Poemas en este tema

Muerte y Luto

Blas de Otero

Blas de Otero

Basta Redoble De Conciencia (1951)

Imaginé mi horror por un momento
que Dios, el solo vivo, no existiera,
o que, existiendo, sólo consistiera
en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento.

Y que la muerte, oh estremecimiento,
fuese el hueco sin luz de una escalera,
un colosal vacío que se hundiera
en un silencio desolado, liento.

Entonces ¿para qué vivir, oh hijos
de madre, a qué vidrieras, crucifijos
y todo lo demás? Basta la muerte.

Basta. Termina, oh Dios, de maltratarnos.
O si no, déjanos precipitarnos
sobre Ti —ronco río que revierte.
833
Blas de Otero

Blas de Otero

Digo Vivir

Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
(Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)
Digo vivir, vivir como si nada
hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada.
Digo vivir, vivir a pulso, airada-
mente morir, citar desde el estribo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
abominando cuanto he escrito: escombro
del hombre aquel que fui cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
más inmortal: aquella fiesta brava
del vivir y el morir. Lo demás sobra.
1.172
Blas de Otero

Blas de Otero

«la Tierra» - ángel Fieramente Humano (1950)

Un mundo como un árbol desgajado.
Una generación desarraigada.
Unos hombres sin más destino que
apuntalar las ruinas.


Romper el mar
en el mar, como un himen inmenso,
mecen los árboles el silencio verde,
las estrellas crepitan, yo las oigo.

Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
—ese río del tiempo hacia la muerte—.

Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contramuerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos.

Pero la muerte, desde dentro, ve.
Pero la muerte, desde dentro, vela.
Pero la muerte, desde dentro, mata.

...El mar —la mar—, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo...
1.422
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Ursa Maior

Cierra tus puertas, muerte de los sueños,
fueras el hombre que en turbión de centeno
y hierba seca sobre el mar amarillo
cae cuando se desbocan los caballos
y despierta la cólera del padre.
Aquí y allá caía sobre el mar
sin perder su sonrisa torcida,
anunciaba sus derechos escudo en alto,
y en la sombra que legisla la usura y los muertos
encendió para ti su elocuencia.
Sal de los malecones, señor de los sueños,
muestra tu condición, levanta estatuas
con los barcos perdidos en el dorso.
Vuelve a nosotros ese tu rostro
coronado de algas y espinas.
501
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Sea Causa De Iras, Reinen Tormentas Y Vientos Negros

Sea causa de iras, reinen tormentas y vientos negros
sobre la obra de esta muerte,
quieta voluntad, mar detenido.
Sobre su baja condición verdes ejércitos busquen guerras.
Contra la calma dirige tu espada
cuando el navío se hermana con el cordero
y pasta el amargo sargazo.
Ábranse tus fauces, hable tu voz de invierno,
vuelva tu oscura gente,
—desde la proa, lágrimas de respeto y subordinación,
lágrimas nuevas y postreras
que se hallan perdidas.
430
Blanca Andreu

Blanca Andreu

La Vigilia De Elphistone

Un viento —cortejo de apariencias— cree recordar el rumor
de los puertos,
la charla sin fin de las ciudades,
zancudas de metal en el perfil, grúas y catedrales
entre la niebla, músicas y descargas,
destinos y negocios.
Y sin embargo en dónde tus orillas,
la esperanza que ciega o equivoca, grande mar,
cuando sepultas la verdad y caen las vidas, los imperios,
dejando paso a la belleza.
Ante ninguna ley te excedes en tus atribuciones
cuando el celo en tus cargos establece la muerte.
530
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Gesto De Sable Pájaro, Ademán De Orgullo

Gesto de sable pájaro, ademán de orgullo
cuando con los días contados
finges, te creces, injurias con la voz que va derecha.
Fugaces cortesías de los mares se disputan tu honor
y cierto género de noticias o silencios muy elocuentes,
espías del recuerdo las estrellas evocadoras, oleajes
de postrimerías, bendiciones, cuando
—bajo la advocación del Holandés— te desposas con el
aparejo
y el viento oficiante murmura
sobre el podrido tálamo de lona
mientras que la madera entona el réquiem.
502
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Y Corría La Sangre Como Una Estatua Rota Por Las Habitaciones

