Poemas en este tema

Nostalgia

Félix María de Samaniego

Félix María de Samaniego

La Lechera

Llevaba en la cabeza
una Lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
«¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»

Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre la ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz Lechera,
y decía entre sí de esta manera:

«Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodeen cantando el pío, pío.

»Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino,
tanto, que puede ser que yo consiga
ver cómo se le arrastra la barriga.

»Llevarélo al mercado,
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña».

Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre Lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía!
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna,
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro;
mira que ni el presente está seguro.
910
Fray Luis de León

Fray Luis de León

Alargo Enfermo El Paso

Alargo enfermo el paso, y vuelvo, cuanto
alargo el paso, atrás el pensamiento;
no vuelvo, que antes siempre miro atento
la causa de mi gozo y de mi llanto.

Allí estoy firme y quedo, mas en tanto
llevado del contrario movimiento,
cual hace el extendido en el tormento,
padezco fiero mal, fiero quebranto.

En partes, pues, diversas dividida
el alma, por huir tan cruda pena,
desea dar ya al suelo estos despojos.

Gime, suspira y llora dividida,
y en medio del llorar sólo esto suena:
—¿Cuándo volveré, Nise, a ver tus ojos?
692
Fernando de Herrera

Fernando de Herrera

Yo Voy Por Esta Solitaria Tierra

Yo voy por esta solitaria tierra
de antiguos pensamientos molestado,
huyendo el resplandor del sol dorado,
que de sus puros rayos me destierra.

El paso a la esperanza se me cierra,
de una ardua cumbre a un cerro vo enriscado,
con los ojos volviendo al apartado
lugar, sólo principio de mi guerra.

Tanto bien representa la memoria
y tanto mal encuentra la presencia,
que me desmaya el corazón vencido.

¡Oh crueles despojos de mi gloria!
desconfïanza, olvido, celo, ausencia,
¿por qué cansáis a un mísero rendido?
457
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Vals En Las Ramas

VALS EN LAS RAMAS


HOMENAJE A VICENTE ALEIXANDRE POR SU POEMA EL VALS


Cayó una hoja

y dos

y tres.

Por la luna nadaba un pez.

El agua duerme una hora

y el mar blanco duerme cien.

La dama

estaba muerta en la rama.

La monja

cantaba dentro de la toronja.

La niña

iba por el pino a la piña.

Y el pino

buscaba la plumilla del trino.

Pero el ruiseñor

lloraba sus heridas alrededor.

Y yo también

porque cayó una hoja

y dos

y tres.

Y una cabeza de cristal

y un violín de papel

y la nieve podría con el mundo

si la nieve durmiera un mes,

y las ramas luchaban con el mundo

una a una,

dos a dos,

y tres a tres.

¡Oh duro marfil de carnes invisibles!

¡Oh golfo sin hormigas del amanecer!

Con el muuu de las ramas,

con el ay de las damas,

con el croo de las ranas,

y el gloo amarillo de la miel.

Llegará un torso de sombra

coronado de laurel.

Será el cielo para el viento

duro como una pared

y las ramas desgajadas

se irán bailando con él.

Una a una

alrededor de la luna,

dos a dos

alrededor del sol,

y tres a tres

para que los marfiles se duerman bien.


802
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Danza Da Lua En Santiago

¡Fita aquel branco galán,
olla seu transido corpo!

É a lúa que baila
na Quintana dos mortos.

Fita seu corpo transido,
negro de somas e lobos.

Nai: A lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¿Quén fire potro de pedra
na mesma porta do sono?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

¿Quén fita meus grises vidros
cheos de nubens seus ollos?

É a lúa, é a lúa
na Quintana dos mortos.

Déixame morrer no leito
soñando con froles d'ouro.

Nai: A lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¡Ai filla, co ár do céo
vólvome branca de pronto!

Non é o ar, é a triste lúa
na Quintana dos mortos.

¿Quén brúa co-este xemido
d'imenso boi melancónico?

Nai: É a lúa, é a lúa
na Quintana dos mortos.

íSi, a lúa, a lúa
coronada de toxos,
que baila, e baila, e baila
na Quintana dos mortos!
756
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Madrigal

Yo te miré a los ojos
cuando era niño y bueno.
Tus manos me rozaron
Y me diste un beso.

