Poemas en este tema

Recuerdos y Memorias

Alfonso Reyes

Alfonso Reyes

Apenas

A veces, hecho de nada,
sube un efluvio del suelo.
De repente, a la callada,
suspira de aroma el cedro.

Como somos la delgada
disolución de un secreto,
a poco que cede el alma
desborda la fuente de un sueño.

¡Mísera cosa la vaga
razón cuando, en el silencio,
una como resolana
me baja, de tu recuerdo!
711
Amado Nervo

Amado Nervo

Inmortalidad

No, no fue tan efímera la historia
de nuestro amor: entre los folios tersos
del libro virginal de tu memoria,
como pétalo azul está la gloria
doliente, noble y casta de mis versos.

No puedes olvidarme: te condeno
a un recuerdo tenaz. Mi amor ha sido
lo más alto en tu vida, lo más bueno;
y sólo entre los légamos y el cieno
surge el pálido loto del olvido.

Me verás dondequiera: en el incierto
anochecer, en la alborada rubia,
y cuando hagas labor en el desierto
corredor, mientras tiemblan en tu huerto
los monótonos hilos de la lluvia.

¡Y habrás de recordar! Esa es la herencia
que te da mi dolor, que nada ensalma.
¡Seré cumbre de luz en tu existencia,
y un reproche inefable en tu conciencia
y una estela inmortal dentro de tu alma!
644
Amado Nervo

Amado Nervo

En El Camino

Yo tuve una prima
como un lirio bella,
como un mirlo alegre,
como un alba fresca,
rubia como una
mañana abrileña.

Amaba los versos aquella rapaza
con predilecciones a su edad ajenas.
La música augusta del rtimo cantaba
dentro de su espíritu como ignota orquesta;
todo lo que un astro le dice a otro astro,
todo lo que el cielo le dice a la tierra,
todo lo que el alma pregunta a la Esfinge,
todo lo que al alma la Esfinge contesta.

Pobre prima rubia,
pobre prima buena;
hace muchos años que duerme ese sueño
del que ni los pájaros, alegres como ella,
ni el viento que pasa, ni el agua que corre,
ni el sol que derrocha vida, la recuerdan.

Yo suelo, en los días
de la primavera,
llevar a su tumba
versos y violetas;
versos y violetas, ¡lo que más amaba!

En torno a su losa riego las primeras,
luego las estrofas recito que antaño
su deleite eran:
las más pensativas, las más misteriosas,
las más insinuantes, las que son más tiernas;
las que en sus pestañas, como en blonda de oro,
ponían las joyas de lágrimas, trémulas,
con diafanudades de beril hialino
y oriente de perlas.

Se las digo bajo, bajito, inclinándome
hacia donde yace, por que las entienda.
Pobre prima rubia, ¡pero no responde!
Pobre prima rubia, ¡pero no despierta!
609
Amado Nervo

Amado Nervo

Transmigración

A veces, en sueños, mi espíritu finge
escenas de vidas lejanas:

yo fui
un sátrapa egipcio de rostro de esfinge,
de mitra dorada, y en Menfis viví.

Ya muerto, mi alma siguió el vuelo errático,
ciñendo en Solima, y a Osiris infiel,
la mitra bicorne y el éfod hierático
del gran sacerdote del Dios de Israel.

Después, mis plegarias alcé con el druida
y en bosque sagrado Velleda me amó.
Fui rey merovingio de barba florida;
corona de hierro mi sien rodeó.

Más tarde, trovero de nobles feudales.
canté sus hazañas, sus lances de honor,
yanté a la su mesa, y en mil bacanales
sentime beodo de vino y de amor.
Y ayer, prior esquivo y austero los labios

al Dios eucarístico, temblando acerqué:
por eso conservo piadosos resabios,
y busco el retiro siguiendo a los sabios
y sufro nostalgias inmensas de fe.
722
Amado Nervo

Amado Nervo

Indestructible

Bien ves, si me estás mirando,
que desde que te perdí,
mi vida se va pasando
piadosamente pensando
en ti;

que incólume, sin desgaste,
¡oh Ideal!, has de vivir
en el alma en que anidaste,
y que lo que edificaste
ni Dios lo querrá destruir.
746
Amado Nervo

Amado Nervo

Buscando

Entre el dudoso cortejo
de sombras, peregrinando
voy una sombra buscando.