I


…Pues la encina, ¿qué sabría

de la muerte sin mí?
CLAUDIO RODRÍGUEZ



Y corría la sangre como una estatua rota por las habitaciones

mientras aullaban los príncipes sapos y los armiños se escondían entre el trigo

y corría la sangre como una estatua rota en el oro del musgo y de la nieve

y potros como pajes delgadísimos se quemaban sobre la tierra espesa

y el unicornio joven hablaba de arte y prefería a Tiépolo y todo era pálido y cortés

y corría la sangre más niña sobre cabalgaduras encendidas

y los dulces lebreles inventaban el fuego pulsando caza calcinada, ardor y soledad.

Se tiñeron los muros de cárdeno cruel, las murallas del mundo de un rojo que no existe,

y caían mis manos como presas y víctimas,

sollozaban por ellas los topos en mística ceguera y los lagartos.

Y fue la sangre pureza potencial,

dolor, ciencia y heráldica violenta

mientras las águilas dormían la primavera lejana.

382
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Niña De Greyes Delicadamente Doradas

Niña de greyes delicadamente doradas,
niña obsesión de la cigüeña virgen
con mechones de pluma de damasco
que salpicaban muerte,
de la cigüeña loca con alones
de estricnina dorada
que viajaba dejándote un corpóreo perfume,
un pulcro olor a lilas, y a dorados y rudos sueños.
Niña que obedeció al autillo apóstol
y a la mirada turbia de los ojos reales,
con pueriles dibujos de Selene y demás.
Niña de inexistente concierto,
niña de crueles sonatinas y malévolos libros de Tom Wolfe,
o de encajes de brujas para vendar las llagas de los corzos heridos,
de ciervos vulnerados asomados en los oteros místicos,
en los sitios así.
Niña pluscuamperfecto, niña que nunca fuimos,
dilo ahora,
dilo ahora tú, ahora que es tan tarde,
pronuncia el torvo adagio,
pronúnciame la lágrima,
la silueta morada de la yegua,
la del potro que se tendió a tus pies despertando la espuma.
Declama abandonada las palabras de antaño,
sombra de Juan Ramón: Soledad,
te soy fiel
.
Declama desdeñosa las palabras de antaño,
pero no aquella estrofa cortesana,
no hables de reinas blancas como un lirio,
nieves, y Juana ardiendo,
y la melancolía entretejida
del querido Villon,
sino los verbos claros donde poder beber el líquido más triste,
jarros de mar y alivio, ahora que ya es tarde,
alza párvula voz y eco albacea y canta:
Dile a la vida que la recuerdo,
que la recuerdo.


Definitivamente se extravía en un bosque naciente esta muerte pequeña,
el brote del cometa detenido,
esto que nadie salva,
joven volcán de huesos y ráfaga novicia
hecha de pájaro y de párpado y de ola pensante
que ningún libro estofado de oro solar de Italia,
ningún libro de lava
viene a sellar por mí.

Y así la muerte tantas veces escrita
se me vuelve radiante,
y puedo hablar
del deseo y del lacre rubio y ciego en los faros,
del cadáver quimera de la tripulación.

Y así la muerte
se convierte en historia
de aquella niña muda que se ahorcó
con las cuerdas boreales del arpa
porque tenía en la lengua un veneno nupcial.

Definitivamente me extravío acunando camadas de raros epitafios,
niña de grey dorada,
diré a la vida que la recuerdas,
que recuerdas sus líneas conjurando tu sombra,
que recuerdas sus hábitos y su carácter solo,
su laurel ácido, su profunda zarza, su descarado error y sus hordas dolidas,
mientras gatos efesios van llorando a mis pies,
mientras gatas perdidas plateadas
van cuajando su alcurnia en ciprés genealógico y en
álamo,
diré a la vida que te recuerde,
que me recuerde,
ahora,
cuando me alzo con cuerdas capilares y bucles
hasta el desastre de mi cabeza,
hasta el desastre de mis veinte años,
hasta el desastre, luz quebrantahuesos.
460
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Me Queda La Mar Media En El Triunfo Del Agua

Me queda la mar media en el triunfo del agua,
en el advenimiento de los espejos y de las aleaciones,
me queda la mar media y sus ahogados, cantiga y quemadura,
ebrios de agua profunda y profundo dolor.

