Belleza
Ernesto Cardenal
Epigrama
en la calle,
Myriam y
Te vi tan bella,
Myriam, que
(¡cómo te explico
que bella te vi!)
Ni tú Myriam,
te puedes ver
tan bella
ni imaginar
que puedes ser
tan bella para mi
y tan bella te vi
que parece que
Ninguna mujer
es más bella que tú
Ningún enamorado
ve ninguna mujer
tan bella,
Myriam,
como yo te veo a ti
Y ni tú misma
Myriam,
eres quizás
tan bella
¡Por qué
no puede ser
real tanta belleza!
Como yo te vi
de bella ayer en la calle
O como hoy me parece,
Myriam
que te vi
Ernesto Cardenal
Epigrama
costarricenses,
Myriam, con estos
versos de amor
mis versos te recordarán
que los rostros
de las rosas se
se parecen al tuyo
las rosas
te recordarán
que hay que cortar
el amor,
Y que tu rostro
pasará como
Grecia y Roma
Cuando no haya
más amor
ni rosas de Costa Rica
Recordarás, Myriam,
esta triste canción
Ernesto Cardenal
Epigrama
cuando estés conmigo,
porque el gesto más leve,
cualquier palabra, un suspiro
de Claudia,
el menor descuido,
tal vez un día
lo examinen eruditos
Y este baile de Claudia
se recuerde por siglos
Claudia, ya te lo aviso.
Ernesto Cardenal
Epigrama
Claudia, de estas fiestas,
de estas carreras
de caballos,
no quedará nada
para la posteridad
sino los versos de
Ernesto Cardenal
para Claudia
(si acaso)
y el nombre de Claudia
que yo puse en esos versos
y los de mis rivales
si es que yo
decido rescatarlos
del olvido, y los incluyo
en mis versos
para ridiculizarlos.
Diego de Torres y Villarroel
El Amor Perdido
a su blanda conquista acostumbrada
y tardando en volver a su morada
diole la bella madre por perdido.
Sale, corre, pregunta por Cupido
impaciente solicita asustada
mustio el color, el pelo desgreñada,
en Chipre le buscó Pafos y Gnido.
Búscale entre las ninfas que venera
más hermosas, la selva, el río, el prado,
búscale entre las ninfas que el mar cría
Toco del padre Tormes la ribera
y hállole aquí pendiente del nevado
cuello de la hermosísima María.
Diego de Torres y Villarroel
A Clori
inclinar la belleza que enamora,
el triste amante que padece y llora
fugitivo desdén, ira inclemente,
No es quererla comprar groseramente
la piedad y el amor a su señora
sino agradar a la beldad que adora
haciéndola un obsequio reverente
No es esto poner precio a las beldades
supremas si prudente lo reparas
no es desaire ni así llamarlo oses
Dobla el don las sagrades majestades
no es agravio la ofrenda de las aras
las dádivas aplacan a los Dioses.
Diego de Torres y Villarroel
A Francisca De Castro, Cómica Y Cantora
que hizo a la tierra Jove soberano
embeleso del chiste cortesano
y reina del donaire poderoso
¡Oh! mil veces felice la dichosa
hora en que el cielo dio con larga mano
para deleite del linaje humano
al mundo tu belleza prodigiosa
¡Oh! si fuese la voz de mi instrumento
émula de los cantos más gloriosos
y no desagradable ronca y triste
Pasara yo mi vida y que contento
celebrando com himnos armoniosos
la fortunada aurora en que naciste.
Diego de Torres y Villarroel
A Filis
tus ojos apacibles y serenos,
solo en tus perfecciones se echa menos
el no comunicar tus perfecciones
No ves en las floridas estaciones
las flores en los cuadros más amenos
derramar su hermosura y dejar llenos
los sentidos rompiendo sus botones
Tú eres un cuadro que el autor divino
plantó del mundo en el jardín hermoso
dando al sentido gloria en su pintura
No escondas, no, tu rostro peregrino
que le robas al mundo un bien precioso
mira que es bien ajeno la hermosura.
Dionisio Ridruejo
A Un Pino
soledad de la tarde,
tan concreto en la libre
desolación del aire,
tan alto cuando todo
se confunde y abate
y huye el sol a tu copa
tibio y agonizante.
Cómo me fortalece
la paz de tu combate,
ascensión sin fatiga,
raíz honda y constante.
Tu majestad envuelve
el cielo sin celaje
y en tu recio sosiego
la tierra se complace.
Mis ojos educados
en tu sediento mástil
ascienden y divisan
la soledad más ágil,
mientras sueña el silencio
sin astros y sin aves
como el solo decoro
de tu verde ramaje.
Pino esbelto y tranquilo,
tu soledad te guarde,
y consagre la mía
desunida y errante,
segada de su tierra,
extraña de su aire,
cuando aún es oro virgen
la cumbre de la tarde
y tú clamas e invocas
el tiempo de mi carne
y otro vuelo sin tiempo
que se sueña y se hace.