(Los relojes llevan la misma cadencia,
Y las noches tienen las mismas estrellas.)

Y se abrió mi corazón
Como una flor bajo el cielo,
Los pétalos de lujuria
Y los estambres de sueño.

(Los relojes llevan la misma cadencia,
Y las noches tienen las mismas estrellas.)

En mi cuarto sollozaba
Como el príncipe del cuento
Por Estrellita de oro
Que se fue de los torneos.

(Los relojes llevan la misma cadencia,
Y las noches tienen las mismas estrellas.)

Yo me alejé de tu lado
Queriéndote sin saberlo.
No sé cómo son tus ojos,
Tus manos ni tus cabellos.
Sólo me queda en la frente
La mariposa del beso.

(Los relojes llevan la misma cadencia,
Y las noches tienen las mismas estrellas.)
926
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Balada De Un Día De Julio

Esquilones de plata
Llevan los bueyes.

—¿Dónde vas, niña mía,
De sol y nieve?

—Voy a las margaritas
Del prado verde.

—El prado está muy lejos
Y miedo tiene.

—Al airón y a la sombra
Mi amor no teme.

—Teme al sol, niña mía,
De sol y nieve.

—Se fue de mis cabellos
Ya para siempre.

—Quién eres, blanca niña.
¿De dónde vienes?

—Vengo de los amores
Y de las fuentes.

Esquilones de plata
Llevan los bueyes.

—¿Qué llevas en la boca
Que se te enciende?

—La estrella de mi amante
Que vive y muere.

—¿Qué llevas en el pecho
Tan fino y leve?

—La espada de mi amante
Que vive y muere.

—¿Qué llevas en los ojos,
Negro y solemne?

—Mi pensamiento triste
Que siempre hiere.

—¿Por qué llevas un manto
Negro de muerte?

—¡Ay, yo soy la viudita
Triste y sin bienes!

Del conde del Laurel
De los Laureles.

—¿A quién buscas aquí
Si a nadie quieres?

—Busco el cuerpo del conde
De los Laureles.

—¿Tú buscas el amor,
Viudita aleve?
Tú buscas un amor
Que ojalá encuentres.

—Estrellitas del cielo
Son mis quereres,
¿Dónde hallaré a mi amante
Que vive y muere?

—Está muerto en el agua,
Niña de nieve,
Cubierto de nostalgias
Y de claveles.

—¡Ay! caballero errante
De los cipreses,
Una noche de luna
Mi alma te ofrece.

—Ah Isis soñadora.
Niña sin mieles
La que en bocas de niños
Su cuento vierte.
Mi corazón te ofrezco,
Corazón tenue,
Herido por los ojos
De las mujeres.

—Caballero galante,
Con Dios te quedes.

—Voy a buscar al conde
De los Laureles...

—Adiós mi doncellita,
Rosa durmiente,
Tú vas para el amor
Y yo a la muerte.

Esquilones de plata
Llevan los bueyes.

—Mi corazón desangra
Como una fuente.
652
Federico García Lorca

Federico García Lorca

In Memoriam

Dulce chopo,
Dulce chopo,
Te has puesto
De oro.
Ayer estabas verde,
Un verde loco
De pájaros
Gloriosos.
Hoy estás abatido
Bajo el cielo de agosto
Como yo frente al cielo
De mi espíritu rojo.
La fragancia cautiva
De tu tronco
Vendrá a mi corazón
Piadoso.
¡Rudo abuelo del prado!
Nosotros,
Nos hemos puesto
De oro.
930
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Alba

Mi corazón oprimido
Siente junto a la alborada
El dolor de sus amores
Y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
Semilleros de nostalgias
Y la tristeza sin ojos
De la médula del alma.
La gran tumba de la noche
Su negro velo levanta
Para ocultar con el día
La inmensa cumbre estrellada.

¡Qué haré yo sobre estos campos
Cogiendo nidos y ramas
Rodeado de la aurora
Y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
Muertos a las luces claras
Y no ha de sentir mi carne
El calor de tus miradas!
¿Por qué te perdí por siempre
En aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
Como una estrella apagada.
3.361
Federico García Lorca

Federico García Lorca

La Sombra De Mi Alma

La sombra de mi alma
Huye por un ocaso de alfabetos,
Niebla de libros
Y palabras.

