Poemas en este tema

Alma

José Asunción Silva

José Asunción Silva

Las Noches Del Hogar

LAS NOCHES DEL HOGAR


Amo las dichas del hogar sencillo

Apetezco su plácido cariño

Yo quiero que descanse en mis rodillas

La rubia cabecita de algún niño.
GUTIÉRREZ NÁJERA.

Regresar fatigado del trabajo

de la diaria fäena

e ir a mirarse en lo hondo retratado

de sus pupilas negras

cerca del rico piano —mientras vaga

sobre las blancas teclas

su mano de marfil— soñar despierto

felicidad eterna.

A la luz de la lámpara brillante

ver las rubias cabezas

de los risueños niños— de infantiles

ilusiones llenos.

¡La mirada tender sobre la cuna

que cual flor entreabierta

entre sus hojas perfumadas guarda

una existencia nueva!

¡Oh cuadro del hogar! oh perspectiva

cariñosa y risueña,

cuando en el paso por el falso mundo

ancha herida sangrienta,

el desengaño abrió, cuando sentimos

caer mustias y secas

de la primera juventud las rosas,

qué mortal no desea

dejar en tu silencio venturoso

deslizar la existencia

y guardar lo divino y delicado

que el alma herida encierra

en tu seno feliz —¡como la concha

lejos de las tormentas

guarda en el fondo del movible océano

las nacaradas perlas!

Abril 4 de 1883

898
José Asunción Silva

José Asunción Silva

Crepúsculo

En la tarde, en las horas del divino
crepúsculo
sereno,
se pueblan de tinieblas los espacios
y las almas de sueños.

Sobre un fondo de tonos nacarados
la silueta del templo
las altas tapias del jardín antiguo
y los árboles
negros,
cuyas ramas semejan un encaje
movidas por el viento
se destacan oscuras, melancólicas
como un extraño
espectro!

En estas horas de solemne calma
vagan los pensamientos
y buscan a la sombra de lo ignoto
la quietud y el silencio.
Se recuerdan las caras adoradas
de los queridos muertos
que duermen para siempre en el sepulcro
y hace tanto no vemos.

Bajan sobre las cosas de la vida
las sombras de lo
eterno
y las almas emprenden su viaje
al país del
recuerdo.
También vamos cruzando lentamente
de la vida el desierto
también en el sepulcro helada sima
más tarde dormiremos.

Que en la tarde, en las horas del divino
crepúsculo
sereno
se pueblan de tinieblas los espacios
y las almas de sueños!
1.164
José Asunción Silva

José Asunción Silva

Armonías

ARMONÍAS


A M. Valenzuela

Cual la naturaleza

de la que forma parte y es fiel copia

el alma humana tiene ocultas fuerzas

silencios, luces, músicas y sombras.

Vagas nieblas también... las ilusiones

que el paisaje embellecen cuando brillan

y que desaparecen cuando asomas,

sol de la realidad que las disipas...

Y como en sucesión jamás turbada

todo nace en la tierra y todo muere,

en el mundo ideal de los espíritus

rigen eternas, semejantes leyes:

brotan sobre las tumbas de los muertos

las flores, mensajeras de alegría;

sobre la tumba de un amor llorado

brotan ensueños de tristeza mística.


Octubre 27 de 1882

822
José Asunción Silva

José Asunción Silva

Realidad

En el dulce reposo de la tarde

cuando al ponerse el sol en occidente

su luz dorada, de la vida fuente,

como una hoguera en los espacios arde,

o de la noche en el silencio umbrío

cuando la luna con fulgor de plata

alumbra a trechos el sonante río

y en sus límpidas ondas se retrata,

entre las sombras de la vida hay horas

en que la realidad que nos circuye

a detener el ímpetu no alcanza

de nuestra alma que a lo lejos huye

y a la región de lo ideal se lanza...

Y entonces cuando pienso en tus amores

nuestras dos vidas deslizarse veo

no cual la realidad que aja sus flores

sino cual la ilusión de tu deseo.

No por las conveniencias separados,

soñando tú conmigo, yo en tus sueños,

sino juntos los dos en los collados

&nbps; de la Arcadia risueños;

asidos por las manos a lo lejos

buscando el fin de la campiña amena

a los pálidos rayos de la luna.

