Poemas en este tema

Desilusión y Desamor

Gonzalo Rojas

Gonzalo Rojas

Adiós A Hölderin

Ya no se dice oh rosa, ni
apenas rosa sino con vergüenza; ¿con vergüenza
a qué? ¿a exagerar
unos pétalos, la
hermosura de unos pétalos?

Serpiente se dice en todas las lenguas, eso
es lo que se dice, serpiente
para traducir mariposa porque también la
frágil está proscrita
del paraíso. Computador
se dice con soltura en las fiestas, computador
por pensamiento.

Lira, ¿qué será
lira?, ¿hubo
alguna vez algo parecido
a una lira? ¿una muchacha
de cinco cuerdas por ejemplo rubia, alta, ebria, levísima,
posesa de la hermosura cuya
transparencia bailaba?

Qué canto ni canto, ahora se exige otra
belleza: menos alucinación
y más droga,
mucho más droga. ¿Qué es eso de
acentuar la E de Érato, o de Perséfone? Aquí se trata
de otro cuarzo más coherente sin
farsa fáustica, ni
Coro de las Madres, se acabó
el coro, el ditirambo, el célebre
éxtasis, lo Otro, con
Maldoror y todo, lo sedoso y
voluptuoso del pulpo, no hay más
epifanía que el orgasmo.

Tampoco es posible nombrar más a las estrellas, vaciadas
como han sido de su fulgor, muertas,
errantes, ya sin enigma,
descifradas hasta las vísceras por los
instrumentos que vuelan de galaxia en
galaxia.

Ni es tan fácil leer en el humo lo
Desconocido; no hay Desconocido. Abrieron la
tapa del prodigio del
seso, no hay nada sino un poco
de pestilencia en el coágulo del
Génesis alojado ahí. Voló el esperma
del asombro.
787
Gabriela Mistral

Gabriela Mistral

Todas íbamos A Ser Reinas

Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.

En el valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán,

Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral,

De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán.

Rosalía besó marino
ya desposado en el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos no mecerá.

Efigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

Pero en el Valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:

—«En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar».
1.085
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

A Un Lacayo Muerto Debajo De Un Carro En El Cual Iba Lucía Hariela

Si puede honrar una famosa muerte
la más infame y deshonrada vida,
si la muerte con honra recibida
en gloria del que muere se convierte,

venturoso lacayo, a quien la suerte
concedió tanto bien, tal homicida,
duélate que haya sido en su venida,
presurosa al pasar, pero no fuerte.

¡Morir debajo un peso tan hermoso,
que hace feo al que sostuvo Atlante!
¿Cuál vida debe ser tan estimada?

¡Ójala fuera yo tan venturoso!
Tan dulce muerte en un mísero amante
fuera con más razón bien empleada.
414
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

A Doña Magina Siguriosa

Vuestro nombre, señora, que asigura
cuanto vuestra beldad hace dudoso,
demás de aquel mirar dulce y piadoso
han sido la ocasión de mi tristura.

Temía, y con razón, esta aventura,
puesto que fue el principio venturoso;
no era por mi parte temeroso,
mas de parte de vuestra hermosura.

El alma, en el tormento ejercitada,
de nueva sujeción quería librarse,
del antiguo error escarmentada.

Pero ¿cómo podía decir salvarse
quien tanto del primero mal se agrada
y no quiere de vos saber guardarse?
403
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Solía Cantar De Amor Dulces Clamores

Solía cantar de amor dulces clamores,
ahora lloro triste, y de año en año
se seca la esperanza y crece el daño,
falta seguridad, sobran temores.

Vosotros, que al frescor de los favores
vivís alegres, sin temor de engaño,
sabed que nuevo mal, tormento extraño,
se os apareja al fin de los amores.

¡Dichoso aquél a quien concede el cielo
medir con su fortuna sus cuidados
y vive en un estado satisfecho!

