Poemas en este tema

Noche y Luna

Federico García Lorca

Federico García Lorca

La Luna Asoma

CANCIONES DE LUNA


A JOSÉ F. MONTESINOS


LA LUNA ASOMA


Cuando sale la luna

se pierden las campanas

y aparecen las sendas

impenetrables.

Cuando sale la luna,

el mar cubre la tierra

y el corazón se siente

isla en el infinito.

Nadie come naranjas

bajo la luna llena.

Es preciso comer

fruta verde y helada.

Cuando sale la luna

de cien rostros iguales,

la moneda de plata

solloza en el bolsillo.

702
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Canción De Jinete (andaluzas)

ANDALUZAS


A MIGUEL PIZARRO

(EN LA IRREGULARIDAD SIMÉTRICA DEL JAPÓN)


CANCIÓN DE JINETE


(1860)


En la luna negra

de los bandoleros,

cantan las espuelas.

Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?

...Las duras espuelas

del bandido inmóvil

que perdió las riendas.

Caballito frío.

¡Qué perfume de flor de cuchillo!

En la luna negra,

sangraba el costado

de Sierra Morena.

Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?

La noche espolea

sus negros ijares

clavándose estrellas.

Caballito frío.

¡Qué perfume de flor de cuchillo!

En la luna negra,

¡un grito! y el cuerno

largo de la hoguera.

Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?

814
Federico García Lorca

Federico García Lorca

Nocturnos De La Ventana

NOCTURNOS DE LA VENTANA

A LA MEMORIA DE JOSÉ DE CIRIA Y ESCALANTE. POETA


1

Alta va la luna.

Bajo corre el viento.

(Mis largas miradas,

exploran el cielo.)

Luna sobre el agua.

Luna bajo el viento.

(Mis cortas miradas,

exploran el suelo.)

Las voces de dos niñas

venían. Sin esfuerzo,

de la luna del agua,

me fui a la del cielo.


2

Un brazo de la noche

entra por mi ventana.

Un gran brazo moreno

con pulseras de agua.

Sobre un cristal azul

jugaba al río mi alma.

Los instantes heridos

por el reloj... pasaban.
3

Asomo la cabeza

por mi ventana, y veo

cómo quiere cortarla

la cuchilla del viento.

En esta guillotina

invisible, yo he puesto

la cabeza sin ojos

de todos mis deseos.

Y un olor de limón

llenó el instante inmenso,

mientras se convertía

en flor de gasa el viento.
4

Al estanque se le ha muerto

hoy una niña de agua.

Está fuera del estanque,

sobre el suelo amortajada.

De la cabeza a sus muslos

un pez la cruza, llamándola.

El viento le dice "niña",

mas no puede despertarla.

El estanque tiene suelta

su cabellera de algas

y al aire sus grises tetas

estremecidas de ranas.

Dios te salve. Rezaremos

a Nuestra Señora de Agua

por la niña del estanque

muerta bajo las manzanas.

Yo luego pondré a su lado

dos pequeñas calabazas

para que se tenga a flote,

¡ay!, sobre la mar salada.

Residencia de Estudiantes, 1923

2.025
Felipe Benítez Reyes

Felipe Benítez Reyes

El Soneto Nocturno

La luna era ese párpado cerrado
que flotaba en el circo de la nada
—y el niño retenía la mirada
su hipnótico vagar de astro cegado.

La noche es un jardín narcotizado
con esencias de alquimia y sombra helada
—y tu infancia una estrella disecada
en el taller de niebla del pasado.

La luna vive ahora en los relojes
que lanzan sus saetas venenosas
sobre la esfera blanca de este sueño.

De este sueño sin fin del que recoges
la ceniza dorada de esas cosas
de las cuales un día fuiste dueño.
833
Enrique Villagrasa González

Enrique Villagrasa González

Luz

Luz


A Manuel López Azorín

qué precisas palabras que la espuma decía
Vicente Aleixandre


Los poemas esconden

en precisas palabras

lo no dicho.


¿El secreto?,

su espuma,

su vacío.


¿Acaso dudas poeta

del fugaz espejo

y su transparencia?


