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Olga Orozco
Llega En Cada Tormenta
¿Y no sientes acaso tú también un dolor tormentoso
sobre la piel del tiempo,
como de cicatriz que vuelve a abrirse allí
donde fue descuajado de raíz el cielo?
¿Y no sientes a veces que aquella noche junta sus jirones en un
ave agorera,
que hay un batir de alas contra el techo,
como un entrechocar de inmensas hojas de primavera en duelo
o de palmas que llaman a morir?
¿Y no sientes después que el expulsado llora,
que es un rescoldo de ángel caído en el umbral,
aventado de pronto igual que la mendiga por una ráfaga
extranjera?
¿Y no sientes conmigo que pasa sobre ti
una casa que rueda hacia el abismo con un chocar de loza trizada por el
rayo,
con dos trajes vacíos que se abrazan para un viaje sin fin,
con un chirriar de ejes que se quiebran de pronto como las rotas frases
del amor?
¿Y no sientes entonces que tu lecho se hunde como la nave de una
catedral arrastrada por la caída de los cielos,
y que un agua viscosa corre sobre tu cara hasta el juicio final?
Es otra vez el légamo.
De nuevo el corazón arrojado en el fondo del estanque,
prisionero de nuevo entre las ondas con que se cierra un sueño.
Tiéndete como yo en esta miserable eternidad de un día.
Es inútil aúllar.
De esta agua no beben las bestias del olvido.
sobre la piel del tiempo,
como de cicatriz que vuelve a abrirse allí
donde fue descuajado de raíz el cielo?
¿Y no sientes a veces que aquella noche junta sus jirones en un
ave agorera,
que hay un batir de alas contra el techo,
como un entrechocar de inmensas hojas de primavera en duelo
o de palmas que llaman a morir?
¿Y no sientes después que el expulsado llora,
que es un rescoldo de ángel caído en el umbral,
aventado de pronto igual que la mendiga por una ráfaga
extranjera?
¿Y no sientes conmigo que pasa sobre ti
una casa que rueda hacia el abismo con un chocar de loza trizada por el
rayo,
con dos trajes vacíos que se abrazan para un viaje sin fin,
con un chirriar de ejes que se quiebran de pronto como las rotas frases
del amor?
¿Y no sientes entonces que tu lecho se hunde como la nave de una
catedral arrastrada por la caída de los cielos,
y que un agua viscosa corre sobre tu cara hasta el juicio final?
Es otra vez el légamo.
De nuevo el corazón arrojado en el fondo del estanque,
prisionero de nuevo entre las ondas con que se cierra un sueño.
Tiéndete como yo en esta miserable eternidad de un día.
Es inútil aúllar.
De esta agua no beben las bestias del olvido.
924
Vicente Huidobro
Altazor Canto Iii
Romper las ligaduras de las venas
Los lazos de la respiración y las cadenas
De los ojos senderos de horizontes
Flor proyectada en cielos uniformes
El alma pavimentada de recuerdos
Como estrellas talladas por el viento
El mar es un tejado de botellas
Que en la memoria del marino sueña
Cielo es aquella larga cabellera intacta
Tejida entre manos de aeronauta
Y el avión trae un lenguaje diferente
Para la boca de los cielos de siempre
Cadenas de miradas nos atan a la tierra
Romped romped tantas cadenas
Vuela el primer hombre a iluminar el día
El espacio se quiebra en una herida
Y devuelve la bala al asesino
Eternamente atado al infinito
Cortad todas las amarras
De río mar o de montaña
De espíritu y recuerdo
De ley agonizante y sueño enfermo
Es el mundo que torna y sigue y gira
En una última pupila
Mañana el campo
Seguirá los galopes del caballo
La flor se comerá a la abeja
Porque el hangar será colmena
El arco-iris se hará pájaro
Y volará a su nido cantando
Los cuervos se harán planetas
Y tendrán plumas de hierba
Hojas serán las plumas entibiadas
Que caerán de sus gargantas
Las miradas serán ríos
Y los ríos heridas en las piernas del vacío
Conducirá él rebaño a su pastor
Para que duerma el día cansado como avión
Y el árbol se posará sobre la tórtola
Mientras las nubes se hacen roca
Porque todo es como es en cada ojo
Dinastía astrológica y efímera
Cayendo de universo en universo
Manicura de la lengua es el poeta
Mas no el mago que apaga y enciende
Palabras estelares y cerezas de adioses vagabundos
Muy lejos de las manos de la tierra
Y todo lo que dice es por él inventado
Cosas que pasan fuera del mundo cotidiano
Matemos al poeta que nos tiene saturados
Poesía aún y poesía poesía
Poética poesía poesía
Poesía poética de poético poeta
Poesía
Demasiada poesía
Desde el arco-iris hasta el culo pianista de la vecina
Basta señora poesía bambina
Y todavía tiene barrotes en los ojos
El juego es juego y no plegaria infatigable
Sonrisa o risa y no lamparillas de pupila
Que ruedan de la aflicción hasta el océano
Sonrisa y habladurías de estrella tejedora
Sonrisa del cerebro que evoca estrellas muertas
En la mesa mediúmnica de sus irradiaciones
Basta señora arpa de las bellas imágenes
De los furtivos cosmos iluminados
Otra cosa otra cosa buscamos
Sabemos posar un beso como una mirada
Plantar miradas como árboles
Enjaular árboles como pájaros
Regar pájaros como heliotropos
Tocar un heliotropo como una música
Vaciar una música como un saco
Degollar un saco como un pingüino
Cultivar pingüinos como viñedos
Ordeñar un viñedo como una vaca
Desarbolar vacas como veleros
Peinar un velero como un cometa
Desembarcar cometas como turistas
Embrujar turistas como serpientes
Cosechar serpientes como almendras
Desnudar una almendra como un atleta
Leñar atletas como cipreses
Iluminar cipreses como faroles
Anidar faroles como alondras
Exhalar alondras como suspiros
Bordar suspiros como sedas
Derramar sedas como ríos
Tremolar un río como una bandera
Desplumar una bandera como un gallo
Apagar un galio como un incendio
Bogar en incendios como en mares
Segar mares como trigales
Repicar trigales como campanas
Desangrar campanas como corderos
Dibujar corderos como sonrisas
Embotellar sonrisas como licores
Engastar licores como alhajas
Electrizar alhajas como crepúsculos
Tripular crepúsculos como navíos
Descalzar un navío como un rey
Colgar reyes como auroras
Crucificar auroras como profetas
Etc. etc. etc.
Basta señor violín hundido en una ola ola
Cotidiana ola de religión miseria
De sueño en sueño posesión de pedrerías
Después del corazón comiendo rosas
Y de las noches del rubí perfecto
El nuevo atleta salta sobre la pista mágica
Jugando con magnéticas palabras
Caldeadas como la tierra cuando va a salir un volcán
Lanzando sortilegios de sus frases pájaro
Agoniza el último poeta
Tañen las campanas de los continentes
Muere la luna con su noche a cuestas
El sol se saca del bolsillo el día
Abre los ojos el nuevo paisaje solemne
Y pasa desde la tierra a las constelaciones
El entierro de la poesía
Todas las lenguas están muertas
Muertas en manos del vecino trágico
Hay que resucitar las lenguas
Con sonoras risas
Con vagones de carcajadas
Con cortacircuitos en las frases
Y cataclismo en la gramática
Levántate y anda
Estira las piernas anquilosis salta
Fuegos de risa para el lenguaje tiritando de frío
Gimnasia astral para las lenguas entumecidas
Levántate y anda
Vive vive como un balón de fútbol
Estalla en la boca de diamantes motocicleta
En ebriedad de sus luciérnagas
Vértigo sí de su liberación
Una bella locura en la vida de la palabra
Una bella locura en la zona del lenguaje
Aventura forrada de desdenes tangibles
Aventura de la lengua entre dos naufragios
Catástrofe preciosa en los rieles del verso
Y puesto que debemos vivir y no nos suicidamos
Mientras vivamos juguemos
El simple sport de los vocablos
De la pura palabra y nada más
Sin imagen limpia de joyas
(Las palabras tienen demasiada carga)
Un ritual de vocablos sin sombras
Juego de ángel allá en el infinito
Palabra por palabra
Con luz propia de astro que un choque vuelve vivo
Saltan chispas del choque y mientras más violento
Más grande es la explosión
Pasión del juego en el espacio
Sin alas de luna y pretensión
Combate singular entre el pecho y el cielo
Total desprendimiento al fin de voz de carne
Eco de luz que sangra aire sobre el aire
Después nada nada
Rumor aliento de frase sin palabra
Los lazos de la respiración y las cadenas
De los ojos senderos de horizontes
Flor proyectada en cielos uniformes
El alma pavimentada de recuerdos
Como estrellas talladas por el viento
El mar es un tejado de botellas
Que en la memoria del marino sueña
Cielo es aquella larga cabellera intacta
Tejida entre manos de aeronauta
Y el avión trae un lenguaje diferente
Para la boca de los cielos de siempre
Cadenas de miradas nos atan a la tierra
Romped romped tantas cadenas
Vuela el primer hombre a iluminar el día
El espacio se quiebra en una herida
Y devuelve la bala al asesino
Eternamente atado al infinito
Cortad todas las amarras
De río mar o de montaña
De espíritu y recuerdo
De ley agonizante y sueño enfermo
Es el mundo que torna y sigue y gira
En una última pupila
Mañana el campo
Seguirá los galopes del caballo
La flor se comerá a la abeja
Porque el hangar será colmena
El arco-iris se hará pájaro
Y volará a su nido cantando
Los cuervos se harán planetas
Y tendrán plumas de hierba
Hojas serán las plumas entibiadas
Que caerán de sus gargantas
Las miradas serán ríos
Y los ríos heridas en las piernas del vacío
Conducirá él rebaño a su pastor
Para que duerma el día cansado como avión
Y el árbol se posará sobre la tórtola
Mientras las nubes se hacen roca
Porque todo es como es en cada ojo
Dinastía astrológica y efímera
Cayendo de universo en universo
Manicura de la lengua es el poeta
Mas no el mago que apaga y enciende
Palabras estelares y cerezas de adioses vagabundos
Muy lejos de las manos de la tierra
Y todo lo que dice es por él inventado
Cosas que pasan fuera del mundo cotidiano
Matemos al poeta que nos tiene saturados
Poesía aún y poesía poesía
Poética poesía poesía
Poesía poética de poético poeta
Poesía
Demasiada poesía
Desde el arco-iris hasta el culo pianista de la vecina
Basta señora poesía bambina
Y todavía tiene barrotes en los ojos
El juego es juego y no plegaria infatigable
Sonrisa o risa y no lamparillas de pupila
Que ruedan de la aflicción hasta el océano
Sonrisa y habladurías de estrella tejedora
Sonrisa del cerebro que evoca estrellas muertas
En la mesa mediúmnica de sus irradiaciones
Basta señora arpa de las bellas imágenes
De los furtivos cosmos iluminados
Otra cosa otra cosa buscamos
Sabemos posar un beso como una mirada
Plantar miradas como árboles
Enjaular árboles como pájaros
Regar pájaros como heliotropos
Tocar un heliotropo como una música
Vaciar una música como un saco
Degollar un saco como un pingüino
Cultivar pingüinos como viñedos
Ordeñar un viñedo como una vaca
Desarbolar vacas como veleros
Peinar un velero como un cometa
Desembarcar cometas como turistas
Embrujar turistas como serpientes
Cosechar serpientes como almendras
Desnudar una almendra como un atleta
Leñar atletas como cipreses
Iluminar cipreses como faroles
Anidar faroles como alondras
Exhalar alondras como suspiros
Bordar suspiros como sedas
Derramar sedas como ríos
Tremolar un río como una bandera
Desplumar una bandera como un gallo
Apagar un galio como un incendio
Bogar en incendios como en mares
Segar mares como trigales
Repicar trigales como campanas
Desangrar campanas como corderos
Dibujar corderos como sonrisas
Embotellar sonrisas como licores
Engastar licores como alhajas
Electrizar alhajas como crepúsculos
Tripular crepúsculos como navíos
Descalzar un navío como un rey
Colgar reyes como auroras
Crucificar auroras como profetas
Etc. etc. etc.
Basta señor violín hundido en una ola ola
Cotidiana ola de religión miseria
De sueño en sueño posesión de pedrerías
Después del corazón comiendo rosas
Y de las noches del rubí perfecto
El nuevo atleta salta sobre la pista mágica
Jugando con magnéticas palabras
Caldeadas como la tierra cuando va a salir un volcán
Lanzando sortilegios de sus frases pájaro
Agoniza el último poeta
Tañen las campanas de los continentes
Muere la luna con su noche a cuestas
El sol se saca del bolsillo el día
Abre los ojos el nuevo paisaje solemne
Y pasa desde la tierra a las constelaciones
El entierro de la poesía
Todas las lenguas están muertas
Muertas en manos del vecino trágico
Hay que resucitar las lenguas
Con sonoras risas
Con vagones de carcajadas
Con cortacircuitos en las frases
Y cataclismo en la gramática
Levántate y anda
Estira las piernas anquilosis salta
Fuegos de risa para el lenguaje tiritando de frío
Gimnasia astral para las lenguas entumecidas
Levántate y anda
Vive vive como un balón de fútbol
Estalla en la boca de diamantes motocicleta
En ebriedad de sus luciérnagas
Vértigo sí de su liberación
Una bella locura en la vida de la palabra
Una bella locura en la zona del lenguaje
Aventura forrada de desdenes tangibles
Aventura de la lengua entre dos naufragios
Catástrofe preciosa en los rieles del verso
Y puesto que debemos vivir y no nos suicidamos
Mientras vivamos juguemos
El simple sport de los vocablos
De la pura palabra y nada más
Sin imagen limpia de joyas
(Las palabras tienen demasiada carga)
Un ritual de vocablos sin sombras
Juego de ángel allá en el infinito
Palabra por palabra
Con luz propia de astro que un choque vuelve vivo
Saltan chispas del choque y mientras más violento
Más grande es la explosión
Pasión del juego en el espacio
Sin alas de luna y pretensión
Combate singular entre el pecho y el cielo
Total desprendimiento al fin de voz de carne
Eco de luz que sangra aire sobre el aire
Después nada nada
Rumor aliento de frase sin palabra
1.998
Pedro Salinas
Orilla
Si no fuera por la rosa
frágil, de espuma, blanquísima,
que él, a lo lejos se inventa,
¿quién me iba a decir a mí
que se le movía el pecho
de respirar, que está vivo,
que tiene un ímpetu dentro,
que quiere la tierra entera,
azul, quieto, mar de julio?
frágil, de espuma, blanquísima,
que él, a lo lejos se inventa,
¿quién me iba a decir a mí
que se le movía el pecho
de respirar, que está vivo,
que tiene un ímpetu dentro,
que quiere la tierra entera,
azul, quieto, mar de julio?
940
Vicente Huidobro
Altazor Canto Ii
Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma
Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro
¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque los sueños
Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de la montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez
El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor
Te hablan por mí las piedras aporreadas
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La yerba sobreviviente atada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga
Si hay un poco de viento
Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrimas que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio.
Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad
He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche
Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño
En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las lunas
Que tiene un ritual sagrado en la garganta
Qué me importan los signos de la noche
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte
Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita
Como un caballo a causa de tu sombra en el aire
Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?
Tengo esa voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío
Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte
Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta
Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día
La cabellera al desatarse hace la noche
La vida se contempla en el olvido
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema
En su fuerza de luz ensimismada
Detrás de ti la vida siente miedo
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida
La amargura de ser vivo
Ha hace liviano el orbe en las espaldas
Mi alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese ruido desde lejos)
Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de
árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
Mi alegría es mirarte en el diván del mundo
Como la mano de una princesa soñolienta
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos
Una flor que está dejando de perfumar
Tus ojos hipnotizan la soledad
Como la rueda que sigue girando después de la catástrofe
Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspensa largo rato
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante
emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arco iris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma
Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada
Y todo el cabello al viento
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quién salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración
Mi gloria está en tus ojos
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno
Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estático de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
Y un viento de océano ondula tus pupilas
Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en en el
aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad
Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados.
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del
éter
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
Dormido a la sombra de tus senos
Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma
Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro
¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque los sueños
Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de la montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez
El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor
Te hablan por mí las piedras aporreadas
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La yerba sobreviviente atada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga
Si hay un poco de viento
Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrimas que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio.
Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad
He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche
Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño
En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las lunas
Que tiene un ritual sagrado en la garganta
Qué me importan los signos de la noche
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte
Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita
Como un caballo a causa de tu sombra en el aire
Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?
Tengo esa voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío
Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte
Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta
Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día
La cabellera al desatarse hace la noche
La vida se contempla en el olvido
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema
En su fuerza de luz ensimismada
Detrás de ti la vida siente miedo
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida
La amargura de ser vivo
Ha hace liviano el orbe en las espaldas
Mi alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese ruido desde lejos)
Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de
árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
Mi alegría es mirarte en el diván del mundo
Como la mano de una princesa soñolienta
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos
Una flor que está dejando de perfumar
Tus ojos hipnotizan la soledad
Como la rueda que sigue girando después de la catástrofe
Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspensa largo rato
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante
emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arco iris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma
Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada
Y todo el cabello al viento
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quién salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración
Mi gloria está en tus ojos
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno
Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estático de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
Y un viento de océano ondula tus pupilas
Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en en el
aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad
Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados.
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del
éter
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
Dormido a la sombra de tus senos
Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?
6.391
Pedro Salinas
¡cuánto Rato Te He Mirado
¡Cuánto rato te he mirado
sin mirarte a ti, en la imagen
exacta e inaccesible
que te traiciona el espejo!
«Bésame», dices. Te beso,
y mientras te beso pienso
en lo fríos que serán
tus labios en el espejo.
«Toda el alma para ti»,
murmuras, pero en el pecho
siento un vacío que sólo
me lo llenará ese alma
que no me das.
El alma que se recata
con disfraz de claridades
en tu forma del espejo.
sin mirarte a ti, en la imagen
exacta e inaccesible
que te traiciona el espejo!
«Bésame», dices. Te beso,
y mientras te beso pienso
en lo fríos que serán
tus labios en el espejo.
«Toda el alma para ti»,
murmuras, pero en el pecho
siento un vacío que sólo
me lo llenará ese alma
que no me das.
El alma que se recata
con disfraz de claridades
en tu forma del espejo.
746
Olga Orozco
La Caída
Estatua del azul, deshabitada,
bella estatua de sal,
desconocida fatalidad adonde voy con los ojos abiertos y la memoria a
ciegas:
¿eres tú quien me llama con una gran nostalgia, fuerte
como el amor?
¿eres tú quien me aspira de pronto hacia la ronca
garganta de los siglos?
¿eres acaso tú, incesante comienzo de mi culpa?
(¡Oh alma!, ¿adónde vas?,
¿adónde vas con las tinieblas y la luz como dos alas
abiertas para el vuelo?).
Estatua del azul: yo no puedo volver.
Me exiliaste de ti para que consumiera tu lado tenebroso.
Y aún tengo las dos cara con que rodé hasta aquí,
igual que una moneda;
y la piedra que anudaste a mi cuello para que fuese dura la
caída;
Y la sombra que arrastro
esta mancha de escarnio que pregona tu condena en el mundo.
(¡Oh, sangre! ¿adónde vas?
¿adónde vas como el doble de Dios y con la espada hundida
en tu costado?).
Bella estatua de sal: tú no puedes llegar.
Te desterraste en mí para escarbarme con uñas y con
dientes,
para cavar debajo de mi corazón esta tumba del cielo
donde caes y caes expiación hacia abajo y plegaria hacia adentro.
Reconoce la herida: mírala en todas partes.
Es la desgarrada con que habitas en todo cuanto miro,
el paraíso roto,
la señal del exilio que te lleva a partir y a volver a nacer en
este mismo oficio de tinieblas.
la morada de paso para el crimen,
el pecado de muerte que te convierte en juez, en mártir y en
verdugo
hasta que se desprenda en negro polvo la mascarilla última,
esa que te recubre con la cara del hombre.
¡Oh Dios, mitad de Dios cautiva de Dios mismo!
