Poemas en este tema

Amor Romántico

Manuel Gutiérrez Nájera

Manuel Gutiérrez Nájera

Resucitarán

Los pájaros que en sus nidos
mueren ¿a dónde van?
¿Y en que lugar escondidos
están, muertos o dormidos,
los besos que no se dan?

Nacen, y al punto traviesos
hallar la salida quieren;
¡pero como nacen presos
se enferman pronto mis besos
y apenas nacen, se mueren!

En vano con raudo giro
éste a mis labios llegó.
Si lejos los tuyos miro...
¿sabes lo que es un suspiro?
¡Un beso que no se dio!

¡Que labios tan carceleros!
Con cadenas y cerrojos
los aprisionan severos,
y apenas los prisioneros
se me asoman a los ojos.

¡Pronto rompe la cadena
de tan injusta prisión,
y no mueran más de pena,
que ya está de besos llena
la tumba del corazón!

¿Qué son las bocas? Son nidos.
¿Y los besos? ¡Aves locas!
Por eso, apenas nacidos,
de sus nidos aburridos
salen buscando otras bocas.

¿Por qué en cárcel sepulcral
se trueca el nido del ave?
¿Por qué los tratas tan mal,
si tus labios de coral
son los que tienen la llave?

—Besos que apenas despiertos
volar del nido queréis
a sus labios entreabiertos,
en vuestra tumba, mis muertos,
dice: ¡Resucitaréis!
992
Manuel Gutiérrez Nájera

Manuel Gutiérrez Nájera

Efímeras

Idos, dulces ruiseñores:
quedó la selva callada,
y a su ventana, entre flores,
no sale mi enamorada.

Notas, salid de puntillas;
está la niñita enferma...
Mientras duerma en mis rodillas,
dejad ¡oh notas! que duerma.

Luna que en marco de plata
su rostro copiabas antes,
si hoy tu cristal lo retrata
acaso, luna, la espantes.

Al pie de su lecho queda
y aguarda a que buena esté,
coqueto escarpín de seda
que oprime su blanco pie.

Guarda tu perfume, rosa;
guarda tus rayos, lucero,
para decir a mi hermosa,
cuando sane, que la quiero.
2.165
Manuel Gutiérrez Nájera

Manuel Gutiérrez Nájera

Para Un Menú

Las novias pasadas son copas vacías;
en ellas pusimos un poco de amor;
el néctar tomamos... huyeron los días...
¡Traed otras copas con nuevo licor!

Champán son las rubias de cutis de azalia;
borgoña los labios de vivo carmín;
los ojos oscuros son vino de Italia,
los verdes y claros son vino del Rin.

Las bocas de grana son húmedas fresas;
las negras pupilas escancian café;
son ojos azules las llamas traviesas,
que trémulas corren como almas del té.

La copa se apura, la dicha se agota;
de un sorbo tomamos mujer y licor...
Dejemos las copas... Si queda una gota,
que beba el lacayo las heces de amor.
1.067
Macedonio Fernández

Macedonio Fernández

Creía Yo

No a todo alcanza Amor, pues que no puedo
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte puede
si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte puede, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.
626
Macedonio Fernández

Macedonio Fernández

Hay Un Morir

No me lleves a sombras de la muerte
Adonde se hará sombra mi vida,
Donde sólo se vive el haber sido.
No quiero el vivir del recuerdo.
Dame otros días como éstos de la vida.
Oh no tan pronto hagas
De mí un ausente
Y el ausente de mí.
¡Que no te lleves mi Hoy!
Quisiera estarme todavía en mí.

Hay un morir si de unos ojos
Se voltea la mirada de amor
Y queda sólo el mirar del vivir.
Es el mirar de sombras de la Muerte.
No es Muerte la libadora de mejillas,
Esto es Muerte. Olvido en ojos mirantes.
840
Meira Delmar

Meira Delmar

Todavía

Amor de amor aquel que nos uniera
una vez en el tiempo ya distante.
Amor en que tú fuiste amado, amante
y yo amante y amada también fuera.

Otro amor sin igual no conociera
nunca el haz de la tierra. Fulgurante,
más que el sol del verano delirante,
toda sombra su lumbre destruyera.

Amor de amor, tan alto y extremado,
que el mismo cielo al serle comparado,
cosa fútil y vana parecía.

La vida canceló su encendimiento...
Y sin embargo en el recuerdo siento
que me quema la sangre todavía.

767
Meira Delmar

Meira Delmar

Tapiz

Las hebras de un tapiz imaginario
fueron nuestros destinos que un instante
se rozaron apenas en la cruz
del encuentro.

