Poemas en este tema

Literatura y Palabras

Lope de Vega

Lope de Vega

Pululando De Culto, Claudio Amigo

Pululando de culto, Claudio amigo,
minotaurista soy desde mañana;
derelinquo la frasi castellana,
vayan las Solitúdines conmigo.

Por precursora, desde hoy más me obligo
al aurora llamar Bautista o Juana,
chamelote la mar, la ronca rana
mosca del agua, y sarna de oro al trigo.

Mal afecto de mí, con tedio y murrio,
cáligas diré ya, que no griguiescos
como en el tiempo del pastor Bandurrio.

Estos versos, ¿son turcos o tudescos?
Tú, Letor Garibay, si eres bamburrio,
apláudelos, que son cultidiablescos.
415
Lope de Vega

Lope de Vega

Quiero Escribir, Y El Llanto No Me Deja

Quiero escribir, y el llanto no me deja,
pruebo a llorar, y no descanso tanto,
vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto,
todo me impide el bien, todo me aqueja.

Si el llanto dura, el alma se me queja,
si el escribir, mis ojos, y si en tanto
por muerte o por consuelo me levanto,
de entrambos la esperanza se me aleja.

Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra
el centro deste pecho que enciende
le di (si en tanto bien pudieres verte),

que haga de mis lágrimas la letra,
pues ya que no lo siente, bien entiende,
que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.
622
Lope de Vega

Lope de Vega

Versos De Amor, Conceptos Esparcidos

Versos de amor, conceptos esparcidos,
engendrados del alma en mis cuidados,
partos de mis sentidos abrasados,
con más dolor que libertad nacidos;

expósitos al mundo, en que perdidos,
tan rotos anduvistes y trocados,
que sólo donde fuistes engendrados
fuérades por la sangre conocidos;

pues que le hurtáis el laberinto a Creta,
a Dédalo los altos pensamientos,
la furia al mar, las llamas al abismo,

si aquel áspid hermoso nos aceta,
dejad la tierra, entretened los vientos,
descansaréis en vuestro centro mismo.
373
Lope de Vega

Lope de Vega

Un Soneto Me Manda Hacer Violante

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.
486
Luis Rosales

Luis Rosales

Canción Donde Se Explica, Bien Explicado, Que Al Pronunciar Una Sola Palabra Puedes Hacer Tu Biograf

A Dámaso Alonso


La palabra que decimos

viene de lejos,

y no tiene definición,

tiene argumento.

Cuando dices: nunca,

cuando dices: bueno,

estás contando tu historia

sin saberlo.

415
Leopoldo María Panero

Leopoldo María Panero

La Cuádruple Forma De La Nada

Yo he sabido ver el misterio del verso
que es el misterio de lo que a sí mismo nombra
el anzuelo hecho de la nada
prometido al pez del tiempo
cuya boca sin dientes muestra el origen del poema
en la nada que flota antes de la palabra
y que es distinta a la nada que el poema canta
y también a esa nada en que expira el poema:
tres son pues las formas de la nada
parecidas a cerdos bailando en torno del poema
junto a la casa que el viento ha derrumbado
y ay del que dijo una es la nada
frente a la casa que el viento ha derrumbado:
porque los lobos persiguen el amanecer de las formas
ese amanecer que recuerda a la nada;
triple es la nada y triple es el poema
imaginación escrita y lectura
y páginas que caen alabando a la nada
la nada que no es vacío sino amplitud de palabras
peces shakespearianos que boquean en la playa
esperando allí entre las ruinas del mundo
al señor con yelmo y con espada
al señor sin fruto de la nada.
Testigo es su cadáver aquí donde boquea el poema
de que nada se ha escrito ni se escribió nunca
y ésta es la cuádruple forma de la nada.
472
Leopoldo Marechal

Leopoldo Marechal

Canción

¡Has de hacer un gran ramo
con todas tus palabras, hilandera!
Con las grandes palabras que llovieron
más redondas que frutas en un día sin hiel;
con tus grandes palabras
caídas como soles hasta el silencio mío...

Has de hacer un gran ramo con tus voces,
y estarán las pequeñas,
las que fueron semillas aventadas por tu carinio de cien manos;
y estarán las que ardieron como sal en la llama de tu júbilo, amiga.

Con todas tus palabras
has de hacer un gran ramo
para el amor que ha muerto;
para el amor que ha muerto a mediodía,
junto a la fuente de los ocho cisnes...
449
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

A Juan Rufo, De Su Austríada

Cantastes, Rufo, tan heroicamente
De aquel César novel la augusta historia,
Que está dudosa entre los dos la gloria
Y a cuál se deba dar ninguno siente.