¿Quién llama cuando llamo? ¿Quién?
¿Quién pide socorro desde todas partes?
Hay aquí una escalera,
una sola escalera sin tinieblas para el día tercero.
bella estatua de sal,
desconocida fatalidad adonde voy con los ojos abiertos y la memoria a
ciegas:
¿eres tú quien me llama con una gran nostalgia, fuerte
como el amor?
¿eres tú quien me aspira de pronto hacia la ronca
garganta de los siglos?
¿eres acaso tú, incesante comienzo de mi culpa?
(¡Oh alma!, ¿adónde vas?,
¿adónde vas con las tinieblas y la luz como dos alas
abiertas para el vuelo?).
Estatua del azul: yo no puedo volver.
Me exiliaste de ti para que consumiera tu lado tenebroso.
Y aún tengo las dos cara con que rodé hasta aquí,
igual que una moneda;
y la piedra que anudaste a mi cuello para que fuese dura la
caída;
Y la sombra que arrastro
esta mancha de escarnio que pregona tu condena en el mundo.
(¡Oh, sangre! ¿adónde vas?
¿adónde vas como el doble de Dios y con la espada hundida
en tu costado?).
Bella estatua de sal: tú no puedes llegar.
Te desterraste en mí para escarbarme con uñas y con
dientes,
para cavar debajo de mi corazón esta tumba del cielo
donde caes y caes expiación hacia abajo y plegaria hacia adentro.
Reconoce la herida: mírala en todas partes.
Es la desgarrada con que habitas en todo cuanto miro,
el paraíso roto,
la señal del exilio que te lleva a partir y a volver a nacer en
este mismo oficio de tinieblas.
la morada de paso para el crimen,
el pecado de muerte que te convierte en juez, en mártir y en
verdugo
hasta que se desprenda en negro polvo la mascarilla última,
esa que te recubre con la cara del hombre.
¡Oh Dios, mitad de Dios cautiva de Dios mismo!
¿Quién llama cuando llamo? ¿Quién?
¿Quién pide socorro desde todas partes?
Hay aquí una escalera,
una sola escalera sin tinieblas para el día tercero.
896
Vicente Huidobro
Altazor Canto I
Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad?
¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu
sonrisa
Con la espada en la mano?
¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus
ojos como el adorno de un dios?
¿Por qué un día de repente sentiste el terror de
ser?
Y esa voz que te gritó vives y no te ves vivir
¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de todos
los vientos del dolor?
Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de estupor
Estás perdido Altazor
Solo en medio del universo
Solo como una nota que florece en las alturas del vacío
No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza
¿En dónde estás Altazor?
La nebulosa de la angustia pasa como un río
Y me arrastra según la ley de las atracciones
La nebulosa en olores solidificada huye su propia soledad
Siento un telescopio que me apunta como un revólver
La cola de un cometa me azota el rostro y pasa relleno de eternidad
Buscando infatigable un lago quieto en donde refrescar su tarea
ineludible
Altazor morirás. Se
secará tu voz y serás invisible
La Tierra seguirá girando sobre su órbita precisa
Temerosa de un traspiés como el equilibrista sobre el alambre
que ata las miradas del pavor
En vano buscas ojo enloquecido
No hay puerta de salida y el viento desplaza los planetas
Piensas que no importa caer eternamente si se logra escapar
¿No ves que vas cayendo ya?
Limpia tu cabeza de prejuicio y moral.
Y si queriendo alzarte nada has alcanzado
Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo de la
sombra
Sin miedo al enigma de ti mismo
Acaso encuentres una luz sin noche
Perdida en las grietas de los precipicios
Cae
Cae eternamente
Cae al fondo del
infinito
Cae al fondo del
tiempo
Cae al fondo de ti mismo
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo
A través de todos los espacios y todas las edades
A través de todas las almas de todos los anhelos y todos los
naufragios
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran y los corazones que te aguardan
Quema el viento con tu voz
El viento que se enreda en tu voz
Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos
Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrimas
Cae en risas
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo de silencio
Como el barco que se hunde apagando sus luces
Todo se acabó
El mar antropófago golpea la puerta de las rocas despiadadas
Los perros ladran a las horas que se mueren
Y el cielo escucha el paso de las estrellas que se alejan.
Estás solo
Y vas a la muerte derecho como un iceberg que se desprende del polo
Cae la noche buscando su corazón en el océano
La mirada se agranda como los torrentes
Y en tanto que las olas se dan vuelta
La luna niño de luz se escapa de alta mar
Mira este cielo lleno
Más rico que los arroyos de las minas
Cielo lleno de estrellas que esperan el bautismo
Todas esas estrellas salpicaduras de un astro de piedra lanzado en las
aguas eternas
No saben lo que quieren ni si hay redes ocultas más allá
Ni qué mano lleva las riendas
Ni qué pecho sopla el viento sobre ellas
Ni saben sí no hay mano y no hay pecho
Las montañas de pesca
Tienen la altura de mis deseos
Y yo arrojo fuera de la noche mis últimas angustias
Que los pájaros cantando dispersan por el mundo.
Reparad el motor del alba
En tanto me siento al borde de mis ojos
Para asistir a la entrada de las imágenes
Soy yo Altazor
Altazor
Encerrado en la jaula de su destino
En vano me aferro a los barrotes de la evasión posible
Una flor cierra el camino
Y se levanta como la estatua de las llamas
La evasión imposible
Más débil marcho con mis ansias
Que un ejército sin luz en medio de emboscadas
Abrí los ojos en el siglo
En que moría el cristianismo.
Retorcido en su cruz agonizante
Ya va a dar el último suspiro
¿Y mañana qué pondremos en el sitio vacío?
Pondremos un alba o un crepúsculo
¿Y hay que poner algo acaso?
La corona de espinas
Chorreando sus últimas estrellas se marchita
Morirá el cristianismo que no ha resuelto ningún problema
Que sólo ha enseñado plegarias muertas.
Muere después de dos mil años de existencia
Un cañoneo enorme pone punto final a la era cristiana
El Cristo quiere morir acompañado de millones de almas
Hundirse en sus templos
Y atravesar la muerte con un cortejo inmenso
Mil aeroplanos saludan la nueva era
Ellos son los oráculos y las banderas
Hace seis meses solamente
Dejé la ecuatorial recién cortada
En la tumba guerrera del esclavo paciente
Corona de piedad sobre la estupidez humana.
Soy yo que estoy hablando en este año 1919
Es el invierno
Ya la Europa enterró todos sus muertos
Y un millar de lágrimas hacen una sola cruz de nieve
Mirad esas estepas que sacuden las manos
Millones de obreros han comprendido al fin
Y levantan al cielo sus banderas de aurora
Venid venid os esperamos porque sois la esperanza
La única esperanza
La última
esperanza.
Soy yo Altazor el doble de mí mismo
El que se mira obrar y se ríe del otro frente a frente
El que cayó de las alturas de su estrella
Y viajó veinticinco años
Colgado al paracaídas de sus propios prejuicios
Soy yo Altazor el del ansia infinita
Del hambre eterno y descorazonado
Carne labrada por arados de angustia
¿Cómo podrá dormir mientras haya adentro tierras
desconocidas?
Problemas
Misterios que se cuelgan a mi pecho
Estoy solo
La distancia que va de cuerpo a cuerpo
Es tan grande como la que hay de alma a alma
Solo
Solo
Solo
Estoy solo parado en la punta del año que agoniza
El universo se rompe en olas a mis pies
Los planetas giran en torno a mi cabeza
Y me despeinan al pasar con el viento que desplazan
Sin dar una respuesta que llene los abismos
Ni sentir este anhelo fabuloso que busca en la fauna del cielo
Un ser materno donde se duerma el corazón
Un lecho a la sombra del torbellino de enigmas
Una mano que acaricie los latidos de la fiebre.
Dios diluido en la nada y el todo
Dios todo y nada
Dios en las palabras y en los gestos
Dios mental
Dios aliento
Dios joven Dios viejo
Dios pútrido
lejano y cerca
Dios amasado a mi congoja
Sigamos cultivando en el cerebro las tierras del error
Sigamos cultivando las tierras veraces en el pecho
Sigamos
Siempre igual como ayer mañana y luego y después
Nó
No puede ser. Cambiemos nuestra suerte
Quememos nuestra carne en los ojos del alba
Bebamos la tímida lucidez de la muerte
La lucidez polar de la muerte.
Canta el caos al caos que tiene pecho de hombre
Llora de eco en eco por todo el universo
Rodando con sus mitos entre alucinaciones
Angustia de vacío en alta fiebre
Amarga conciencia del vano sacrificio
De la experiencia inútil del fracaso celeste
Del ensayo perdido
Y aún después que el hombre haya desaparecido
Que hasta su recuerdo se queme en la hoguera del tiempo
Quedará un gusto a dolor en la atmósfera terrestre
Tantos siglos respirada por miserables pechos plañideros
Quedará en el espacio la sombra siniestra
De una lágrima
inmensa
Y una voz perdida aullando desolada
nada nada nada
Nó
No puede ser
Consumamos el placer
Agotemos la vida en la vida
Muera la muerte infiltrada de rapsodias langurosas
Infiltrada de pianos tenues y banderas cambiantes como crisálidas
Las rocas de la muerte se quejan al borde del mundo
El viento arrastra sus florescencias amargas
Y el desconsuelo de las primaveras que no pueden nacer.
Todas son trampas
trampas del espíritu
Transfusiones eléctricas de sueño y realidad
Oscuras lucideces de esta larga desesperación petrificada en
soledad
Vivir vivir en las tinieblas
Entre cadenas de anhelos tiránicos collares de gemidos
Y un eterno viajar en los adentros de sí mismo.
Con dolor de límites constantes y vergüenza de ángel
estropeado
Burla de un dios
nocturno
Rodar rodar rotas las antenas en medio del espacio
Entre mares alados y auroras estancadas
Yo estoy aquí de pie ante vosotros
En nombre de una idiota ley proclamadora
De la conservación de las especies
Inmunda ley
Villana ley arraigada a los sexos ingenuos.
Por esa ley primera trampa de la inconciencia
El hombre se desgarra
Y se rompe en aullidos mortales por todos los poros de su tierra.
Yo estoy aquí de pie entre vosotros
Se me caen las ansias al vacío
Se me caen los gritos a la nada
Se me caen al caos las blasfemias
Perro del infinito trotando entre astros muertos
Perro lamiendo estrellas y recuerdos de estrella
Perro lamiendo
tumbas
Quiero la eternidad como una paloma en mis manos
Todo ha de alejarse en la muerte esconderse en la muerte
Yo tú él nosotros vosotros ellos
Ayer hoy mañana
Pasto en las fauces del insaciable olvido
Pasto para la rumia eterna del caos incansable
Justicia ¿qué has hecho de mí Vicente Huidobro?
Se me cae el dolor de la lengua y las alas marchitas
Se me caen los dedos muertos uno a uno
¿Qué has hecho de mi voz cargada de pájaros en el
atardecer
La voz que me dolía como sangre?
Dadme el infinito como una flor para mis manos
Seguir
Nó. Basta ya
Seguir cargado de mundos de países de ciudades
Muchedumbres aullidos
Cubierto de climas hemisferios ideas recuerdos
Entre telarañas de sepulcros y planetas conscientes
Seguir del dolor al dolor del enigma al enigma
Del dolor de la piedra al dolor de la planta
Porque todo es dolor
Dolor de batalla y miedo de no ser
Lazos de dolor atan la tierra al cielo las aguas a la tierra
Y los mundos galopan en órbitas de angustia
Pensando en la sorpresa
La latente emboscada en todos los rincones del espacio.
Me duelen los pies como ríos de piedra
¿Qué has hecho de mis pies?
¿Qué has hecho de esta bestia universal
De este animal errante?
Esta rata en delirio que trepa las montañas
Sobre un himno boreal o alarido de tierra
Sucio de tierra y llanto
de tierra y sangre
Azotado de espinas y los ojos en cruz.
La conciencia es amargura
La inteligencia es decepción
Sólo en las afueras de la vida
Se puede plantar una pequeña ilusión
Ojos ávidos de lágrimas hirviendo
Labios ávidos de mayores lamentos
Manos enloquecidas de palpar tinieblas
Buscando más tinieblas
Y esta amargura que se pasea por los huesos
Y este entierro en mi memoria
Este entierro que se alarga en mi memoria
Este largo entierro que atraviesa todos los días mi memoria
Seguir
Nó
Que se rompa el andamio de los huesos
Que se derrumben las vigas del cerebro
Y arrastre el huracán los trozos a la nada al otro lado
En donde el viento azota a Dios
En donde aún resuene mi violín gutural
Acompañando el piano póstumo del Juicio Final
Eres tú tú el ángel caído
La caída eterna sobre la muerte
La caída sin fin de muerte en muerte
Embruja el universo con tu voz
Aférrate a tu voz embrujador del mundo
Cantando como un ciego perdido en la eternidad
Anda en mi cerebro una gramática dolorosa y brutal
La matanza continua de conceptos internos
Y una última aventura de esperanzas celestes
Un desorden de estrellas imprudentes
Caídas de los sortilegios sin refugio
Todo lo que se esconde y nos incita con imanes fatales
Lo que se esconde en las frías regiones de lo invisible
O en la ardiente tempestad de nuestro cráneo
La eternidad se vuelve sendero de flor
Para el regreso de espectros y problemas
Para el mirage sediento de las nuevas hipótesis
Que rompen el espejo de la magia posible
Liberación ¡Oh! sí liberación de todo
De la propia memoria que nos posee
De las profundas vísceras que saben lo que saben
A causa de estas heridas que nos atan al fondo
Y nos quiebran los gritos de las alas
La magia y el ensueño liman los barrotes
La poesía llora en la punta del alma
Y acrece la inquietud mirando nuevos muros
Alzados de misterio en misterio
Entre minas de mixtificación que abren sus heridas
Con el ceremonial inagotable del alba conocida.
Todo en vano
Dadme la llave de los sueños cerrados
Dadme la llave del naufragio
Dadme una certeza de raíces en horizonte quieto
Un descubrimiento que no huya a cada paso
O dadme un bello naufragio verde
Un milagro que ilumine el fondo de nuestros mares íntimos
Como el barco que se hunde sin apagar sus luces.
Liberado de este trágico silencio entonces
En mi propia tempestad
Desafiaré al vacío
Sacudiré la nada con blasfemias y gritos
Hasta que caiga un rayo de castigo ansiado
Trayendo a mis tinieblas el clima del paraíso
¿Por qué soy prisionero de esta trágica busca?
¿Qué es lo que me llama y se esconde
Me sigue me grita por mi nombre
Y cuando vuelvo el rostro y alargo las manos de los ojos
Me echa encima una niebla tenaz como la noche de los astros ya muertos?
Sufro me revuelco en la angustia
Sufro desde que era nebulosa
Y traigo desde entonces este dolor primordial en las células
Este peso en las alas
Esta piedra en el
canto
Dolor de ser isla
Angustia subterránea
Angustia cósmica
Poliforme angustia anterior a mi vida
Y que la sigue como una marcha militar
Y que irá más allá
Hasta el otro lado de la periferia universal
Consciente
Inconsciente
Deforme
Sonora
Sonora como el fuego
El fuego que me quema el carbón interno y el alcohol de los ojos
Soy una orquesta trágica
Un concepto trágico
Soy trágico como los versos que punzan en las sienes y no pueden
salir
Arquitectura fúnebre
Matemática fatal y sin esperanza alguna
Capas superpuestas de dolor misterioso
Capas superpuestas de ansias mortales
Subsuelos de intuiciones fabulosas
Siglos siglos que vienen gimiendo en mis venas
Siglos que se balancean en mi canto
Que agonizan en mi voz
Porque mi voz es sólo canto y sólo puede salir en canto
La cuna de mi lengua se meció en el vacío
Anterior a los tiempos
Y guardará eternamente el ritmo primero
El ritmo que hace nacer los mundos
Soy la voz del hombre que resuena en los cielos
Que reniega y
maldice
Y pide cuentas de por qué y para qué
Soy todo el hombre
El hombre herido por quién sabe quién
Por una flecha perdida del caos
Humano terreno
desmesurado
Sí desmesurado y lo proclamo sin miedo
Desmesurado porque no soy burgués ni raza fatigada
Soy bárbaro tal vez
Desmesurado enfermo
Bárbaro limpio de rutinas y caminos marcados
No acepto vuestras sillas de seguridades cómodas
Soy el ángel salvaje que cayó una mañana
En vuestras plantaciones de preceptos.
Poeta
Anti poeta
Culto
Anti culto
Animal metafísico cargado de congojas
Animal expontáneo directo sangrando sus problemas
Solitario como una paradoja
Paradoja
fatal
Flor de contradicciones bailando un fox-trot
Sobre el sepulcro de Dios
Sobre el bien y el mal
Soy un pecho que grita y un cerebro que sangra
Soy un temblor de tierra
Los sismógrafos señalan mi paso por el mundo
Crujen las ruedas de la tierra
Y voy andando a caballo en mi muerte
Voy pegado a mi muerte como un pájaro al cielo
Como una fecha en el árbol que crece
Como el nombre en la carta que envío
Voy pegado a mi muerte
Voy por la vida pegado a mi muerte
Apoyado en el bastón de mi esqueleto
El sol nace en mi ojo derecho y se pone en mi ojo izquierdo
En mi infancia una infancia ardiente como un alcohol
Me sentaba en los caminos de la noche
A escuchar la elocuencia de las estrellas
Y la oratoria del árbol
Ahora la indiferencia nieva en la tarde de mi alma
Rómpanse en espigas las estrellas
Pártase la luna en mil espejos
Vuelva el árbol al nido de su almendra
Sólo quiero saber por
qué
Por qué
Por qué
Soy protesta y araño el infinito con mis garras
Y grito y gimo con miserables gritos oceánicos
El eco de mi voz hace tronar el caos
Soy desmesurado cósmico
Las piedras las plantas las montañas
Me saludan Las abejas las ratas
Los leones y las águilas
Los astros los crepúsculos las albas
Los ríos y las selvas me preguntan
¿Qué tal cómo está Ud.?
Y mientras los astros y las olas tengan algo que decir
Será por mi boca que hablarán a los hombres
Que Dios sea Dios
O Satán sea Dios
O ambos sean miedo, nocturna ignorancia
Lo mismo da
Que sea la vía láctea
O una procesión que asciende en pos de la verdad
Hoy me es igual
Traedme una hora que vivir
Traedme un amor pescado por la oreja
Y echadlo aquí a morir ante mis ojos
Que yo caiga por el mundo a toda máquina
Que yo corra por el universo a toda estrella
Que me hunda o me eleve
Lanzado sin piedad entre planetas y catástrofes
Señor Dios si tú existes es a mí a quien lo debes
Matad la horrible duda
Y la espantosa lucidez
Hombre con los ojos abiertos en la noche
Hasta el fin de los siglos
Enigma asco de los instintos contagiosos
Como las campanas de la exaltación
Pajarero de luces muertas que andan con pies de espectro
Con los pies indulgentes del arroyo
Que se llevan las nubes y cambia de país
En el tapiz del cielo se juega nuestra suerte
Allí donde mueren las horas
El pesado cortejo de las horas que golpean el mundo
Se juega nuestra alma
Y la suerte que se vuela todas las mañanas
Sobre las nubes con los ojos llenos de lágrimas
Sangra la herida de las últimas
creencias
Cuando el fusil desconsolado del humano refugio
Descuelga los pájaros del cielo.
