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Ivan Illich
'''Ivan Illich''', nacido en Viena
'''Ivan Illich''', nacido en Viena (Austria) el 4 de septiembre de 1926 y fallecido el 2 de diciembre de 2002 en Bremen (Alemania), es un pensador de la ecología política y una figura clave en la crítica de la sociedad industrial.
== La sociedad desescolarizada (1971) ==
* ''(...) Para la mayoría de los seres humanos, el derecho a aprender se ve restringido por la obligación de asistir a la escuela.''
* ''(...) La institucionalización de los valores conduce inevitablemente a la contaminación física, a la polarización social y a la impotencia psicológica: tres dimensiones en un proceso de degradación global y de miseria modernizada. (...) Este proceso de degradación se acelera cuando unas necesidades no materiales son transformadas en demanda de bienes; cuando a la salud, a la educación, a la movilidad personal, al bienestar o a la cura psicológica se las define como el resultado de servicios o de 'tratamientos'.''
* ''Tanto el pobre como el rico dependen de escuelas y hospitales que guían sus vidas, forman su visión del mundo y definen para ellos qué es legítimo y qué no lo es. Ambos consideran irresponsable el medicamentarse uno mismo, y ven a la organización comunitaria, cuando no es pagada por quienes detentan la autoridad, como una forma de agresión y subversión. Para ambos grupos, el apoyarse en el tratamiento institucional hace sospechoso el logro independiente.''
* ''Las burocracias del bienestar social pretenden un monopolio profesional, político y financiero sobre la imaginación social, fijando normas sobre qué es valedero y qué es factible. Este monopolio está en las raíces de la modernización de la pobreza. Cada necesidad simple para la cual se halla una respuesta institucional permite la invención de una nueva clase de pobres y una nueva definición de la pobreza.''
* ''El morir y la muerte han venido a quedar bajo la administración institucional del médico y de los empresarios de pompas fúnebres.''
* ''Una vez que una sociedad ha convertido ciertas necesidades básicas en demandas de bienes producidos científicamente, la pobreza queda definida por normas que los tecnócratas cambian a su tamaño. La pobreza se refiere entonces a aquellos que han quedado cortos respecto de un publicitado ideal de consumo en algún aspecto importante.''
* ''Los pobres siempre han sido socialmente impotentes. El apoyarse cada vez más en la atención y el cuidado institucionales agrega una nueva dimensión a su indefensión: la impotencia psicológica, la incapacidad de valerse por sí mismos. Los campesinos del altiplano andino son explotados por el terrateniente y el comerciante -una vez que se asientan en Lima llegan a depender, además, de los jefazos políticos y están desarmados por su falta de escolaridad. La pobreza moderna conjuga la pérdida del poder sobre las circunstancias con una pérdida de la potencia personal. Esta modernización de la pobreza es un fenómeno mundial y está en el origen del subdesarrollo contemporáneo. Adopta aspectos diferentes, por supuesto, en países ricos y países pobres.''
* ''Sólo al desviar los dólares que ahora afluyen a las instituciones que actualmente tratan la salud, la educación y el bienestar social podrá detenerse el progresivo empobrecimiento que ahora proviene del aspecto paralizante de las mismas.''
* ''La paradoja de las escuelas es evidente: el gasto creciente hace aumentar su destructividad en su propio país y en el extranjero. Esta paradoja debe convertirse en tema de público debate. Se reconoce de manera general hoy por hoy que el medio ambiente físico quedará destruido dentro de poco por la contaminación bioquímica a menos que invirtamos las tendencias actuales de producción de bienes físicos. Debería reconocerse asimismo el que la vida social y personal están igualmente amenazada por la contaminación del Ministerio de Salud, Educación y Bienestar, subproducto inevitable del consumo obligatorio y competitivo del bienestar.''
* ''Con la escolaridad no se fomenta ni el deber ni la justicia porque los educadores insisten en aunar la instrucción y la certificación. El aprendizaje y la asignación de funciones sociales se funden en la escolarización. Y no obstante, aprender significa adquirir una nueva habilidad o entendimiento, mientras la promoción depende de la opinión que otros se hayan formado. El aprender es con frecuencia el resultado de una instrucción, pero el ser elegido para una función o categoría en el mercado del trabajo depende cada vez más sólo del tiempo que se ha asistido a un centro de instrucción.''