Las altas esperanzas vanse a vuelo
con el humo del mundo y los estados,
y pierde más quien más aquesto ha hecho.
317
Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Ya Me Vi De Pavor Puesto Tan Alto

Ya me vi de pavor puesto tan alto,
de los bienes de amor tan regalado,
tan cerca de gozar, tan bien tratado,
que no temiera de fortuna el salto.

Mas, ¡ay, mísero yo!, ¿de qué me exalto,
si ahora de mi bien tan desdeñado,
tan fuera de pavor, tan agraviado
me veo, sin porqué tan pobre y falto?

Ventura, ¿para qué, para qué han sido
juntos tantos regalos y favores?
¿Para qué tanto bien? ¿Para perdello?

Mis altas esperanzas, ¿dó se han ido?
Mas, ¡ay! que es ley de amor en los amores
que quien muda de fe, muera por ello.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

No Me Engañaréis Más, Vana Esperanza

No me engañaréis más, vana esperanza,
mi desengaño ya cerró la puerta,
y esa falsa salud que os trae cubierta,
con el sueño se ira, como es su usanza.

Solía desear una mudanza,
hacer muy gran caudal de cosa incierta,
y agora el desear no se concierta
con mudar, que consiste en confianza.

Ya sé, falsa, quién sois; quitaos el velo;
no me engañarán más vuestras blanduras;
vivir podéis de hoy más con otro dueño.

¡Ay dura ley de Amor! Permite el cielo
que el cabo de tan grandes desventuras
sea mostrarme el bien durmiendo, en sueño.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Ay, Falso Burlador, Sabroso Sueño

¡Ay, falso burlador, sabroso sueño,
malamente traidor, me has ofendido!
¡Ay, nunca hubiera yo jamás dormido
o nunca se acabara tu beleño!

La saña injusta y el turbado ceño
me mostraste en amor ya convertido,
y en llegándome al vivo del sentido
el mal, me huyó el bien como su dueño.

¿Para qué fue, traidor, aquel mostrarme
tan llena de piedad a mi señora
y tan de su crueldad arrepentida?

Dejárasme así estar sin engañarme,
o fuera un sueño tal, no por un hora,
mas lo poco que queda de mi vida.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

En El Gozo Mayor, En El Contento

En el gozo mayor, en el contento
de mayor calidad que se desea,
en el bien que no hay bien que igual le sea,
y en la gloria mayor de mi tormento,

me sale de través un pensamiento,
¡ay Dios, qué gran error, qué cosa fea!,
y me hace creer que nos lo crea.
¡Ved cuál queda con esto el sentimiento!

Me dice que es ficción, que es una sombra,
cierto disimular, falsa apariencia,
que no viene de amor tales afectos.

Y el alma que de tal visión se asombra,
tanto le amarga al gusto esta dolencia
que apenas siente el bien de estos efectos.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

De Error En Error, De Daño En Daño

De error en error, de daño en daño,
de una desdicha en otra desventura,
de un desvío en otra gran locura,
de un viejo engaño en otro viejo engaño,

de un grave mal en otro mal extraño,
de una necesidad a otra yactura,
me ha traído el Amor y mi ventura
a que huya mi propio desengaño.

Conozco que me ofende el pensamiento,
y sólo de pensar me pasmo y vivo;
en él hallo el descanso y el tormento.

¡Oh nuevo padecer extraño, esquivo,
que nacen de una causa el mal que siento
y el bien que me hace ir soberbio, altivo!
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Yo, Señora, Pensaba Antes, Creía

Yo, señora, pensaba antes, creía,
mas, ¡ay!, que no sabía lo que pensaba,
que era amado el que amaba, y no entendía
que el hado a mi porfía contrastaba.

El Amor me engañaba y me decía
que la fe que os tenía se apagaba;
pero si ciego andaba y no lo vía,
la justa opinión mía me engañaba.

Ya el temor me muestra el desengaño,
si el gusto del engaño consintiera
que apartarme pudiera de mi daño.