Y así la Fama, que hoy de gente en gente
Quiere que de los dos la igual memoria
Del tiempo y del olvido haya victoria,
Ciñe de lauro a cada cual la frente.

Debéis con gran razón ser igualados,
Pues fuistes cada cual único en su arte:
Él solo en armas, vos en letras solo,

Y al fin ambos igualmente ayudados:
Él de la espada del sangriento Marte,
Vos de la lira del sagrado Apolo.
298
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Al Conde De Villamediana, De Su Faetón

En vez de las Helíades, ahora
Coronan las Pïérides el Pado,
Y tronco la más culta levantado,
Suda electro en los números que llora.

Plumas vestido ya las aguas mora
Apolo, en vez del pájaro nevado
Que a la fatal del Joven fulminado
Alta rüina, voz debe canora.

¿Quién, pues, verdes cortezas, blanca pluma
Les dio? ¿Quién de Faetón el ardimiento,
A cuantos dora el Sol, a cuantos baña

Términos del océano la espuma,
Dulce fía? Tú métrico instrumento,
Oh Mercurio del Júpiter de España.
230
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

De Los Que Censuraron Su Polifemo

Pisó las calles de Madrid el fiero
Monóculo galán de Galatea,
Y cual suele tejer bárbara aldea
Soga de gozques contra forastero,

Rígido un bachiller, otro severo,
(Crítica turba al fin, si no pigmea)
Su diente afila y su veneno emplea
En el disforme cíclope cabrero.

A pesar del lucero de su frente,
Le hacen oscuro, y él en dos razones,
Que en dos truenos libró de su Occidente:

«Si quieren», respondió, «los pedantones
Luz nueva en hemisferio diferente,
Den su memorïal a mis calzones».
524
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

A Don Diego Páez De Castillejo Y Valenzuela, Veinticuatro De Córdoba

No entre las flores, no, señor don Diego,
De vuestros años, áspid duerma breve
El ocio, salamandria más de nieve
Que el vigilante estudio lo es de fuego:

De cuantas os clavó flechas el ciego,
A la que dulce más la sangre os bebe
Hurtadle un rato alguna pluma leve,
Que el aire vago solicite luego.

Quejáos, señor, o celebrad con ella
Del desdén, el favor de vuestra dama,
Sirena dulce si no esfinge bella.

Escribid, que a más gloria Apolo os llama:
Del cielo la haréis tercero estrella,
Y vuestra pluma vuelo de la Fama.
251
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Para El Principio De La Historia Del Señor Rey Don Felipe Ii, De Luis De Cabrera

Vive en este volumen el que yace
En aquel mármol, Rey siempre glorioso;
Sus cenizas allí tienen reposo,
Y dellas hoy él mismo aquí renace.

Con vuestra pluma vuela, y ella os hace,
Culto Cabrera, en nuestra edad famoso;
Con las suyas le hacéis victorïoso
Del Francés, Belga, Lusitano, Trace.

Plumas de un Fénix tal, y en vuestra mano,
¿Qué tiempo podrá haber que las consuma,
Y qué invidia ofenderos, sino en vano?

Escriba lo que vieron, tan gran pluma,
De los dos mundos, uno y otro plano,
De los dos mares, una y otra espuma.
252
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Para Lo Mismo

Segundas plumas son, oh lector, cuantas
Letras contiene este volumen grave;
Plumas siempre gloriosas, no del ave
Cuyo túmulo son aromas tantas:

De aquel sí, cuyas hoy cenizas santas
Breve pórfido sella en paz suave;
Que en poco mármol mucho Fénix cabe,
Si altamente negado a nuestras plantas.

De sus hazañas, pues, hoy renacido,
Debe a Cabrera el Fénix, debe el mundo
Cuantas segundas bate plumas bellas.

A Cabrera español Livio segundo
Eternizado, cuando no ceñido
De iguales hojas que Filipo estrellas.
295
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Oh, Bien Haya Jaén, Que En Lienzo Prieto

Oh, bien haya Jaén, que en lienzo prieto
De luces mil de sebo salpicado
Su túmulo paró, y de pie quebrado
En dos antiguas trovas sin conceto.

Écija se ha esmerado, yo os prometo,
Que en bultos de papel y pan mascado
Gastó gran suma, aunque no han acabado
Entre catorce abades un soneto.

Todo es obras de araña con Baeza,
Donde el fiel vasallo el regimiento
Pinos corta, bayetas solicita:

Hallaron dos, y toman una pieza
Para el tumbo real o monimento
¡Nunca muriera doña Margarita!
216
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Al Padre Francisco De Castro, De Su Libro Retórica

Si ya el griego orador la edad presente,
O el de Arpinas dulcísimo abogado
Merecieran gozar, más enseñado
Éste quedara, aquél más elocuente,

Del bien decir bebiendo en la alta fuente,
Que en tantos ríos hoy se ha desatado
Cuantos en culto estilo nos ha dado
Libros vuestra Retórica excelente.