De norte a sur tu paso, de este
a oeste el mío,
entrelazamos el amor de modo
que nunca el tiempo desatarlo pudo,
ni romperlo el olvido.

873
Meira Delmar

Meira Delmar

Soneto Marinero

Digo tu nombre, mar, tu nombre ardido
de soles y de júbilo creciente,
y el corazón enamorado siente
más clara la presencia del latido.

Velero que navega repetido
por los quietos espejos de la frente,
regresa tu paisaje lentamente
como si retornara del olvido.

Y surge tu comarca marinera
con una trashumante primavera
de espumas en la mano de cristal.

Y tu voz de colores, y tu alada
corona de blancura trabajada
en gaviotas y pétalos de sal.

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Meira Delmar

Meira Delmar

Soneto En El Amor

Estoy, amor, en ti y en el dorado
desvelo de tu clima deleitoso,
con el ardido corazón gozoso
de su vivo tormento enamorado.

Y te nombro mi día iluminado.
Y te digo mi tiempo jubiloso.
Alto mar de hermosura sin reposo
a la cima del sueño levantado.

Estoy, amor, en ti. Bajo tu cielo
lejanamente mío, crece el duelo
y crece la sonrisa, dulcemente.

Y el canto va subiendo, sostenido
por tu mano, azahar desvanecido,
a la orilla del alba transparente.

725
Meira Delmar

Meira Delmar

Raíz Antigua

No es de ahora este amor.

No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra;
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
aleve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.

No es de ahora. No.
De lejos viene
—de un silencio de siglos,
de un instante
en que tuvimos otro nombre y otra
sangre fugaz nos inundó las venas—,
este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto iluminado.

664
Meira Delmar

Meira Delmar

Reclamo

¡Amor! ¡Amor! ¡Qué has hecho de mi vida!
Mi vida era como un agua mansa,
como un agua ceñida...

Antes de ti, ¡qué fácil para el alma
la espera de sus pasos, y qué fácil
su ligera partida...!

Antes de ti, ¡qué fácil la ventura
frente a la lluvia clara y el silencio
de las tardes dormidas...!

Pero contigo, Amor, cómo se vuelven
la espera y el partir angustia viva...
¡Cómo tus manos claras, inasibles,
rompen las horas mías!

Contigo, Amor, la lluvia no es "la lluvia'"
ni me da su regalo de sonrisas,
y es tortura el silencio cuando pasa
por las tardes dormidas...
714
Meira Delmar

Meira Delmar

Promesa

En alguna mañana azul y florecida
iremos dulcemente, con las manos unidas

a escuchar las historias que el arroyo murmura
ante el fácil asombro de las piedras desnudas...

No diremos, amado, una sola palabra:
hablarán nuestros ojos su lenguaje de magia,

y la brisa curiosa llegará muy callada
sin romper el embrujo de la hora encantada…

Después... como un racimo de hermosas uvas nueva
–tronchadas de la vid por manos tempraneras–

yo dejaré en tu boca con un poco de miedo,
el sabor ignorado de mis besos primeros...

726
Meira Delmar

Meira Delmar

Perfume

Vuelvo a tenerte, amor,
como si nunca
te me hubieras ido.

Tus manos me recorren
el rostro suavemente,
y te oigo la voz en un

susurro
que me roza el oído.

Vuelvo a tenerte
y pienso en el perfume
que de nuevo me hiere
aunque el jazmín no exista.

735
Meira Delmar

Meira Delmar

Otra Presencia

Ahora estamos unidos
para siempre.

No importa que te hayas
marchado,
que la puerta
no se abra más
para esperar tus pasos,
ni importa que en las manos
que me encuentran
no me rocen las tuyas.

Andas conmigo,
vas, vienes a mi lado,
y miras con mis ojos
derramarse en el mar
el ocaso.
Oyes el viento en la noche
cuando pasa estremeciendo
las ventanas,
y me sigues constante
por la oscura comarca
del insomnio.

Revestida de ausencia
tu perdida presencia
me acompaña.

675
Meira Delmar

Meira Delmar

Nueva Presencia

Venías de tan lejos como de algún recuerdo.

Nada dijiste. Nada. Me miraste los ojos.
Y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo.

Desde una azul distancia me caminó las venas
una antigua memoria de palabras y besos,

y del fondo de un vago país entre la niebla
retornaron canciones oídas en el sueño.

Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
Tú dijiste mi nombre... Y se detuvo el tiempo.

La tarde reclinaba su frente pensativa
en las trémulas manos de los lirios abiertos,

y a través de las nubes los pájaros errantes
abrían sobre el campo la página del vuelo.