Pero había un mar de la sangre más blanca
y del dolor apagado,
mar de la caza y muerte en montería, vino metal dormido
baja luna.
Mar de los ventanales empapados para el amor más duro
con quien la soledad se atreve y canta, con crines antorchadas
y dibujada hoguera,
mar del amor más duro que decae como decae tu nombre:
el nombre que en mí tiembla y tu nombre primero.
388
Blanca Andreu

Blanca Andreu

En Las Cuadras Del Mar Duermen Términos Blancos

En las cuadras del mar duermen términos blancos,
la espuma que crepita, la droga hecha de liquen que mueve a olvidar:
en los establos del mar reina la urraca, la intriga y la discordia,
nueva versión del agua y del bajo oleaje,
nueva versión del agua derramada desde todas las tierras y las tapias del mundo.

Entre los muros del mar callan los abedules que poseen los símbolos del mirlo,
la última voz del bosque,
calla la yedra bárbara que envenenaba ciervos leves como navajas,
el roble boreal,
arrendajos dormidos como libros celestes, incendios y lechuzas de la grava marina.

En las caballerizas del mar, el mar se ahoga con su métrica ardiente,
la flora, las ojivas y las bocas del mar,
concilio de castaños en vilo verdeherido,
y alguien desde muy lejos abdicando, andando desde lejos a morir entre
lejanas ramas empapadas:
alguien desde muy lejos esperando la flora, las ojivas y las bocas del mar.

Entre noviembre y cascos y corolas
el ángel de los remos camina ensangrentado con olor a madera,
con pupila de pájaro el otoño gravita,
acecha el ángel de los cables y las oscuras verjas, los reductos malignos,
y el ángel de la arcilla, matriz de zarza,
polen y estela de placenta que en otoño florece en muerte.

En las caballerizas del mar el mar se ahoga con su métrica ardiente.
Entre los muros del mar callan los abedules que poseen los símbolos del mirlo avisador.
En las cuadras del mar, como en la muerte,
duermen términos blancos.
503
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Hundiré Mis Manos Aquí, En Este Mar Que No Existe

Ansí tu mudo pueblo esté seguro

(…) honrando largos mares.FRANCISCO DE QUEVEDO



Hundiré mis manos aquí, en este mar que no existe,

hundiré las hojas ávidas y el verso vertical que
nació espada,

la tinta de helecho virgen, las sílabas furtivas que iban diciendo: sálvame,

y el amor como un vino escrito.


Hundiré mis dedos, las lianas vivas y los pólipos que enmudecen en mis dedos,

las flores graves que coronan a los reptiles que amo,

el liquen del sueño que maduran las serpientes más favorables,

el corazón pintado de blanco, hasta morir,

la garganta del día y sus branquias de oro.


Hundiré mis manos en noche que no existe sobre un mar que no existe,

mi garganta entre anzuelos de la flora marítima,

en agua ebria y en buques como pájaros,

en aquello que no será posible,

en todo lo que se alza cuando la noche se alza,

cuando encalla su cornamenta de ciervo temible y solloza,

estrofa antílope o estrella en metro antiguo,

y andará la locura como un óleo escarlata,

ala o aceites rojos sobre la superficie de cierta oscuridad,

de océano ninguno.


Hundiré mis manos en este lugar leve donde duermen secretas las marinas flamígeras,


y hablemos de las direcciones y de las cosas de la muerte,

y de sus rutas, y de sus atrios abrasados.

427
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Muerte Pájaro Príncipe, Un Pájaro Es Un ángel Inmaduro

Muerte pájaro príncipe, un pájaro es un
ángel inmaduro.
Y así, hablaré de tus manos que se alejan y de las manos de lo hermosísimo ardiendo,
pequeño dios con nariz de ciervo, hermano mío, héroes de alma entrecortada,
niñas de oro hipodérmico que nunca creen morir,
qué aguda la pupila y el filo de los dedos encendiendo la muerte mientras un ángel sobrevuela y pasa de largo
con el pico de plata y de ginebra,
labios del mediodía resuelto en ave sobre tus manos que se alejan y mis manos
y las manos del pequeño ciervo de aire griego salvaje, hermano mío,
y las manos sin venas de los héroes, de las madonas amnésicas.
Mis alas de dolor robadas por tus manos, amor mío, corazón mío pintado de blanco,
mis alas de dolor con botellas agónicas y líquidos que disuelven la vida,
y los labios que te aman en mí y en la convulso,
y la música en trompas delgadísimas, trompetas peraltadas, peraltadas, columnas niñas, qué
sobreagudo el do,
la mirada más alta y la más alta queja,
muerte pájaro príncipe volando,
un pájaro es un ángel inmaduro.
478
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Y Quisimos Dormir El Sueño Bárbaro