Mas el mayor engaño, ¡ay, suerte fiera!,
es que aunque claro viera que era engaño,
por un bien tan extraño el mal quisiera.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Como La Obscura Noche Al Claro Día

Como la obscura noche al claro día
sigue con inefable movimiento,
así sigue al contento el descontento
de amor y la tristeza al alegría;

sigue al breve gozar luenga porfía,
al dulce imaginar sigue el tormento,
y al alcanzado bien el sentimiento
del perdido favor que lo desvía.

De contrarios está su fuerza hecha;
sus tormentas he visto y sus bonanzas,
y nada puedo ver que me castigue.

Ya sé qué es lo que daña y aprovecha;
mas ¿cómo excusará tantas mudanzas
quien ciego tras un ciego a ciegas sigue?
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Aquel Rumor Que De Improviso Suena

Aquel rumor que de improviso suena,
como de la experiencia está entendido,
robando la color, turba el sentido,
al alma de recelo o gozo llena.

Pero nace tal bien de aquella pena
que queda el tal rumor más conocido,
siendo el entendimiento socorrido
de las potencias que de sí enajena.

Así la vez que os veo, el sentimiento
se turba, y los espíritus penados
así correr, así alterarse siento.

Mas siendo al alma a dar favor llegados,
cuanto son de más claro entendimiento
quedan vencidos más y enamorados.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Temía Hasta Aquí De Entristecerme

Temía hasta aquí de entristecerme,
cansada el alma ya de un luengo llanto;
érame hasta aquí visión de espanto
ver un pesar y no saber valerme.

Mas agora que vos holgáis de verme
triste, ningún placer procuro tanto;
hora me es enojoso el dulce canto
y alegre aquél que ya solía ofenderme.

Dama, pues de mi bien sois tan esquiva,
descanso me será cualquier tormento
que de tan alta causa se deriva.

Pero tengo temor que, de contento,
el rostro, cuando en más tristeza viva,
muestre al revés señal de lo que siento.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Un Año Hizo Ayer, Ya Es Hoy Pasado

Un año hizo ayer, ya es hoy pasado,
¡ay, Dios!, ¿por qué lo traigo a la memoria?
que pudiera acabar la triste historia
que hora de nuevo Amor ha comenzado.

Tal día como ayer pudo un cuidado
los despojos gozar de su victoria;
pude y no quise asegurar mi gloria
porque pensaba ser asegurado.

Pensé, digo, y fue justo que pensase
quien tales muestras vio, que eran, señora,
afectos, no ficción disimulada.

Tal fue un dar lugar que descansase
esta alma a quien llevar hacéis agora
menos honrosa carga y más pesada.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Amor, Fortuna Y La Memoria Esquiva

Amor, fortuna y la memoria esquiva
del mal presente, atenta al bien pasado,
me tienen tan perdido y tan cansado
que de triste vivir la alma se priva.

Fortuna me contrasta, amor aviva
el fuego, la memoria un desusado
dolor me causa, y en tan triste estado
quieren a mi pesar los tres que viva.

Yo no espero ver más alegres días,
mal del mal en peor preso y revuelto,
me hallo en la mitad de la carrera.

Teniendo de delante las porfías,
la esperanza de vidrio se me ha vuelto,
y rompió cuando más durar debiera.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Cuál Hombre Fue Jamás Tan Sin Sentido

¿Cuál hombre fue jamás tan sin sentido
que si entiende de amor el duro estado,
viendo en claros ejemplos lo pasado,
quiera seguir su bando o su partido?

Yo solo soy a quien el hado ha sido
tan contrario, que siendo destinado
a amar sabiendo el daño, soy forzado
quedar, si me defiendo, al fin vencido.

Si trabajo, tal vez por alegrarme,
como cosa contraria al mal que siento,
luego se ve lo falso descubierto.

Si en otro que en amor quiero ocuparme,
el hábito que ha hecho el pensamiento
hace lo más dudoso en mí más cierto.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Si Os Amo, Si Os He Amado Y Si He De Amaros

Si os amo, si os he amado y si he de amaros
más que es o fue mujer ni será amada,
no me lo agradezcáis, ni os pido nada,
ni vale el ardor mío para obligaros.