Con los hombros cargados de frutas y palomas
interminablemente pasaba el mismo viento,

y en el instante claro de los bronces mi alma,
llena de ángelus, era como un sitio del cielo.

Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
En la noche de estrellas, o en el alba de un verso.

Una vez. No sé dónde... Y el amor fue, tan sólo,
encontrarte de nuevo.

741
Meira Delmar

Meira Delmar

Muerte Del Olvido

Se me murió el olvido
de repente.

Inesperada-
mente,
se le borraron las palabras
y fue desvaneciéndose
en el viento.

En busca suya el corazón tocaba
todas las puertas.
Nadie. Nada.

Y allí donde estuviera se instaló
de nuevo,
el doloroso amor,
el implacable,
interminable-
mente.

718
Meira Delmar

Meira Delmar

La Tarde

Te contaré la tarde, amigo mío.

La tarde de campanas y violetas
que suben lentamente a su pequeño
firmamento de aroma.

La tarde en que no estás.

El tiempo, detenido, se desborda
como un dorado río,
y deja ver en su lejano fondo
no sé qué cosas olvidadas.

El día vuelve aún en una ráfaga
de sol,
y fija mariposas de oro
en el cristal del aire.
Hay una flauta en el silencio, una
melancólica boca enamorada,
y en la torre teñida de crepúsculo
repiten su blancura las palomas.

La tarde en que no estás… La tarde
en que te quiero.

Alguien, que no conozco,
abre secretamente los jazmines
y cierra una a una las palabras.

763
Meira Delmar

Meira Delmar

La Hoguera

Esta es, amor, la rosa que me diste
el día en que los dioses nos hablaron.
Las palabras ardieron y callaron.
La rosa a la ceniza se resiste.

Todavía las horas me reviste
de su fiel esplendor. Que no tocaron
su cuerpo las tormentas que asolaron
mi mundo y todo cuanto en él existe.

Si cruzas otra vez junto a mi vida
hallará tu mirada sorprendida
una hoguera de extraño poderío.

Será la rosa que morir no sabe,
y que al paso del tiempo ya no cabe
con su fulgor dentro del pecho mío.

662
Meira Delmar

Meira Delmar

El Resplandor

Nunca supe su nombre


Pudo
ser el amor, un poco
de alegría, o simple-
mente nada.

Pero encendió
de tal manera el día,
que todavía
dura su lumbre.

Dura.
Y quema.

862
Meira Delmar

Meira Delmar

El Milagro

Pienso en ti.

La tarde,
no es una tarde más;
es el recuerdo
de aquella otra, azul,
en que se hizo
el amor en nosotros
como un día
la luz en las tinieblas.

Y fue entonces más clara
la estrella, el perfume
del jazmín más cercano,
menos
punzantes las espinas.

Ahora,
al evocarla creo
haber sido testigo
de un milagro.

817
Meira Delmar

Meira Delmar

El Escudo

Cuánto te quise, amor, cuánto te quiero,
más allá de la vida y de la muerte.
Y aunque ya nunca más he de tenerte,
eres de cuanto es mío lo primero.

Más que el sol del estío, verdadero,
tu recuerdo mitiga, por mi suerte,
la sombra que me ciñe, y se convierte
en la luz que ilumina mi sendero.

Nada ni nadie desterrar haría
de mi frente aquel tiempo jubiloso
en que eterna la dicha parecía.

Contra el olvido y su tenaz acoso
defenderá por siempre y a porfía
su condición de escudo milagroso.

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Meira Delmar

Meira Delmar

El Cántaro

Tú llegaste a mi vida como llegara un día
Jesús de Galilea al poso de Siquem;
cansado, sitibundo, la pupila sombría,
y sombría en el alma la tristeza también.

Yo era entonces murmullo, claridad, alborada...
Agua que entre las piedras revierte su cristal,
y cuando vi la angustia que tus ojos callaban,
murmuré suavemente: “Ven tu sed a calmar...”

Y fui samaritana feliz y jubilosa,
como jamás lo fuera la que Jesús halló.
Hecha cántaro el alma, la acerqué, generosa,
a tus labios exangües. ¡Y frescura te dio!

Fue milagro mi dádiva en tu silencio triste;
hizo luz en la sombra de tu lento sufrir,
y transformó la angustia que en los ojos trajiste
en un vívido anhelo de soñar y reír...

Si te llama algún día, desde un largo camino,
el afán de distancias, y te lleva otra vez,
mi alma, que entre tus labios fuera cántaro henchido,
en el brocal del pozo ¡se romperá de sed!

1.166
Meira Delmar

Meira Delmar