¡La sombra de mi alma!

He llegado a la línea donde cesa
La nostalgia,
Y la gota de llanto se transforma
Alabastro de espíritu.

(¡La sombra de mi alma!)

El copo del dolor
Se acaba,
Pero queda la razón y la sustancia
De mi viejo mediodía de labios
De mi viejo mediodía
De miradas.

Un turbio laberinto
De estrellas ahumadas
Enreda mi ilusión
Casi marchita.

¡La sombra de mi alma!

Y una alucinación
Me ordeña las miradas.
Veo la palabra amor
Desmoronada.

¡Ruiseñor mío!
¡Ruiseñor!
¿Aún cantas?
805
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Gacela Del Mercado Matutino (gacelas)

Por el arco de Elvira
quiero verte pasar
Para saber tu nombre
y ponerme a llorar.

¿Qué luna gris de las nueve
te desangró la mejilla?
¿Quién recoge tu semilla
de llamarada en la nieve?
¿Qué alfiler de cactus breve
asesina tu cristal?

Por el arco de Elvira
voy a verte pasar
para beber tus ojos
y ponerme a llorar.

¡Qué voz para mi castigo
levantas por el mercado!
¡Qué clavel enajenado
en los montones de trigo!
¡Qué lejos estoy contigo!
¡qué cerca cuando te vas!

Por el arco de Elvira
voy a verte pasar
para sufrir tus muslos
y ponerme a llorar.
589
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Baile (tres Ciudades)

La Carmen está bailando
por las calles de Sevilla.
Tiene blancos los cabellos
y brillantes las pupilas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

En su cabeza se enrosca
una serpiente amarilla,
y va soñando en el baile
con galanes de otros días.

¡Niñas,
corred las cortinas!

Las calles están desiertas
y en los fondos se adivinan,
corazones andaluces
buscando viejas espinas.

¡Niñas,
corred las cortinas!
710
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Baladilla De Los Tres Ríos

BALADILLA DE LOS TRES RÍOS

A Salvador Quintero

El río Guadalquivir

va entre naranjos y olivos.

Los dos ríos de Granada

bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

El río Guadalquivir

tiene las barbas granates.

Los dos ríos de Granada

uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor

que se fue por el aire!

Para los barcos de vela,

Sevilla tiene un camino;

por el agua de Granada

sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre

y viento en los naranjales.

Dauro y Genil, torrecillas

muertas sobre los estanques,

¡Ay, amor

que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva

un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,

Andalucía, a tus mares.

¡Ay, amor

que se fue por el aire!

786
Federico García Lorca

Federico García Lorca

En El Instituto Y En La Universidad (amor (con Alas Y Flechas))

La primera vez
no te conocí.
La segunda, sí.

Dime
si el aire te lo dice.
Mañanita fría
yo me puse triste,
y luego me entraron
ganas de reírme.
No te conocía.
Sí me conociste.
No me conociste.
Ahora entre los dos
se alarga impasible,
un mes, como un
biombo de días grises.

La primera vez
no te conocí.
La segunda, sí.
573
Federico García Lorca

Federico García Lorca

árbol De Canción

ÁRBOL DE CANCIÓN


PARA ANA MARÍA DALÍ


Caña de voz y gesto,

una vez y otra vez

tiembla sin esperanza

en el aire de ayer.

La niña suspirando

lo quería coger;

pero llegaba siempre

un minuto después.

¡Ay sol! ¡Ay luna, luna!

Un minuto después.

Sesenta flores grises

enredaban sus pies.

Mira cómo se mece

una vez y otra vez,

virgen de flor y rama,

en el aire de ayer.

752
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Arbolé, Arbolé (andaluzas)

Arbolé, arbolé
seco y verdé.

La niña del bello rostro
está cogiendo aceituna.
El viento, galán de torres,
la prende por la cintura.
Pasaron cuatro jinetes
sobre jacas andaluzas
con trajes de azul y verde,
con largas capas oscuras.
«Vente a Córdoba, muchacha».
La niña no los escucha.
Pasaron tres torerillos
delgaditos de cintura,
con trajes color naranja
y espadas de plata antigua.
«Vente a Sevilla, muchacha».
La niña no los escucha.
Cuando la tarde se puso
morada, con luz difusa,
pasó un joven que llevaba
rosas y mirtos de luna.
«Vente a Granada, muchacha».
Y la niña no lo escucha.
La niña del bello rostro
sigue cogiendo aceituna,
con el brazo gris del viento
ceñido por la cintura.