Mírate allí animal fraterno desnudo de nombre
Junto al abrevadero de tus límites propios
Bajo el alba benigna
Que zurce el tejido de las mareas
Mira a lo lejos viene la cadena de hombres
Saliendo de la usina de ansias iguales
Mordidos por la misma eternidad
Por el mismo huracán de vagabundas fascinaciones
Cada uno trae su palabra informe
Y los pies atados a su estrella propia
Las máquinas avanzan en la noche del diamante fatal
Avanza el desierto con sus olas sin vida
Pasan las montañas pasan los camellos
Como la historia de las guerras antiguas
Allá va la cadena de hombres entre fuegos ilusos
Hacia el párpado tumbal
Después de mi muerte un día
El mundo será pequeño a las gentes
Plantarán continentes sobre los mares
Se harán islas en el cielo
Habrá un gran puente de metal en torno de la tierra
Como los anillos construidos en Saturno
Habrá ciudades grandes como un país
Gigantescas ciudades del porvenir
En donde el hombre-hormiga será una cifra
Un número que se mueve y sufre y baila
(Un poco de amor a veces como un arpa que hace olvidar la vida)
Jardines de tomates y repollos
Los parques públicos plantados de árboles frutales
No hay carne que comer el planeta es estrecho
Y las máquinas mataron el último animal
Árboles frutales en todos los caminos
Lo aprovechable sólo lo aprovechable
Ah la hermosa vida que preparan las fábricas
La horrible indiferencia de los astros sonrientes
Refugio de la música
Que huye de las manos de los últimos ciegos
Angustia angustia de lo absoluto y de la perfección
Angustia desolada que atraviesa las órbitas perdidas
Contradictorios ritmos quiebran el corazón
En mi cabeza cada cabello piensa otra cosa
Un hastío invade el hueco que va del alba al poniente
Un bostezo color mundo y carne
Color espíritu avergonzado de irrealizables cosas
Lucha entre la piel y el sentimiento de una dignidad bebida y no
otorgada.
Nostalgia de ser barro y piedra o Dios
Vértigo de la nada cayendo de sombra en sombra
Inutilidad de los esfuerzos fragilidad del sueño
Ángel expatriado de la cordura
¿Por qué hablas? ¿Quién te pide que hables?
Revienta pesimista mas revienta en silencio
Cómo se reirán los hombres de aquí a mil
años
Hombre perro que aúllas a tu propia noche
Delincuente de tu alma
El hombre de mañana se burlará de
ti
Y de tus gritos petrificados goteando estalactitas
¿Quién eres tú habitante de este diminuto
cadáver estelar?
¿Qué son tus náuseas de infinito y tu
ambición de eternidad?
Átomo desterrado de sí mismo con puertas y ventanas de
luto
¿De dónde vienes a dónde vas?
¿Quién se preocupa de tu planeta?
Inquietud
miserable
Despojo del desprecio que por ti sentiría
Un habitante de Betelgeuse
Veintinueve millones de veces más grande que tu sol
Hablo porque soy protesta insulto y mueca de dolor
Sólo creo en los climas de la pasión
Sólo deben hablar los que tienen el corazón clarividente
La lengua a alta frecuencia
Buzos de la verdad y la mentira
Cansados de pasear sus linternas en los laberintos de la nada
En la cueva de alternos sentimientos
El dolor es lo único eterno
Y nadie podrá reír ante el vacío
¿Qué me importa la burla del hombre-hormiga
Ni la del habitante de otros astros más grandes?
Yo no sé de ellos ni ellos saben de mí
Yo sé de mi vergüenza de la vida de mi asco celular
De la mentira abyecta de todo cuanto edifican los hombres
Los pedestales de aire de sus leyes e ideales
Dadme dadme pronto un llano de silencio
Un llano despoblado como los ojos de los muertos
¿Robinsón por qué volviste de tu isla?
De la isla de tus obras y de tus sueños privados
La isla de ti mismo rica de tus actos
Sin leyes ni abdicación ni compromisos
Sin control de ojo intruso
Ni mano extraña que rompa los encantos
¿Robinsón cómo es posible que volvieras de tu isla?
Malhaya el que mire con ojos de muerte
Malhaya el que vea el resorte que todo lo mueve
Una borrasca dentro de la risa
Una agonía de sol adentro de la risa
Matad al pesimista de pupila enlutada
Al que lleva un féretro en el cerebro
Todo es nuevo cuando se mira con ojos nuevos
Oigo una voz idiota entre algas de ilusión
Boca parasitaria aún de la esperanza
Idos lejos de aquí restos de playas moribundas
Mas si buscáis descubrimientos
Tierras irrealizables más allá de los cielos
Vegetante obsesión de musical congoja
Volvamos al silencio
Restos de playas fúnebres
¿A qué buscáis el faro poniente
Vestido de su propia cabellera
Como la reina de los circos?
Volvamos al silencio
Al silencio de las palabras que vienen del silencio
Al silencio de las hostias donde se mueren los profetas
Con la llaga del flanco
Cauterizada por algún relámpago
Las palabras con fiebre y vértigo interno
Las palabras del poeta dan un marco celeste
Dan una enfermedad de nubes
Contagioso infinito de planetas errantes
Epidemia de rosas en la eternidad
Abrid la boca para recibir la hostia de la palabra herida
La hostia angustiada y ardiente que me nace no se sabe dónde
Que viene de más lejos que mi pecho
La catarata delicada de oro en libertad
Correr de río sin destino como aerolitos al azar
Una columna se alza en la punta de la voz
Y la noche se sienta en la columna
Yo poblaré para mil años los sueños de los hombres
Y os daré un poema lleno de corazón
En el cual me despedazaré por todos lados
Una lágrima caerá de unos ojos
Como algo enviado sobre la tierra
Cuando veas como una herida profetiza
Y reconozcas la carne desgraciada
El pájaro cegado en la catástrofe celeste
Encontrado en mi pecho solitario y sediento
En tanto yo me alejo tras los barcos magnéticos
Vagabundo como ellos
Y más triste que un cortejo de caballos sonámbulos
Hay palabras que tienen sombra de árbol
Otras que tienen atmósfera de
astros
Hay vocablos que tienen fuego de rayos
Y que incendian donde caen
Otros que se congelan en la lengua y se rompen al salir
Como esos cristales alados y fatídicos
Hay palabras con imanes que atraen los tesoros del abismo
Otras que se descargan como vagones sobre el alma
Altazor desconfía de las
palabras
Desconfía del ardid ceremonioso
Y de la poesía
Trampas
Trampas de luz y cascadas lujosas
Trampas de perla y de lámpara acuática
Anda como los ciegos con sus ojos de piedra
Presintiendo el abismo a todo paso
Mas no temas de mí que mi lenguaje es otro
No trato de hacer feliz ni desgraciado a nadie
Ni descolgar banderas de los pechos
Ni dar anillos de planetas
Ni hacer satélites de mármol en torno a un
talismán ajeno
Quiero darte una música de
espíritu
Música mía de esta cítara plantada en mi cuerpo
Música que hace pensar en el crecimiento de los árboles
Y estalla en luminarias adentro del sueño
Yo hablo en nombre de un astro por nadie conocido
Hablo en una lengua mojada en mares no nacidos
Con una voz llena de eclipses y distancias
Solemne como un combate de estrellas o galeras lejanas
Una voz que se desfonda en la noche de las rocas
Una voz que da la vista a los ciegos atentos
Los ciegos escondidos al fondo de las casas
Como al fondo de sí mismos
Los veleros que parten a distribuir mi alma por el mundo
Volverán convertidos en pájaros
Una hermosa mañana alta de muchos metros
Alta como el árbol cuyo fruto es el sol
Una mañana frágil y rompible
A la hora en que las flores se lavan la cara
Y los últimos sueños huyen por las ventanas
Tanta exaltación para arrastrar los cielos a la lengua
El infinito se instala en el nido del pecho
Todo se vuelve presagio
ángel entonces
El cerebro se torna sistro revelador
Y la hora huye despavorida por los ojos
Los pájaros grabados en el zenit no cantan
El día se suicida arrojándose al mar
Un barco vestido de luces se aleja
tristemente
Y al fondo de las olas un pez escucha el paso de los hombres
Silencio la tierra va a dar a luz un
árbol
La muerte se ha dormido en el cuello de un cisne
Y cada pluma tiene un distinto
temblor
Ahora que Dios se sienta sobre la tempestad
Que pedazos de cielo caen y se enredan en la selva
Y que el tifón despeina las barbas del pirata
Ahora sacad la muerta al viento
Para que el viento abra sus ojos
Silencio la tierra va a dar a luz un árbol
Tengo cartas secretas en la caja del cráneo
Tengo un carbón doliente en el fondo del pecho
Y conduzco mi pecho a la boca
Y la boca a la puerta del sueño
El mundo se me entra por los ojos
Se me entra por las manos se me entra por los pies
Me entra por la boca y se me sale
En insectos celestes o nubes de palabras por los poros
Silencio la tierra va a dar a luz un árbol
Mis ojos en la gruta de la hipnosis
Mastican el universo que me atraviesa como un túnel
Un escalofrío de pájaro me sacude los hombros
Escalofrío de alas y olas interiores
Escalas de olas y alas en la sangre
Se rompen las amarras de las venas
Y se salta afuera de la carne
Se sale de las puertas de la tierra
Entre palomas espantadas
Habitante de tu
destino
¿Por qué quieres salir de tu destino?
¿Por qué quieres romper los lazos de tu estrella
Y viajar solitario en los espacios
Y caer a través de tu cuerpo de tu zenit a tu nadir?
No quiero ligaduras de astro ni de viento
Ligaduras de luna buenas son para el mar y las mujeres
Dadme mis violines de vértigo insumiso
Mi libertad de música escapada
No hay peligro en la noche pequeña encrucijada
Ni enigma sobre el alma
La palabra electrizada de sangre y corazón
Es el gran paracaídas y el pararrayos de Dios
Habitante de tu destino
Pegado a tu camino como roca
Viene la hora del sortilegio resignado
Abre la mano de tu espíritu
El magnético dedo
En donde el anillo de la serenidad adolescente
Se posará cantando como el canario pródigo
Largos años ausente
Silencio
Se oye el pulso del mundo como nunca pálido
La tierra acaba de alumbrar un árbol
¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu
sonrisa
Con la espada en la mano?
¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus
ojos como el adorno de un dios?
¿Por qué un día de repente sentiste el terror de
ser?
Y esa voz que te gritó vives y no te ves vivir
¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de todos
los vientos del dolor?
Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de estupor
Estás perdido Altazor
Solo en medio del universo
Solo como una nota que florece en las alturas del vacío
No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza
¿En dónde estás Altazor?
La nebulosa de la angustia pasa como un río
Y me arrastra según la ley de las atracciones
La nebulosa en olores solidificada huye su propia soledad
Siento un telescopio que me apunta como un revólver
La cola de un cometa me azota el rostro y pasa relleno de eternidad
Buscando infatigable un lago quieto en donde refrescar su tarea
ineludible
Altazor morirás. Se
secará tu voz y serás invisible
La Tierra seguirá girando sobre su órbita precisa
Temerosa de un traspiés como el equilibrista sobre el alambre
que ata las miradas del pavor
En vano buscas ojo enloquecido
No hay puerta de salida y el viento desplaza los planetas
Piensas que no importa caer eternamente si se logra escapar
¿No ves que vas cayendo ya?
Limpia tu cabeza de prejuicio y moral.
Y si queriendo alzarte nada has alcanzado
Déjate caer sin parar tu caída sin miedo al fondo de la
sombra
Sin miedo al enigma de ti mismo
Acaso encuentres una luz sin noche
Perdida en las grietas de los precipicios
Cae
Cae eternamente
Cae al fondo del
infinito
Cae al fondo del
tiempo
Cae al fondo de ti mismo
Cae lo más bajo que se pueda caer
Cae sin vértigo
A través de todos los espacios y todas las edades
A través de todas las almas de todos los anhelos y todos los
naufragios
Cae y quema al pasar los astros y los mares
Quema los ojos que te miran y los corazones que te aguardan
Quema el viento con tu voz
El viento que se enreda en tu voz
Y la noche que tiene frío en su gruta de huesos
Cae en infancia
Cae en vejez
Cae en lágrimas
Cae en risas
Cae en música sobre el universo
Cae de tu cabeza a tus pies
Cae de tus pies a tu cabeza
Cae del mar a la fuente
Cae al último abismo de silencio
Como el barco que se hunde apagando sus luces
Todo se acabó
El mar antropófago golpea la puerta de las rocas despiadadas
Los perros ladran a las horas que se mueren
Y el cielo escucha el paso de las estrellas que se alejan.
Estás solo
Y vas a la muerte derecho como un iceberg que se desprende del polo
Cae la noche buscando su corazón en el océano
La mirada se agranda como los torrentes
Y en tanto que las olas se dan vuelta
La luna niño de luz se escapa de alta mar
Mira este cielo lleno
Más rico que los arroyos de las minas
Cielo lleno de estrellas que esperan el bautismo
Todas esas estrellas salpicaduras de un astro de piedra lanzado en las
aguas eternas
No saben lo que quieren ni si hay redes ocultas más allá
Ni qué mano lleva las riendas
Ni qué pecho sopla el viento sobre ellas
Ni saben sí no hay mano y no hay pecho
Las montañas de pesca
Tienen la altura de mis deseos
Y yo arrojo fuera de la noche mis últimas angustias
Que los pájaros cantando dispersan por el mundo.
Reparad el motor del alba
En tanto me siento al borde de mis ojos
Para asistir a la entrada de las imágenes
Soy yo Altazor
Altazor
Encerrado en la jaula de su destino
En vano me aferro a los barrotes de la evasión posible
Una flor cierra el camino
Y se levanta como la estatua de las llamas
La evasión imposible
Más débil marcho con mis ansias
Que un ejército sin luz en medio de emboscadas
Abrí los ojos en el siglo
En que moría el cristianismo.
Retorcido en su cruz agonizante
Ya va a dar el último suspiro
¿Y mañana qué pondremos en el sitio vacío?
Pondremos un alba o un crepúsculo
¿Y hay que poner algo acaso?
La corona de espinas
Chorreando sus últimas estrellas se marchita
Morirá el cristianismo que no ha resuelto ningún problema
Que sólo ha enseñado plegarias muertas.
Muere después de dos mil años de existencia
Un cañoneo enorme pone punto final a la era cristiana
El Cristo quiere morir acompañado de millones de almas
Hundirse en sus templos
Y atravesar la muerte con un cortejo inmenso
Mil aeroplanos saludan la nueva era
Ellos son los oráculos y las banderas
Hace seis meses solamente
Dejé la ecuatorial recién cortada
En la tumba guerrera del esclavo paciente
Corona de piedad sobre la estupidez humana.
Soy yo que estoy hablando en este año 1919
Es el invierno
Ya la Europa enterró todos sus muertos
Y un millar de lágrimas hacen una sola cruz de nieve
Mirad esas estepas que sacuden las manos
Millones de obreros han comprendido al fin
Y levantan al cielo sus banderas de aurora
Venid venid os esperamos porque sois la esperanza
La única esperanza
La última
esperanza.
Soy yo Altazor el doble de mí mismo
El que se mira obrar y se ríe del otro frente a frente
El que cayó de las alturas de su estrella
Y viajó veinticinco años
Colgado al paracaídas de sus propios prejuicios
Soy yo Altazor el del ansia infinita
Del hambre eterno y descorazonado
Carne labrada por arados de angustia
¿Cómo podrá dormir mientras haya adentro tierras
desconocidas?
Problemas
Misterios que se cuelgan a mi pecho
Estoy solo
La distancia que va de cuerpo a cuerpo
Es tan grande como la que hay de alma a alma
Solo
Solo
Solo
Estoy solo parado en la punta del año que agoniza
El universo se rompe en olas a mis pies
Los planetas giran en torno a mi cabeza
Y me despeinan al pasar con el viento que desplazan
Sin dar una respuesta que llene los abismos
Ni sentir este anhelo fabuloso que busca en la fauna del cielo
Un ser materno donde se duerma el corazón
Un lecho a la sombra del torbellino de enigmas
Una mano que acaricie los latidos de la fiebre.
Dios diluido en la nada y el todo
Dios todo y nada
Dios en las palabras y en los gestos
Dios mental
Dios aliento
Dios joven Dios viejo
Dios pútrido
lejano y cerca
Dios amasado a mi congoja
Sigamos cultivando en el cerebro las tierras del error
Sigamos cultivando las tierras veraces en el pecho
Sigamos
Siempre igual como ayer mañana y luego y después
Nó
No puede ser. Cambiemos nuestra suerte
Quememos nuestra carne en los ojos del alba
Bebamos la tímida lucidez de la muerte
La lucidez polar de la muerte.
Canta el caos al caos que tiene pecho de hombre
Llora de eco en eco por todo el universo
Rodando con sus mitos entre alucinaciones
Angustia de vacío en alta fiebre
Amarga conciencia del vano sacrificio
De la experiencia inútil del fracaso celeste
Del ensayo perdido
Y aún después que el hombre haya desaparecido
Que hasta su recuerdo se queme en la hoguera del tiempo
Quedará un gusto a dolor en la atmósfera terrestre
Tantos siglos respirada por miserables pechos plañideros
Quedará en el espacio la sombra siniestra
De una lágrima
inmensa
Y una voz perdida aullando desolada
nada nada nada
Nó
No puede ser
Consumamos el placer
Agotemos la vida en la vida
Muera la muerte infiltrada de rapsodias langurosas
Infiltrada de pianos tenues y banderas cambiantes como crisálidas
Las rocas de la muerte se quejan al borde del mundo
El viento arrastra sus florescencias amargas
Y el desconsuelo de las primaveras que no pueden nacer.
Todas son trampas
trampas del espíritu
Transfusiones eléctricas de sueño y realidad
Oscuras lucideces de esta larga desesperación petrificada en
soledad
Vivir vivir en las tinieblas
Entre cadenas de anhelos tiránicos collares de gemidos
Y un eterno viajar en los adentros de sí mismo.
Con dolor de límites constantes y vergüenza de ángel
estropeado
Burla de un dios
nocturno
Rodar rodar rotas las antenas en medio del espacio
Entre mares alados y auroras estancadas
Yo estoy aquí de pie ante vosotros
En nombre de una idiota ley proclamadora
De la conservación de las especies
Inmunda ley
Villana ley arraigada a los sexos ingenuos.
Por esa ley primera trampa de la inconciencia
El hombre se desgarra
Y se rompe en aullidos mortales por todos los poros de su tierra.
Yo estoy aquí de pie entre vosotros
Se me caen las ansias al vacío
Se me caen los gritos a la nada
Se me caen al caos las blasfemias
Perro del infinito trotando entre astros muertos
Perro lamiendo estrellas y recuerdos de estrella
Perro lamiendo
tumbas
Quiero la eternidad como una paloma en mis manos
Todo ha de alejarse en la muerte esconderse en la muerte
Yo tú él nosotros vosotros ellos
Ayer hoy mañana
Pasto en las fauces del insaciable olvido
Pasto para la rumia eterna del caos incansable
Justicia ¿qué has hecho de mí Vicente Huidobro?
Se me cae el dolor de la lengua y las alas marchitas
Se me caen los dedos muertos uno a uno
¿Qué has hecho de mi voz cargada de pájaros en el
atardecer
La voz que me dolía como sangre?
Dadme el infinito como una flor para mis manos
Seguir
Nó. Basta ya
Seguir cargado de mundos de países de ciudades
Muchedumbres aullidos
Cubierto de climas hemisferios ideas recuerdos
Entre telarañas de sepulcros y planetas conscientes
Seguir del dolor al dolor del enigma al enigma
Del dolor de la piedra al dolor de la planta
Porque todo es dolor
Dolor de batalla y miedo de no ser
Lazos de dolor atan la tierra al cielo las aguas a la tierra
Y los mundos galopan en órbitas de angustia
Pensando en la sorpresa
La latente emboscada en todos los rincones del espacio.
Me duelen los pies como ríos de piedra
¿Qué has hecho de mis pies?
¿Qué has hecho de esta bestia universal
De este animal errante?
Esta rata en delirio que trepa las montañas
Sobre un himno boreal o alarido de tierra
Sucio de tierra y llanto
de tierra y sangre
Azotado de espinas y los ojos en cruz.