Aquel que tantas partes quiso daros
cubiertas de beldad tan extremada,
a solo Aquel podéis ser obligada
que puso tanto en vos para adoraros.

No pudo yo llamarme en esto a engaño:
muy claro vi el camino de perderme,
tanto que agora me paresce extraño.

Lo que vos no podéis negar deberme
es que entendí al principio el desengaño
y no quise, aunque pude, defenderme.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Cuál Fiera Tempestad, Cuál Accidente

¿Cuál fiera tempestad, cuál accidente
mi tan sereno mar ha vuelto airado?
¿Qué es del fuego, señora, en que abrasado
fue vuestro corazón tan dulcemente?

Si en el perpetuo olvido amor consiente
que así se haya deshecho y apagado,
¿qué fue, si no fue amor, mi bien pasado?
Y si fue amor, ¿qué es de él, dó
está presente?

Ya que justa ocasión de mí os partiese,
¿cómo puede hora ser que en solo un hora
tanto amor, si era amor, de vos se fuese?

Sombra de amores fue, no amor, señora:
mostrásteme la luz por que sintiese
mayor obscuridad sin ella agora.
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Ojos, Rayos Del Sol, Luces Del Cielo

Ojos, rayos del sol, luces del cielo,
que con un volver manso y piadoso,
en el trance más fuerte y peligroso
me solías de dar mayor consuelo,

¿qué ceño tan cruel, que oscuro velo
es el que mostráis tan temeroso?
¿Qué es del blando mirar, grave, amoroso,
que apartaba de mí cualquier recelo?

¿Qué es esto? ¿No sois vos aquellos ojos
que me suelen valer y asegurarme?
¿No me habéis dado vos mil desengaños?

Pues, ojos, ocasión de mi enojos,
¿por qué agora miráis para matarme?
¿Cabe en tanta beldad tales engaños?
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

Un Nuevo Sol Vi Yo En Humano Gesto

Un nuevo sol vi yo en humano gesto
que en la tierra nos muestra un paraíso;
una boca vi yo que sólo un riso
en perpetuo llorar me tiene puesto;

de dos ojos salió un mirar honesto
que el ánimo del alma trae diviso;
de entre perlas salió encubierto aviso
que me hace el vivir menos molesto.

No supe a quién quejarme del engaño,
que el Amor era ya desapartido
cuando caí en la cuenta de mi daño.

Pedí socorro al alma, y el sentido
me respondió por ella, ¡ay, caso extraño!:
«¿no ves que la razón la ha ya rendido?»
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Gutierre de Cetina

Gutierre de Cetina

En Un Bastón De Acebo Que Traía

En un bastón de acebo que traía
por sostener el cuerpo trabajado,
Vandalio de su mano había entallado
la imagen que en el alma poseía.

Y como que presente la tenía,
mirando della el natural traslado,
envuelto en un suspiro apasionado,
con lágrimas llorando le decía:

«Dórida, si mirando esta figura
siento el alma encender, siento abrasarme,
piensa qué será ver tu hermosura.

»Si así puedes ver tu hermosura,
di cuándo acabará mi desventura.
Mas no querrás hablar por no hablarme».
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Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima L

Lo que el salvaje que con torpe mano
hace de un tronco a su capricho un dios,
y luego ante su obra se arrodilla,
eso hicimos tú y yo.

Dimos formas reales a un fantasma,
de la mente ridícula invención,
y hecho el ídolo ya, sacrificamos
en su altar nuestro amor.
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Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Rima Xlviii

Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué;
aunque sentí al hacerlo que la vida
¡me arrancaba con él!

Del altar que le alcé en el alma mía,
la voluntad su imagen arrojó;
y la luz de la fe que en ella ardía
ante el ara desierta se apagó.

Aún para combatir mi firme empeño
viene a mi mente su visión tenaz...
¡Cuánto podré dormir con ese sueño
en que acaba el soñar!
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