Y quisimos dormir el sueño bárbaro,
negar devotos párpados y el rubor de las damas de satén y jardín,
luchar con hordas bondadosas de búfalos,
dormir eras diurnas y perdidas sobre locomotoras de música brillante,
que adornara con moras los vestidos el implacable dinosaurio obispal,
el búho cárdeno y la tristeza,
chimeneas como tubos de un órgano barroco,
música pterodáctilo: sus alas grandes pobladas de truenos,
su espalda cíclope
de reactor clavecín.

Y quisimos dormir sobre un verso nervioso del rayo,
sobre el óleo morado de las carbonerías,
sin nanas de corcheas, corcheas auténticas,
acuarelas de lilas posesivas como una bendición.

Y quisimos dormir con la métrica rara del raro maremoto
y con la lengua llena de espuma de colegio.
Es así, nos dijimos, la tímida muerte,
es así la tímida vida,
no el éxtasis, sino el encaje oscuro del salitre
dibujando libélulas y árboles de tinta,
saliva que no escribe dorados serventeios*
ni plata de alquitrán.

Y quisimos dormir así, vértigos-velas para llegar adónde,
pero escuchadme, cómo hacer de otro modo,
cómo hacer de la tarde un pálido papel para rasgar o estucarlo con oros,
cómo hacer mutaciones, piedras filosofales,
y cómo apoderarse de algas y catedrales y de la lágrima de luz y terciopelo de la virgen Virginia que alienta los silencios,
que ondea disfrazada de Ofelia por los lagos.

No tuvimos cavernas palaciegas, ni manuscritos en cuevas ni palomas,
sólo balcones para inventar tormentas y desatar el espectáculo,
sólo vagos balcones donde el labio de las plantas humea
y saja el corazón y lo secciona en láminas de muerte repentina,
en las antiguas láminas de mica
que, ya lo dije, irradia angustia, espejos.
477
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Muerte En El Tiempo Grávido De Palomas Marchitas

Muerte en el tiempo grávido de palomas marchitas,
en el lacrimatorio que me ofrece la maloliente tinta de mayo.
agonía del cauce en mi cintura y en la cintura de veleros negros,
agonía de una ojiva de agua,
mayo, mayo, poema oval, resplandor y salto al vacío,
una estrella de nervios que no tiene piedad.

Mayo con astas locas, mayo ciervo de fiebre,
mayo hocico de piélago me mordió el cinturón de la temperatura,
mayo de fiebres malvas y ciervo emborrachado de glóbulos celestes
en el sol tembloroso del ventrílocuo,
pequeño ciervo solo que devoto bebió
toda la sed dorada de las arterias.

Quise una enfermedad como un áncora cierta
para las horas que se desmienten,
áncora para el músico multiengendrador,
áncora para Bach y sus duros acólitos, y para la enramada matemática
y para todo lo que no me existe.

Quise la muerte para una sábana díscola, para el poeta y su bisturí,
para el libro y su verde más íntimo,
para el tono y su garganta ardiendo.

Quise la muerte para unos ojos sin norte,
para unos ojos de brújula sacra,
para los ojos jóvenes que se izan
a leer la estrella agreste de las diez.

Ojos, los ojos míos,
o bien ojos litúrgicos, agrandados de antorchas,
los ojos que grabaron con iniciales góticas
en el alma guerrera de un niño de diez años,
ojos de lirio helado en alfileres:
clavados en el mar de los taxidermistas.

Pero hablemos de ojos que desvanecen
las lámparas sin ti,
hablemos de las ardida vincas de alcohol que tanto sufren,
mientras escribo versos como algas votivas,
como alambres de lágrimas, mientras siento tu noche y dinastía.