La conciencia es amargura
La inteligencia es decepción
Sólo en las afueras de la vida
Se puede plantar una pequeña ilusión
Ojos ávidos de lágrimas hirviendo
Labios ávidos de mayores lamentos
Manos enloquecidas de palpar tinieblas
Buscando más tinieblas
Y esta amargura que se pasea por los huesos
Y este entierro en mi memoria
Este entierro que se alarga en mi memoria
Este largo entierro que atraviesa todos los días mi memoria
Seguir
Nó
Que se rompa el andamio de los huesos
Que se derrumben las vigas del cerebro
Y arrastre el huracán los trozos a la nada al otro lado
En donde el viento azota a Dios
En donde aún resuene mi violín gutural
Acompañando el piano póstumo del Juicio Final
Eres tú tú el ángel caído
La caída eterna sobre la muerte
La caída sin fin de muerte en muerte
Embruja el universo con tu voz
Aférrate a tu voz embrujador del mundo
Cantando como un ciego perdido en la eternidad
Anda en mi cerebro una gramática dolorosa y brutal
La matanza continua de conceptos internos
Y una última aventura de esperanzas celestes
Un desorden de estrellas imprudentes
Caídas de los sortilegios sin refugio
Todo lo que se esconde y nos incita con imanes fatales
Lo que se esconde en las frías regiones de lo invisible
O en la ardiente tempestad de nuestro cráneo
La eternidad se vuelve sendero de flor
Para el regreso de espectros y problemas
Para el mirage sediento de las nuevas hipótesis
Que rompen el espejo de la magia posible
Liberación ¡Oh! sí liberación de todo
De la propia memoria que nos posee
De las profundas vísceras que saben lo que saben
A causa de estas heridas que nos atan al fondo
Y nos quiebran los gritos de las alas
La magia y el ensueño liman los barrotes
La poesía llora en la punta del alma
Y acrece la inquietud mirando nuevos muros
Alzados de misterio en misterio
Entre minas de mixtificación que abren sus heridas
Con el ceremonial inagotable del alba conocida.
Todo en vano
Dadme la llave de los sueños cerrados
Dadme la llave del naufragio
Dadme una certeza de raíces en horizonte quieto
Un descubrimiento que no huya a cada paso
O dadme un bello naufragio verde
Un milagro que ilumine el fondo de nuestros mares íntimos
Como el barco que se hunde sin apagar sus luces.
Liberado de este trágico silencio entonces
En mi propia tempestad
Desafiaré al vacío
Sacudiré la nada con blasfemias y gritos
Hasta que caiga un rayo de castigo ansiado
Trayendo a mis tinieblas el clima del paraíso
¿Por qué soy prisionero de esta trágica busca?
¿Qué es lo que me llama y se esconde
Me sigue me grita por mi nombre
Y cuando vuelvo el rostro y alargo las manos de los ojos
Me echa encima una niebla tenaz como la noche de los astros ya muertos?
Sufro me revuelco en la angustia
Sufro desde que era nebulosa
Y traigo desde entonces este dolor primordial en las células
Este peso en las alas
Esta piedra en el
canto
Dolor de ser isla
Angustia subterránea
Angustia cósmica
Poliforme angustia anterior a mi vida
Y que la sigue como una marcha militar
Y que irá más allá
Hasta el otro lado de la periferia universal
Consciente
Inconsciente
Deforme
Sonora
Sonora como el fuego
El fuego que me quema el carbón interno y el alcohol de los ojos
Soy una orquesta trágica
Un concepto trágico
Soy trágico como los versos que punzan en las sienes y no pueden
salir
Arquitectura fúnebre
Matemática fatal y sin esperanza alguna
Capas superpuestas de dolor misterioso
Capas superpuestas de ansias mortales
Subsuelos de intuiciones fabulosas
Siglos siglos que vienen gimiendo en mis venas
Siglos que se balancean en mi canto
Que agonizan en mi voz
Porque mi voz es sólo canto y sólo puede salir en canto
La cuna de mi lengua se meció en el vacío
Anterior a los tiempos
Y guardará eternamente el ritmo primero
El ritmo que hace nacer los mundos
Soy la voz del hombre que resuena en los cielos
Que reniega y
maldice
Y pide cuentas de por qué y para qué
Soy todo el hombre
El hombre herido por quién sabe quién
Por una flecha perdida del caos
Humano terreno
desmesurado
Sí desmesurado y lo proclamo sin miedo
Desmesurado porque no soy burgués ni raza fatigada
Soy bárbaro tal vez
Desmesurado enfermo
Bárbaro limpio de rutinas y caminos marcados
No acepto vuestras sillas de seguridades cómodas
Soy el ángel salvaje que cayó una mañana
En vuestras plantaciones de preceptos.
Poeta
Anti poeta
Culto
Anti culto
Animal metafísico cargado de congojas
Animal expontáneo directo sangrando sus problemas
Solitario como una paradoja
Paradoja
fatal
Flor de contradicciones bailando un fox-trot
Sobre el sepulcro de Dios
Sobre el bien y el mal
Soy un pecho que grita y un cerebro que sangra
Soy un temblor de tierra
Los sismógrafos señalan mi paso por el mundo
Crujen las ruedas de la tierra
Y voy andando a caballo en mi muerte
Voy pegado a mi muerte como un pájaro al cielo
Como una fecha en el árbol que crece
Como el nombre en la carta que envío
Voy pegado a mi muerte
Voy por la vida pegado a mi muerte
Apoyado en el bastón de mi esqueleto
El sol nace en mi ojo derecho y se pone en mi ojo izquierdo
En mi infancia una infancia ardiente como un alcohol
Me sentaba en los caminos de la noche
A escuchar la elocuencia de las estrellas
Y la oratoria del árbol
Ahora la indiferencia nieva en la tarde de mi alma
Rómpanse en espigas las estrellas
Pártase la luna en mil espejos
Vuelva el árbol al nido de su almendra
Sólo quiero saber por
qué
Por qué
Por qué
Soy protesta y araño el infinito con mis garras
Y grito y gimo con miserables gritos oceánicos
El eco de mi voz hace tronar el caos
Soy desmesurado cósmico
Las piedras las plantas las montañas
Me saludan Las abejas las ratas
Los leones y las águilas
Los astros los crepúsculos las albas
Los ríos y las selvas me preguntan
¿Qué tal cómo está Ud.?
Y mientras los astros y las olas tengan algo que decir
Será por mi boca que hablarán a los hombres
Que Dios sea Dios
O Satán sea Dios
O ambos sean miedo, nocturna ignorancia
Lo mismo da
Que sea la vía láctea
O una procesión que asciende en pos de la verdad
Hoy me es igual
Traedme una hora que vivir
Traedme un amor pescado por la oreja
Y echadlo aquí a morir ante mis ojos
Que yo caiga por el mundo a toda máquina
Que yo corra por el universo a toda estrella
Que me hunda o me eleve
Lanzado sin piedad entre planetas y catástrofes
Señor Dios si tú existes es a mí a quien lo debes
Matad la horrible duda
Y la espantosa lucidez
Hombre con los ojos abiertos en la noche
Hasta el fin de los siglos
Enigma asco de los instintos contagiosos
Como las campanas de la exaltación
Pajarero de luces muertas que andan con pies de espectro
Con los pies indulgentes del arroyo
Que se llevan las nubes y cambia de país
En el tapiz del cielo se juega nuestra suerte
Allí donde mueren las horas
El pesado cortejo de las horas que golpean el mundo
Se juega nuestra alma
Y la suerte que se vuela todas las mañanas
Sobre las nubes con los ojos llenos de lágrimas
Sangra la herida de las últimas
creencias
Cuando el fusil desconsolado del humano refugio
Descuelga los pájaros del cielo.
Mírate allí animal fraterno desnudo de nombre
Junto al abrevadero de tus límites propios
Bajo el alba benigna
Que zurce el tejido de las mareas
Mira a lo lejos viene la cadena de hombres
Saliendo de la usina de ansias iguales
Mordidos por la misma eternidad
Por el mismo huracán de vagabundas fascinaciones
Cada uno trae su palabra informe
Y los pies atados a su estrella propia
Las máquinas avanzan en la noche del diamante fatal
Avanza el desierto con sus olas sin vida
Pasan las montañas pasan los camellos
Como la historia de las guerras antiguas
Allá va la cadena de hombres entre fuegos ilusos
Hacia el párpado tumbal
Después de mi muerte un día
El mundo será pequeño a las gentes
Plantarán continentes sobre los mares
Se harán islas en el cielo
Habrá un gran puente de metal en torno de la tierra
Como los anillos construidos en Saturno
Habrá ciudades grandes como un país
Gigantescas ciudades del porvenir
En donde el hombre-hormiga será una cifra
Un número que se mueve y sufre y baila
(Un poco de amor a veces como un arpa que hace olvidar la vida)
Jardines de tomates y repollos
Los parques públicos plantados de árboles frutales
No hay carne que comer el planeta es estrecho
Y las máquinas mataron el último animal
Árboles frutales en todos los caminos
Lo aprovechable sólo lo aprovechable
Ah la hermosa vida que preparan las fábricas
La horrible indiferencia de los astros sonrientes
Refugio de la música
Que huye de las manos de los últimos ciegos
Angustia angustia de lo absoluto y de la perfección
Angustia desolada que atraviesa las órbitas perdidas
Contradictorios ritmos quiebran el corazón
En mi cabeza cada cabello piensa otra cosa
Un hastío invade el hueco que va del alba al poniente
Un bostezo color mundo y carne
Color espíritu avergonzado de irrealizables cosas
Lucha entre la piel y el sentimiento de una dignidad bebida y no
otorgada.
Nostalgia de ser barro y piedra o Dios
Vértigo de la nada cayendo de sombra en sombra
Inutilidad de los esfuerzos fragilidad del sueño
Ángel expatriado de la cordura
¿Por qué hablas? ¿Quién te pide que hables?
Revienta pesimista mas revienta en silencio
Cómo se reirán los hombres de aquí a mil
años
Hombre perro que aúllas a tu propia noche
Delincuente de tu alma
El hombre de mañana se burlará de
ti
Y de tus gritos petrificados goteando estalactitas
¿Quién eres tú habitante de este diminuto
cadáver estelar?
¿Qué son tus náuseas de infinito y tu
ambición de eternidad?
Átomo desterrado de sí mismo con puertas y ventanas de
luto
¿De dónde vienes a dónde vas?
¿Quién se preocupa de tu planeta?
Inquietud
miserable
Despojo del desprecio que por ti sentiría
Un habitante de Betelgeuse
Veintinueve millones de veces más grande que tu sol
Hablo porque soy protesta insulto y mueca de dolor
Sólo creo en los climas de la pasión
Sólo deben hablar los que tienen el corazón clarividente
La lengua a alta frecuencia
Buzos de la verdad y la mentira
Cansados de pasear sus linternas en los laberintos de la nada
En la cueva de alternos sentimientos
El dolor es lo único eterno
Y nadie podrá reír ante el vacío
¿Qué me importa la burla del hombre-hormiga
Ni la del habitante de otros astros más grandes?
Yo no sé de ellos ni ellos saben de mí
Yo sé de mi vergüenza de la vida de mi asco celular
De la mentira abyecta de todo cuanto edifican los hombres
Los pedestales de aire de sus leyes e ideales
Dadme dadme pronto un llano de silencio
Un llano despoblado como los ojos de los muertos
¿Robinsón por qué volviste de tu isla?
De la isla de tus obras y de tus sueños privados
La isla de ti mismo rica de tus actos
Sin leyes ni abdicación ni compromisos
Sin control de ojo intruso
Ni mano extraña que rompa los encantos
¿Robinsón cómo es posible que volvieras de tu isla?
Malhaya el que mire con ojos de muerte
Malhaya el que vea el resorte que todo lo mueve
Una borrasca dentro de la risa
Una agonía de sol adentro de la risa
Matad al pesimista de pupila enlutada
Al que lleva un féretro en el cerebro
Todo es nuevo cuando se mira con ojos nuevos
Oigo una voz idiota entre algas de ilusión
Boca parasitaria aún de la esperanza
Idos lejos de aquí restos de playas moribundas
Mas si buscáis descubrimientos
Tierras irrealizables más allá de los cielos
Vegetante obsesión de musical congoja
Volvamos al silencio
Restos de playas fúnebres
¿A qué buscáis el faro poniente
Vestido de su propia cabellera
Como la reina de los circos?
Volvamos al silencio
Al silencio de las palabras que vienen del silencio
Al silencio de las hostias donde se mueren los profetas
Con la llaga del flanco
Cauterizada por algún relámpago
Las palabras con fiebre y vértigo interno
Las palabras del poeta dan un marco celeste
Dan una enfermedad de nubes
Contagioso infinito de planetas errantes
Epidemia de rosas en la eternidad
Abrid la boca para recibir la hostia de la palabra herida
La hostia angustiada y ardiente que me nace no se sabe dónde
Que viene de más lejos que mi pecho
La catarata delicada de oro en libertad
Correr de río sin destino como aerolitos al azar
Una columna se alza en la punta de la voz
Y la noche se sienta en la columna
Yo poblaré para mil años los sueños de los hombres
Y os daré un poema lleno de corazón
En el cual me despedazaré por todos lados
Una lágrima caerá de unos ojos
Como algo enviado sobre la tierra
Cuando veas como una herida profetiza
Y reconozcas la carne desgraciada
El pájaro cegado en la catástrofe celeste
Encontrado en mi pecho solitario y sediento
En tanto yo me alejo tras los barcos magnéticos
Vagabundo como ellos
Y más triste que un cortejo de caballos sonámbulos
Hay palabras que tienen sombra de árbol
Otras que tienen atmósfera de
astros
Hay vocablos que tienen fuego de rayos
Y que incendian donde caen
Otros que se congelan en la lengua y se rompen al salir
Como esos cristales alados y fatídicos
Hay palabras con imanes que atraen los tesoros del abismo
Otras que se descargan como vagones sobre el alma
Altazor desconfía de las
palabras
Desconfía del ardid ceremonioso
Y de la poesía
Trampas
Trampas de luz y cascadas lujosas
Trampas de perla y de lámpara acuática
Anda como los ciegos con sus ojos de piedra
Presintiendo el abismo a todo paso
Mas no temas de mí que mi lenguaje es otro
No trato de hacer feliz ni desgraciado a nadie
Ni descolgar banderas de los pechos
Ni dar anillos de planetas
Ni hacer satélites de mármol en torno a un
talismán ajeno
Quiero darte una música de
espíritu
Música mía de esta cítara plantada en mi cuerpo
Música que hace pensar en el crecimiento de los árboles
Y estalla en luminarias adentro del sueño
Yo hablo en nombre de un astro por nadie conocido
Hablo en una lengua mojada en mares no nacidos
Con una voz llena de eclipses y distancias
Solemne como un combate de estrellas o galeras lejanas
Una voz que se desfonda en la noche de las rocas
Una voz que da la vista a los ciegos atentos
Los ciegos escondidos al fondo de las casas
Como al fondo de sí mismos
Los veleros que parten a distribuir mi alma por el mundo
Volverán convertidos en pájaros
Una hermosa mañana alta de muchos metros
Alta como el árbol cuyo fruto es el sol
Una mañana frágil y rompible
A la hora en que las flores se lavan la cara
Y los últimos sueños huyen por las ventanas
Tanta exaltación para arrastrar los cielos a la lengua
El infinito se instala en el nido del pecho
Todo se vuelve presagio
ángel entonces
El cerebro se torna sistro revelador
Y la hora huye despavorida por los ojos
Los pájaros grabados en el zenit no cantan
El día se suicida arrojándose al mar
Un barco vestido de luces se aleja
tristemente
Y al fondo de las olas un pez escucha el paso de los hombres
Silencio la tierra va a dar a luz un
árbol
La muerte se ha dormido en el cuello de un cisne
Y cada pluma tiene un distinto
temblor
Ahora que Dios se sienta sobre la tempestad
Que pedazos de cielo caen y se enredan en la selva
Y que el tifón despeina las barbas del pirata
Ahora sacad la muerta al viento
Para que el viento abra sus ojos
Silencio la tierra va a dar a luz un árbol
Tengo cartas secretas en la caja del cráneo
Tengo un carbón doliente en el fondo del pecho
Y conduzco mi pecho a la boca
Y la boca a la puerta del sueño
El mundo se me entra por los ojos
Se me entra por las manos se me entra por los pies
Me entra por la boca y se me sale
En insectos celestes o nubes de palabras por los poros
Silencio la tierra va a dar a luz un árbol
Mis ojos en la gruta de la hipnosis
Mastican el universo que me atraviesa como un túnel
Un escalofrío de pájaro me sacude los hombros
Escalofrío de alas y olas interiores
Escalas de olas y alas en la sangre
Se rompen las amarras de las venas
Y se salta afuera de la carne
Se sale de las puertas de la tierra
Entre palomas espantadas
Habitante de tu
destino
¿Por qué quieres salir de tu destino?
¿Por qué quieres romper los lazos de tu estrella
Y viajar solitario en los espacios
Y caer a través de tu cuerpo de tu zenit a tu nadir?
No quiero ligaduras de astro ni de viento
Ligaduras de luna buenas son para el mar y las mujeres
Dadme mis violines de vértigo insumiso
Mi libertad de música escapada
No hay peligro en la noche pequeña encrucijada
Ni enigma sobre el alma
La palabra electrizada de sangre y corazón
Es el gran paracaídas y el pararrayos de Dios
Habitante de tu destino
Pegado a tu camino como roca
Viene la hora del sortilegio resignado
Abre la mano de tu espíritu
El magnético dedo
En donde el anillo de la serenidad adolescente
Se posará cantando como el canario pródigo
Largos años ausente
Silencio
Se oye el pulso del mundo como nunca pálido
La tierra acaba de alumbrar un árbol
1.239
Pedro Salinas
Agua En La Noche, Serpiente Indecisa,
Agua en la noche, serpiente indecisa,
silbo menor y rumbo ignorado:
¿Qué día nieve, qué día mar? Dime.
¿Qué día nube, eco
de ti y cauce seco?
Dime.
No lo diré: entre tus labios me tienes,
beso te doy, pero no claridades.
Que compasiones nocturnas te basten
y lo demás a las sombras
déjaselo, porque yo he sido hecha
para la sed de los labios que nunca preguntan.
silbo menor y rumbo ignorado:
¿Qué día nieve, qué día mar? Dime.
¿Qué día nube, eco
de ti y cauce seco?
Dime.
No lo diré: entre tus labios me tienes,
beso te doy, pero no claridades.
Que compasiones nocturnas te basten
y lo demás a las sombras
déjaselo, porque yo he sido hecha
para la sed de los labios que nunca preguntan.
716
Vicente Huidobro
Cantar De Los Cantares
Cantar
Todos los días
Cantar
Ella vendrá tan rápida
Que su sombra se quedará olvidada
Sin poder encontrar
En el camino
Las nubes hidrófilas
Se rasgan en las cimas de las hojas
La lluvia
Detrás del agua
El sol
Al final de una canción
Alguien doblará los años
Y caerá en mis brazos.
Todos los días
Cantar
Ella vendrá tan rápida
Que su sombra se quedará olvidada
Sin poder encontrar
En el camino
Las nubes hidrófilas
Se rasgan en las cimas de las hojas
La lluvia
Detrás del agua
El sol
Al final de una canción
Alguien doblará los años
Y caerá en mis brazos.
922
Pedro Salinas
Anoche Se Me Ha Perdido
Anoche se me ha perdido
en la arena de la playa
un recuerdo
dorado, viejo y menudo
como un granito de arena.
¡Paciencia! La noche es corta.
Iré a buscarlo mañana...
Pero tengo miedo de esos
remolinos nocherniegos
que se llevan en su grupa
¡Dios sabe adónde! la arena
menudita de la playa.
en la arena de la playa
un recuerdo
dorado, viejo y menudo
como un granito de arena.
¡Paciencia! La noche es corta.
Iré a buscarlo mañana...
Pero tengo miedo de esos
remolinos nocherniegos
que se llevan en su grupa
¡Dios sabe adónde! la arena
menudita de la playa.
915
Olga Orozco
Olga Orozco
Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.
Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,
el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,
la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre
alucinaciones,
y también el pequeño temblor de las bujías en el
anochecer.
Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las
tatuaron.
De mi estadía quedan las magias y los ritos,
unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,
la humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,
y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron.
Lo demás aún se cumple en el olvido,
aún labra la desdicha en el rostro de aquello que se buscaba en
mí igual que en un espejo de sonrientes praderas,
y a la que tú verás extrañamente ajena:
mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo.
Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo,
en un último instante fulmíneo como el rayo,
no en el túmulo incierto donde alzo todavía la voz ronca
y llorada
entre los remolinos de tu corazón.