Arbolé arbolé
seco y verdé.
817
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Canción China En Europa (canciones Para Niños)

CANCIONES PARA NIÑOS


A LA MARAVILLOSA NIÑA COLOMBA MORLA VICUÑA,

DORMIDA PIADOSAMENTE EL DÍA 12 DE AGOSTO DE 1928


CANCIÓN CHINA EN EUROPA


A MI AHIJADA ISABEL CLARA


La señorita

del abanico,

va por el puente

del fresco río.

Los caballeros

con sus levitas,

miran el puente

sin barandillas.

La señorita

del abanico

y los volantes

busca marido.

Los caballeros

están casados,

con altas rubias

de idioma blanco.

Los grillos cantan

por el Oeste.

(La señorita,

va por lo verde).

Los grillos cantan

bajo las flores.

(Los caballeros,

van por el Norte).


695
Francisco de Aldana

Francisco de Aldana

El ímpetu Cruel De Mi Destino

El ímpetu cruel de mi destino
¡cómo me arroja miserablemente
de tierra en tierra, de una en otra gente,
cerrando a mi quietud siempre el camino!

¡Oh, si tras tanto mal grave y contino,
roto su velo mísero y doliente,
el alma, con un vuelo diligente,
volviese a la región de donde vino!

Iríame por el cielo en compañía
del alma de algún caro y dulce amigo,
con quien hice común acá mi suerte.

¡Oh, qué montón de cosas le diría,
cuáles y cuántas, sin temer castigo
de fortuna, de amor, de tiempo y muerte!
332
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

La Lluvia En La Casa Vieja

Hoy es un día horrible. Ya es valiente
quien se atreve a salir de su agujero
¡Qué modo de llover! Furiosamente
en el techo de zinc el aguacero

tamborilea sin cesar. Lo grave
es que se llueve aquí peor que afuera,
y hay para rato, es natural. Quién sabe
cómo diablos se ha abierto esta gotera.

¡Esta gotera! Por el cielo raso
se filtra el agua: baja a las paredes,
se divide en las grietas, y, de paso,
alcanza a las arañas en sus redes.

Pero hay que ver el patio. La fangosa
reciente lagunita que rodea
el pozo, y la tinaja que rebosa
mientras el viejo caño canturrea.

Las muchachas están en la cocina:
una se ha puesto a preparar la masa,
algo quejosa de que falte harina,
y otra derrite en la sartén la grasa.

Las demás, como siempre, en discusiones,
lo de todas las noches: sobre el juego.
Bueno, a contar bolillas y cartones:
¿Es que tendremos lotería, luego?

Alegres charlan No han de ser muy pocas
las historias ¡Conversan tan de prisa!
¿Qué se conversará cuando esas locas
apenas pueden aguantar la risa?

¿Bromitas a la novia? Se conoce
que hoy se llevó un buen reto de la abuela:
¡La niña estuvo anoche hasta las doce
leyendo, muy oronda, una novela!

¡Sí, señor! Como suena, muy oronda
Pero, lo sospechamos al culpable:
no es ella, no. Es inútil que se esconda,
ya verá el pillo cuando abuela lo hable.

Y sigue el chaparrón. ¡Cómo diluvia
en el jardín! Adiós el enrejado:
era un adorno al fin, maldita lluvia
¡Daba una vista, así, recién pintado!

¡Adiós, con este viento, la glorieta!
¡Los claveles, muchachas, los claveles!
Quien no vuelva trayendo una maceta
se quedará esta noche sin pasteles.

A ver, Florinda, a ver dónde pisamos:
Las baldosas del patio se hallan flojas
y te salpican toda entera. Vamos,
por ahí no, con cuidado, ¡Que te mojas!

Tan a destiempo el resbalón ¿No es cierto?
¡Ah, ese primo, si hubiera andado listo!
¡Y se atreve a decir que ha descubierto
unas cosas más lindas! ¡Lo que ha visto!