En el místico reflejo
de la noche constelada
quiero hallar una mirada.

Asir anhela mi oído
una voz que se ha extingido
entre los ecos lejanos.

Al pasar por un jardín
finge el roce de un jazmín
la caricia de sus manos.

¡Oh sombra, mirada, voz,
manos!; el vórtice atroz
de la eternidad callada
os sorbió. ¡Triste de mí,
que no tengo nada, nada;
que ya todo lo perdí!
697
Amado Nervo

Amado Nervo

Bienaventurados

¡Bienaventurados,
los dignificados
por la dignidad glacial de la muerte;
los invulnerables ya para los hados,
una y misma cosa ya con el Dios fuerte!

¡Bienaventurados!

Bienaventurados los que destruyeron
el muro ilusorio de espacio y guarismos;
los que a lo absoluto ya por fin volvieron;
los que ya midieron todos los abismos.

Bienaventurada, dulce muerta mía,
a quien he rezado como letanía
de fe, poesía
y amor, estas páginas... que nunca leerás.
Por quien he vertido, de noche y de día,
todas estas lágrimas... que no secarás.
1.069
Amado Nervo

Amado Nervo

Al Encontrar Unos Frascos De Esencia

¡Hasta sus perfumes duran más que ella!
Ved aquí los frascos, que apenas usó,
y que reconstruyen para mí la huella
sutíl que en la casa dejó...

Herméticamente encerrada,
la esencia en sus pomos no se escapará.
Mientras que el espíritu de mi bien amada,
más imponderable, más tenue quizá,
voló de sus labios, redoma encantada,
¡y en
dónde estará!
654
Amado Nervo

Amado Nervo

La Santidad De La Muerte

La santidad de la muerte
llenó de paz tu semblante,
y yo no puedo ya verte
de mi memoria delante,
sino en el sosiego inerte
y glacial de aquel instante.

En el ataúd exiguo,
de ceras a la luz fatua,
tenía tu rostro ambiguo
qiuetud augusta de estatua
en un sarcófago antiguo.

Quietud con yo no sé qué
de dulce y meditativo;
majestad de lo que fue;
reposo definitivo
de quién ya sabe el porqué.

Placidez, honda, sumisa
a la ley; y en la gentil
boca breve, una sonrisa
enigmática, sutil,
iluminando indecisa
la tez color de marfil.

A pesar de tanta pena
como desde entonces siento,
aquella visión me llena
de blando recogimiento
y unción..., como cuando suena
la esquila de algún convento
en una tarde serena...
841
Amado Nervo

Amado Nervo

Dilema

O no hay alma, y mi muerta ya no existe
(conforme el duro y cruel "polvo serás")...
o no puede venir, y está muy triste;
pero olvidarse de mi amor, ¡jamás!

Si de lo que ella fue sólo viviese
un átomo consciente, tras la fría
transmutación de los sepulcros, ¡ese
átomo de conciencia me amaría!
695
Amado Nervo

Amado Nervo

Lejanía

¡Parece mentira que hayas existido!
Te veo tan lejos...
Tu mirada, tu voz, tu sonrisa,
me llegan al fondo de un pasado inmenso...

Eras más sutil
que mi propio ensueño;
eres el fantasma de un fantasma,
eres el espectro de un espectro...
Para reconstruír tu imagen remota
he menester ya de un enorme esfuerzo.

¿De veras me quisiste? ¿De veras me besabas?
¿De veras recorrías la casa, hoy en silencio?
¿De veras, en diez años, tu cabecita rubia
reposó por las noches, confiada en mi pecho?

¡Ay qué perspectivas esas de la muerte!
¡Qué horizontes tan bellos!
¡Cuál os divinizan, oh difuntas jóvenes,
con sus lejanías llenas de misterio!
¡Qué consagraciones tan definitivas
las que da el Silencio!...
¡Cuál os vuelve míticas, casi fabulosas!
¡Qué tristes mujeres de carne y de hueso,
con sus pobres encantos efímeros,
podrían venceros?