No. Esta muerte n tiene descanso ni grandeza.
No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo.
Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte
porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura
que los cambiantes sueños,
allá, donde escribimos la sentencia:
“Ellos han muerto ya.
Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por
infierno.
Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento”.
Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,
el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,
la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre
alucinaciones,
y también el pequeño temblor de las bujías en el
anochecer.
Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las
tatuaron.
De mi estadía quedan las magias y los ritos,
unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,
la humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,
y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron.
Lo demás aún se cumple en el olvido,
aún labra la desdicha en el rostro de aquello que se buscaba en
mí igual que en un espejo de sonrientes praderas,
y a la que tú verás extrañamente ajena:
mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo.
Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo,
en un último instante fulmíneo como el rayo,
no en el túmulo incierto donde alzo todavía la voz ronca
y llorada
entre los remolinos de tu corazón.
No. Esta muerte n tiene descanso ni grandeza.
No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo.
Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte
porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura
que los cambiantes sueños,
allá, donde escribimos la sentencia:
“Ellos han muerto ya.
Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por
infierno.
Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento”.
719
Vicente Huidobro
Depart
La barca se alejaba
Sobre las olas cóncavas
De qué garganta sin plumas
brotaban las canciones
Una nube de humo y
un pañuelo
Se batían al
viento
Las flores del solsticio
Florecen al vacío
Y en vano hemos llorado
sin poder recogerlas
El último verso
nunca será cantado
Levantando un niño al viento
Una mujer decía adiós desde la playa
TODAS LAS GOLONDRINAS SE ROMPIERON LAS ALAS
Sobre las olas cóncavas
De qué garganta sin plumas
brotaban las canciones
Una nube de humo y
un pañuelo
Se batían al
viento
Las flores del solsticio
Florecen al vacío
Y en vano hemos llorado
sin poder recogerlas
El último verso
nunca será cantado
Levantando un niño al viento
Una mujer decía adiós desde la playa
TODAS LAS GOLONDRINAS SE ROMPIERON LAS ALAS
875
Pedro Salinas
El Alma Tenías
El alma tenías
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles...
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
soñaba altos muros
guardándote el alma
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.
tan clara y abierta,
que yo nunca pude
entrarme en tu alma.
Busqué los atajos
angostos, los pasos
altos y difíciles...
A tu alma se iba
por caminos anchos.
Preparé alta escala
soñaba altos muros
guardándote el alma
pero el alma tuya
estaba sin guarda
de tapial ni cerca.
Te busqué la puerta
estrecha del alma,
pero no tenía,
de franca que era,
entradas tu alma.
¿En dónde empezaba?
¿Acababa, en dónde?
Me quedé por siempre
sentado en las vagas
lindes de tu alma.
1.295
Vicente Huidobro
Marino
Aquél pájaro que vuela por primera vez
Se aleja del nido mirando hacia atrás
Con el dedo en los labios
os he llamado.
Yo inventé juegos de agua
En la cima de los árboles.
Te hice la más bella de las mujeres
Tan bella que enrojecías en las tardes.
La luna se aleja de nosotros
Y arroja una corona sobre el polo
Hice correr ríos
que nunca han existido
De un grito elevé una montaña
Y en torno bailamos una nueva danza.
Corté todas las rosas
De las nubes del este
Y enseñé a cantar a un pájaro de nieve
Marchemos sobre los meses desatados
Soy el viejo marino
que cose los horizontes cortados
Se aleja del nido mirando hacia atrás
Con el dedo en los labios
os he llamado.
Yo inventé juegos de agua
En la cima de los árboles.
Te hice la más bella de las mujeres
Tan bella que enrojecías en las tardes.
La luna se aleja de nosotros
Y arroja una corona sobre el polo
Hice correr ríos
que nunca han existido
De un grito elevé una montaña
Y en torno bailamos una nueva danza.
Corté todas las rosas
De las nubes del este
Y enseñé a cantar a un pájaro de nieve
Marchemos sobre los meses desatados
Soy el viejo marino
que cose los horizontes cortados
905
Pedro Salinas
Posesión De Tu Nombre
Posesión de tu nombre,
sola que tú permites,
felicidad, alma sin cuerpo.
Dentro de mí te llevo
porque digo tu nombre,
felicidad, dentro del pecho.
«Ven»: y tú llegas quedo;
«vete»: y rápida huyes.
Tu presencia y tu ausencia
sombra son una de otra,
sombras me dan y quitan.
(¡Y mis brazos abiertos!)
Pero tu cuerpo nunca,
pero tus labios nunca,
felicidad, alma sin cuerpo, sombra pura.
sola que tú permites,
felicidad, alma sin cuerpo.
Dentro de mí te llevo
porque digo tu nombre,
felicidad, dentro del pecho.
«Ven»: y tú llegas quedo;
«vete»: y rápida huyes.
Tu presencia y tu ausencia
sombra son una de otra,
sombras me dan y quitan.
(¡Y mis brazos abiertos!)
Pero tu cuerpo nunca,
pero tus labios nunca,
felicidad, alma sin cuerpo, sombra pura.
856
Olga Orozco
El Pródigo
Aquí hay un tibio lecho de perdón y condenas
injurias del amor
para la insomne rebeldía del Pródigo.
Sí. Otra vez como antaño alguien se sobrecoge cuando la
soledad asciende con un canto radiante por los muros,
y el aliento remoto de lo desconocido le recorre la piel lo mismo que
la cresta de una ola salvaje.
“Levántate. Es la hora en que serás eterno.”
Y otra vez como antaño alguien corta sin lágrimas unas
ajadas cintas que lo ataban al cuadro familiar,
y sepulta una llave bajo el ácido musgo del olvido.
Detrás queda una casa en donde su memoria será sombra y
relámpago.
Él probará otros frutos más amargos que el llanto
de la madre,
arderá en otras fiebres cuyas cóleras ciegas aniquilen la
maldición del padre,
despertará entre harapos más brillantes que el codicioso
imperio del hermano.
¿Hay algún sitio aún donde la libertad levante
para él su desafío?
Allí está su respuesta: una furiosa ley sin paz y sin
amparo.
Pero noche tras noche,
mientras la sed, el hambre y el deseo dormitan junto al fuego como
errantes mendigos que soñaran una fábula
espléndida,
otras escenas vuelven tras el cristal brumoso de su llanto
y un solo rostro surge desde el fondo de los gastados rostros
lo mismo que el monarca a través de la herrumbre de las viejas
monedas.
Es el antiguo amor.
El elegido ahora cuando el Pródigo torna a rescatar la llave de
la casa.
Ha pagado su precio con el mismo sudario de un gran sueño.
¡Oh redes, duras redes que intentáis contener el viento de
setiembre:
permitidle pasar!
No vino por perdón: no le obliguéis a expiar con el
orgullo.
No vino por condena: no le obliguéis a amar con indulgencia.
Otra vez como antaño sólo vino con un ramo de ofrendas a
cambio de otros dones.
No haya más juez que tú,
Dios implacable y justo.
injurias del amor
para la insomne rebeldía del Pródigo.
Sí. Otra vez como antaño alguien se sobrecoge cuando la
soledad asciende con un canto radiante por los muros,
y el aliento remoto de lo desconocido le recorre la piel lo mismo que
la cresta de una ola salvaje.
“Levántate. Es la hora en que serás eterno.”
Y otra vez como antaño alguien corta sin lágrimas unas
ajadas cintas que lo ataban al cuadro familiar,
y sepulta una llave bajo el ácido musgo del olvido.
Detrás queda una casa en donde su memoria será sombra y
relámpago.
Él probará otros frutos más amargos que el llanto
de la madre,
arderá en otras fiebres cuyas cóleras ciegas aniquilen la
maldición del padre,
despertará entre harapos más brillantes que el codicioso
imperio del hermano.
¿Hay algún sitio aún donde la libertad levante
para él su desafío?
Allí está su respuesta: una furiosa ley sin paz y sin
amparo.
Pero noche tras noche,
mientras la sed, el hambre y el deseo dormitan junto al fuego como
errantes mendigos que soñaran una fábula
espléndida,
otras escenas vuelven tras el cristal brumoso de su llanto
y un solo rostro surge desde el fondo de los gastados rostros
lo mismo que el monarca a través de la herrumbre de las viejas
monedas.
Es el antiguo amor.
El elegido ahora cuando el Pródigo torna a rescatar la llave de
la casa.
Ha pagado su precio con el mismo sudario de un gran sueño.
¡Oh redes, duras redes que intentáis contener el viento de
setiembre:
permitidle pasar!
No vino por perdón: no le obliguéis a expiar con el
orgullo.
No vino por condena: no le obliguéis a amar con indulgencia.
Otra vez como antaño sólo vino con un ramo de ofrendas a
cambio de otros dones.
No haya más juez que tú,
Dios implacable y justo.
850
Vicente Huidobro
Paquebot
He visto una mujer hermosa
Sobre el mar del Norte
Todas las aguas eran su cabellera
Y en su mirada vuelta hacia las playas
Un pájaro silbaba
Las olas truenan tan roncas
Que mis cabellos han caído
Recostada sobre la lejanía
Su vientre y su pecho no latían
Sin embargo sus lágrimas vivían
Inclinado sobre mis días
Bajo tres soles
Miraba allá lejos
El paquebot errante que cortó en dos el horizonte
Sobre el mar del Norte
Todas las aguas eran su cabellera
Y en su mirada vuelta hacia las playas
Un pájaro silbaba
Las olas truenan tan roncas
Que mis cabellos han caído
Recostada sobre la lejanía
Su vientre y su pecho no latían
Sin embargo sus lágrimas vivían
Inclinado sobre mis días
Bajo tres soles
Miraba allá lejos
El paquebot errante que cortó en dos el horizonte
916
Pablo de Rokha
Tercetos Dantescos A Casiano Basualto (dedicado A Pablo Neruda)
Gallipavo senil y cogotero
de una poesía sucia, de macacos,
tienes la panza hinchada de dinero.
Defeca en el portal de los maracos,
tu egolatría de imbécil famoso
tal como en el chiquero los verracos.
Legas a ser hediondo de baboso,
y los tontos te llaman: ¡«gran podeta»!
en las alcobas de lo tenebroso.
Si fueras un andrajo de opereta,
y únicamente un pajarón flautista,
¡sólo un par depatadas en la jeta!...
Pero tu índole sadomasoquista,
un tiburón de las cloacas suma
a la carroña del oportunista.
Y si eres infantil como la espuma,
eres absurdo Cacaseno oscuro,
si el escribir con menstruación te abruma.
Granburgués, te arrodillas junto al muro
del panteón de la Academia Sueca,
a mendigar... ¡dual amoral impuro!
Y emerge el delincuente hacia la pleca
de la carátula facinerosa,
que exhibe al sol la criadilla seca.
Astuto, ruin, tarado, voz gangosa,
saqueas a la U.R.S.S, envilecido,
con la tremenda mano estropajosa.
Flojo arribista, tonto y bien comido,
dijiste de este norme pueblo ardiente:
«Chile, país de cafres», ¡gran bandido!
Eres la negra cabeza de puente
de la horrorosa corrupción burguesa
en el filo-marxismo decadente.
Avido como pájaro de presa,
refleja tu persona a un mar de idiotas,
y es su retrato, en ti, lo que interesa.
Por eso no caminas, y rebotas
contra la parte más noble y sufriente
de tu partido, y te ladran las botas.
¡Tú, el discriminador impenitente,
burócrata y plutócrata racista
que insulta a herida, a eterna, a heroica gente!...
Es que tienes costumbres de alquimista
de fiambrería, y es que estás vendido,
todo, al gran criminal imperialista.
Es que tienes costumbres de alquimista
de fiambrería, y es que estás vendido,
todo, al gran criminal imperialista.
La baba oscura del hampón, hundido
en la maldad oblicua del plagiario,
te chorrea del corazón podrido.
Y las pelotas del «estravagario»,
juegan al campeonato del canalla
en el gran orinal «crepusculario».
Eres el «jefe» de una tal morralla,
tan desleal como todo cobarde,
y mereces escupos, no metralla.
Calumniador e infamador, tu alarde
de apropiarte de un muerto es de demente,
que se ahoga en los mares de la tarde.
Abominando del hombre valiente,
echas en cara la desgracia humana,
y, al insultar, muestras la bestia ingente.
¡Es tan abyecta tu actitud marrana
y es tan de amoral tu ejecutoria...
¡debiste ser hijo de puto y rana!...
Chillas por eso pidiendo euforia
necio-anormal de «un puntapié en el culo»,
y el ser pro-imperialista es tu victoria.
Tu condición de Judas y de Chulo,
corrompe con dinero mal habido,
y a quien explotas, lo declaras nulo.
Tu verso inmoral se ha «enriquecido»
de un mil de pederastas de prontuario:
cantas por paga, en tu rabel transido.
Estafándola, alzando su calvario,
a aquella fiel humilde «hormiguita»,
formas la roña del prostibulario.
Por tu gran colección hermafrodita
sin que falte una loca Concha sola,
la Reacción mundial te felicita.
la miendo por debajo de la cola
al ladrón del Viet Nam, al asesino,
eres el héroe de la coca-cola.
Gran comensal del Wall Street ladino
miras a Cuba como los «gusanos»,
y su martirio te importa un comino.
Tu comunismo es farsa de Casi Anos
emputacidos y escandalosos,
que vende, como reses, sus hermanos.
Ceñido de mugrientos y roñosos,
tinterillo de latifundistas,
yo te comparo a los perros tiñosos.
Defiendes, pisoteando comunistas,
a los patrones contra los peones,
y los dueños de fundo son tus pistas.
Ladroneando, eres tú flor de bribones,
y como vives de seres dudosos,
auspicias guardaespaldas maricones.
Insultador de héroes grandiosos,
como Mao Tse-tung y su Partido,
entregas sangre ajena alos golosos.
Tu «pedosita» es pacotilla, herido
de vanidad añeja de ramera,
«gozas» de «fama», pero estás vencido.
A la siniestra mafia aventurera
de la chacota en la literatura
tu camarilla le dio pedorrera.
¡Oh! mixtificador, tu sinecura
de atorrante político, «escruchante»
poético, es un tarro de basura.
Engañas a «las musas», y el cantante
de prostíbulo que hay en tus muletas,
en las ideas es un comerciante.
Sodomitas, rufianes, proxenetas,
pacotilleros y filibusteros,
te corretean entre cuchufletas.
Bohemio y metafísico, en usleros
de material confuso estás sentado,
como en grandes divanes de braseros.
De «Derecha» y de «Izquierda» te has timbrado
y oscilas de entre alones y loyolas,
manoseando para lado y lado.
Como te arrastran las sesenta bolas
de las antologías criminales,
te balanceas en las carambolas.
Un rebizno mundial de homosexuales,
monta la máquina cosmopolita
de tus negocios internacionales.
Y hasta el cura pronazi aranedita
llorando se arremanga las polleras
en honor de tu gran guata «bendita».
Yegua de arreo, riega las praderas
de la bohemia tu meada de piojo
funeral, corroído de goteras.
Los de Hernanes, el negro y el rojo,
son los sucios eunucos amarillos
de tu harem: Cardenal y Matapiojo.
Ellos te chupan de los calzoncillos
la bazofia, con lengua de lacayos:
pían sin pico, aunque son pajarillos.
Tal como dos esclavos, dos cipayos
enmascarados en su podredumbre,
sirvientes del verdugo y papagayos.
Los «capos» de la antigua servidumbre
te abandonaron por ingrato e inmundo
como a un cuchillo mordido de herrumbe.
Hoy por hoy, solo, en el hoyo del mundo
chillas y gritas, espantosamente,
lo mismo que un zapato moribundo.
Y aunque manchas tu patria, impunemente,
contrbandeando éxito por mérito,
te escupe un gran gargajo frente a frente.
Vendido a Norteamérica, el pretérito
de tus engaños al proletariado,
da vuelta la chaqueta al benemérito.
Traidor y desertor calificado,
te burlaste de los trabajadores
yendo de negociado en negociado.
Tu frenesí es corruptor de menores
intelectuales, «regolucionario»
a lo Mansilla, «Rey» de embaucadores.
«La araña negra» y «el patibulario»
te llamó Juan de Luigi, al cual echabas
en cara la ceguera... ¡oh!, mal corsario.
Telarañoso y mercantil, alabas
lo que negaste, como equilibrista,
y al Premio Nobel lo llenas de babas.
De país en país, gran arribista,
tu gonorrea literaria has ido
vendiendo como egregio pendolista.
Tu «reconciliación» de forajido
con el imperialismo, es lo más lógico:
se van de corrompido a corrompido.
Como un bruto o eunuco patológico
estás sobre las clases defecando
y a tu estiércol lo estimas antológico.
Un viejo perro muerto anda aullando
en tus quejidos de gran roña ahita
y, al vomitar, te vas desintegrando...
Toda tu obra mal robada, imita:
«Macchu-Picchu» es Ramponi, el argentino,
a quien plagiaste su «Piedra Infinita».
Tagore, Baudelaire, Vallejo, (vino
y mito), te encubren, y te aterra
haber transado tu alma de cochino.
El fosil colonial de Inglaterra
entre biblias y whiskyes y serpientes
engendró «Residencia en la Tierra».
Si hablando a gentes proletarias, mientes,
mientes cantando y llorando y, mintiendo,
mientes a delincuentes y a inocentes.
Como lo heroico no lo estás viviendo,
tú frenas la potencia de las masas
con tu veneno «poético» horrendo.
Por tus siete maletas, sobrepasas
el equipaje multimillonario,
cuando el botín repleta tus tres casas.
A alguna menopáusica de acuario,
«tu Farewell» ¡de Blomberg!, le produjo
alteraciones en su calendario.
Sabat Ercasty te dejó con pujo
sangriento, y «El Hondero Entusiasta»,
es la baraja y el moco del brujo.
Siendo un feto, te das de iconoclasta,
y a mí me has estafado desde el nombre
a esta línea de fuego, que te aplasta.
No eres un hombre pobre un pobre hombre
condecorado como a un espía
del anticomunismo, cobre a cobre.
«Punta de lanza» de la porquería
capitalista, porque no batallas,
en la agonía de la burguesía.
Ni Trujillo agregó a tantas medallas
tanta asquerosa maldad engañosa,
y «Chapitas» fue ejemplo de canallas.
El gran oficialismo es tu ruidosa
pantalla, adulas a cualquier Gobierno
y le cambias por plata, verso o prosa.
«Gran mal poeta», (engendro del infierno),
te llamó Juan Ramón en «Españoles
de Tres Mundos», Caín de mas de un cuerno.
¡Y tú, coleccionando caracoles
o mascarones en que te defines!...
«Radio La Habana» baleó tus controles...
Entre los más rosados querubines,
te «canonizarán» de comunista
con la trompeta de los malandrines.
Un Belaúnde pronacifascista
y asesinador de guerrilleros
coronó tu cinismo de pancista.
Como a chancha «matada», los culeros
te lastiman el lomo y las berijas,
(dos instrumentos de los marulleros).
Es decir, las ambiguas sabandijas
de la retórica y de la poética,
ya sólo en los sobacos las prohijas.
Porque como eres «loco» de la estética
y el robot parroquial de un clan idiota,
hasta tus cómplices piden genética.
¿Tú revolucionario? La pelota
del trotzquismo te cuelga del hocico,
enmascarándote. Y Lenin te azota.
Con tu conducta de sapo y de mico
ofendes a la inmensa clase obrera,
y a costillas del pueblo eres tan rico.
Además, el Pentágono reitera
en dólares sonantes y contantes,
su amor a la canalla aventurera.
Y la CIA procura resonantes
éxitos al carajo «bien portado»
y condecoraciones y diamantes.
Y un horrendo esplendor prefabricado
y queso y pan y vino, todo de oro,
y los difraces del enmascarado.
La gritería universal, el toro
de cartón rojo, el Caballo de Troya,
la gran máquina-jaula para el loro.
Turbia gran bruja macabra de Goya
es tu aflicción de «Toribio Gallina,
el Náufrago», colgando de una bo... ya.
A tu «realismo» échale formalina
en el tronco esencial de la macana,
porque muestra su lengua femenina.