¿Reproches? Se ha lucido la lectora.
¡También la otra zonza es tan autera!
Se ha lucido. Si lo supiese ahora
alguno que yo sé ¡Si lo supiera!

Lo hizo de gusto, madre, sí, de gusto:
la empujó adrede, ¿Sabes? ¡Mentiroso!
¡Por culpa de él la pobre se dio un susto!
¡Y festeja sus gracias, el odioso!

La rubia ¡Cómo viene de agitada!
¿Que le ganó a correr a las eternas
despaciosas? ¡Jesús, qué colorada!
¿Será porque al saltar mostró las piernas?

¡Míralas, madre, llegan hechas sopas!
A mudarse, muchachas, a mudarse.
Sí, no dejarse estar con estas ropas
empapadas, no vayan a enfermarse

Y aún se quedan a porfiar. ¡Las fachas!
¿Hay más? Caramba con las señoritas
¡Hasta cuándo, por Dios! ¡Pronto, muchachas,
que se van a enfriar las tortas fritas!
504
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

Mientras El Barrio Duerme

¿Tú, tampoco me has oído?
Bueno, que no se repita
otra vez ese silbido.
¡Eh, muchachos, no hagáis ruido:
se fue a dormir abuelita!

Recordando vuestros sustos
continuamente se queja.
Vamos, muchachos, sed justos
y no la deis más disgustos:
cada día está más vieja

Ahora se ha vuelto odiosa,
cuando se da a porfiar
¡Se pone de fastidiosa!
Ya lo veis: ¡Por cualquier cosa
no cesa de rezongar!

¿Tú, también? Va para rato
que olvidaste tu promesa:
¡Después de romper el plato
le pisas la cola al gato
por debajo de la mesa!

¿Conque te muestras violento
porque mi sermón te irrita?
Es inútil ese cuento
No te muevas de tu asiento:
¡Te conozco, mascarita!

Si tratas bien el asunto
de hoy ¿Oyes, cabeza hueca?
Y copias lo que te apunto
tendrás a las diez en punto
café con pan y manteca.

Y, a propósito, ya veo
que te volcaste la sopa
en la ropa, ¿No?, Yo creo
que comer así es muy feo:
¡Linda te has puesto la ropa!

Tú no inquietes a tu hermana
tirándola de la trenza.
¿Respondes de mala gana?
¡Todo por una manzana!
¡Pedazo de sinvergüenza!

¿Y tú? ¿Recién te has fijado
que no para de garuar?
¿Al patio así? Ten cuidado,
no salgas desabrigado
que te puedes resfriar.

Cae monótonamente
el agua ¡Qué silencioso
el barrio! El perro de enfrente
dejó de ladrar. ¿La gente
se habrá entregado al reposo?

Pienso en ellos. En su oscura
mala suerte, y pienso luego
con un poco de ternura:
¿En qué sueño de amargura
se hallará abstraído el ciego?

Allá, solo, en el altillo,
moliendo la misma pieza
quizás suena un organillo,
aunque el aire es tan sencillo
no cansa ¡Da una tristeza!

Llora el ritmo soñoliento
que tanto gusta a la loca
amiga nuestra. El son lento
¡Toca con un sentimiento!
¿Qué pensará cuando toca?

¡Cómo le hace comprender,
noche a noche, al lazarillo,
cuánto le apena el tener
que fumar sin poder ver
el humo del cigarrillo!

¿Y los otros? ¿Los huraños
vecinos? La costurera
ya un poquito entrada en años
¿Si serán los desengaños
que la dejaron soltera?

Si bien la historia no es clara,
dice la chismografía
que una prima le robara
el novio en su misma cara,
jugando a la lotería.

Al fin y al cabo valiera
más olvidar la traición:
pero por esa zoncera
de la pena que le diera
se enfermó del corazón.

Otro que lleva una vida
es el haragán de al lado:
¡Y encuentra quien lo convida
a embriagarse! ¡La bebida!
¿Por qué vendrá en ese estado?

¿Y ese hombre al que nadie ha oído
hablar en una semana
de vivir casi escondido,
que sale ya anochecido
y vuelve muy de mañana?

¿Y aquellos que nos dejaron?
¡Tan obsequiosos y fieles!
El día que se mudaron
recuerdo que nos mandaron
una fuente de pasteles.

