Poemas en este tema

Nación y Patriotismo

Antonio Machado

Antonio Machado

Orillas Del Duero

Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario.
Girando en torno a la torre y al caserón solitario,
ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno,
de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.

Es una tibia mañana.
El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.

Pasados los verdes pinos,
casi azules, primavera
se ve brotar en los finos
chopos de la carretera
y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente.
El campo parece, más que joven, adolescente.

Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido,
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística primavera!

¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,
espuma de la montaña
ante la azul lejanía,
sol del día, claro día!
¡Hermosa tierra de España!.

Ramón López Velarde
710
Angel González

Angel González

Camposanto En Collioure

Aquí paz,
y después gloria.

Aquí,
a orillas de Francia,
en donde Cataluña no muere todavía
y prolonga en carteles de «Toros à Ceret»
y de «Flamenco's Show»
esa curiosa España de las ganaderías
de reses bravas y de juergas sórdidas,
reposa un español bajo una losa:

paz
y después gloria.

Dramático destino,
triste suerte
morir aquí

—paz
y después...—

perdido,
abandonado
y liberado a un tiempo
(ya sin tiempo)
de una patria sombría e inclemente.

Sí; después gloria.

Al final del verano,
por las proximidades
pasan trenes nocturnos, subrepticios,
rebosantes de humana mercancía:
manos de obra barata, ejército
vencido por el hambre

—paz...—,
otra vez desbandada de españoles
cruzando la frontera, derrotados
—...sin gloria.

Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.

¿Qué precio es el peor?

Me lo pregunto
y no sé qué pensar
ante esta tumba,
ante esta paz

—«Casino
de Canet: spanish gipsy dancers»,
rumor de trenes, hojas...—,
ante la gloria ésta
—...de reseco laurel—
que yace aquí, abatida
bajo el ciprés erguido,
igual que una bandera al pie de un mástil.

Quisiera,
a veces,
que borrase el tiempo
los nombres y los hechos de esta historia
como borrará un día mis palabras
que la repiten siempre tercas, roncas.
1.195
Manuel Acuña

Manuel Acuña

A La Patria

A LA PATRIA

Composición recitada por una niña en Tacubaya de los Mártires,
el 11 de septiembre de 1873.


Ante el recuerdo bendito

de aquella noche sagrada

en que la patria alherrojada

rompió al fin su esclavitud;

ante la dulce memoria

de aquella hora y de aquel día,

yo siento que en el alma mía

canta algo como un laúd.

Yo siento que brota en flores

el huerto de mi ternura,

que tiembla entre su espesura

la estrofa de una canción;

y al sonoroso y ardiente

murmurar de cada nota,

siendo algo grande que brota

dentro de mi corazón.

¡Bendita noche de gloria

que así mi espíritu agitas,

bendita entre benditas

noche de la libertad!

Hora del triunfo en que el pueblo

vio al fin en su omnipotencia,

al sol de la independencia

rompiendo la oscuridad.

Yo te amo... y al acercarme

ante este altar de victoria

donde la patria y la historia

contemplan nuestro placer,

yo vengo a unir al tributo

que en darte el pueblo se afana

mi canto de mexicana,

mi corazón de mujer.

1.665
Antonio Colinas

Antonio Colinas

Giacomo Casanova Acepta El Cargo De Bibliotecario Que Le Ofrece, En Bohemia, El Conde De Waldstein

Escuchadme, Señor, tengo los miembros tristes.
Con la Revolución Francesa van muriendo
mis escasos amigos. Miradme, he recorrido
los países del mundo, las cárceles del mundo,
los lechos, los jardines, los mares, los conventos,
y he visto que no aceptan mi buena voluntad.
Fui abad entre los muros de Roma y era hermoso
ser soldado en las noches ardientes de Corfú.
A veces he sonado un poco el violín
y vos sabéis, Señor, cómo trema Venecia
con la música y arden las islas y las cúpulas.

Escuchadme, Señor, de Madrid a Moscú
he viajado en vano, me persiguen los lobos
del Santo Oficio, llevo un huracán de lenguas
detrás de mi persona, de lenguas venenosas.
Y yo sólo deseo salvar mi claridad,
sonreír a la luz de cada nuevo día,
mostrar mi firme horror a todo lo que muere.
Señor, aquí me quedo en vuestra biblioteca,
traduzco a Homero, escribo de mis días de entonces,
sueño con los serallos azules de Estambul.
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