¡Ah, luminosa luz

que elige el ocultamiento!


Invierno


Herido por tu beso

y su locura

y lacerado por el gemido,

de invierno borracho,

todo es pasión oculta

en este nido de algas:

océano de sensaciones.


Nieva, otra vez, ya sabes,

yo escribo pobres palabras

tras los cristales.

Y sigo,

continúo bebiendo

en el latir de su boca

y sus múltiples destellos.


Voz, luz, palabra


En el surco del verso,

que tu voz siembra,

el verbo se encierra.


Misterio, línea de luz,

que ni el sabio conoce.


Cuándo germinará tu voz;

y dónde, pues, la línea de luz;

¿y la línea de sombra?


Oscuro poema


este canto


por el agua clara.


Sólo la palabra es el infinito.


Sendero


En tinieblas y más sombras,

sin luz,

así camino por este canto.


Y me encuentro


con demasiados


poemas sombríos,

con demasiados


versos pálidos,

con demasiados


poetas aburridos.


¿Para cuándo el blanco verso

con su luz y tan intensa

que ciegue la página blanca?


Adiós


La ceniza de unos versos olvidados,

vomita paseos por la orilla de la noche.

Y es que su cadencia grita música

por las caricias de tus dedos.


No ladrón…


y sí soñar otra vez


tu mismo sueño.



…y sí soñar otra vez


tu mismo sueño.

443
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

A Carcavallo En Su Noche

A CARCAVALLO
En su noche


A Doña Leonor Acevedo de Borges

Porque esta hora todos la vivimos contigo,

y es propicia la noche y el ambiente es cordial,

vaya el trovar, gustado en el rincón amigo,

con un antiguo y vago sabor sentimental.



Por los que todavía creen un poco en la Luna,

por los que riman una canción de juventud,

por las damas que escuchan, suaves como en alguna

primavera de versos, ¡Compañero, salud!



Salud, por esta hora que vivimos contigo,

salud, porque al conjuro del verso que te digo

realicen su serena gloriosa comunión,



la Amistad y la Lira, la gracia femenina,

un puñado de rosas de la tierra argentina

y una copa del rojo vino del corazón.

480
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

En La Sombra

Llegaba la noche con tono violento.
Llorando de miedo la tarde caía,
y en hondas y abiertas prisiones, se oía
correr desbocados los potros del viento.

Tomaba infinito contorno sangriento
el áspero traje que todo cubría.
«Misterio» en un símbolo negro reía,
mostrando en su risa terrible contento.

El Mal, desataba los monstruos del Vicio.
Marchaba un apóstol hacia el sacrificio
cantando sus grandes, sus fuertes ideales,

sus fuertes ideales cantando muy quedo
Y, allá, amenazada por sombras fatales,
la tarde caía llorando de miedo.
500
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

Buenos Ratos

Está lloviendo paz. ¡Qué temas viejos
reviven en las noches de verano!
Se queja una guitarra, allá a lo lejos,
y mi vecina hace reír el piano.

Escucho, fumo y bebo, mientras el fino
teclado da otra vez su sinfonía:
El cigarro, la música y el vino
familiar, generosa trilogía

¡Tengo unas ganas de vivir la riente
vida de placidez que me rodea!
Y por eso quizás, inútilmente,
en el cerebro un cisne me aletea

¡Qué bien se está, cuando el ensueño en una
tranquila plenitud se ve tan vago!
¡Oh, quién pudiera diluir la Luna
y beberla en la copa, trago a trago!

Todo viene apacible del olvido
en una claridad de cosas bellas,
así como si Dios, arrepentido,
se hubiese puesto a regalar estrellas.

¡Qué agradable quietud! ¡Y qué sereno
el ambiente, al que empiezo a acostumbrarme,
sin un solo recuerdo, malo o bueno,
que, importuno, se acerque a conturbarme!

Y me siento feliz, porque hoy tampoco
ha soñado imposibles mi cabeza:
En el fondo del vaso, poco a poco
se ha dormido, borracha, la tristeza.
518
Emilio Prados

Emilio Prados

Media Noche

MEDIA NOCHE

(Málaga, 6 de enero)

Duerme la calma en el puerto

bajo su colcha de laca,

mientras la luna en el cielo

clava sus anclas doradas.