* ''El currículum se ha empleado siempre para asignar el rango social. En ocasiones podía ser prenatal: el karma le adjudica a uno a determinada casta y el linaje a la aristocracia. El currículum podía adoptar la forma de un ritual, de ordenaciones sacras y secuenciales, o bien podía consistir en una sucesión de hazañas guerreras o cinegéticas, o bien las promociones ulteriores podían depender de una serie de previos favores regios. La escolaridad universal tenía por objeto el separar la adjudicación de funciones de la historia personal de cada cual: se ideó para dar a todos una oportunidad igual de obtener cualquier cargo. Aún ahora muchos creen erróneamente que la escuela asegura el que la confianza pública dependa de unos logros sobresalientes en el saber. Pero en vez de haber igualado las posibilidades, el sistema escolar ha monopolizado su distribución.''
* ''(...) Otra gran ilusión en que se apoya el sistema escolar es aquella de que la mayor parte del saber es el resultado de la enseñanza. La enseñanza puede, en verdad, contribuir a ciertos tipos de aprendizaje en ciertas circunstancias. Pero la mayoría de las personas adquieren la mayor parte de su conocimiento fuera de la escuela, y cuando este conocimiento se da en ella, sólo es en la medida en que, en unos cuantos países ricos, la escuela se ha convertido en su lugar de confinamiento durante una parte cada vez mayor de sus vidas.''
* ''La mayoría de quienes leen profusamente y con placer tan sólo creen que aprendieron a hacerlo en la escuela; cuando se les discute esto, descartan fácilmente este espejismo.''
* ''Sin duda que no sólo el maestro, sino también el impresor y el farmacéutico protegen sus oficios mediante el espejismo público de que el adiestramiento para aprenderlos es muy costoso.''
* ''Los profesores de habilidades se hacen escasos por la creencia en el valor de los títulos. La certificación es una manera de manipular el mercado y es concebible sólo para una mente escolarizada. La mayoría de los profesores de artes y oficios son menos diestros, tiene menor inventiva y son menos comunicativos que los mejores artesanos y maestros.''
*''La instrucción libre y rutinaria es una blasfemia subversiva para el educador ortodoxo. Ella desliga la adquisición de destrezas de la educación 'humana', que la escuela empaca conjuntamente, y fomenta así el aprendizaje sin título o permiso no menos que la enseñanza sin título para fines imprevisibles.''
* ''El mayor obstáculo en el camino de una sociedad que educa verdaderamente lo definió muy bien un amigo mío, negro de Chicago, quien me dijo que nuestra imaginación estaba 'totalmente escuelada'. Permitimos al Estado verificar las deficiencias educativas universales de sus ciudadanos y establecer un organismo especializado para tratarlos. Compartimos así la ilusión de que podemos distinguir entre qué es educación necesaria para otros y qué no lo es, tal como generaciones anteriores establecieron leyes, las cuales definían qué era sagrado y qué profano.''
* ''La sabiduría institucional nos dice que los niños necesitan la escuela. La sabiduría institucional nos dice que los niños aprenden en la escuela. Pero esta sabiduría institucional es en sí el producto de las escuelas, porque el sólido sentido común nos dice que sólo a niños se les puede enseñar en la escuela. Sólo segregando a los seres humanos en la categoría de la niñez podremos someterlos alguna vez a la autoridad de un maestro de escuela.''
* ''La universidad moderna confiere el privilegio de disentir a aquellos que han sido comprobados y clasificados como fabricantes de dinero o detentadores de poder en potencia. A nadie se le conceden fondos provenientes de impuestos para que tengan así tiempo libre para autoeducarse o el derecho de educar a otros, a menos que al mismo tiempo puedan certificarse sus logros. Las escuelas eligen para cada nivel superior sucesivo a aquellos que en las primeras etapas del juego hayan demostrado ser buenos riesgos para el orden establecido.''
* ''No podemos iniciar una reforma de la educación a menos que entendamos primero que ni el aprendizaje individual ni la igualdad social pueden acrecentarse mediante el ritual de la escolarización. No podremos ir más allá de la sociedad de consumo a menos que entendamos primero que las escuelas públicas obligatorias reproducen inevitablemente dicha sociedad, independientemente de lo que se enseñe en ellas.''
* ''El hombre adicto a ser enseñado busca su seguridad en la enseñanza compulsiva. La mujer que experimenta su conocimiento como el resultado de un proceso quiere reproducirlo en otros.''
