,
una imagen tenaz y hermosa me consuela.
Regreso hasta una playa de otro tiempo,
todavía cercano. Es un día precioso
de final de septiembre, brilla el mar
con su estructura lenta, sugestivo y exacto
como un cuchillo. Quedan
unos cuantos bañistas a esa hora
dudosa de la tarde, y no estoy solo,
un grupo de muchachas me acompaña;
el sol dora sus cuerpos de diecisiete años,
y es ya fresca la brisa, y en sus nucas
la humedad reaviva el aroma a colonia.
La tarde transcurre dulcemente,
y las muchachas ríen, y me dan su alegría,
aunque no amo a ninguna,
y hay un aire de adiós en cada cosa:
en el verano aquel, en los bañistas,
en aquellas muchachas
que desconozco hoy, y en la luz de la playa.
Apuré aquel momento agradecido,
al igual que se goza un hermoso regalo,
en su dicha sereno, destinado a perderse
tras la felicidad frecuente de esos años.
Y ahora comprendo que en aquella tarde
algo más que belleza se ocultaba,
porque su luz me salva, muchas veces,
en las horas oscuras.
En las horas oscuras me consuela
una imagen tenaz de la alegría.
Y yo me pregunto por qué vuelve,
y qué es lo que perdí en aquella playa.
Vicente Gallego
Agosto, 28
tras el lento descanso de la siesta,
y he llegado hasta el viejo balneario,
a sus grandes estancias desoladas
donde tan sólo quedan
sillones polvorientos, mutilada madera,
esqueletos de un mundo clausurado,
huesos rotos de un tiempo
que aún el tiempo devora
con su ferocidad de larva.
He observado también en la oscura cocina
esas pilas antiguas que ahora duermen
su sueño duradero de granito,
y han llegado mis pasos a la muerta terraza
donde muchos soñaron frente al mar
reconciliar sus cuerpos con la vida.
He subido después al otro piso,
sus cuartos albergaban el eterno catálogo
de objetos apagados
como viejas colillas del amor:
toallas desgarradas, pañuelos desechables
y resecos condones.
De pronto, a mis espaldas,
la oscuridad me ha incomodado.
Fuera,
se descuelga la luz sobre el paseo
todavía.
Comienzo a caminar con parsimonia,
consciente de mi exiguo
papel en esta tarde que declina.
La playa está sembrada de frutas descompuestas
que la marea escupe, extraños matorrales
y un cadáver de gaviota
que se pudre entre plásticos
y botellas vacías de cerveza.
Vicente Huidobro
Depart
Sobre las olas cóncavas
De qué garganta sin plumas
brotaban las canciones
Una nube de humo y
un pañuelo
Se batían al
viento
Las flores del solsticio
Florecen al vacío
Y en vano hemos llorado
sin poder recogerlas
El último verso
nunca será cantado
Levantando un niño al viento
Una mujer decía adiós desde la playa
TODAS LAS GOLONDRINAS SE ROMPIERON LAS ALAS