Amor, he roto el níquel de tu palabra desventurada y perfecta.
Amor, dolidas crines de arcángeles caballos se peinan con colonia de tristeza,
porque es mayo, mayo poema oval, mayo muerte levante,
muerte para la hoja del pájaro trágico que se desposa con nadie,
muerte para los niños que acechan la cama de nadie,
muerte para los jóvenes que como yo no sueñan y la
lúcida rana prima donna;
muerte para los sapos que acechan el rubor
de la charca clarísima
y el tono sonrosado de la ópera,
muerte en el tiempo grávido de palomas marchitas,
muerte para sus travesías delicadas,
y para la tormenta loca como una abadesa loca,
muerte para la ropa íntima que estremecía a Baudelaire,
muerte para el desnudo vino verde,
para la piedra en celo y el saludo celeste de mayo,
y el grito equino de las madrugadas de mayo,
muerte para la angustia caligráfica ahogada
en el lacrimatorio que me ofrece la maloliente tinta de mayo.
440
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Yo Te Di Huesos De Palomas Rojas

Los muertos odian el número dos.
F. G. Lorca



Yo te di huesos de palomas rojas

de palomas que alientan dentro de los rasguños

desdeñoso licor de herida

pequeño peldaño de muerte


Atrapé las palomas que habitaban en la sangre alterada de los niños perversos

robé vuelos morados

vuelos de adelfa y alarido

vuelos de arteria y arañazo

espejos

fiestas

del jacinto del sur


Yo te di huesos de palomas muy pequeñas

astrolabios de tierno esqueleto

guías luciérnagas y otras luces nerviosas

para que oyeras cómo el fósforo declama los viejos versos del número par

para anclarte a mi noche

para anclarte a mi noche con la cal delicada


Yo te di huesos

anclas pequeñitas

para que te encallaras en la sal de las puertas

y dije las palabras que así existen

filtros de Melibea

brujas líquidas

o la voz fuerte de Rilke el poeta:


retenle

sí retenle.

555
Blanca Andreu

Blanca Andreu

He Aquí La Gesta De La Noche

He aquí la gesta de la noche,
su fortuna de estrellas y de lenguas de ahorcados,
su corazón de mercurio que tanto pesa y hace llorar,
sus intrigas y sus caballeros.
He aquí la noche como un nudo, amor mío, en un nudo.
Extraño, ya lo dije, cuando la tarde tiene un amor dual que

se desmaya y cae sobre los ojos de la lombriz,
o al cofre de la yerba y reposa.
Extraña el ara de la noche y la sábana que arde y
decapita.
Extraño el grito de los chacales mártires
y los pequeños búhos en santidad,
el amor y su óxido y el pato que se escapa del estanque,
la oca ebria con su aureola de alcohol,
lo que inexiste,
san Tarsicio o el ánade príncipe que destroza su cetro y
se

lo
bebe a sorbos sospechosos,
la acción del oro en licuación,
acto y obra y suma suicida del oro,
o el ánsar nival que aún solloza contemplando los poemas

patíbulos.
614
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Extraño No Decirlo Y Hablar Hidras Pensadas

Extraño no decirlo y hablar hidras pensadas
o hacer poesía y cálculo,
extraño no contarte que el cianuro Cifran viene sobre las diez,
o viene Rilke el poeta
a contarme que sí, que de veras tú pasas a mi sangre
pero de qué nos sirve.

Veneno y sombra extraña, extraño no decirlo, de metales muy fríos
y faltos de latido:
amor, es eso, yo bebo violas rotas,
pienso cosas quebradas,
en verdad yo me bebo la infancia del coñac,
bebo las locas ramas virginales,
bebo mis venas que se adormecen para querer morir,
bebo lo que me resta cuando dejo mi cuello
bajo la luna de guillotina,
bebo la sábana de los sacrificios y bebo el amor que salpica sueño
pero de qué nos sirve.
410
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Así Morirán Mis Manos Oliendo A Espliego Falso

Así morirán mis manos oliendo a espliego falso
y morirá mi cuello hecho de musgo,
así morirá mi colonia de piano y de tinta.
Así la luz rayada,
la forma de mi forma,
mis calcetines de hilo,
así mi pelo que antes fue barba bárbara de babilonios
decapitados por Semíramis.
Por último mis senos gramticalmente elípticos
o las anchas caderas que tanto me hicieron llorar.
Por último mis labios que demasiado feroces se volvieron,
el griego hígado,
el corazón medieval,
la mente sin cabalgadura.