¡Corazón,

rema!


437
Eunice Odio

Eunice Odio

Sinfonía Pequeña

Cascabel,
cascabelín,
para que duerma el lebrel
la Luna pone un cojín
campanón
campanería,
la noche roba un ropón
para vestirse de día.
violoncín,
violoncelo,
el sol deja su pañuelo
y se lleva su espadín,
campanolín,
campanada,
el pájaro cantarín
se bebe la madrugada.
525
Ismael Enrique Arciniegas

Ismael Enrique Arciniegas

En Sueños

Ya aspiro los aromas de su huerto;
Las brisas gimen y las hojas tiemblan.
Cuán bella ¡oh luna! a nuestra cita vienes...
Sueña, alma mía... ¡sueña!

Herido traigo el corazón... ¿Deliro?
¿Es el canto del ave que se queja?
Es su voz... ¡y me llama! ¿Por qué tardas?
Ven, mis brazos te esperan.

¿Son mentira tus besos?... ¡No me engañes!
Ábreme tu alma y cuéntame tus penas.
¿Lloras?... ¿por qué ?... Si nuestro amor es crimen,
Crimen, bendito seas;

Traigo para tu sien una corona,
Para ensalzarte mi arpa de poeta.
Yo haré en mis cantos, alma de mi alma,
¡Nuestra pasión, eterna!

Jura otra vez que me amas, que eres mía;
Jura... ¡nadie ríos oye! ¡Nada temas!
—«¡Tuya! bien mío... ¡para siempre tuya!»
¡Sueña, alma mía... sueña!
850
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Lluvia Nueva

LLUVIA NUEVA

La lluvia tejía

su encaje plateado.



Las nubes negrísimas

sombreaban la noche morena.


En el plano brillante

de un charco intranquilo

sorprendí tu forma gris.


La inquietud de las gotas

sonaba llevando el compás

de tu paso ligero en la niebla.


El encaje plateado

moría con el frío deshecho

envolviendo tu cuerpo

llovido.

747
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Canción De La Doncella Del Alba

CANCIÓN DE LA DONCELLA DEL ALBA


Para Thelma

Se mete piel adentro

como paloma ciega,

como ciega paloma

cielo adentro.


Mar adentro en la sangre,

adentro de la piel.

Perfumada marea,

veneno y sangre.


Aguja de cristal

en la boca salada.

Marea de piel y sangre,

marea de sal.


Vaso de amarga miel:

sueño dorado,

sueño adentro

de la cegada piel.


Entra a paso despacio,

dormida danza;

entra debajo un ala,

danza despacio.


Domina mi silencio

la voz del alba.

Domíname, doncella,

con tu silencio.


Tómame de la mano,

llévame adentro

de tu callada espuma,

ola en la mano.


Silencio adentro sueño

con lentas pieles,

con labios tan heridos

como mi sueño.


Voy vengo en la ola,

coral y ola,

canto canción de arena

sobre la ola.


Oh doncella de paz,

estatua de mi piel,

llévame de la mano

hacia tu paz.


Búscame piel adentro

anidado en tu axila,

búscame allí,

amor adentro.


Pues entras, fiel paloma,

pisando plumas

como desnuda nube,

nube o paloma.


Debo estar vivo, amor,

para saberte toda,

para beberte toda

en un vaso de amor.


Alerta estoy, doncella

del alba; alerta

al sonoro cristal

de tu origen, doncella.