* ''Los valores institucionalizados que infunde la escuela son valores cuantificados. La escuela inicia a los jóvenes en un mundo en el que todo puede medirse, incluso sus imaginaciones y hasta el hombre mismo. Pero el desarrollo personal no una entidad mensurable. Es crecimiento en disensión disciplinada, que no puede medirse respecto de ningún cartabón, de ningún currículum, ni compararse con lo logrado por algún otro. En ese aprendizaje uno puede emular a otros sólo en el empeño imaginativo, y seguir sus huellas más bien que remendar sus maneras de andar. El aprendizaje que yo aprecio es una recreación inmensurable.''
* ''El resultado del proceso de producción de un currículum se asemeja a cualquier otro artículo moderno de primera necesidad. Es un paquete de significados planificados, una mercancía cuyo 'atractivo equilibrado' la hace comercializable para una clientela lo bastante grande como para justificar su elevado coste de producción. A los consumidores-alumnos se les enseña a ajustar sus deseos a valores comercializables. De modo que se les hace sentirse culpables si no se comportan de conformidad con las predicciones de la investigación sobre consumidores mediante la consecución de grados y diplomas que les colocará en la categoría laboral que se les ha inducido a esperar.''
== La convivencialidad (1973)[http://www.ivanillich.org.mx/LiConviven.htm#anchor328995 La Convivencialidad] (Texto en línea) ==
* ''Estamos en tal grado deformados por los hábitos industriales, que ya no osamos considerar el campo de las posibilidades; para nosotros, renunciar a la producción en masa significa retornar a las cadenas del pasado, o adoptar la utopía del buen salvaje''.
* ''Debemos reconocer la existencia de escalas y límites naturales - sobre la economía basada en el crecimiento.
* ''El hombre que encuentra su felicidad y su equilibrio en el empleo de una herramienta convivial, yo lo llamo austero''.
* ''Debemos, y gracias al progreso científico, podemos, edificar una sociedad post-industrial de forma que la práctica de la creatividad de una persona no imponga jamás a otra un trabajo, un saber, o un consumo obligatorio''.
* ''El hombre reencontrará la felicidad de la sobriedad y de la austeridad reaprendiendo a depender del prójimo, en lugar de hacerse esclavo de la energía y de la burocracia todo-poderosa''.
* ''Una sociedad dónde cada cual fuese lo que es suficiente sería quizás una sociedad pobre, pero sería sin duda rica en sorpresas y libre''.
* ''Cada ciudad tiene su historia y su cultura, sin embargo hoy en día cada paisaje urbano sufre la misma degradación. Todas las autovías, todos los hospitales, todas las aulas de clase, todas las oficinas, todos los grandes complejos y todos los supermercados se parecen. [...] A menos que reformemos la sociedad, no escaparemos a la progresiva homogeneización de todos, al desarraigo cultural y la estandarización de las relaciones personales''.
*
501
Carl Sagan
La ciencia y el saber
La ciencia y el saber en general estaban reservados a unos cuantos privilegiados, la vasta población de esta ciudad no tenía la mas vaga noción de los grandes descubrimientos que se estaban realizando dentro de estas paredes. ¿Cómo podían saberlo? Los nuevos hallazgos no eran explicados o popularizados, el progreso realizado aquí les beneficiaba poco, la ciencia no formaba parte de sus vidas, no había compensación para el estancamiento, el pesimismo ni la más abyecta entrega al misticismo, así que cuando el populacho vino a quemar esta biblioteca nadie pudo detenerlo
277
Pablo de Rokha
Gran Marcha Heróica
Arriba, un atrevimiento de águilas, abajo, el pecho del pueblo
y en la línea definitiva, entre los altos y anchos candelabros de
la Humanidad, y las trompetas que braman como vacas, entre naranjos y duraznos
y manzanos que, como caballos, relinchan, entre barcos y espadas, rifles
y banderas en flor, al paso de parada negro y fundamental de los héroes,
tú y tu ataúd de acero.
La multitud descomunal y subterránea, abate en oleaje su ímpetu
de serpiente y ataca su fantasma y su palabra, como un toro la estrella
ensangrentada.
Caemos de rodillas en el gran crepúsculo universal, y lloran
las sirenas de todos los barcos del mundo, como perritas sin alojamiento;
se acabó la comida en los establos contemporáneos y el último
buey se destapa los sesos, gritando; el bofetón del huracán,
partiendo los terciopelos del Oriente, araña el ocaso y le desgarra
el corazón a puñaladas, cuando el fusil imperial de la burguesía
pare un lirio de pólvora y se suicida.