O del ardiente sol a los reflejos,

dejando transcurrir una por una

las no contadas horas venturosas

que no mancha la sombra de una pena

libando amor... y deshojando rosas...

Del verdor y del musgo en lo sombrío

ocultos en lo ignoto del boscaje

radiante aún de gotas de rocío

de virgen fuerza y de vigor salvaje;

sentados a la orilla del torrente

tú escuchando los ecos del follaje

yo acariciando —trémula la mano—

tus rizos al caer sobre tu frente...

Otras veces trayendo a la memoria

los fantasmas de un tiempo ya pasado

junto con ellos cual sencilla historia

los ideales de tu amor soñado.

Y es entonces un gótico castillo

de altivas torres de musgosas piedras

en cuyo muro gris crecen las hiedras

teatro de nuestro amor santificado.

Y en reducida y perfumada estancia

cuyos tapices abrillanta y dora

el fuego de la antigua chimenea,

juntos los dos oímos a distancia

diciéndonos protestas de ternura

la voz del agua que al perderse llora

y el viento que en los árboles cimbrea

entre el silencio de la noche oscura.

O en frágil barca en plácida mañana

de lago azul flotando en los cristales

con la mirada errantes contemplamos

el cielo, la ribera, los juncales,

y las nieblas que inciertas, vaporosas,

van a perderse en la región lejana

como se pierda la esperanza humana

o el postrimer aroma de las rosas.

Mas cuando el alma en sus ensueños flota,

la realidad asoma de improviso

no más resuena la encantada nota...

Brotan espinas do la rosa brota,

y en crüel se torna el paraíso.

Vuelvo a mirar... y pienso que nacimos

para vivir por siempre separados,

que no es una la senda que seguimos

y que la lumbre que cercana vimos

fue visión de tu amor y tus cuidados.

Y al comparar la realidad penosa

con los paisajes de ideal que miro

en el fondo del alma lastimosa

para tu dulce amor —niña piadosa—

para tu dulce amor surge un suspiro.

927
José Asunción Silva

José Asunción Silva

Adriana

ADRIANA


Double virginité

Corps où rien n'est immonde

Ame où rien n'est impure.
VICTOR HUGO, Feuilles d'automne.

Noble como la cándida adorada

del inmortal poeta florentino,

corona de la frente inmaculada

el dorado cabello

que sobre el hombro flota en blondos rizos,

perdida en el espacio la mirada

como se pierde en su conjunto bello

la de aquél que contempla sus hechizos.

Hay infinita luz que reverbera

en el azul de sus divinos ojos

cual de limpio zafiro en los cristales.

Una expresión de majestad serena

de pudor y recato virginales

vela la gracia de sus labios rojos,

¡y es a la vez misterïoso encanto,

lumbre, murmullo, vibración y canto!

Su voz tiene las notas armoniosas

de la del ave que en blando nido

de su impotencia de volar se queja,

llena de suavidad, llena de calma

su cariñosa frase siempre deja

una estela de perlas en el alma.

Tiene la delicada transparencia

de las húmedas hojas de las lilas

y ni una leve mancha en la conciencia

y ni una leve sombra en las pupilas.

Es una reunión encantadora

de lo más dulce que la vida encierra

a los rosados rayos de la aurora

hecha, del aire en los azules velos,

¡con lo más delicado de la tierra

y lo más delicado de los cielos!

Septiembre de 1882 - 15.

830
José Asunción Silva

José Asunción Silva

Edenia

Melancólica y dulce cual la huella
que un sol poniente deja en el azul
cuando baña a lo lejos los espacios
con los últimos rayos de su luz
mientras tiende la noche por los cielos
de la penumbra el misterioso tul.

Süave como el canto que el poeta
en un suspiro involuntario da,
pura como las flores entreabiertas
de la selva en la agreste oscuridad
do detenido en las musgosas ramas
no filtra un rayo de la luz solar.

Mujer, toda mujer ardiente, casta
alumbrada con luz de lo ideal...
Radiante de virtud y de belleza
como mi alma la llegó a soñar,
¿en sus sueños de cándida ternura
así la encontrará?
804
José Asunción Silva

José Asunción Silva

Sub-umbra

SUB-UMBRA


a A. de W.

Tú no lo sabes... mas yo he soñado

entre mis sueños
color de armiño,

horas de dicha con tus amores

besos ardientes, quedos
suspiros

cuando la tarde tiñe de öro

esos espacios que
juntos vimos,

Cuando mi alma su vuelo emprende

a las regiones de
lo infinito

aunque me olvides, aunque no me ames

aunque me odies, ¡sueño
contigo!