Así morirá mi cuerpo de arco cuya clave es ninguna,
es la música haciendo de tiempo,
verde música sacra con el verde del oro.
797
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Vendrá Sin Las Estrellas Lácteas

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.C. Pavese


Vendrá sin las estrellas lácteas

y sin tiranosaurios de luz,

maroma umbilical para niños marítimos

que se ahorcaron con algas y cabellos oceánicos

huyendo en hipocampos de sueño de aquel parto, en la columna vertical mayor,

entre jarcias y vértebras.


Pues somos una saga.

Oleaje escarlata en delito, y cimas de cianuro,

y golpes de cerezo.

Pues somos, en mi cuerpo, una saga con luna abdicante,

que recuerda colegios, mapas del mundo en otoño,

complicadísimas hidrólisis,

pero nunca marfil y mediodía.


Colegio: niña que bebía los pomelos

directamente en labios de la noche,

que juraba acostarse con el miedo en la cama de nadie,

que juraba que el miedo

la había violado hasta doscientos hijos.


Amor, la niña rusa

que comulgaba reno asado

y bebía liquen.

Amor, la niña rusa que leía Tom Wolfe.

497
Blanca Andreu

Blanca Andreu

Cómo Me Parecerá Extraño El Aire Que Me Envuelve

Cómo me parecerá extraño el aire que me envuelve,
cómo será así extraño,
cuando tú ya no estés,
la catedral del día,
el claustro que condensa la gran edad de la luz
y el carácter de las tormentas.

Amor mío, amor mío, tú sin día para ti,
enjambrado entre espejos y entre las cosas malas,
muerta la plata trascendental
y las ya antiguas anémonas de égogla,
muerta esta versión, que ahora oscuro, y declino, para leerla, más
joven.

Amor mío de nunca, afiebrado y pacífico,
versos para el pequeño pulpo de la muerte,
versos para la muerte rara que hace la travesía de los
teléfonos,
para mi mente debelada versos, para el circuito del violín,
para el circuito de la garza,
para el confín del sur, del sueño,
versos que no me asilen ni sean causa de vida,
que no me den la dulce serpiente umbilical
ni la sala glucosa del útero.
545
Baltasar del Alcázar

Baltasar del Alcázar

Cansado Estoy De Haber Sin Ti Vivido

Cansado estoy de haber sin Ti vivido,
que todo cansa en tan dañosa ausencia;
mas, ¿qué derecho tengo a tu clemencia,
si me falta el dolor de arrepentido?

Pero, Señor, en pecho tan rendido
algo descubrirás de suficiencia
que te obligue a curar como dolencia
mi obstinación y yerro cometido.

Mi conversión es tuya y Tú la quieres;
tuya es, Señor, la traza, tuyo el medio
de conocerme yo y de conocerte.

Aplícale a mi mal, por quien Tú eres,
aquel eficacísimo remedio
compuesto de tu sangre, vida y muerte.
524
Alfonsina Storni

Alfonsina Storni

Letanías De La Tierra Muerta

Llegará un día en que la raza humana

Se habrá secado como planta vana,

Y el viejo sol en el espacio sea

Carbón inútil de apagada tea.

Llegará un día en que el enfriado mundo

Será un silencio lúgubre y profundo:

Una gran sombra rodeará la esfera

Donde no volverá la primavera;

La tierra muerta, como un ojo ciego,

Seguirá andando siempre sin sosiego,

Pero en la sombra, a tientas, solitaria,

Sin un canto, ni un ¡ay!, ni una plegaria.

Sola, con sus criaturas preferidas

En el seno cansadas y dormidas.

(Madre que marcha aún con el veneno

de los hijos ya muertos en el seno.)

Ni una ciudad de pie... Ruinas y escombros

Soportará sobre los muertos hombros.

Desde allí arriba, negra la montaña

La mirará con expresión huraña.

Acaso el mar no será más que un duro

Bloque de hielo, como todo oscuro.