La épica social americana
la escribo yo, rugiendo pueblo adentro,
con mi pluma-fusil, (gran hacha humana).
Y tu canción de amor es epicentro
de mistificadores, y bolina
de maricas, con punto y como al centro.
Lo bautizaste como «Guillermina»
al «Mascarón», que oculta tus «apremios»
de bailarín de la Tía Carlina.
Y si aún deseas premios y más premios,
te ofrezco el premio a la sirvengüenzura
colosal y feroz de los bohemios,
que se cavan la propia sepultura:
no importas tú, ¡importa tu impostura!...
de una poesía sucia, de macacos,
tienes la panza hinchada de dinero.
Defeca en el portal de los maracos,
tu egolatría de imbécil famoso
tal como en el chiquero los verracos.
Legas a ser hediondo de baboso,
y los tontos te llaman: ¡«gran podeta»!
en las alcobas de lo tenebroso.
Si fueras un andrajo de opereta,
y únicamente un pajarón flautista,
¡sólo un par depatadas en la jeta!...
Pero tu índole sadomasoquista,
un tiburón de las cloacas suma
a la carroña del oportunista.
Y si eres infantil como la espuma,
eres absurdo Cacaseno oscuro,
si el escribir con menstruación te abruma.
Granburgués, te arrodillas junto al muro
del panteón de la Academia Sueca,
a mendigar... ¡dual amoral impuro!
Y emerge el delincuente hacia la pleca
de la carátula facinerosa,
que exhibe al sol la criadilla seca.
Astuto, ruin, tarado, voz gangosa,
saqueas a la U.R.S.S, envilecido,
con la tremenda mano estropajosa.
Flojo arribista, tonto y bien comido,
dijiste de este norme pueblo ardiente:
«Chile, país de cafres», ¡gran bandido!
Eres la negra cabeza de puente
de la horrorosa corrupción burguesa
en el filo-marxismo decadente.
Avido como pájaro de presa,
refleja tu persona a un mar de idiotas,
y es su retrato, en ti, lo que interesa.
Por eso no caminas, y rebotas
contra la parte más noble y sufriente
de tu partido, y te ladran las botas.
¡Tú, el discriminador impenitente,
burócrata y plutócrata racista
que insulta a herida, a eterna, a heroica gente!...
Es que tienes costumbres de alquimista
de fiambrería, y es que estás vendido,
todo, al gran criminal imperialista.
Es que tienes costumbres de alquimista
de fiambrería, y es que estás vendido,
todo, al gran criminal imperialista.
La baba oscura del hampón, hundido
en la maldad oblicua del plagiario,
te chorrea del corazón podrido.
Y las pelotas del «estravagario»,
juegan al campeonato del canalla
en el gran orinal «crepusculario».
Eres el «jefe» de una tal morralla,
tan desleal como todo cobarde,
y mereces escupos, no metralla.
Calumniador e infamador, tu alarde
de apropiarte de un muerto es de demente,
que se ahoga en los mares de la tarde.
Abominando del hombre valiente,
echas en cara la desgracia humana,
y, al insultar, muestras la bestia ingente.
¡Es tan abyecta tu actitud marrana
y es tan de amoral tu ejecutoria...
¡debiste ser hijo de puto y rana!...
Chillas por eso pidiendo euforia
necio-anormal de «un puntapié en el culo»,
y el ser pro-imperialista es tu victoria.
Tu condición de Judas y de Chulo,
corrompe con dinero mal habido,
y a quien explotas, lo declaras nulo.
Tu verso inmoral se ha «enriquecido»
de un mil de pederastas de prontuario:
cantas por paga, en tu rabel transido.
Estafándola, alzando su calvario,
a aquella fiel humilde «hormiguita»,
formas la roña del prostibulario.
Por tu gran colección hermafrodita
sin que falte una loca Concha sola,
la Reacción mundial te felicita.
la miendo por debajo de la cola
al ladrón del Viet Nam, al asesino,
eres el héroe de la coca-cola.
Gran comensal del Wall Street ladino
miras a Cuba como los «gusanos»,
y su martirio te importa un comino.
Tu comunismo es farsa de Casi Anos
emputacidos y escandalosos,
que vende, como reses, sus hermanos.
Ceñido de mugrientos y roñosos,
tinterillo de latifundistas,
yo te comparo a los perros tiñosos.
Defiendes, pisoteando comunistas,
a los patrones contra los peones,
y los dueños de fundo son tus pistas.
Ladroneando, eres tú flor de bribones,
y como vives de seres dudosos,
auspicias guardaespaldas maricones.
Insultador de héroes grandiosos,
como Mao Tse-tung y su Partido,
entregas sangre ajena alos golosos.
Tu «pedosita» es pacotilla, herido
de vanidad añeja de ramera,
«gozas» de «fama», pero estás vencido.
A la siniestra mafia aventurera
de la chacota en la literatura
tu camarilla le dio pedorrera.
¡Oh! mixtificador, tu sinecura
de atorrante político, «escruchante»
poético, es un tarro de basura.
Engañas a «las musas», y el cantante
de prostíbulo que hay en tus muletas,
en las ideas es un comerciante.
Sodomitas, rufianes, proxenetas,
pacotilleros y filibusteros,
te corretean entre cuchufletas.
Bohemio y metafísico, en usleros
de material confuso estás sentado,
como en grandes divanes de braseros.
De «Derecha» y de «Izquierda» te has timbrado
y oscilas de entre alones y loyolas,
manoseando para lado y lado.
Como te arrastran las sesenta bolas
de las antologías criminales,
te balanceas en las carambolas.
Un rebizno mundial de homosexuales,
monta la máquina cosmopolita
de tus negocios internacionales.
Y hasta el cura pronazi aranedita
llorando se arremanga las polleras
en honor de tu gran guata «bendita».
Yegua de arreo, riega las praderas
de la bohemia tu meada de piojo
funeral, corroído de goteras.
Los de Hernanes, el negro y el rojo,
son los sucios eunucos amarillos
de tu harem: Cardenal y Matapiojo.
Ellos te chupan de los calzoncillos
la bazofia, con lengua de lacayos:
pían sin pico, aunque son pajarillos.
Tal como dos esclavos, dos cipayos
enmascarados en su podredumbre,
sirvientes del verdugo y papagayos.
Los «capos» de la antigua servidumbre
te abandonaron por ingrato e inmundo
como a un cuchillo mordido de herrumbe.
Hoy por hoy, solo, en el hoyo del mundo
chillas y gritas, espantosamente,
lo mismo que un zapato moribundo.
Y aunque manchas tu patria, impunemente,
contrbandeando éxito por mérito,
te escupe un gran gargajo frente a frente.
Vendido a Norteamérica, el pretérito
de tus engaños al proletariado,
da vuelta la chaqueta al benemérito.
Traidor y desertor calificado,
te burlaste de los trabajadores
yendo de negociado en negociado.
Tu frenesí es corruptor de menores
intelectuales, «regolucionario»
a lo Mansilla, «Rey» de embaucadores.
«La araña negra» y «el patibulario»
te llamó Juan de Luigi, al cual echabas
en cara la ceguera... ¡oh!, mal corsario.
Telarañoso y mercantil, alabas
lo que negaste, como equilibrista,
y al Premio Nobel lo llenas de babas.
De país en país, gran arribista,
tu gonorrea literaria has ido
vendiendo como egregio pendolista.
Tu «reconciliación» de forajido
con el imperialismo, es lo más lógico:
se van de corrompido a corrompido.
Como un bruto o eunuco patológico
estás sobre las clases defecando
y a tu estiércol lo estimas antológico.
Un viejo perro muerto anda aullando
en tus quejidos de gran roña ahita
y, al vomitar, te vas desintegrando...
Toda tu obra mal robada, imita:
«Macchu-Picchu» es Ramponi, el argentino,
a quien plagiaste su «Piedra Infinita».
Tagore, Baudelaire, Vallejo, (vino
y mito), te encubren, y te aterra
haber transado tu alma de cochino.
El fosil colonial de Inglaterra
entre biblias y whiskyes y serpientes
engendró «Residencia en la Tierra».
Si hablando a gentes proletarias, mientes,
mientes cantando y llorando y, mintiendo,
mientes a delincuentes y a inocentes.
Como lo heroico no lo estás viviendo,
tú frenas la potencia de las masas
con tu veneno «poético» horrendo.
Por tus siete maletas, sobrepasas
el equipaje multimillonario,
cuando el botín repleta tus tres casas.
A alguna menopáusica de acuario,
«tu Farewell» ¡de Blomberg!, le produjo
alteraciones en su calendario.
Sabat Ercasty te dejó con pujo
sangriento, y «El Hondero Entusiasta»,
es la baraja y el moco del brujo.
Siendo un feto, te das de iconoclasta,
y a mí me has estafado desde el nombre
a esta línea de fuego, que te aplasta.
No eres un hombre pobre un pobre hombre
condecorado como a un espía
del anticomunismo, cobre a cobre.
«Punta de lanza» de la porquería
capitalista, porque no batallas,
en la agonía de la burguesía.
Ni Trujillo agregó a tantas medallas
tanta asquerosa maldad engañosa,
y «Chapitas» fue ejemplo de canallas.
El gran oficialismo es tu ruidosa
pantalla, adulas a cualquier Gobierno
y le cambias por plata, verso o prosa.
«Gran mal poeta», (engendro del infierno),
te llamó Juan Ramón en «Españoles
de Tres Mundos», Caín de mas de un cuerno.
¡Y tú, coleccionando caracoles
o mascarones en que te defines!...
«Radio La Habana» baleó tus controles...
Entre los más rosados querubines,
te «canonizarán» de comunista
con la trompeta de los malandrines.
Un Belaúnde pronacifascista
y asesinador de guerrilleros
coronó tu cinismo de pancista.
Como a chancha «matada», los culeros
te lastiman el lomo y las berijas,
(dos instrumentos de los marulleros).
Es decir, las ambiguas sabandijas
de la retórica y de la poética,
ya sólo en los sobacos las prohijas.
Porque como eres «loco» de la estética
y el robot parroquial de un clan idiota,
hasta tus cómplices piden genética.
¿Tú revolucionario? La pelota
del trotzquismo te cuelga del hocico,
enmascarándote. Y Lenin te azota.
Con tu conducta de sapo y de mico
ofendes a la inmensa clase obrera,
y a costillas del pueblo eres tan rico.
Además, el Pentágono reitera
en dólares sonantes y contantes,
su amor a la canalla aventurera.
Y la CIA procura resonantes
éxitos al carajo «bien portado»
y condecoraciones y diamantes.
Y un horrendo esplendor prefabricado
y queso y pan y vino, todo de oro,
y los difraces del enmascarado.
La gritería universal, el toro
de cartón rojo, el Caballo de Troya,
la gran máquina-jaula para el loro.
Turbia gran bruja macabra de Goya
es tu aflicción de «Toribio Gallina,
el Náufrago», colgando de una bo... ya.
A tu «realismo» échale formalina
en el tronco esencial de la macana,
porque muestra su lengua femenina.
La épica social americana
la escribo yo, rugiendo pueblo adentro,
con mi pluma-fusil, (gran hacha humana).
Y tu canción de amor es epicentro
de mistificadores, y bolina
de maricas, con punto y como al centro.
Lo bautizaste como «Guillermina»
al «Mascarón», que oculta tus «apremios»
de bailarín de la Tía Carlina.
Y si aún deseas premios y más premios,
te ofrezco el premio a la sirvengüenzura
colosal y feroz de los bohemios,
que se cavan la propia sepultura:
no importas tú, ¡importa tu impostura!...
513
Vicente Huidobro
Noche
Sobre la nieve se oye resbalar la noche
La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban voces
De una mirada encendí mi cigarro
Cada vez que abro los labios
Inundo de nubes el vacío
En el puerto
Los mástiles están llenos de nidos
Y el viento
gime entre las alas de los pájaros
LAS OLAS MECEN EL NAVÍO MUERTO
Yo en la orilla silbando
Miro la estrella que humea entre mis dedos
La canción caía de los árboles
Y tras la niebla daban voces
De una mirada encendí mi cigarro
Cada vez que abro los labios
Inundo de nubes el vacío
En el puerto
Los mástiles están llenos de nidos
Y el viento
gime entre las alas de los pájaros
LAS OLAS MECEN EL NAVÍO MUERTO
Yo en la orilla silbando
Miro la estrella que humea entre mis dedos
1.179
Pablo de Rokha
Gran Marcha Heróica
Arriba, un atrevimiento de águilas, abajo, el pecho del pueblo
y en la línea definitiva, entre los altos y anchos candelabros de
la Humanidad, y las trompetas que braman como vacas, entre naranjos y duraznos
y manzanos que, como caballos, relinchan, entre barcos y espadas, rifles
y banderas en flor, al paso de parada negro y fundamental de los héroes,
tú y tu ataúd de acero.
La multitud descomunal y subterránea, abate en oleaje su ímpetu
de serpiente y ataca su fantasma y su palabra, como un toro la estrella
ensangrentada.
Caemos de rodillas en el gran crepúsculo universal, y lloran
las sirenas de todos los barcos del mundo, como perritas sin alojamiento;
se acabó la comida en los establos contemporáneos y el último
buey se destapa los sesos, gritando; el bofetón del huracán,
partiendo los terciopelos del Oriente, araña el ocaso y le desgarra
el corazón a puñaladas, cuando el fusil imperial de la burguesía
pare un lirio de pólvora y se suicida.
Al quillay litoral le desgarran la pana los relámpagos de las
montañas, y tremendamente da quejidos de potrillo recién
nacido en el estercolero, porque su conciencia vegetal naufraga en el aroma
a sangre.
Canto de estatuas, grito de coronas, llanto de corazas y bahías,
y el discurso funeral de los cipreses que persiguen eternamente lo amarillo,
te rodean; nosotros, entre lenguas de perro y lágrimas elementales,
no somos sino sólo fantasmas en vigencia; lo heroico, lo definitivo,
la ley oscura de la materia en la cual todas las cosas se levantan y se
derrumban con el único fin de engendrar padecimiento, emerge de
ti, porque de ti, porque tú eres la realidad categórica;
y cuando los pollitos nuevos del mar a cuya orilla enorme te criaste, pían
al asesinato general del ocaso, los huesos de Tamerlán echan grandes
llamas; escucho el funeral de Beethoven ejecutado por setecientos maestros
de orquesta, frenar la tempestad, sujetándola, como el desnudo adolescente
los caballos rojos de Fidias y el cielo está negro lo mismo que
mi corazón; las espadas anchas, las anchas espadas que abrieron
los surcos profundos que no cavaron los arados, las espadas embanderadas
de historia, se te someten y te lamen como el perro del mendigo; cuadrigas
y centurias, haciendo estallar el sol sonoro, al golpear la tierra hinchada
con el eslabón de la herradura, levantan polvaredas de migración
y el bramido de las lanzas es acusatorio y terrible debajo de la lluvia
oscura como la mala intención o un cobarde; adentro de las campanas
choca la luciérnaga rota con su farol a la espalda, llorando; huyendo
del incendio general, leones y chacales se arrojan a la mar ignota y las
serpientes repletas de furor se rompen los colmillos en las antiguas lanzas;
un gran caballo azul se suicida; borrachos de sol y parición en
generaciones del Dios pánico y dionysíaco, los sacerdos-escarabajos
están gritando la maternidad aterradora en miel de pinares y resinas
de gran potencial alcohólico, que debaten entre ramajes la violencia
tremenda de la naturaleza; el Clarín del Señor de los Ejércitos
empuña la espuela de oro de la gran alarma y los soldados.
Cargado por nosotros, marcha el féretro como una rosa negra o
un pabellón caído, con espanto aterrador de fusilamiento;
rajados a hachazos los pellines encadenados al huracán aúllan;
tú eres lo único definitivo, hundida en tu belleza de pretéritos
y de crepúsculos totales, caída en todo lo solo, herida por
el resplandor de la eternidad deslumbradora, mientras errados, nos arrinconamos
adentro de nuestras viejas negras chaquetas de perros.
Por el camino real que va a la nada marcharé (caballo de invierno),
en las milenarias edades; hoy, mi espada está quebrada, como el
mascarón de proa del barco que se estrelló contra lo infinito
y soy el animal abandonado en la soledad del bramadero; perteneces al granero
humano, tétrico de matanza en matanza, y te robaron de mis besos
terribles; braman las campanas pateando la atmósfera histórica
en la cual se degüellan hasta las dulces violetas que son como copitas
de vino inmortal; la tinaja de las provincias echa un ancho llanto de parrones
descomunales, gritando desde el origen.
Arde tu alma grande y deslumbradora como un fusil en botón y
a la persona muerta la secunda la ciudadanía universal otorgándole
la vida épica como a una guitarra el sonido; como un solo animal,
acumular la eternidad, triste y furioso a tus orillas, es mi ocupación
de suicida; como ola de sombra, el comercio-puñal de la literatura
nos ladra al alma cansada y los cuatreros, los cuchilleros, los aventureros
y el gran escorpión de la bohemia nos destinan su sonrisa de degolladores,
echada en sus ojos de cerdo.
Sobre el instante, la polvareda familiar gravita y empuña el
pabellón de los antiguos clanes; tu eres el escudo popular de los
de Rokha: tronchados, desorientados, conmigo a la cabeza de la carreta
grande, tirada por dos inmensos toros muertos, hijos e hijas, nietos y
nietas, yernos y nueras dan la batalla contra la mixtificación tenebrosa
y estupenda de los viejos payasos convertidos en asesinos; a miel envenenada
hiede el ambiente o a calumnia y perro; los chacales se ríen furiosamente
y tremendamente arañan la casa sola como sombra en el arrabal del
mundo, allá en donde remuelen el pelele y la maldición, tierra
de escupos y demagogia, llena de lenguas quemadas; porque mi desesperación
se retuerce las manos como un reo que enfrenta los inquisidores, a cuya
espalda chilla, furiosa la Reacción, como negra perra vieja en celo;
andando por abajo, los degenerados nos aceitan y nos embarran el camino,
a fin de que el cegado por las lágrimas dé el resbalón
mortal y definitivo del que se desploma en el mar rabioso que solloza echando
espuma y se derrumbe horriblemente.
Juramos pelear hasta derrotar al enemigo enmascarado en el enemigo del
pueblo, al calumniador y al difamador con ojo pequeño de ofidio
y las setenta lenguas ajenas de los testigos falsos, a la rana-pulpo-sapo
del sabotaje; juramos solemnemente cortarnos y comernos la lengua antes
de lanzarle al olvido; juramos los látigos de la venganza, porque
es mentira la misericordia y no tememos atacar la eternidad frente a frente,
ensangrentados como pabellones.
Tranco a tranco en el pantano del horror, vi destruir a la naturaleza
en ti el esquema total de lo bello y lo bueno; como un niño loco,
el espanto se ensañó en tu figura incomparable, que no volverá
a lograr nunca jamás la línea de la Humanidad, y caíste
asesinada y pisoteada por lo infinito, tú, que representabas lo
infinito en la vida humana, y el sol de "Dios" en la gran tiniebla del
hombre; caías, pero caía contigo el significado de lo humano,
y en este instante todas las cosas están sin sentido, gritando,
boca abajo, solas, y es fea la tierra; como a aquel infeliz cualquiera
a quien le revuelven la puñalada en el corazón, el perro
idiota de la literatura, vestido de obispo o caracol, levanta la pata y
orina mi tragedia de macho, porque como todo lo hermoso, todo lo vertical,
todo lo heroico se hundió contigo en el abismo, yo soy el viudo
terrible, y acaso la bestia arcaica sublimándose en el intelectual
acusatorio que da lenguaje a las tinieblas; como la naturaleza es descomunal
y sólo lo monstruoso le incumbe íntegramente, su injusticia
fue tenebrosa con tu régimen floral de copa y el destino te cavó
de horror como a una montaña de fuego; sin embargo, como soy humano,
no acepto tu muerte, no creo en tu muerte, no entiendo tu muerte y el andrajo
de mi corazón se retuerce salvajemente y se avalanza contra la muralla
inmortal, contra la muralla desesperada, contra la muralla ensangrentada,
contra la muralla despedazada, que se incendia entre las montañas
y sudando y bramando y sangrando, me revuelco como un toro con tu nombre
sagrado entre los dientes, mordido como el puñal rojo del pirata;
a la espalda aúllan las desorbitadas máscaras gruñendo
entre complejos de buitre aventurero y trajes vacíos, en los que
respiran las épocas demagógicas.