Dionisio Ridruejo
Nostalgia Del Primer Amor
virginal y sencilla, en mi memoria,
como agua fiel de fatigada noria
viene a regar mi voz enamorada.
¡Cómo recrea el alma sosegada
la penumbra y dulzor de aquella historia
con resplandores de tardía gloria
entre abejas y frutos constelada!
¡Oh, delicada llama, ardor primero
velado en llanto y celestial mirada,
par del trino, la fuente y la azucena!
Mírame combatido y prisionero
volver a tu ilusión breve y tronchada
como un temblor en la desierta arena.
Duque de Rivas
El Alcázar De Sevilla Romance Segundo
Era el magnífico Alcázar,
Aun lustrosas sus paredes,
Su alto almenaje sin faltas,
Y lucientes los esmaltes
De las techumbres doradas,
Mansión del rey de Castilla
Orgulloso se ostentaba,
Cuando del Mayo florido
Una. apacible mañana,
En aquel salón que tiene
Los balcones a la plaza,
Dos ilustres personajes
En grande silencio estaban:
Un caballero era el uno,
El otro una hermosa, dama.
Duque de Rivas
El Alcázar De Sevilla Romance Primero
Con que se ilustra Sevilla,
Deliciosos sus jardines,
Su excelsa portada rica.
De maderos entallados
En mil labores prolijas,
Se levanta el frontispicio
De resaltadas cornisas;
Y hay en ellas un letrero
Donde, con letras antiguas,
Don Pedro hizo estos palacios
Esculpido se divisa.
Mal dicen en sus salones
Las modernas fruslerías;
Mal en sus soberbios patios
Gente sin barba y ropilla.
¡Cuántas apacibles tardes,
En la grata compañía
De chistosos sevillanos
Y de sevillanas lindas,
Recorrí aquellos verjeles,
En cuya entrada se miran
Gigantes de arrayán hechos
Con actitudes distintas!
Las adelfas y naranjos
Forman calles extendidas,
Y un oscuro laberinto
Que a los hurtos de amor brinda.
Hay en tierra surtidores
Escondidos; se inprovisan,
Saltando entre los mosaicos
De pintadas piedrecillas.
Y a los forasteros mojan,
Con algazara y con risa
De los que, ya escarmentados,
El chasco pesado evitan.
Dulce María Loynaz
Juegos De Agua
como si fueran largos collares de diamantes:
Los juegos de agua ríen en la sombra...Y se enlazan
y cruzan y cintilan dibujando radiantes
garabatos de estrellas...
Hay que apretar el agua
para que suba fina y alta...Un temblor de espumas
la deshace en el aire; la vuelve a unir...desciende
luego, abriéndose en lentos abanicos de plumas...
Pero no irá muy lejos...Esta es agua sonámbula
que baila y que camina por el filo de un sueño,
transida de horizontes en fuga, de paisajes
que no existen...Soplada por un grifo pequeño.
¡Agua de siete velos desnudándote y nunca
desnuda! ¡Cuándo un chorro tendrás que rompa el
broche
de mármol que te ciñe, y al fin por un instante
alcance a traspasar como espada, la Noche!
Dulce María Loynaz
Eternidad
No quiero, si es posible
que mi beneficio desaparezca,
sino que viva y dure toda la vida de mi amigo.
Séneca
En mi jardín hay rosas:
Yo no te quiero dar
las rosas que mañana...
Mañana no tendrás.
En mi jardín hay pájaros
con cantos de cristal:
No te los doy, que tienen
alas para volar...
En mi jardín abejas
labran fino panal:
¡Dulzura de un minuto...
no te la quiero dar!
Para ti lo infinito
o nada; lo inmortal
o esta muda tristeza
que no comprenderás...
La tristeza sin nombre
de no tener que dar
a quien lleva en la frente
algo de eternidad...
Deja, deja el jardín...
no toques el rosal:
Las cosas que se mueren
no se deben tocar.
David Escobar Galindo
Jazmines Heredados
que sobrevive al íntimo terror
de disolverse en la total conciencia;
y hay primero una ráfaga difusa,
una explosión serena y ambarina
que tiembla como el fluido de los sueños
en la frontera de la madrugada.
Doy un paso, y la frágil claridad
se abre como llamándome,
como invitándome a su intimidad
aterradora y dulce:
es una sensación desesperada
y sosegada al mismo tiempo,
el inicio quizás
de la aventura del entendimiento,
pero no por la sed de la razón
sino por la fragancia deliciosa
del ser y el olvidar entrelazados.
¡Yo he soñado esta gracia tantas veces,
y sin embargo siento
la torpeza descalza del primate
que comprende el milagro de la flor,
después de estar en vela por milenios!
Es una fantasía tan fecunda
que por los poros me gotea música,
y soy de pronto un semidiós perlado
en una mutación arrolladora
que desgasta los genes como fósforos
y alumbra las estancias más profundas,
esas que el pensamiento
se figuró vacías,
o a lo más ocupadas por fantasmas.
Y no: el jardín existe,
el paraíso es un temblor que habita
las voluptuosidades más anónimas;
y la verdad difusa del anhelo,
sentido humanamente hasta la médula,
transforma al pensador en habitante
de su cielo enterrado y sin memoria.