¿Y la viuda de la esquina?
La viuda murió anteayer.
¡Bien decía la adivina,
que cuando Dios determina
ya no hay nada más que hacer!

De los cuatro huerfanitos
no se sabe qué será:
¿A dónde irán? ¡Pobrecitos,
hermanos, los muchachitos
que se quedan sin mamá!

Mira, muchacho, la vela
se va a terminar, repasa
tus lecciones de la escuela
Ya se ha dormido la abuela:
¡Qué silencio hay en la casa!
707
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

El Otoño, Muchachos

El otoño, muchachos. Ha llegado
sin sentirlo siquiera,
lluvioso, melancólico, callado.
El familiar bullicio de la acera
tan alegre en las noches de verano
se va apagando a la oración. La gente
abandona las puertas más temprano.
Las abandona silenciosamente.
Tardecita de otoño, el ciego entona
menos frecuente el aire que en la esquina
gemía el organillo ¡Qué tristona
anda, desde hace días, la vecina!
¿La tendrá así algún nuevo
desengaño?
Otoño melancólico y lluvioso,
¿Qué dejarás, otoño, en casa este
año?
¿Qué hoja te llevarás? Tan silencioso
llegas que nos das miedo.

Sí, anochece
y te sentimos, en la paz casera,
entrar sin un rumor ¡Cómo envejece
nuestra tía soltera!
404
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

Ninguna Más

No. Te digo que no. Sé lo que digo:
nunca más, nunca más tendremos novia,
y pasarán los años pero nunca
más volveremos a querer a otra.
Ya lo ves. Y pensar que nos decías,
afligida quizá de verte sola,
que cuando te murieses
ni te recordaríamos. ¡Qué tonta!
Sí. Pasarán los años, pero siempre
como un recuerdo bueno, a toda hora
estarás con nosotros.
Con nosotros Porque eres cariñosa
como nadie lo fue. Te lo decimos
tarde, ¿No es cierto? Un poco tarde, ahora
que no nos puedes escuchar. Muchachas
como tú ha habido pocas.
No temas nada, te recordaremos,
y te recordaremos a ti sola:
ninguna más, ninguna más. Ya nunca
más volveremos a querer a otra.
425
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

Los Viejos Se Van

¿No te da tristeza? Bueno,
a mí no sé qué me da
¡Se van los viejos! Los pobres
poquito a poco se van.
Y se van tan despacito
que ni lo sienten, ¿Será
el consuelo de saber
que se habrán de ir en paz?
¡Ah! Todo es inútil: nada
los detendrá: ¿Pasarán
este otoño, o el invierno
otra vez los hallará
contándonos por las noches
cosas de la mocedad?
Y cuando no estén, ¿Durante
cuánto tiempo aún se oirá
su voz querida en la casa
desierta?
¿Cómo serán
en el recuerdo las caras
que ya no veremos más?
¡Que ya no veremos! ¿Nunca
se te ha ocurrido pensar
en el silencio que dejan
aquellos que se nos van?
Y en nosotros mismos, piensas
alguna vez, ¿Es verdad?
En nosotros, que también
nos tendremos que callar.
Cuando nos llegue la hora
como a los viejos, ¿Habrá
para nosotros la dulce
confortación familiar
que tanto alivia? ¿Qué labio
piadoso nos besará?
¿Nos sentiremos muy solos?
¿Y nos iremos en paz?
546
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

Reíd Mucho, Hermanitas

Reíd mucho, hermanitas, reíd con esa risa
tan fresca y tan sonora, con esa risa fuerte
que llena nuestra casa de salud. La sonrisa
no es para vosotras todavía: ¡Qué suerte!

Que vuestra risa sea como una, y vierta
su chorro alegre sobre nuestra melancolía,
sea como una caja de música que abierta
perennemente suena desde que empieza el día.

Hermanas: reíd de una vez toda vuestra sana
alegría de dueñas del patio, que mañana
¡Ah, mañana! Quién sabe si os habremos de oír.

¡Ay, hermanas, hermanas juguetonas!, ¡Ay, locas
rabietas de la abuela!, ¿Cuál de esas lindas bocas
será la que primero dejará de reír?
542