Entre los grandes peñascos apuñalados por el sol, sudando
como soldados de antaño, roídos por inmenso musgo crepuscular
y lágrimas de antiguas botellas, tú y la paloma torcaz de
los desiertos lloran; mar afuera, en el corazón de flor de las mojadas
islas oceánicas, en las que la eternidad se agarra como entraña
de animal vacuno a la soledad de la materia y el gemido de los orígenes
gravita en la gran placenta del agua, tú das la majestad al huracán
por cuyos látigos ruge la muerte su secreto total, tremendo; encima
de los carros de topacio del crepúsculo, tirados por siete caballos
amarillos, cruzados de llamas como Jehová, tú eres el balido
azul de los corderos; aquí, a la orilla de tu sepulcro que ruge,
terrible, en su condición de miel de abejas y de pólvora,
haciendo estallar el huracán sobre los viejos túmulos que
tu vencidad obliga a relampaguear, tú empuñas una gran trompeta
de oro, tal como se empuña una gran bandera de fuego y convocas
a asamblea general de muertos, a fin de arrojar la eternidad contra la
eternidad, como dos peñascos; emerges de entre toneles, como la
voz de las vasijas, y la gran humedad del pretérito, que huele a
fruta madura y a caoba matrimonial, enarbola su pabellón en el corazón
de las bodegas, cuando yo recuerdo tu virginidad resplandeciente...
Condiciona sus muchedumbres la mar-océano del Sur y tu multitud
le responde terriblemente; yo estoy sentado a la orilla del que tanto amabas
mar, y la oceanidad da la tónica al gigante dolor que requiere inmensidades
para manifestarse y el lenguaje de la masa humana o la montaña incendiándose;
remece sus instintos la inmensa bestia oceánica y el crepúsculo
ensangrienta la bandera de los navíos y el cañón funeral
del puerto; el mar y yo bramamos, el mar, el mar, y crujen los huesos tremendos
de Chile, cuando con mi caballo nos bañamos solos en la gran soledad
del mar y el mar prolonga mi relincho con su bramido por todas las costas,
desde las tierras protervas de Babilonia al Mediterráneo celestial
de las tuyas glicinas y a los sangrientos mares vikingos, o arrastra mi
voz tronchada y sangrienta como un capitel roto y mi lenguaje de campanario
que se derrumba en la gran campana del mar, con tu recuerdo gimiendo adentro;
rememoro nuestro matrimonio provincial-marino y la carrera desenfrenada,
desnudos, sobre la arena y el sol; es la mar soberbia, la mar oscura, la
mar grandiosa en la cual gravita el estupor horizontal de humanidad que
azota los vientres de las madres y relumbran las panoplias huracanadas
de los viejos guerreros de hierro, que ascienden y descienden por las arboladuras
como un tigre a una antigua catedral caída; lagrimones de acordeones,
de leones y fantasmas dan al pirata el relumbrón de los atardeceres
y el tajo del rostro atrae el sable crepuscular hacia la figura agigantada;
el ron furioso da gritazos y mordiscos de alcohol degollado a la tiniebla
aventurera y la pólvora roja es rosa de llamas rugiendo con perros
y espadas entre la matanza histórica, adentro de la cual nosotros
dos rajamos el cuaderno de bitácora sobre el acero acerbo del pecho,
que es pluma y rifle, Luisita; asomándome a la descomunal profundidad
heroica, veo lo eterno y tu cara en todo lo hondo; naufragios y guitarras
y el lamento del destierro en los archipiélagos sociales del Tirreno
y el Egeo, se revuelve a la bencina cosmopolita de los grandes Imperios
de hoy, con sus navíos y sus aviones sembrando la sangre en los
mares: pero el tam-tam de los tambores ensangrentados me desgarra el cerebro;
sin embargo, hay dulzuras maravillosas, y te vuelvo a encontrar en esta
gran agua salada por el origen y el olor animal del mundo, con tu melena
de sirena clásica y tu pie marino de conchaperla y aventura.
Braman las águilas del amor eterno en nosotros...
El huracán del amor nos arrasó antaño, y ahora
tu belleza de plenilunio con duraznos, como llorando en la grandeza aterradora,
contiene todo el pasado del ser humano; truenan las grandes vacas tristes
del amanecer y tú rajas la mañana con tu actitud, que es
un puñal quebrado; fuiste "mi dulce tormento" y ahora, Winétt,
como el Arca de la Alianza o como Dionysos, medio a medio de los estuarios
mediterráneos y el de los sargazos mar, entre el régimen
del laurel y el dolorido asfodelo diluído en la colina acumulada
de los héroes, hacia la cual apunta el océano su fusilería
y desde la que emergen los pinos solarios, tú, lo mismo exacto que
a una gran diosa antigua de Asia, la eternidad bravía te circunda;
galopan los cuatro caballos del Apocalipsis, se derrumban las murallas
de Jericó al son de las trompetas que ladran como alas en la degollación
y el Sinaí embiste como el toro egipcio, cuando tu paso de tórtola
hiende los asfaltos ensangrentados de la poesía, gran poetisa-Continente;
y las generaciones de todos los pobres, entre todos los pobres del mundo,
te levantan bajo los palios llagados del sudor popular en el instante en
que tu voz se distiende, creciendo y multiplicándose como el oleaje
de los grandes mares desconocidos, a cuya ribera los hombres crearon los
dioses barbudos del agro y los sentaron y los clavaron en las regiones
acuarias, que eran el llanto de fuego de los volcanes; como fuiste tremendamente
dulce, graciosamente fuerte, pequeñamente grande con lo oscuro y
descomunal del genio en un régimen de corolas, el hijo del pueblo
te entiende; tenías la divina atracción del átomo,
que, al estallar, incendia la tierra, por eso, adentro del silencio mundial,
yo escucho exactamente a la multitud romana o babilónica, arreada
y gobernada a latigazos, a las muchedumbres grecolatinas que poblaron Marsella
de gentes que huelen a ajo, a prostitución, a guitarra, a conspiración,
a sardina y a cuchilla, a tabaco y a sol mojado y caliente como sobaco,
a presidio, a miseria, a heroicidad, a flojera o a tristeza, al vikingo
ladrón, guerrero, viril y sublime en gran hombría y a los
beduinos enfurecidos por el hambre y los desiertos del simoum, áspero
y trágico, y te adoro como a una antigua y oscura diosa en la cual
los pueblos guerreros practicaban la idolatría de lo femenino definitivo
y terrible; forrado en cueros de fuego, montado un caballo de asfalto,
yo voy adentro de la multitud, como una maldición en el cañón
del revólver.
Románico de cúpulas y óperas el atardecer de los
amantes desventurados me encubre, y cae una paloma negra, Luisita-azúcar.
Soplan las ráfagas del dolor su chicotazo vagabundo y la angustia
se clava rugiendo, en fijación tremenda, como un ojo enorme que
quemase, como una gran araña, como un trueno con el reflejo hacia
adentro y la quijada de Caín en el hocico; es entonces cuando arde
el colchón con sudor oscuro de légamo, cuando la noche afila
su cuchilla sin resplandor, cuando el volcán destripa a la montaña
y se parte el vientre terrible, que arroja un caldo de llamas horrendo
y definitivo, cuando lloran todas las cosas un llanto demencial y lluvioso,
cuando el paisaje, que es la corbata de la naturaleza, se raja el corazón
de avena y pan y se repleta de leones; sin embargo, medio a medio de la
catástrofe, se me reconstituye el ser a objeto de que el padecimiento
se encarne más adentro y la llaga, quemada por el horror, se agrande;
con tu ataúd al hombro, resuenan mis trancos en la soledad del siglo,
en la cual gravita el cadáver de Stalin, que es enorme y cubre el
Oriente en mil leguas reales a la redonda, encima de un carro gigante que
arrastran doscientos millones de obreros; semejante a una inmensa cosechadora
de granjeros, la máquina viuda de los panteones degüella las
cabezas negras y la Humanidad brama como vaca en el matadero; yo arrastro
la porquería maldita de la vida como la pierna tronchada un idiota
y espero el veneno del envenenador, la solitaria puñalada literaria
por la espalda, en el minuto crucial de los crepúsculos, el balazo
del hermano en la literatura, como quien aguarda que le llegue un cheque
en blanco desde la otra vida; me da vergüenza ser un ser humano desde
que te vi agonizar defendiéndote, perseguida y acosada por la Eternidad
como una dulce garza por una gran perra sarnosa; como con asco de existir,
duermo como perro solo encima de una gran piedra tremenda, que bramara
en el desierto, hablo con espanto de cortarme la lengua con la cuchilla
de la palabra y quisiera que un dolor físico enorme me situase a
tu altura, medio a medio de este gigante y negro desfile de horror del
cual estalla mi cabeza incendiándose como antigua famosa posada
de vagabundos; no deseo el sol sino llorando y la noche maldita con la
tempestad en el vientre; por degüellos y asesinatos camino, y ando
en campos de batalla, estoy mordido por buitres de negrura, y es de pólvora
y de lágrimas, Luisita-Amor, el gran canasto de violetas, con el
cual me allego a tu sepulcro humildemente; a mi desesperación se
le divisa la cacha del arma de fuego, Luisita-Amor, cuyos grandes frutos
caen...
Éramos Filemón y Baltis de Frigia y el grito conyugal
del mundo, pero se desgarró una gran cadena en la historia y yo
cruzo gritando a la siga del mí mismo que se fue contigo para siempre
nunca, esta gran sonata fúnebre de héroes caídos...
y en la línea definitiva, entre los altos y anchos candelabros de
la Humanidad, y las trompetas que braman como vacas, entre naranjos y duraznos
y manzanos que, como caballos, relinchan, entre barcos y espadas, rifles
y banderas en flor, al paso de parada negro y fundamental de los héroes,
tú y tu ataúd de acero.
La multitud descomunal y subterránea, abate en oleaje su ímpetu
de serpiente y ataca su fantasma y su palabra, como un toro la estrella
ensangrentada.
Caemos de rodillas en el gran crepúsculo universal, y lloran
las sirenas de todos los barcos del mundo, como perritas sin alojamiento;
se acabó la comida en los establos contemporáneos y el último
buey se destapa los sesos, gritando; el bofetón del huracán,
partiendo los terciopelos del Oriente, araña el ocaso y le desgarra
el corazón a puñaladas, cuando el fusil imperial de la burguesía
pare un lirio de pólvora y se suicida.
Al quillay litoral le desgarran la pana los relámpagos de las
montañas, y tremendamente da quejidos de potrillo recién
nacido en el estercolero, porque su conciencia vegetal naufraga en el aroma
a sangre.
Canto de estatuas, grito de coronas, llanto de corazas y bahías,
y el discurso funeral de los cipreses que persiguen eternamente lo amarillo,
te rodean; nosotros, entre lenguas de perro y lágrimas elementales,
no somos sino sólo fantasmas en vigencia; lo heroico, lo definitivo,
la ley oscura de la materia en la cual todas las cosas se levantan y se
derrumban con el único fin de engendrar padecimiento, emerge de
ti, porque de ti, porque tú eres la realidad categórica;
y cuando los pollitos nuevos del mar a cuya orilla enorme te criaste, pían
al asesinato general del ocaso, los huesos de Tamerlán echan grandes
llamas; escucho el funeral de Beethoven ejecutado por setecientos maestros
de orquesta, frenar la tempestad, sujetándola, como el desnudo adolescente
los caballos rojos de Fidias y el cielo está negro lo mismo que
mi corazón; las espadas anchas, las anchas espadas que abrieron
los surcos profundos que no cavaron los arados, las espadas embanderadas
de historia, se te someten y te lamen como el perro del mendigo; cuadrigas
y centurias, haciendo estallar el sol sonoro, al golpear la tierra hinchada
con el eslabón de la herradura, levantan polvaredas de migración
y el bramido de las lanzas es acusatorio y terrible debajo de la lluvia
oscura como la mala intención o un cobarde; adentro de las campanas
choca la luciérnaga rota con su farol a la espalda, llorando; huyendo
del incendio general, leones y chacales se arrojan a la mar ignota y las
serpientes repletas de furor se rompen los colmillos en las antiguas lanzas;
un gran caballo azul se suicida; borrachos de sol y parición en
generaciones del Dios pánico y dionysíaco, los sacerdos-escarabajos
están gritando la maternidad aterradora en miel de pinares y resinas
de gran potencial alcohólico, que debaten entre ramajes la violencia
tremenda de la naturaleza; el Clarín del Señor de los Ejércitos
empuña la espuela de oro de la gran alarma y los soldados.
Cargado por nosotros, marcha el féretro como una rosa negra o
un pabellón caído, con espanto aterrador de fusilamiento;
rajados a hachazos los pellines encadenados al huracán aúllan;
tú eres lo único definitivo, hundida en tu belleza de pretéritos
y de crepúsculos totales, caída en todo lo solo, herida por
el resplandor de la eternidad deslumbradora, mientras errados, nos arrinconamos
adentro de nuestras viejas negras chaquetas de perros.
Por el camino real que va a la nada marcharé (caballo de invierno),
en las milenarias edades; hoy, mi espada está quebrada, como el
mascarón de proa del barco que se estrelló contra lo infinito
y soy el animal abandonado en la soledad del bramadero; perteneces al granero
humano, tétrico de matanza en matanza, y te robaron de mis besos
terribles; braman las campanas pateando la atmósfera histórica
en la cual se degüellan hasta las dulces violetas que son como copitas
de vino inmortal; la tinaja de las provincias echa un ancho llanto de parrones
descomunales, gritando desde el origen.
Arde tu alma grande y deslumbradora como un fusil en botón y
a la persona muerta la secunda la ciudadanía universal otorgándole
la vida épica como a una guitarra el sonido; como un solo animal,
acumular la eternidad, triste y furioso a tus orillas, es mi ocupación
de suicida; como ola de sombra, el comercio-puñal de la literatura
nos ladra al alma cansada y los cuatreros, los cuchilleros, los aventureros
y el gran escorpión de la bohemia nos destinan su sonrisa de degolladores,
echada en sus ojos de cerdo.
Sobre el instante, la polvareda familiar gravita y empuña el
pabellón de los antiguos clanes; tu eres el escudo popular de los
de Rokha: tronchados, desorientados, conmigo a la cabeza de la carreta
grande, tirada por dos inmensos toros muertos, hijos e hijas, nietos y
nietas, yernos y nueras dan la batalla contra la mixtificación tenebrosa
y estupenda de los viejos payasos convertidos en asesinos; a miel envenenada
hiede el ambiente o a calumnia y perro; los chacales se ríen furiosamente
y tremendamente arañan la casa sola como sombra en el arrabal del
mundo, allá en donde remuelen el pelele y la maldición, tierra
de escupos y demagogia, llena de lenguas quemadas; porque mi desesperación
se retuerce las manos como un reo que enfrenta los inquisidores, a cuya
espalda chilla, furiosa la Reacción, como negra perra vieja en celo;
andando por abajo, los degenerados nos aceitan y nos embarran el camino,
a fin de que el cegado por las lágrimas dé el resbalón
mortal y definitivo del que se desploma en el mar rabioso que solloza echando
espuma y se derrumbe horriblemente.
Juramos pelear hasta derrotar al enemigo enmascarado en el enemigo del
pueblo, al calumniador y al difamador con ojo pequeño de ofidio
y las setenta lenguas ajenas de los testigos falsos, a la rana-pulpo-sapo
del sabotaje; juramos solemnemente cortarnos y comernos la lengua antes
de lanzarle al olvido; juramos los látigos de la venganza, porque
es mentira la misericordia y no tememos atacar la eternidad frente a frente,
ensangrentados como pabellones.
Tranco a tranco en el pantano del horror, vi destruir a la naturaleza
en ti el esquema total de lo bello y lo bueno; como un niño loco,
el espanto se ensañó en tu figura incomparable, que no volverá
a lograr nunca jamás la línea de la Humanidad, y caíste
asesinada y pisoteada por lo infinito, tú, que representabas lo
infinito en la vida humana, y el sol de "Dios" en la gran tiniebla del
hombre; caías, pero caía contigo el significado de lo humano,
y en este instante todas las cosas están sin sentido, gritando,
boca abajo, solas, y es fea la tierra; como a aquel infeliz cualquiera
a quien le revuelven la puñalada en el corazón, el perro
idiota de la literatura, vestido de obispo o caracol, levanta la pata y
orina mi tragedia de macho, porque como todo lo hermoso, todo lo vertical,
todo lo heroico se hundió contigo en el abismo, yo soy el viudo
terrible, y acaso la bestia arcaica sublimándose en el intelectual
acusatorio que da lenguaje a las tinieblas; como la naturaleza es descomunal
y sólo lo monstruoso le incumbe íntegramente, su injusticia
fue tenebrosa con tu régimen floral de copa y el destino te cavó
de horror como a una montaña de fuego; sin embargo, como soy humano,
no acepto tu muerte, no creo en tu muerte, no entiendo tu muerte y el andrajo
de mi corazón se retuerce salvajemente y se avalanza contra la muralla
inmortal, contra la muralla desesperada, contra la muralla ensangrentada,
contra la muralla despedazada, que se incendia entre las montañas
y sudando y bramando y sangrando, me revuelco como un toro con tu nombre
sagrado entre los dientes, mordido como el puñal rojo del pirata;
a la espalda aúllan las desorbitadas máscaras gruñendo
entre complejos de buitre aventurero y trajes vacíos, en los que
respiran las épocas demagógicas.
Entre los grandes peñascos apuñalados por el sol, sudando
como soldados de antaño, roídos por inmenso musgo crepuscular
y lágrimas de antiguas botellas, tú y la paloma torcaz de
los desiertos lloran; mar afuera, en el corazón de flor de las mojadas
islas oceánicas, en las que la eternidad se agarra como entraña
de animal vacuno a la soledad de la materia y el gemido de los orígenes
gravita en la gran placenta del agua, tú das la majestad al huracán
por cuyos látigos ruge la muerte su secreto total, tremendo; encima
de los carros de topacio del crepúsculo, tirados por siete caballos
amarillos, cruzados de llamas como Jehová, tú eres el balido
azul de los corderos; aquí, a la orilla de tu sepulcro que ruge,
terrible, en su condición de miel de abejas y de pólvora,
haciendo estallar el huracán sobre los viejos túmulos que
tu vencidad obliga a relampaguear, tú empuñas una gran trompeta
de oro, tal como se empuña una gran bandera de fuego y convocas
a asamblea general de muertos, a fin de arrojar la eternidad contra la
eternidad, como dos peñascos; emerges de entre toneles, como la
voz de las vasijas, y la gran humedad del pretérito, que huele a
fruta madura y a caoba matrimonial, enarbola su pabellón en el corazón
de las bodegas, cuando yo recuerdo tu virginidad resplandeciente...