Tenéis un augusto prestigio de estatua,
y por un fenómeno de rareza lleno,
mientras más distantes, más imperïosas
vais agigantandoos en el pensamiento.
692
Amado Nervo

Amado Nervo

Los Muertos Mandan

Los muertos mandan. ¡Sí, tú mandas, vida mía!
Si ejecuto una acción, digo: "¿Le gustaría?"
Hago tal o cual cosa pensando: "¡Ella lo hacía!"

Busco lo que buscabas, lo que dejabas dejo,
amo lo que tú amabas, copio como un espejo
tus costumbres, tus hábitos... ¡Soy no más tu reflejo!
623
Amado Nervo

Amado Nervo

El Resto, ¿qué Es?

Tú eras la sola verdad de mi vida,
el resto, ¿qué es?
Humo... palabras, palabras, palabras...
¡mientras la tumba me hace enmudecer!

Tú eras la mano cordial y segura
que siempre estreché
con sentimiento de plena confianza
en tu celeste lealtad de mujer.

Tú eras el pecho donde mi cabeza
se reposó bien,
oyendo el firme latir de la entraña
que noblemente mía sólo fue.

Tú lo eras todo: ley, verdad y vida...
El resto, ¿qué es?
724
Álvaro Mutis

Álvaro Mutis

Cádiz

CÁDIZ


Para María Paz y Manolo



Después de tanto tiempo, vastas edades,

siglos, migraciones allí sorprendidas

frente al vocerío de las aguas sin límite

y asentadas en su espera

hasta confundirse con el polvo calcáreo,

hasta no dejar otra huella que sus muertos

vestidos con abigarrados ornamentos

de origen incierto, escarabajos egipcios,

pomos con ungüentos fenicios,

armas de la Hélade, coronas etruscas,

después de tales cosas, la piedra

ha venido a ser una presencia

de albas porosidades, laberintos minúsculos,

ruinas de minuciosa pequeñez,

de brevedad sin término,

y así las paredes, los patios, las murallas,

los más secretos rincones, el aire mismo

en su labrada transparencia también

horadado por el tiempo, la luz y sus criaturas.

Y llego a este lugar y sé que desde siempre

ha sido el centro intocado del que manan

mis sueños, la absorta savia

de mis más secretos territorios,

reinos que recorro, solitario destejedor

de sus misterios, señor de la luz que los devora,

herencia sobre la cual los hombres

no tienen ni la más leve noticia,

ni la menor parcela de dominio.

Y en el patio donde jugaron mis abuelos,

con su pozo modesto y sus altos muros

labrados como madréporas sin edad,

en la casa de la calle de Capuchinos

me ha sido revelada de nuevo y para siempre

la oculta cifra de mi nombre,

el secreto de mi sangre, la voz de los míos.

Yo nombro ahora este puerto que el sol

y la sal edificaron para ganarle al tiempo

una extensa porción de sus comarcas

y digo Cádiz para poner en regla mi vigilia

para que nada ni nadie intente en vano

desheredarme una vez más de lo que sido

«el reino que estaba para mí».

570
Álvaro Mutis

Álvaro Mutis

Lied De La Noche

LIED DE LA NOCHE

La nuit vient sur un char conduit par le silence.
La Fontaine


Y, de repente,

llega la noche

como un aceite

de silencio y pena.

A su corriente me rindo

armado apenas

con la precaria red

de truncados recuerdos y nostalgias

que siguen insistiendo

en recobrar el perdido

territorio de su reino.

Como ebrios anzuelos

giran en la noche

nombres, quintas,

ciertas esquinas y plazas,

alcobas de la infancia,

rostros del colegio,

potreros, ríos

y muchachas

giran en vano

en el fresco silencio de la noche

y nadie acude a su reclamo.

Quebrantado y vencido

me rescatan los primeros

ruidos del alba,

cotidianos e insípidos

como la rutina de los días

que no serán ya

la febril primavera

que un día nos prometimos.