Al quillay litoral le desgarran la pana los relámpagos de las
montañas, y tremendamente da quejidos de potrillo recién
nacido en el estercolero, porque su conciencia vegetal naufraga en el aroma
a sangre.
Canto de estatuas, grito de coronas, llanto de corazas y bahías,
y el discurso funeral de los cipreses que persiguen eternamente lo amarillo,
te rodean; nosotros, entre lenguas de perro y lágrimas elementales,
no somos sino sólo fantasmas en vigencia; lo heroico, lo definitivo,
la ley oscura de la materia en la cual todas las cosas se levantan y se
derrumban con el único fin de engendrar padecimiento, emerge de
ti, porque de ti, porque tú eres la realidad categórica;
y cuando los pollitos nuevos del mar a cuya orilla enorme te criaste, pían
al asesinato general del ocaso, los huesos de Tamerlán echan grandes
llamas; escucho el funeral de Beethoven ejecutado por setecientos maestros
de orquesta, frenar la tempestad, sujetándola, como el desnudo adolescente
los caballos rojos de Fidias y el cielo está negro lo mismo que
mi corazón; las espadas anchas, las anchas espadas que abrieron
los surcos profundos que no cavaron los arados, las espadas embanderadas
de historia, se te someten y te lamen como el perro del mendigo; cuadrigas
y centurias, haciendo estallar el sol sonoro, al golpear la tierra hinchada
con el eslabón de la herradura, levantan polvaredas de migración
y el bramido de las lanzas es acusatorio y terrible debajo de la lluvia
oscura como la mala intención o un cobarde; adentro de las campanas
choca la luciérnaga rota con su farol a la espalda, llorando; huyendo
del incendio general, leones y chacales se arrojan a la mar ignota y las
serpientes repletas de furor se rompen los colmillos en las antiguas lanzas;
un gran caballo azul se suicida; borrachos de sol y parición en
generaciones del Dios pánico y dionysíaco, los sacerdos-escarabajos
están gritando la maternidad aterradora en miel de pinares y resinas
de gran potencial alcohólico, que debaten entre ramajes la violencia
tremenda de la naturaleza; el Clarín del Señor de los Ejércitos
empuña la espuela de oro de la gran alarma y los soldados.
Cargado por nosotros, marcha el féretro como una rosa negra o
un pabellón caído, con espanto aterrador de fusilamiento;
rajados a hachazos los pellines encadenados al huracán aúllan;
tú eres lo único definitivo, hundida en tu belleza de pretéritos
y de crepúsculos totales, caída en todo lo solo, herida por
el resplandor de la eternidad deslumbradora, mientras errados, nos arrinconamos
adentro de nuestras viejas negras chaquetas de perros.
Por el camino real que va a la nada marcharé (caballo de invierno),
en las milenarias edades; hoy, mi espada está quebrada, como el
mascarón de proa del barco que se estrelló contra lo infinito
y soy el animal abandonado en la soledad del bramadero; perteneces al granero
humano, tétrico de matanza en matanza, y te robaron de mis besos
terribles; braman las campanas pateando la atmósfera histórica
en la cual se degüellan hasta las dulces violetas que son como copitas
de vino inmortal; la tinaja de las provincias echa un ancho llanto de parrones
descomunales, gritando desde el origen.
Arde tu alma grande y deslumbradora como un fusil en botón y
a la persona muerta la secunda la ciudadanía universal otorgándole
la vida épica como a una guitarra el sonido; como un solo animal,
acumular la eternidad, triste y furioso a tus orillas, es mi ocupación
de suicida; como ola de sombra, el comercio-puñal de la literatura
nos ladra al alma cansada y los cuatreros, los cuchilleros, los aventureros
y el gran escorpión de la bohemia nos destinan su sonrisa de degolladores,
echada en sus ojos de cerdo.