Y así, angustiado en su dureza, a solas

Soñará con sus buques y sus olas,

Y pasará los años en acecho

De un solo barco que le surque el pecho.

Y allá, donde la tierra se le aduna,

Ensoñará la playa con la luna,

Y ya nada tendrá más que el deseo,

Pues la luna será otro mausoleo.

En vano querrá el bloque mover bocas

Para tragar los hombres, y las rocas

Oír sobre ellas el horrendo grito

Del náufrago clamando al infinito:

Ya nada quedará; de polo a polo

Lo habrá barrido todo un viento solo:

Voluptuosas moradas de latinos

Y míseros refugios de beduinos;

Oscuras cuevas de los esquimales

Y finas y lujosas catedrales;

Y negros, y amarillos y cobrizos,

Y blancos y malayos y mestizos


Se mirarán entonces bajo tierra

Pidiéndose perdón por tanta guerra.

De las manos tomados, la redonda

Tierra, circundarán en una ronda.

Y gemirán en coro de lamentos:

¡Oh cuántos vanos, torpes sufrimientos!

—La tierra era un jardín lleno de rosas

Y lleno de ciudades primorosas;

—Se recostaban sobre ríos unas,

Otras sobre los bosques y lagunas.

—Entre ellas se tendían finos rieles,

Que eran a modo de esperanzas fieles,

—Y florecía el campo, y todo era

Risueño y fresco como una pradera;

—Y en vez de comprender, puñal en mano

Estábamos, hermano contra hermano;

—Calumniábanse entre ellas las mujeres

Y poblaban el mundo mercaderes;

—Íbamos todos contra el que era bueno

A cargarlo de lodo y de veneno...

—Y ahora, blancos huesos, la redonda

Tierra rodeamos en hermana ronda.

—Y de la humana, nuestra llamarada,

¡Sobre la tierra en pie no queda nada!


* * *

Pero quién sabe si una estatua muda

De pie no quede aún sola y desnuda.

Y así, surcando por las sombras, sea

El último refugio de la idea.

El último refugio de la forma

Que quiso definir de Dios la norma

Y que, aplastada por su sutileza,

Sin entenderla, dio con la belleza.

Y alguna dulce, cariñosa estrella,

Preguntará tal vez: ¿Quién es aquélla?

¿Quién es esa mujer que así se atreve,

Sola, en el mundo muerto que se mueve?

Y la amará por celestial instinto

Hasta que caiga al fin desde su plinto.

Y acaso un día, por piedad sin nombre

Hacia esta pobre tierra y hacia el hombre,

La luz de un sol que viaje pasajero

Vuelva a incendiarla en su fulgor primero,

Y le insinúe: Oh fatigada esfera:

¡Sueña un momento con la primavera!

—Absórbeme un instante: soy el alma

Universal que muda y no se calma...


¡Cómo se moverán bajo la tierra

Aquellos muertos que su seno encierra!


¡Cómo pujando hacia la luz divina

Querrán volar al que los ilumina!

Mas será en vano que los muertos ojos

Pretendan alcanzar los rayos rojos.

¡En vano! ¡En vano!... ¡Demasiado espesas

Serán las capas, ay, sobre sus huesas!...

Amontonados todos y vencidos,

Ya no podrán dejar los viejos nidos,

Y al llamado del astro pasajero,

Ningún hombre podrá gritar: ¡Yo quiero!...

1.006
Alfonsina Storni

Alfonsina Storni

Viaje

Hoy me mira la luna
blanca y desmesurada.

Es la misma de anoche,
la misma de mañana.

Pero es otra, que nunca
fue tan grande y tan pálida.

Tiemblo como las luces
tiemblan sobre las aguas.

Tiemblo como en los ojos
suelen temblar las lágrimas.

Tiemblo como en las carnes
sabe temblar el alma.

¡Oh! la luna ha movido
sus dos labios de plata.

¡Oh! la luna me ha dicho
las tres viejas palabras:

«Muerte, amor y misterio...»
¡Oh, mis carnes se acaban!

Sobre las carnes muertas
alma mía se enarca.

Alma —gato nocturno—
sobre la luna salta.

Va por los cielos largos
triste y acurrucada.

Va por los cielos largos
sobre la luna blanca.
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