533
Álvaro Mutis

Álvaro Mutis

Nocturno

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos,
ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
La lluvia sobre el cinc de los tejados
canta su presencia y me aleja del sueño
hasta dejarme en un crecer de las aguas sin sosiego,
en la noche fresquísima que chorrea
por entre la bóveda de los cafetos
y escurre por el enfermo tronco de los balsos gigantes.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.
437
Álvaro Mutis

Álvaro Mutis

Sonata

Otra vez el tiempo te ha traído
al cerco de mis sueños funerales.
Tu piel, cierta humedad salina,
tus ojos asombrados de otros días,
con tu voz han venido, con tu pelo.
El tiempo, muchacha, que trabaja
como loba que entierra a sus cachorros
como óxido en las armas de caza,
como alga en la quilla del navío,
como lengua que lame la sal de los dormidos,
como el aire que sube de las minas,
como tren en la noche de los páramos.
De su opaco trabajo nos nutrimos
como pan de cristiano o rancia carne
que se enjuta en la fiebre de los guettos,
a la sombra del tiempo, amiga mía,
un agua mansa de acequia me devuelve
lo que guardo de ti para ayudarme
a llegar hasta el fin de cada día.
498
Álvaro Mutis

Álvaro Mutis

Exilio

Voz del exilio, voz de pozo cegado,
voz huérfana, gran voz que se levanta
como hierba furiosa o pezuña de bestia,
voz sorda del exilio,
hoy ha brotado como una espesa sangre
reclamando mansamente su lugar
en algún sitio del mundo.
Hoy ha llamado en mí
el griterío de las aves que pasan en verde algarabía
sobre los cafetales, sobre las ceremoniosas hojas del banano,
sobre las heladas espumas que bajan de los páramos,
golpeando y sonando
y arrastrando consigo la pulpa del café
y las densas flores de los cámbulos.

Hoy, algo se ha detenido dentro de mí,
un espeso remanso hace girar,
de pronto, lenta, dulcemente,
rescatados en la superficie agitada de sus aguas,
ciertos días, ciertas horas del pasado,
a los que se aferra furiosamente
la materia más secreta y eficaz de mi vida.
Flotan ahora como troncos de tierno balso,
en serena evidencia de fieles testigos
y a ellos me acojo en este largo presente de exilado.
En el café, en casa de amigos, tornan con dolor desteñido
Teruel, Jarama, Madrid, Irún, Somosierra, Valencia
y luego Persignan, Argelés, Dakar, Marsella.
A su rabia me uno a su miseria
y olvido así quién soy, de dónde vengo,
hasta cuando una noche
comienza el golpeteo de la lluvia
y corre el agua por las calles en silencio
y un olor húmedo y cierto
me regresa a las grandes noches del Tolima
en donde un vasto desorden de aguas
grita hasta el alba su vocerío vegetal;
su destronado poder, entre las ramas del sombrío,
chorrea aún en la mañana
acallando el borboteo espeso de la miel
en los pulidos calderos de cobre.

Y es entonces cuando peso mi exilio
y mido la irrescatable soledad de lo perdido
por lo que de anticipada muerte me corresponde
en cada hora, en cada día de ausencia
que lleno con asuntos y con seres
cuya extranjera condición me empuja
hacia la cal definitiva
de un sueño que roerá sus propias vestiduras,
hechas de una corteza de materias
desterradas por los años y el olvido.
440
Antonio Machado

Antonio Machado

Parergón

PARERGÓN


Al gigante ibérico Miguel de Unamuno, por quien
la España
actual alcanza proceridad en el mundo.


LOS OJOS

I

Cuando murió su amada

pensó en hacerse viejo

en la mansión cerrada,

solo, con su memoria y el espejo

donde ella se miraba un claro día.

Como el oro en el arca del avaro,

pensó que no guardaría

todo un ayer en el espejo claro.

Ya el tiempo para él no correría.

II

Mas, pasado el primer aniversario,

¿Cómo eran —preguntó—, pardos o negros,

sus ojos? ¿Glaucos?... ¿Grises?

¿Cómo eran, ¡Santo Dios!, que no recuerdo?...

III

Salió a la calle un día

de primavera, y paseó en silencio

su doble luto, el corazón cerrado...