Mayo de 1881

781
José Asunción Silva

José Asunción Silva

Suspiro

SUSPIRO


a A. de W.

Si en tus recuerdos ves algún día

entre la niebla de lo pasado

surgir la triste memoria mía

medio borrada ya por los años,

piensa que fuiste siempre mi anhelo

y si el recuerdo de amor tan santo

mueve tu pecho; nubla tu cielo,

llena de lágrimas tus ojos garzos;

¡ah! ¡no me busques aquí en la tierra

donde he vivido, donde he luchado,

sino en el reino de los sepulcros

donde se encuentran paz y descanso!


Junio 2 de 1881

845
José Asunción Silva

José Asunción Silva

Las Ondinas

LAS ONDINAS


En la región oculta de las ninfas

El sesgo rayo a penetrar alcanza

Y alumbra al pie de despeñadas linfas

De las ondinas la nocturna danza.
DIEGO FALLÓN, La luna

Es la hora en que los muertos se levantan

mientras que duerme el mundo de los vivos,

en que el alma abandona el frágil cuerpo

y sueña con lo santo y lo infinito
......................................................................

Vierte la luna plateados rayos

que reflejan las ondas en el río

y que iluminan, con sus tintes vagos

los medrosos despojos de un Castillo.

Todo es silencio allí, do en otro tiempo

hubo bullicio y locas alegrías...

¡Pero mirad! son vaporosas sombras

las que en la oscura selva se deslizan.

¡Ah! no temáis no son aterradores

fantasmas de otros tiempos —son ondinas;

mirad cómo se abrazan y confunden

cómo raudas por el aire giran,

apenas tocan con el pie ligero

del prado la mullida superficie.

Ya se avanzan... girando en la espesura

o se sumergen en las ondas límpidas;

y al compás de una música que suena

como el lejano acorde una lira

elévanse, empujadas por el leve

viento que sus cabellos acaricia...

Pero callad... alumbra el horizonte

con sus primeros tintes nuevo día,

y las sombras se pierden al borrarse

del bosque entre las húmedas neblinas.



Agosto de 1880

925
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Ala Y Raíz

Ala y raíz: la eternidad es eso.
Y aquí, de frente al mar, en la ribera,
la vida es como un fruto que cayera
de un alto gajo, por su propio peso.

Ala y raíz. Y el ala, sin regreso,
a la raíz, con sed de primavera:
que así el confín de la emoción viajera
duerme a la sombra del follaje espeso.

(El mar corre descalzo por la arena.
Mi corazón ya casi es sólo mío.
El ancla está aprendiendo a ser antena

y el latido unicorde se hace escala.
Después, libre del tiempo, en el vacío,
Así: ¡mitad raíz y mitad ala!)
666
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Dios No Lo Sabe

Dios no lo sabe, pero yo estoy triste
como los viejos pozos en la tarde;
triste como el portón de la herrería
que hace cien años que no ha abierto nadie.
Ya le encuentro sabor de sed al
agua, viendo crecer un trigo miserable;
y todo se me va con el otoño,
pero Dios no lo sabe.

Dios no lo sabe, porque está allá arriba,
y yo acá abajo, triste a mi manera;
yo, que ya sé lo que no dice el viento
y de qué modo hay que pisar la yerba.
Dios no lo sabe, pero yo lo digo,
solo en la noche, solo en la tristeza,
y eso que sé que nada cambiaría
aunque Dios lo supiera.

Yo sé el camino del que sigue andando
derechamente hacia ninguna parte,
y ese lado del tiempo donde hay nieve
para el pequeño amor que llega tarde.
Yo sé cómo se cierra cada puerta
en el anochecer de cada calle;
y sé que hay un sol negro que da sombra,
pero Dios no lo sabe.

Yo sé del hacia abajo en las raíces,
sin hacia arriba, hacia la primavera;
de la lluvia que llueve y ya no es lluvia
en la arena que sigue siendo arena.
Dios no lo sabe, y nada cambiaría,
nada, por más que un día lo supiera.
—O tal vez Dios lo sabe, y está triste sin que nadie lo sepa...
1.041
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Lluvia Final

Mañana será nunca para todos los días.
Y lloverá en un sueño, sin lluvia y sin soñar.
Y yo iré alguna noche por las calles vacías
mientras tú vas con otro por la orilla del mar.