Condiciona sus muchedumbres la mar-océano del Sur y tu multitud
le responde terriblemente; yo estoy sentado a la orilla del que tanto amabas
mar, y la oceanidad da la tónica al gigante dolor que requiere inmensidades
para manifestarse y el lenguaje de la masa humana o la montaña incendiándose;
remece sus instintos la inmensa bestia oceánica y el crepúsculo
ensangrienta la bandera de los navíos y el cañón funeral
del puerto; el mar y yo bramamos, el mar, el mar, y crujen los huesos tremendos
de Chile, cuando con mi caballo nos bañamos solos en la gran soledad
del mar y el mar prolonga mi relincho con su bramido por todas las costas,
desde las tierras protervas de Babilonia al Mediterráneo celestial
de las tuyas glicinas y a los sangrientos mares vikingos, o arrastra mi
voz tronchada y sangrienta como un capitel roto y mi lenguaje de campanario
que se derrumba en la gran campana del mar, con tu recuerdo gimiendo adentro;
rememoro nuestro matrimonio provincial-marino y la carrera desenfrenada,
desnudos, sobre la arena y el sol; es la mar soberbia, la mar oscura, la
mar grandiosa en la cual gravita el estupor horizontal de humanidad que
azota los vientres de las madres y relumbran las panoplias huracanadas
de los viejos guerreros de hierro, que ascienden y descienden por las arboladuras
como un tigre a una antigua catedral caída; lagrimones de acordeones,
de leones y fantasmas dan al pirata el relumbrón de los atardeceres
y el tajo del rostro atrae el sable crepuscular hacia la figura agigantada;
el ron furioso da gritazos y mordiscos de alcohol degollado a la tiniebla
aventurera y la pólvora roja es rosa de llamas rugiendo con perros
y espadas entre la matanza histórica, adentro de la cual nosotros
dos rajamos el cuaderno de bitácora sobre el acero acerbo del pecho,
que es pluma y rifle, Luisita; asomándome a la descomunal profundidad
heroica, veo lo eterno y tu cara en todo lo hondo; naufragios y guitarras
y el lamento del destierro en los archipiélagos sociales del Tirreno
y el Egeo, se revuelve a la bencina cosmopolita de los grandes Imperios
de hoy, con sus navíos y sus aviones sembrando la sangre en los
mares: pero el tam-tam de los tambores ensangrentados me desgarra el cerebro;
sin embargo, hay dulzuras maravillosas, y te vuelvo a encontrar en esta
gran agua salada por el origen y el olor animal del mundo, con tu melena
de sirena clásica y tu pie marino de conchaperla y aventura.
Braman las águilas del amor eterno en nosotros...
El huracán del amor nos arrasó antaño, y ahora
tu belleza de plenilunio con duraznos, como llorando en la grandeza aterradora,
contiene todo el pasado del ser humano; truenan las grandes vacas tristes
del amanecer y tú rajas la mañana con tu actitud, que es
un puñal quebrado; fuiste "mi dulce tormento" y ahora, Winétt,
como el Arca de la Alianza o como Dionysos, medio a medio de los estuarios
mediterráneos y el de los sargazos mar, entre el régimen
del laurel y el dolorido asfodelo diluído en la colina acumulada
de los héroes, hacia la cual apunta el océano su fusilería
y desde la que emergen los pinos solarios, tú, lo mismo exacto que
a una gran diosa antigua de Asia, la eternidad bravía te circunda;
galopan los cuatro caballos del Apocalipsis, se derrumban las murallas
de Jericó al son de las trompetas que ladran como alas en la degollación
y el Sinaí embiste como el toro egipcio, cuando tu paso de tórtola
hiende los asfaltos ensangrentados de la poesía, gran poetisa-Continente;
y las generaciones de todos los pobres, entre todos los pobres del mundo,
te levantan bajo los palios llagados del sudor popular en el instante en
que tu voz se distiende, creciendo y multiplicándose como el oleaje
de los grandes mares desconocidos, a cuya ribera los hombres crearon los
dioses barbudos del agro y los sentaron y los clavaron en las regiones
acuarias, que eran el llanto de fuego de los volcanes; como fuiste tremendamente
dulce, graciosamente fuerte, pequeñamente grande con lo oscuro y
descomunal del genio en un régimen de corolas, el hijo del pueblo
te entiende; tenías la divina atracción del átomo,
que, al estallar, incendia la tierra, por eso, adentro del silencio mundial,
yo escucho exactamente a la multitud romana o babilónica, arreada
y gobernada a latigazos, a las muchedumbres grecolatinas que poblaron Marsella
de gentes que huelen a ajo, a prostitución, a guitarra, a conspiración,
a sardina y a cuchilla, a tabaco y a sol mojado y caliente como sobaco,
a presidio, a miseria, a heroicidad, a flojera o a tristeza, al vikingo
ladrón, guerrero, viril y sublime en gran hombría y a los
beduinos enfurecidos por el hambre y los desiertos del simoum, áspero
y trágico, y te adoro como a una antigua y oscura diosa en la cual
los pueblos guerreros practicaban la idolatría de lo femenino definitivo
y terrible; forrado en cueros de fuego, montado un caballo de asfalto,
yo voy adentro de la multitud, como una maldición en el cañón
del revólver.
Románico de cúpulas y óperas el atardecer de los
amantes desventurados me encubre, y cae una paloma negra, Luisita-azúcar.
Soplan las ráfagas del dolor su chicotazo vagabundo y la angustia
se clava rugiendo, en fijación tremenda, como un ojo enorme que
quemase, como una gran araña, como un trueno con el reflejo hacia
adentro y la quijada de Caín en el hocico; es entonces cuando arde
el colchón con sudor oscuro de légamo, cuando la noche afila
su cuchilla sin resplandor, cuando el volcán destripa a la montaña
y se parte el vientre terrible, que arroja un caldo de llamas horrendo
y definitivo, cuando lloran todas las cosas un llanto demencial y lluvioso,
cuando el paisaje, que es la corbata de la naturaleza, se raja el corazón
de avena y pan y se repleta de leones; sin embargo, medio a medio de la
catástrofe, se me reconstituye el ser a objeto de que el padecimiento
se encarne más adentro y la llaga, quemada por el horror, se agrande;
con tu ataúd al hombro, resuenan mis trancos en la soledad del siglo,
en la cual gravita el cadáver de Stalin, que es enorme y cubre el
Oriente en mil leguas reales a la redonda, encima de un carro gigante que
arrastran doscientos millones de obreros; semejante a una inmensa cosechadora
de granjeros, la máquina viuda de los panteones degüella las
cabezas negras y la Humanidad brama como vaca en el matadero; yo arrastro
la porquería maldita de la vida como la pierna tronchada un idiota
y espero el veneno del envenenador, la solitaria puñalada literaria
por la espalda, en el minuto crucial de los crepúsculos, el balazo
del hermano en la literatura, como quien aguarda que le llegue un cheque
en blanco desde la otra vida; me da vergüenza ser un ser humano desde
que te vi agonizar defendiéndote, perseguida y acosada por la Eternidad
como una dulce garza por una gran perra sarnosa; como con asco de existir,
duermo como perro solo encima de una gran piedra tremenda, que bramara
en el desierto, hablo con espanto de cortarme la lengua con la cuchilla
de la palabra y quisiera que un dolor físico enorme me situase a
tu altura, medio a medio de este gigante y negro desfile de horror del
cual estalla mi cabeza incendiándose como antigua famosa posada
de vagabundos; no deseo el sol sino llorando y la noche maldita con la
tempestad en el vientre; por degüellos y asesinatos camino, y ando
en campos de batalla, estoy mordido por buitres de negrura, y es de pólvora
y de lágrimas, Luisita-Amor, el gran canasto de violetas, con el
cual me allego a tu sepulcro humildemente; a mi desesperación se
le divisa la cacha del arma de fuego, Luisita-Amor, cuyos grandes frutos
caen...
Éramos Filemón y Baltis de Frigia y el grito conyugal
del mundo, pero se desgarró una gran cadena en la historia y yo
cruzo gritando a la siga del mí mismo que se fue contigo para siempre
nunca, esta gran sonata fúnebre de héroes caídos...
589
Olga Orozco
La Víspera Del Pródigo
Yo, el que vela arropado en la inocencia,
soy el que no partió cuando mi último soplo
extinguió la bujía.
Pero ¿quién descifró lentamente los fabulosos
signos?
¡Oh, lejano!
¿Quién buscaba en las nubes el espejo donde duerme la
imagen de secretos países?
¿Quién oía otras voces quejándose en el
viento contra el cristal golpeado?
¿Quién inscribió con fuego su nombre en los
maderos para que fuese anuncio ardiente por las playas?
¡Oh, mensajeros!
Otro es el que se fue.
Mas por su rostro paso a veces como si aún se viera en el globo
azogado de la infancia que el tiempo balancea;
y hasta mí llega a veces, tras las frondas errantes, el fulgor
de su mísera realeza.
No me juzguéis ahora.
Esperadlo conmigo.
Su muerte ha de alcanzarme tanto como su vida.
soy el que no partió cuando mi último soplo
extinguió la bujía.
Pero ¿quién descifró lentamente los fabulosos
signos?
¡Oh, lejano!
¿Quién buscaba en las nubes el espejo donde duerme la
imagen de secretos países?
¿Quién oía otras voces quejándose en el
viento contra el cristal golpeado?
¿Quién inscribió con fuego su nombre en los
maderos para que fuese anuncio ardiente por las playas?
¡Oh, mensajeros!
Otro es el que se fue.
Mas por su rostro paso a veces como si aún se viera en el globo
azogado de la infancia que el tiempo balancea;
y hasta mí llega a veces, tras las frondas errantes, el fulgor
de su mísera realeza.
No me juzguéis ahora.
Esperadlo conmigo.
Su muerte ha de alcanzarme tanto como su vida.
680
Vicente Huidobro
El Espejo De Agua
Mi espejo, corriente por las noches,
Se hace arroyo y se aleja de mi cuarto.
Mi espejo, más profundo que el orbe
Donde todos los cisnes se ahogaron.
Es un estanque verde en la muralla
Y en medio duerme tu desnudez anclada.
Sobre sus olas, bajo cielos sonámbulos,
Mis ensueños se alejan como barcos.
De pie en la popa siempre me veréis cantando.
Una rosa secreta se hincha en mi pecho
Y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo.
Se hace arroyo y se aleja de mi cuarto.
Mi espejo, más profundo que el orbe
Donde todos los cisnes se ahogaron.
Es un estanque verde en la muralla
Y en medio duerme tu desnudez anclada.
Sobre sus olas, bajo cielos sonámbulos,
Mis ensueños se alejan como barcos.
De pie en la popa siempre me veréis cantando.
Una rosa secreta se hincha en mi pecho
Y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo.
1.232
Pablo de Rokha
Grano De Pólvora A Una Cigarra
Empuña el sol tocando y desparramando su cuerno de fuego, y en los
surcos maduros el pan estalla entre gaviotas y vasijas...
Todo está hecho así, Luisita: vihuelas y cadenas, y somos
materia que habla, materia que llora, materia que canta y enormes categorías
de espanto; cae el hombre y se levanta la sociedad huracanada, rompiendo
esclavitud adentro y congojas grandes como espigas o como estruendos de
eternidades que batallan arrojándose montañas a la cara;
amor, aquí estoy cuidando tu sueño como un tigre rojo o un
soldado de basalto de centinela en las avanzadas del mundo.
Sobre el hambre del régimen levantan los imperios económicos
la bandera negra de la piratería internacional, enarbolada por los
Caínes y traidores, y el águila de los infiernos desgarra
y aplasta vientres de mujeres de miel y niños atroces con la pata
macabra de la guerra y la inflación rugiente de cadáveres.
Monologando, arañándome el corazón con la cuchara
rota de la pena, me arranco el pedazo del alma que representa a cada semana
y te contemplo a ti adentro, solita y enorme como un nomeolvides en un
abismo; viejo, furioso, tierno, el rescoldo del remoto querer levanta llamas
tronchadas y multitudinarias, rajando el hígado anciano del quemado
roble, y una perdiz feroz toma y emigra; soy espectáculo y audiencia
de un drama eterno, copretérito, en el cual mis entrañas
son el personaje latente, el rugiente fusil o caballo desaforado que busca
abismos, y un hijo del pueblo, cruzando los pueblos hambrientos con su
atado de volcanes gritando en la soledad de los navíos; no volveré
a besar nunca jamás tu boca de tierra y mundos; y a la orilla de
mí las hienas lluviosas y envenenadas de "Dios" rajan la sábana
de luto del tiempo con las ganas quebradas y ensangrentadas.
Llorando como el retrato de Balmaceda en la decadencia de la clase-media
provincial de hoy, penoso y telarañoso te escribo, circunscrita
de amapolas, versos de fuego con hierro rugiendo y tórtolas, para
el Correo del Otro Mundo, como un roto infeliz que se lavase solo la puñalada
total con el jabón de olor de los recuerdos, encima de la patria
caída.
Tremendamente poblado de lisiados y ladrones, asesinos y limosneros,
peronistas, poetastros, sodomitas, demagogos y literatos-tiburones-cogoteros
profesionales, el país de Chile parece un poncho de piojos y lágrimas,
y a la opinión pública le llora un muerto en la garganta;
inviernos sin braseros ni comida gotearon las últimas habitaciones,
y tu ausencia, Winétt, socava la patria que cantaste; floreció
el peral un tarro de llanto y las palomas se cubrieron de suicidio y lluvia
en las mediaguas abandonadas de antaño, en las que denantes sentí
el calofrío del infinito bajando como helado y amargo fantasma,
o como obrero sin trabajo o como pasado de antigua familia caída
en la prostitución y la miseria.
Como un buho en el crepúsculo se derrumban los aterrados demagogos
literarios y es horrenda la existencia entre podridas gentes, entre mentiras
que roen como ratones rojos la reputación democrática y el
don creador, entre Obispos de Mar de la literatura que han hedionda hasta
el alma, entre la cháchara radialbestial del compadrón justicialista,
que en un aletazo de imbecilidad tenebroso, entre las abejas muertas de
tu recuerdo que se manchan las pestañas de oro azul en el pantano
de la vida.
Comprendo lo serio y tremendo que es ver llorar a un hombre; lo soy
entero, definitivamente, rotundo; tu orgullo fui de hombría lleno,
y lloro con vergüenza y con grandeza, lloro tal como un rotito chileno
botado en las cunetas del camino, por el cual avanza como grande barco
el automóvil del latifundista; o como si todo mi llanto fuera el
llanto general del mundo; volveré a ser el huaso litoral, el huaso
de montura de potro y cuchilla, cacho y lazo de siete corriones, espuelas
con rodaja de campana de luto y manta a rayas color bandera y fuego, y
el roto completamente solo y entristecido para siempre nunca, o el hacendado
menor sublimado en bodeguero-despachero-carnicero de provincia o barrio
de antaño y moriré apuñalado en una gran barranca.
vociferando de alegría horrible; mi desesperación fusilera
se desafía con mi cinturón de balas y he de caer entonces,
recordándote a ti que estás presente con todos los pueblos
adentro de la canción eterna, oh! dulce calandria de oro...
Entre el ilustre mar y tú, la relación de profundidad
es enorme; es por aquello que no es tu recuerdo quien va adentro de mí,
sino yo mismo íntegro adentro de tu recuerdo porque yo soy tu recuerdo;
desde mi congoja llueve tu nombre, y voy como Galvarino con los brazos
cortados a la altura del coraz6n.
Llora la ojota nacional, y el país hambriento y desesperado
aguanta la patada del gran imperio del dó1ar tallada en la bota
del patrón, y el peón apenas se puede la miseria; tranco
a tranco, empujo mi alma como un carretón viejo; y estos renglones
echan humo y pena de gran incendio, como si se quemasen todas las montañas
del mundo; sobre las ruinas tremendas alto y retumba el trueno; aguarda
un momento Winétt: ¡voy a golpear la Eternidad con la cacha
de mi revólver...!
surcos maduros el pan estalla entre gaviotas y vasijas...
Todo está hecho así, Luisita: vihuelas y cadenas, y somos
materia que habla, materia que llora, materia que canta y enormes categorías
de espanto; cae el hombre y se levanta la sociedad huracanada, rompiendo
esclavitud adentro y congojas grandes como espigas o como estruendos de
eternidades que batallan arrojándose montañas a la cara;
amor, aquí estoy cuidando tu sueño como un tigre rojo o un
soldado de basalto de centinela en las avanzadas del mundo.
Sobre el hambre del régimen levantan los imperios económicos
la bandera negra de la piratería internacional, enarbolada por los
Caínes y traidores, y el águila de los infiernos desgarra
y aplasta vientres de mujeres de miel y niños atroces con la pata
macabra de la guerra y la inflación rugiente de cadáveres.
Monologando, arañándome el corazón con la cuchara
rota de la pena, me arranco el pedazo del alma que representa a cada semana
y te contemplo a ti adentro, solita y enorme como un nomeolvides en un
abismo; viejo, furioso, tierno, el rescoldo del remoto querer levanta llamas
tronchadas y multitudinarias, rajando el hígado anciano del quemado
roble, y una perdiz feroz toma y emigra; soy espectáculo y audiencia
de un drama eterno, copretérito, en el cual mis entrañas
son el personaje latente, el rugiente fusil o caballo desaforado que busca
abismos, y un hijo del pueblo, cruzando los pueblos hambrientos con su
atado de volcanes gritando en la soledad de los navíos; no volveré
a besar nunca jamás tu boca de tierra y mundos; y a la orilla de
mí las hienas lluviosas y envenenadas de "Dios" rajan la sábana
de luto del tiempo con las ganas quebradas y ensangrentadas.
Llorando como el retrato de Balmaceda en la decadencia de la clase-media
provincial de hoy, penoso y telarañoso te escribo, circunscrita
de amapolas, versos de fuego con hierro rugiendo y tórtolas, para
el Correo del Otro Mundo, como un roto infeliz que se lavase solo la puñalada
total con el jabón de olor de los recuerdos, encima de la patria
caída.
Tremendamente poblado de lisiados y ladrones, asesinos y limosneros,
peronistas, poetastros, sodomitas, demagogos y literatos-tiburones-cogoteros
profesionales, el país de Chile parece un poncho de piojos y lágrimas,
y a la opinión pública le llora un muerto en la garganta;
inviernos sin braseros ni comida gotearon las últimas habitaciones,
y tu ausencia, Winétt, socava la patria que cantaste; floreció
el peral un tarro de llanto y las palomas se cubrieron de suicidio y lluvia
en las mediaguas abandonadas de antaño, en las que denantes sentí
el calofrío del infinito bajando como helado y amargo fantasma,
o como obrero sin trabajo o como pasado de antigua familia caída
en la prostitución y la miseria.
Como un buho en el crepúsculo se derrumban los aterrados demagogos
literarios y es horrenda la existencia entre podridas gentes, entre mentiras
que roen como ratones rojos la reputación democrática y el
don creador, entre Obispos de Mar de la literatura que han hedionda hasta
el alma, entre la cháchara radialbestial del compadrón justicialista,
que en un aletazo de imbecilidad tenebroso, entre las abejas muertas de
tu recuerdo que se manchan las pestañas de oro azul en el pantano
de la vida.
Comprendo lo serio y tremendo que es ver llorar a un hombre; lo soy
entero, definitivamente, rotundo; tu orgullo fui de hombría lleno,
y lloro con vergüenza y con grandeza, lloro tal como un rotito chileno
botado en las cunetas del camino, por el cual avanza como grande barco
el automóvil del latifundista; o como si todo mi llanto fuera el
llanto general del mundo; volveré a ser el huaso litoral, el huaso
de montura de potro y cuchilla, cacho y lazo de siete corriones, espuelas
con rodaja de campana de luto y manta a rayas color bandera y fuego, y
el roto completamente solo y entristecido para siempre nunca, o el hacendado
menor sublimado en bodeguero-despachero-carnicero de provincia o barrio
de antaño y moriré apuñalado en una gran barranca.
vociferando de alegría horrible; mi desesperación fusilera
se desafía con mi cinturón de balas y he de caer entonces,
recordándote a ti que estás presente con todos los pueblos
adentro de la canción eterna, oh! dulce calandria de oro...
Entre el ilustre mar y tú, la relación de profundidad
es enorme; es por aquello que no es tu recuerdo quien va adentro de mí,
sino yo mismo íntegro adentro de tu recuerdo porque yo soy tu recuerdo;
desde mi congoja llueve tu nombre, y voy como Galvarino con los brazos
cortados a la altura del coraz6n.
Llora la ojota nacional, y el país hambriento y desesperado
aguanta la patada del gran imperio del dó1ar tallada en la bota
del patrón, y el peón apenas se puede la miseria; tranco
a tranco, empujo mi alma como un carretón viejo; y estos renglones
echan humo y pena de gran incendio, como si se quemasen todas las montañas
del mundo; sobre las ruinas tremendas alto y retumba el trueno; aguarda
un momento Winétt: ¡voy a golpear la Eternidad con la cacha
de mi revólver...!
526
Vicente Huidobro
Arte Poética
Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
hacedla florecer en el poema.
Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.
El poeta es un pequeño Dios.
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
hacedla florecer en el poema.
Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.
El poeta es un pequeño Dios.
1.071