De una ventana en el sombrío hueco

vio unos ojos brillar. Bajó los suyos

y siguió su camino... ¡Como ésos!


771
Antonio Machado

Antonio Machado

Proverbios Y Cantares - Xxii

Cosas de hombres y mujeres,
los amoríos de ayer,
casi los tengo olvidados,
si fueron alguna vez.

Ramón López Velarde
839
Antonio Machado

Antonio Machado

Proverbios Y Cantares - Xviii

¡Ah, cuando yo era niño
soñaba con los héroes de la Ilíada!
Áyax era más fuerte que Diomedes,
Héctor, más fuerte que Ayax,
y Aquiles el más fuerte; porque era
el más fuerte...¡Inocencias de la infancia!
¡Ah, cuando yo era niño
soñaba con los héroes de la Ilíada!

Ramón López Velarde
563
Antonio Machado

Antonio Machado

Del Pasado Efímero

Este hombre del casino provinciano
que vio a Carancha recibir un día,
tiene mustia la tez, el pelo cano,
ojos velados por melancolía;
bajo el bigote gris, labios de hastío,
y una triste expresión, que no es tristeza,
sino algo más y menos: el vacío
del mundo en la oquedad de su cabeza.

Aún luce de corinto terciopelo
chaqueta y pantalón abotinado,
y un cordobés color de caramelo,
pulido y torneado.
Tres veces heredó; tres ha perdido
al monte su caudal; dos ha enviudado.

Sólo se anima ante el azar prohibido,
sobre el verde tapete reclinado,
o al evocar la tarde de un torero,
la suerte de un tahúr, o si alguien cuenta
la hazaña de un gallardo bandolero,
o la proeza de un matón, sangrienta.

Bosteza de política banales
dicterios al gobierno reaccionario,
y augura que vendrán los liberales,
cual torna la cigüeña al campanario.

Un poco labrador, del cielo aguarda
y al cielo teme; alguna vez suspira,
pensando en su olivar, y al cielo mira
con ojo inquieto, si la lluvia tarda.

Lo demás, taciturno, hipocondriaco,
prisionero en la Arcadia del presente,
le aburre; sólo el humo del tabaco
simula algunas sombras en su frente.

Este hombre no es de ayer ni es de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
esa que hoy tiene la cabeza cana.

Ramón López Velarde
521
Antonio Machado

Antonio Machado

En Estos Campos De La Tierra Mía,

En estos campos de la tierra mía,
y extranjero en los campos de mi tierra
—yo tuve patria donde corre el Duero
por entre grises peñas,
y fantasmas de viejos encinares,
allá en Castilla, mística y guerrera,
Castilla la gentil, humilde y brava,
Castilla del desdén y de la fuerza—,
en estos campos de mi Andalucía,
¡oh tierra en que nací!, cantar quisiera.

Tengo recuerdos de mi infancia, tengo
imágenes de luz y de palmeras,
y en una gloria de oro,
de lueñes campanarios con cigüeñas,
de ciudades con calles sin mujeres
bajo un cielo de añil, plazas desiertas
donde crecen naranjos encendidos
con sus frutas redondas y bermejas;
y en un huerto sombrío, el limonero
de ramas polvorientas
y pálidos limones amarillos,
que el agua clara de la fuente espeja,
un aroma de nardos y claveles
y un fuerte olor de albahaca y hierbabuena,
imágenes de grises olivares
bajo un tórrido sol que aturde y ciega,
y azules y dispersas serranías
con arreboles de una tarde inmensa;
mas falta el hilo que el recuerdo anuda
al corazón, el ancla en su ribera,
o estas memorias no son alma. Tienen,
en sus abigarradas vestimentas,
señal de ser despojos del recuerdo,
la carga bruta que el recuerdo lleva.

Un día tornarán, con luz del fondo ungidos,
los cuerpos virginales a la orilla vieja.
814
Antonio Machado

Antonio Machado

Deletreos De Armonía

Deletreos de armonía
que ensaya inexperta mano.

Hastío. Cacofonía
del sempiterno piano
que yo de niño escuchaba
soñando... no sé con qué,
con algo que no llegaba,
todo lo que ya se fue.

Ramón López Velarde
653