2 de octubre de 1963

607
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Las Nubes

Mansas, blancas ovejas, luminosos mensajes.
La fugitiva sombra despierta a las palomas
y crea un aire de asombro a la mitad del Hudson.
Claras y decisivas, solemnes esculturas,
en mil palomas mueren las nubes avanzando.
Las nubes, las hermanas mayores de los sueños.
Mármol que ya no es mármol, sino frágil espuma.
La espuma es la paloma que no supo ser ángel.
La nube es el demonio de los ojos del cielo.
Nubes de Nueva York, vertiginosa llama.
La llamarada blanca del deseo inalcanzado.
En Nueva York las nubes frutales de Manhattan
padecen un hermoso delirio de grandeza.
709
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Canción

La luna tiene su casa
Pero no la tiene
la niña negra
la niña negra de Alabama

La niña negra sonríe
y su sonrisa
brilla como si fuera
la cuchara de plata
de los pobres

La luna tiene su casa
Pero la niña negra no tiene casa
la niña negra
la niña negra de Alabama
705
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Ser De Ti (fragmento)

SER DE TI (fragmento)


Para Adela María Salinas
I


Ser de ti y en tu rostro

asir nuestros espacios;

limitar lo invisible

muy cerca de tus labios.


Prenderme con mi noche

y olvidarme en tus aguas;

deshojar nuestros campos

en el cristal del aire.


En medio de mis años

intimar tus corolas

y en el claro de tu alma

deslizar mis delirios.


Ser de ti con la música

que inventamos al mundo

y en el contorno nuestro

cristalizar paisajes.
II


Nubes cerca de ti

flotando en medio

de la voz que del agua

se acerca a tus oídos.


¿Hacia dónde la luz

y las manos del viento?

Rojo algodón de nube

lejos y entre los árboles

una voz que fue tuya

o del agua o del aire.


¿En qué sitio la luz

y tus manos al viento?
III


Luz de luna de bahía

luz que bebía tu boca

con las ansias de los aires

y la inquietud de las olas


luz que bebía tu boca

con la figura ligera

y la suavidad de cielo

en que mis peces nadaban


con las ansias de los aires

y el miedo verde a la muerte

con sus doradas aletas

y sus gracias marineras


y la inquietud de las olas

resbalando en tu figura

como luz de luna abierta

deshecha en tus ojos frescos.

631
Efraín Huerta

Efraín Huerta

La Estrella Poema De Niebla

LA ESTRELLA

poema de niebla


Para Anne Sten


Labios como el sabor del viento en el invierno,

dientes jóvenes de luna consentida en la llama del abrazo.

Se endurecía la noche en tu garganta.

Espacio duro de tus senos. Amarilla y quemada,

la inesperada sombra de tus piernas en la alas de los
pájaros

cuando tus dedos en un juego de látigos

hendían prisas de frío.

Que nos perdonen las sábanas lunares de los árboles

y el sueño arrebatado a las estatuas,

y el agua estremecida con la caída

del deseo. Tenías los ojos limpios, Andrea.

La estrella de tu frente como herida de vino,

enferma, detenida en mi boca.

Había un mundo de silencio en tu cuerpo,

como si la muerte se hubiese mirado en un espejo

o varias rosas en agonía hubieran imaginado

un paraíso de nieve o de cristales.


(Ahí perdura solamente lo desconocido

que nuestros labios apagaron.

El recuerdo es materia de belleza poseída y escrita

en páginas en las que un poco de amor pasó rozando.

Como el recuerdo gritarían las cabelleras

mojadas en acuarelas de angustia.

Así serían las voces de os aires helados
fundiéndose

en las aristas de una montaña de bronce).


Te corría por la espalda una gota de sangre

de mis venas. La noche, con la niebla

y el silencio en medio de los senos, nos veía y procuraba

cambiar su propia ruta.

Que nos perdonen las mismas pinceladas de la aurora.


Exprimidas las horas como cerezas en nuestros labios,

apenas un instante de tus hombros

se deslizó en mi sueño.

831
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Eunice

Día y noche, pero
Más noche que día,
Eunice dialoga y riñe
Con los altos mastines.
Palabras y ladridos,
De arriba abajo,
De abajo arriba.

A una hora cierta
Triunfa green eyes Eunice.
Palabras y ladridos.
Los hocicos se cierran.
Eunice duerme.
La noche se eterniza.