Ya casi estás ausente. Qué importa este momento,
aunque llueve en la tarde, para ti y para mí;
porque las hojas secas que se van en el viento
nos dicen que hay amores que se fueron así...

Mañana estaré solo. Dios no querrá que llueva,
porque estaré más solo si llueve y tú no
estás.
Después, serás el nudo de una corbata nueva,
o una esquina de menos, o una cana de más.

Así será. Qué importa si lo callo o lo digo.
Pero cuando no llueva, lloverá en mi canción.
Y al pensar que mañana ya no estarás conmigo,
van cayendo hojas secas sobre mi corazón...

597
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Triste Es Saber

Triste es saber que nuestra vida es sólo
interminable adiós
que, como un cuervo trágico, aletea
en nuestro corazón;
que cada paso nuestro, deja algo
más que una huella en pos,
algo que ya no vuelve a nuestra vida,
que para siempre huyó;
que lo que es hoy sonora melodía
o encantada canción,
será mañana cual rumor de hojas
que el viento sacudió...
Y en esta hora de melancolía,
sufro el hondo dolor
de preguntarme inútilmente, cuánto
me durará tu amor...
Que yo bien sé que cual la brisa deja
sin perfume a la flor;
que como el mar al fin borra la estela
que un buque le dejó;
que cual se desvanecen los colores
de las flores, al Sol,
y que como la alquimia del otoño
trueca en oro el verdor,
el nuestro en nuestras vidas obra el paso
igual transformación,
dejando despertares donde sueños
y hastío donde amor...
Y tengo mucho miedo de esa hora
que puede sonar hoy,
cuando al besar tus labios, sólo el frío
responda a mi calor...
Y yo tengo mucho miedo de ese hastío
que puedo sentir yo,
que robará a mis ojos el miraje
azul de la ilusión...
Y, en esta hora de melancolía,
sufro el agrio dolor
de no ignorar que un día, quizás pronto,
nos diremos adiós...
663
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Acuérdate De Mí

Cuando vengan las sombras del olvido
a borrar de mi alma el sentimiento,
no dejes, por Dios, borrar el nido
donde siempre durmió mi pensamiento.

Si sabes que mi amor jamás olvida
que no puedo vivir lejos de ti
dime que en el sendero de la vida
alguna vez te acordarás de mí.

Cuando al pasar inclines la cabeza
y yo no pueda recoger tu llanto,
en esa soledad de la tristeza
te acordarás de aquel que te amó tanto.

No podrás olvidar que te he adorado
con ciego y delirante frenesí
y en las confusas sombras del pasado,
luz de mis ojos, te acordarás de mí.

El tiempo corre con denso vuelo
ya se va adelantando entre los dos
no me olvides jamás. ¡Dame un recuerdo!
y no me digas para siempre adiós.
861
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Órbita

Allí estaba el Silencio, de rodillas
en un rincón de la luz. ¿Oraba? Un gesto
le floreció las manos transparentes.

en sus ojos —dos circulos de ausencia—,
se irisaba un perfume. Y en sus labios
inmóviles —dos pétalos de sombra—,
se ensortijaba un eco de rocío...

Allí estaba el Silencio. Sus cabellos
—luz crespa, sol de fibras, fronda de oro—,
le iluminaba el perfil exangüe.

Allí estaba el Silencio. Allí, sin sombra
en la luz. fue un instante.
Y ascendía
su mirada —una ráfaga de aroma.

Allí estaba el Silencio. Fue un instante...
760
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Mía

Mujer soñada: Ya tú eres mía...
Ya tú eres mía, como las rosas
son del rosal, y el Sol, del día...
Todos los seres, todas las cosas,
me están diciendo que ya eres mía...

¿No oyes el canto que alza el jilguero,
revoleteando sobre el alero,
vertiendo a chorros su melodía?
Es que él bien sabe cuanto te quiero;
es porque sabe que ya eres mía...

¿No sientes cómo la mano blonda
del Sol oculto tras de la fronda
te unge del oro tibio del día?
Es que el Sol sabe también cuán honda,
cuán dulcemente ya tú eres mía...