Vos reducís, oh Castro, a breve suma
El difuso canal desta agua viva;
Trabajo tal el tiempo no consuma,

Pues de laurel ceñido y sacra oliva,
Hacéis a cada lengua, a cada pluma,
Que hable néctar y que ambrosía escriba.
308
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Para La Cuarta Parte De La Pontificial Del Doctor Babia

Este, que Babia al mundo hoy ha ofrecido
Poema, si no a números atado,
De la disposición antes limado
Y de la erudición después lamido,

Historia es culta, cuyo encanecido
Estilo, si no métrico, peinado,
Tres ya pilotos del bajel sagrado
Hurta al tiempo y redime del olvido.

Pluma, pues, que claveros celestiales
Eterniza en los bronces de su historia,
Llave es ya de los tiempos, y no pluma.

Ella a sus nombres puertas inmortales
Abre, no de caduca, no, memoria,
Que sombras sella en túmulos de espuma.
194
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

De Un Caballero Que Llamó Soneto A Un Romance

Música le pidió ayer su albedrío
A un descendiente de don Peranzules;
Templáronle al momento dos baúles
Con más cuerdas que jarcias un navío.

Cantáronle de cierto amigo mío
Un desafío campal de dos Gazules,
Que en ser por unos ojos entreazules
Fue peor que gatesco el desafío.

Romance fue el cantado, y que no pudo
Dejarle de entender, si el muy discreto
No era sordo, o el músico era mudo.

Y de que le entendió yo os lo prometo,
Pues envió a decir con don Bermudo:
«Que vuelvan a cantar aquel soneto».
254
Luis de Góngora y Argote

Luis de Góngora y Argote

Convoca Los Poetas De Andalucía A Que Celebren Al Marqués De Ayamonte

Cisnes de Guadiana, a sus riberas
Llegué, y a vuestra dulce compañía,
Cuya suave métrica armonía
Desata montes y reduce fieras;

No a escuchar vuestras voces lisonjeras,
Sino al segundo ilustrador del día
Consagralle la humilde Musa mía,
Que cantó burlas y eterniza veras,

Al Apolo de España, al de Ayamonte
Culto honor. Si labraren vuestras plumas
Digna corona a su gloriosa frente,

Flores a vuestro estilo dará el monte,
Candor a vuestros versos las espumas
De Helicona darán y de su frente.
212
Luis Felipe Vivanco

Luis Felipe Vivanco

El Descampado

A Dámaso Alonso


Tú estás en ese taxi parado, sí, eres Tú

—un bulto en el crepúsculo— junto al bordillo blanco

donde se acaba el campo de enfrente o descampado.

Lo sé, aunque no te he visto (y aunque dentro del taxi

no hay nadie). Está lloviendo con fuerta. Está empezando

a oler en la ciudad a campo de muy lejos...

Y tú estás en el taxi como en una capilla

que fuera entre las hazas ermita solitaria.

(Lo sé, porque esos trigos que se iluminan, lejos...,

y ese río parado, con sus aguas crecidas

de pronto...) Llueve fuerte y estás dentro del taxi

(tal vez junto a ese chófer fatigado al volante).

Sé que dentro del taxi no hay nadie, pero huele

a lluvia de muy lejos. Suena esa luvia. Y pienso

sin ganas: ser poeta, suspender en el aire

laborioso de un día y otro día unas pocas

palabras necesarias, y quitarse de en medio.

Porque uno —su difícil vivir— ya no hace falta

si quedan las palabras. Ser poeta: orientarse,

como esa luz dudosa cruzando el descampado

y en vez de una existencia brillante, tener alma.

Por eso, algo me quito de en medio: estoy viviendo

como un taxi parado junto al bordillo blanco

(y hay un cerco de alegres sonrisas y de manos

fieles a sus celestes cotnactos en la sombra).

Porque Tú, el más activo —y el más ocioso— estabas

aquí, junto al farol de luz verde en lan oche.

Tú, sin libros; Tú, libre con brazos, con miradas,

estabas sin testigos y medías —ocioso—

mis pasos por mi cuarto (donde caben mis años).

Y los trigos en éxtasis de Castilla la Vieja,

los ríos llameantes con sus aguas crecidas,

seguían a lo lejos relevándote (mientras

detrás de mis cristales aparece el retraso

de ese barro, esos charcos del ancho descampado,

¡yo también descampado, desterrado del campo!)