Salimos de su casa
Con un alba rabiosa
Mordiéndonos las nalgas.
701
Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

Epigrama

¿Has oído
gritar de noche
al oso-caballo

oo-oo-oo-oo

o al coyote
solo en la noche
de luna

uuuuuuuuuuuuuú?

pues eso mismo
son estos versos.
755
Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

Epigrama

Las pesadas
gotas parecen

subiendo
la grada

y el viento golpeando
la puerta

una mujer
que va a entrar.
725
Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

Epigrama

Tus ojos son una luna
que riela
en una laguna negra

Tu pelo las olas negras
bajo el cielo sin luna

Y el ruelo
de la lechuza en la
noche negra
820
Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

Epigrama

Tú eres sola
entre las multitudes

como son sola
la luna

Y sólo el sol
en el cielo

ayer estabas en el estadio

en medio de miles de gentes
y te divisé desde
que entré

igual que si hubieras
estado sola
en un estadio vacío
740
Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

Epigrama

De pronto suena
en la noche una sirena

de alarma, larga,
larga,

El aullido lúgubre
de la sirena

de incendio o de
la ambulancia
blanca de muerte,

como el grito
de la cegua
en la noche,

que se acerca y
se acerca sobre las calles

y las cosas
y sube, sube,
y baja

y crece, crece,
baja y se aleja

creciendo y bajando.
no es incendio ni muerte:

es Somoza
que pasa.
757
Ernesto Cardenal

Ernesto Cardenal

Squier En Nicaragua

Verdes tardes de la selva; tardes
tristes. Río verde
entre zacatales verdes;
pantanos verdes.
Tardes olorosas a lodo, a hojas mojadas, a
helechos húmedos y a hongos
El verde perezoso cubierto de moho
poco a poco trepando de rama en
rama, con los ojos cerrados como
dormido pero comiendo
una hoja, alargando un garfio primero
y después el otro,
sin importarle las hormigas que le pican,
volteando lentamente el bobo rostro
redondo, primero a un lado
y luego al otro,
enrollando por fin la cola en una rama
y colgándose pesado como
una bola de plomo; el salto del sábalo en el río;
el griterío de los monos comiendo
malcriadamente, a toda prisa,
arrojándose las cáscaras de anona unos a otros
y peleándose, charlando, arremedándose
y riéndose entre los árboles;
monas chillonas cargando a tuto monitos
pelones y trompudos;
la guatusa bigotuda y elástica
que se estira y encoge
mirando a todos lados con su ojo redondo
mientras come temblando;
espinosas iguanas... temblando;
espinosas iguanas
como dragones de jade
corriendo sobre el agua
(¡flechas de jade!);
el negro con su camisa rayada, remando
en su canoa de ceiba.

Una muchacha meciéndose en una hamaca,
con su largo pelo negro, y una pierna desnuda
colgando de la hamaca,
nos saluda:

Adiós, California!

El río negro, como tinta, al anochecer.
Una flor de un hedor putrefacto

como de cadáver;
y una flor horrible, peluda.

Orquídeas
guindadas sobre el agua podrida.
Silbidos tristes de la selva,
y quejidos.

Quejidos.
Hojas tristes que caen dando vueltas.
Y chillidos...

¡Un grito entre las guanábanas!
El hacha cortando un tronco

y el eco del hacha.
¡El mismo chillido!
Ruido sordo de manadas de cerdos salvajes.
¡Carcajadas!

El canto de un tucán.
Chischiles de culebras cascabeles.
Gritos de congos.

Chachalacas.
El canto melancólico de la gongolona

entre los coquitales,
y el de la paloma popone,

popone, pone, pone
Oropéndolas sonoras
columpiándose en sus nidos colgados de las palmeras,
y el canto del pájaro-león entre los coyoles
y el del pájaro de-la-luna-y-el-sol
el pájaro clarinero, el pájaro
relojero que da la hora
y el pocoyo que canta de noche (o caballero)

Cabayero mi dinero Cabayero mi dinero
parejas de lapas que pasan gritando,
y el guis, chichitote y dichoso-fui

dichoso-fuiiiiiiii
que cantan en los chagüites sombríos.
Plateados pantanos rielando,
y las ranas cantando

rrrrrrrrrrrrr
!Y un pájaro que toda la noche repite.
992