¿No ves la lluvia —que canta ahora—,
regando perlas? Ya ella no llora
con infinita melancolía,
y es que la lluvia tampoco ignora
que ya eres mía...

¿No ves los juegos que entre las rocas
las mariposas juegan airosas,
en una móvil policromía?
Es porque saben las mariposas
que ya eres mía...

¿No estas sintiendo que dulcemente
la fresca brisa besa tu frente
y alarga el beso sobre la mía?
Es que ella sabe cuán hondamente
ya tú eres mía...

¿No ves las noches ahora más bellas?
Es que han surgido nuevas estrellas,
y entre relámpagos de pedrería,
decir parecen que saben ellas
que ya eres mía...

¿No oyes al río, que descendiendo
por los barrancos, calma su estruendo
y se hace ahora blanda armonía?
¿No te parece que va diciendo
que ya eres mía?

Mujer soñada: Ya tú eres mía,
ya tú eres mía como las rosas
son del rosal, y el Sol del día.
Todos los seres, todas las cosas,

—ríos, estrellas y mariposas—,
oyen el himno de mi alegría,
y hay más perfumes, porque hay más rosas,
desde que puedo llamarte mía...
1.571
José Angel Buesa

José Angel Buesa

La Fuga Infinita

Se fue mi niñez...
Batiendo sus alas de rosa partió...
Le rogué, llorando: «¡Vuelve a mí otra vez!»
—Volveré— me dijo... Pero no volvió...

Después, mi inocencia, cual mística flor,
se mustió entre las
llamaradas locas del pagano amor,
y a mi alma su aroma no tornó jamás...

Y, al llegar mis dudas, se marchó mi fe...
—«¿Volverás?»— le dije... No sé si me oyó:
Hizo un gesto vago me miró y se fue.

Luego, acurrucada, sufrió mi ilusión
de los desengaños el flagelo cruel:
Me miró con húmedos ojos de lebrel
y se fue en silencio de mi corazón...

Y yo sé que un día también tú te irás,
sin que mis caricias puedan retenerte,
pues ya hacia otros brazos, o ya hacia la muerte,
no te detendrás...

Porque sé que un día llegará el olvido,
y sé que ese día te me irás, mujer,
como tantas cosas que ya se me han ido:
¡Para no volver!...
763
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Me Llegabas En La Brisa Y En La Espuma

Me llegabas en la brisa y en la espuma,
tú, la perdida para siempre...
Tú, la que ennoblecías el sabor del recuerdo,
que ahora llegas más casta y más ausente...

Me llegas en el viento que huele a lejanía,
me llegas en la sal que sabe a muerte,
tú, sombra arrinconada en un silencio;
tú, la perdida para siempre...

Ya no sé por qué sordo camino de la ausencia
bajo que estrellas moribundas vienes,
con los pies inseguros llenos de polvo y de rocío,
tú, la perdida para siempre...
654
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Dúo De Amor

En el hondo silencio de la noche serena
se dilata un lejano perfume de azucena,
y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa,
mi corazón se ensancha como en una sonrisa...

Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo
donde palpita un eco del corazón del mundo,
un corazón inmenso que late no sé dónde,
pero que oye el latido del mío, y me responde...

El corazón que sientes latir en derredor,
es un eco del tuyo, que palpita de amor.
El corazón del mundo no es ilusorio: Existe.
Pero, para escucharlo, es preciso estar triste;

triste de esa tristeza que no tiene motivo,
en esta lenta muerte del dolor de estar vivo.
La vida es un rosal cuando el alma se alegra,
pero, cuando está triste, da una cosecha negra.

El amor es un río de luz entre la sombra,
y santifica el labio pecador que lo nombra.
Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre,
levantando el abismo para trocarlo en cumbre.

Sólo el amor nos salva del dolor de la vida,
como una flor que nace de una rama caída;
pues si la primavera da verdor a la rama,
el corazón se llena de aroma, cuando ama.

Amar es triste a veces, más triste todavía
que no amar. El amor no siempre es alegría.
Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor:
porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor.

Amar es la tristeza de aprender a morir.
Amar es renacer. No amar, es no vivir.
El amor es a veces lo mismo que una herida,
y esa herida nos duele para toda la vida.

Si cierras esa herida tu vida queda muerta.
Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta;
y si un día ella sola se cierra de repente,
tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente.

Desdichada alegría que nace del dolor.
De un dolor de la rama también nace la flor.
Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia,
y la rama se queda contraída de angustia.

Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja,
y así el amor —resumen de toda paradoja—
renace en cada muerte con vida duradera;
porque decir amor, es decir primavera.

Primavera del alma, primavera florecida
que deja un misterioso perfume en nuestra vida.
Primavera del alma, de perpetuo esplendor,
que convierte en sonrisa la mueca del dolor.

Primavera de ensueño que nos traza un camino
en la intrinca selva donde acecha el destino.
Primavera que canta si el huracán la azota
y que da nuevo aliento tras de cada derrota.

Primavera magnánima, cuyo verdor feliz
rejuvenece el árbol seco hasta la raíz...
Amor es la ley divina de plenitud humana;
dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana...

Eso es amor, y amando, también la vida es eso:
¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!
1.697
José Angel Buesa

José Angel Buesa

De Muerte En Flor

Morir de muerte en flor toda la vida,
en este sueño vertical, en este
fugaz contacto azul con lo celeste,
en esta vieja sed recién nacida...

Y volver luego con el alma erguida,
a la vez Norte y Sur, Este y Oeste,
de la propia emoción, ya en ansia agreste.
En inquietud sutil o en paz pulida.

Y resurgir de cada muerte diaria
más dueño de la vida, al ser más dueño
de esta muerte parcial y necesaria.

Y con esa cordial melancolía
de los pocos que saben cada día
morir y renacer dentro de un sueño.
783
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Inesperadamente

Inesperadamente tu amor llega a mi vida,
mujer de besos hondos y plenitud creciente,
como brota un retoño de una rama caída,
como en un río seco renace la corriente.

Llegas como las nubes, inesperadamente;
inesperadamente llegas como el verano,
para dejarme el peso de una sombra en la frente
y un dolor de raíces profundas en las manos.

Y es que tu boca alegre me inspira un beso triste,
y en tus ojos cercanos veo un mirar ausente,
porque sé que algún día, lo mismo que viniste,
te me irás de los brazos, inesperadamente...
627
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Los Otros

Las riendas de mi vida las sujetan tus manos,
y aunque impacientes piafan mis potros —mis instintos—,
con tus débiles músculos los sometes. Son vanos
mis intentos de fuga, oyendo los lejanos
relinchos de otros potros, que entre los laberintos
galopan y que arrastran la crin por los pantanos...

Pero no olvides nunca que mis potros salvajes
esperan un instante, que acechan un descuido...
Yo te he dado sus riendas, leves como celajes...
Quizás con ellos puedas como yo no he podido...

¡Sujeta bien las riendas!... Mide por su impaciencia
la libertad que ansían... Yo sufriré el castigo
que merezca un instante tuyo de indiferencia...

¡Ah, y no olvides tampoco que ellos, en la violencia
de la arrancada, pueden arrastrarte consigo!...
576
José Angel Buesa

José Angel Buesa

El Nombre Olvidado

Voy andando en el tiempo de otro día,
alma sin nombre, nombre en el olvido;
te vi en un sueño y te he reconocido,
quizá porque en tu frente amanecía.

Y hoy es ayer en este parque viejo
donde está esperando, sombra leve,
como un olor de lluvia que no llueve,
como una niña ciega ante el espejo.

Pero eres tú, tan mía y tan ajena,
de un modo tan confuso y tan sencillo,
como el brillo redondo de un anillo
que no se sabe quién perdió en la arena.

Y yo soy la ternura de aquel hombre
que tú quisiste, ya no importa cuando,
y el tiempo se detiene, y sigo andando.
817
José Angel Buesa

José Angel Buesa

Era Mi Amiga

Era mi amiga, pero yo la amaba
yo la amaba en silencio puramente,
y mientras sus amores me contaba
yo escuchaba sus frases tristemente.

Era mi amiga, pero me gustaba
y mi afán era verla a cada instante.
Nunca supo el amor que yo albergaba
porque siempre me hablaba de su amante.

Era mi amiga para todo el mundo
porque a nadie mi amor yo confesaba,
pero yo la quería muy profundo
y forzosamente me callaba.

Era mi amiga, y mi cuerpo sentía
estremecer si ella me miraba,
al oírla junto a mí feliz me hacía
más de este amor ella nunca supo nada

y aunque sólo mi amistad yo le ofrecía,
era mi amiga, pero yo la amaba.
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