472
Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

Epístola Príncipe De La Paz Dedicándole La Comedia De La Mogigata

Esta que me inspiró fácil Talía
moral ficción, y aguarda numeroso
vulgo que ocupe la española escena,
voz adquiriendo, movimiento y formas,
hoy te presento con afecto puro
de gratitud y amor, que en vano aspiro
por otra senda a la difícil cumbre
subir del Pindo, en vano, y muchas veces
lloré burlado el atrevido intento.
¡Cuántas, pulsando las aonias cuerdas,
quise prendar con números süaves
la esquiva hermosa, que en silencio adoro,
y la voz imitar y la armonía
que un tiempo el eco en la floresta verde
repitió del Zurguén! Quise animado
de más sublime ardor sonando Clío
la trompa que marcial ira difunde,
de España celebrar los altos triunfos.

Del cuello altivo sacudiendo rota
la bárbara coyunda en las arenas

de Libia ardiente, el vencedor vencido;
Numancia satisfecha en el estrago
de la soberbia Roma, abandonada
al espantoso militar desorden;
dueño Cortés del estandarte de oro

en los valles de Otumba, y a sus plantas
el cetro occidental. Pero ofendida
culpó mi error la musa de Menandro,
y la cítara y flautas pastoriles
quitome airada, y el clarín de Marte.

Sigue, me dijo, por el rumbo solo
que te indica mi voz, si honor procuras
que a pesar del silencio de la muerte
haga tu nombre eterno. Yo amorosa
una y mil veces en tu labio infante
dulce beso imprimí, y al repetido,
celeste arrullo que entoné, dormías.
Tú mi delicia y mi cuidado fuiste,
y en ti los que vertió propicios dones

naturaleza, cultivar me plugo.

Ya con festiva aclamación sonando
la patria escena, en su alabanza justa
tu gloria afirma. Sigue, y en la cumbre
del sagrado Helicón, que Cintio baña
con su luz inmortal, las Musas bellas
de yedra y lauros te darán corona.

No te ofenda, señor, si tan humilde
tributo te consagro; ¿y cuál sería
de la grandeza de tu nombre digno?
Limitado es el don, rico el deseo;
y no bastando a más la vena estéril,
cuanto puedo te doy. Así, postrado
ante las aras que levanta rudas,
suele el cultor acumular los frutos
sencillos de su campo, y los ofrece
al alto numen tutelar que adora,
y aromas vierte agradecido y flores.


417
Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

Soneto A La Memoria De D Juan Meléndez Valdés, Poeta Lírico Español Que Murió Desterrado En Franci

Ninfas la lira es ésta que algún día
pulsó Batilo en la ribera umbrosa
del Tormes, cuya voz armoniosa
el curso de las ondas detenía.

Quede pendiente en esta selva fría,
del lauro mismo que la cipria Diosa
mil veces desnudó cuando amorosa
la docta frente a su cantor ceñía.

Intacta y muda entre la pompa verde,
solo en sus fibras resonando el viento
el claro nombre de su dueño acuerde.

Ya que la patria, en el común lamento
feroz ignora la opinión que pierde
negando a sus cenizas monumento.


359
León Felipe

León Felipe

Ii Sé Todos Los Cuentos

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.
430
León Felipe

León Felipe

Romero Sólo

Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero..., sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Sensibles a
todo viento
y bajo todos
los cielos,
poetas, nunca
cantemos
la vida de un
mismo pueblo
ni la flor de
un solo huerto.
Que sean todos
los pueblos
y todos los
huertos nuestros.
565
Luis Cernuda

Luis Cernuda

A Un Poeta Muerto (f g l )

Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.

Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

Triste sino nacer
Con algún don ilustre
Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.

La sal de nuestro mundo eras,
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerra y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.

Si tu ángel acude a la memoria,
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasado el arco de tu vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

Aquí la primavera luce ahora.
Mira los radiantes mancebos
Que vivo tanto amaste
Efímeros pasar junto al fulgor del mar.
Desnudos cuerpos bellos que se llevan
Tras de sí los deseos
Con su exquisita forma, y sólo encierran
Amargo zumo, que no alberga su espíritu
Un destello de amor ni de alto pensamiento.

Igual todo prosigue,
Como entonces, tan mágico,
Que parece imposible
La sombra en que has caído.
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Aplacarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.

Pero antes no sabías
La realidad más honda de este mundo:
El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el acero horrible su victoria,
Con tu angustia postrera
Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles,
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.

Para el poeta la muerte es la victoria;
Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza ciega
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.

Tenga tu sombra paz,
Busque otros valles,
Un río donde del viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.

Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.
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