Y de su indefensión que se confiesa
en el orgullo de la vida impune,
de ese brillo de espuma
que congrega en los ojos
la marejada ausente de la sangre,
va abriéndose un espacio
de pájaros que vuelan sin descanso
en la embriaguez de la nocturnidad,
de muchachas desnudas que se enredan
en sus velos sangrantes,
de nubes que se bañan en el fuego
y liberan los aires ateridos.
¡Y esa es la tierra oculta
por la luz terminal de la palabra,
el sitio en que el jilguero
derrama en una gota
de alucinada muerte
mi corazón eterno y sin salida!
Esa es la fantasía planetaria
a la que volveré una y cien veces,
mientras alumbren en la luz secreta
los maduros jazmines
del amor inminente
en un ciego perfume inagotable.
David Escobar Galindo
Ars Poética
después de tanto espanto y tanto llanto!
Porque también tu gracia puede tanto,
Tanto más que el crujir de las afrentas.
Después de la dolencia del espanto,
Cómo surgen tus músicas sedientas:
Surtidores que ayer fueron tormentas
Murmullos que mañana serán canto.
Se escondió tu vigilia donde pudo,
Durmió entre los escombros hecha un nudo,
Se ocultó en un rincón de la cornisa.
Pero ha venido el tiempo del sosiego.
¡Y tú, belleza, manantial de fuego,
renaces otra vez de la ceniza!
David Escobar Galindo
Dos Pájaros Que Beben
en una sola gota de rocío.
Dos lágrimas de lluvia
que caen juntas desde un solo alero.
Dos hojas que se duermen
en un solo recodo del follaje.
Dos manos que descubren el destino
en una sola rosa.
Dos mástiles que inventan la distancia
en una sola imagen.
Y así tú y yo en poder de la unidad.
David Escobar Galindo
La Rosa Muerta Mira
a través del cristal el grávido paisaje
La rosa viva observa
a través del cristal la estancia sola.
La rosa muerta sigue viva
en la cruz de las nubes.
La rosa viva está encerrada
en la celosa paz del tiempo.
La rosa muerta sueña con su fuerza viviente.
La rosa viva asume la devoción del salmo.
Porque ambas son la misma rosa.
David Escobar Galindo
Guijarros De Humedad (haikús)
naturaleza muerta,
memoria viva.
David Escobar Galindo
Porque Dios Tiene Vocación De Espejo
es la suma de todas las imágenes:
las que reparte el aire en forma de ojos,
las que en la tierra virgen son semillas,
las que pueblan el agua de aventuras,
las que deshojan la pasión del fuego.
David Escobar Galindo
Verdinegra Es La Piedra, Como Siempre
Transparente es el agua, como nunca.
¿Podría imaginarse algún riachuelo
que se olvidara en la sed del día?
Entre el nunca y el siempre hay una alianza.
Entre el siempre y el nunca está el abismo.
Dámaso Alonso
¿cómo Era?
¿Cómo era Dios mío, cómo era?
JUAN R. JIMÉNEZ
La puerta, franca.
Vino queda y suave.
Ni materia ni espíritu. Traía
una ligera inclinación de nave
y una luz matinal de claro día.
No era de ritmo, no era de armonía
ni de color. El corazón la sabe,
pero decir cómo era no podría
porque no es forma, ni en la forma cabe.
Lengua, barro mortal, cincel inepto,
deja la flor intacta del concepto
en esta clara noche de mi boda,
y canta mansamente, humildemente,
la sensación, la sombra, el accidente,
mientras ella me llena el alma toda.
Delmira Agustini
Sin Título
apagando mis sienes en frío y blanco ruedo...
Engarzad en un gesto de palmera o de astro
vuestro cuerpo, esa hipnótica alhaja de alabastro,
tallada a besos puros y bruñida en la edad;
sereno, tal habiendo la luna por coraza;
blanco, más que si fuerais la espuma de la Raza,
y desde el tabernáculo de vuestra castidad
elevad a mí lises hondos de vuestra alma;
mi sombra besará vuestro manto de calma,
que creciendo, creciendo, me envolverá con vos.
Luego será mi carne en la vuestra perdida...;
luego será mi alma en la vuestra diluida...;
luego será la gloria ...y seremos un dios.
Amor de blanco y frío,
amor de estatuas, lirios, astros, dioses...,
¡Tú me lo des, Dios mío!.
Delmira Agustini
Ofrendando El Libro
A Eros
Porque haces tu can de la leona
Más fuerte de la Vida, y la aprisiona
La cadena de rosas de tu brazo.
Porque tu cuerpo es la raíz, el lazo
Esencial de los troncos discordantes
Del placer y el dolor, plantas gigantes.
Porque emerge en tu mano bella y fuerte,
Como en broche de místicos diamantes
El más embriagador lis de la Muerte.
Porque sobre el Espacio te diviso,
Puente de luz, perfume y melodía,
Comunicando infierno y paraíso.
Con alma fúlgida y carne sombría…