Sobre el instante, la polvareda familiar gravita y empuña el
pabellón de los antiguos clanes; tu eres el escudo popular de los
de Rokha: tronchados, desorientados, conmigo a la cabeza de la carreta
grande, tirada por dos inmensos toros muertos, hijos e hijas, nietos y
nietas, yernos y nueras dan la batalla contra la mixtificación tenebrosa
y estupenda de los viejos payasos convertidos en asesinos; a miel envenenada
hiede el ambiente o a calumnia y perro; los chacales se ríen furiosamente
y tremendamente arañan la casa sola como sombra en el arrabal del
mundo, allá en donde remuelen el pelele y la maldición, tierra
de escupos y demagogia, llena de lenguas quemadas; porque mi desesperación
se retuerce las manos como un reo que enfrenta los inquisidores, a cuya
espalda chilla, furiosa la Reacción, como negra perra vieja en celo;
andando por abajo, los degenerados nos aceitan y nos embarran el camino,
a fin de que el cegado por las lágrimas dé el resbalón
mortal y definitivo del que se desploma en el mar rabioso que solloza echando
espuma y se derrumbe horriblemente.
Juramos pelear hasta derrotar al enemigo enmascarado en el enemigo del
pueblo, al calumniador y al difamador con ojo pequeño de ofidio
y las setenta lenguas ajenas de los testigos falsos, a la rana-pulpo-sapo
del sabotaje; juramos solemnemente cortarnos y comernos la lengua antes
de lanzarle al olvido; juramos los látigos de la venganza, porque
es mentira la misericordia y no tememos atacar la eternidad frente a frente,
ensangrentados como pabellones.
Tranco a tranco en el pantano del horror, vi destruir a la naturaleza
en ti el esquema total de lo bello y lo bueno; como un niño loco,
el espanto se ensañó en tu figura incomparable, que no volverá
a lograr nunca jamás la línea de la Humanidad, y caíste
asesinada y pisoteada por lo infinito, tú, que representabas lo
infinito en la vida humana, y el sol de "Dios" en la gran tiniebla del
hombre; caías, pero caía contigo el significado de lo humano,
y en este instante todas las cosas están sin sentido, gritando,
boca abajo, solas, y es fea la tierra; como a aquel infeliz cualquiera
a quien le revuelven la puñalada en el corazón, el perro
idiota de la literatura, vestido de obispo o caracol, levanta la pata y
orina mi tragedia de macho, porque como todo lo hermoso, todo lo vertical,
todo lo heroico se hundió contigo en el abismo, yo soy el viudo
terrible, y acaso la bestia arcaica sublimándose en el intelectual
acusatorio que da lenguaje a las tinieblas; como la naturaleza es descomunal
y sólo lo monstruoso le incumbe íntegramente, su injusticia
fue tenebrosa con tu régimen floral de copa y el destino te cavó
de horror como a una montaña de fuego; sin embargo, como soy humano,
no acepto tu muerte, no creo en tu muerte, no entiendo tu muerte y el andrajo
de mi corazón se retuerce salvajemente y se avalanza contra la muralla
inmortal, contra la muralla desesperada, contra la muralla ensangrentada,
contra la muralla despedazada, que se incendia entre las montañas
y sudando y bramando y sangrando, me revuelco como un toro con tu nombre
sagrado entre los dientes, mordido como el puñal rojo del pirata;
a la espalda aúllan las desorbitadas máscaras gruñendo
entre complejos de buitre aventurero y trajes vacíos, en los que
respiran las épocas demagógicas.
Entre los grandes peñascos apuñalados por el sol, sudando
como soldados de antaño, roídos por inmenso musgo crepuscular
y lágrimas de antiguas botellas, tú y la paloma torcaz de
los desiertos lloran; mar afuera, en el corazón de flor de las mojadas
islas oceánicas, en las que la eternidad se agarra como entraña
de animal vacuno a la soledad de la materia y el gemido de los orígenes
gravita en la gran placenta del agua, tú das la majestad al huracán
por cuyos látigos ruge la muerte su secreto total, tremendo; encima
de los carros de topacio del crepúsculo, tirados por siete caballos
amarillos, cruzados de llamas como Jehová, tú eres el balido
azul de los corderos; aquí, a la orilla de tu sepulcro que ruge,
terrible, en su condición de miel de abejas y de pólvora,
haciendo estallar el huracán sobre los viejos túmulos que
tu vencidad obliga a relampaguear, tú empuñas una gran trompeta
de oro, tal como se empuña una gran bandera de fuego y convocas
a asamblea general de muertos, a fin de arrojar la eternidad contra la
eternidad, como dos peñascos; emerges de entre toneles, como la
voz de las vasijas, y la gran humedad del pretérito, que huele a
fruta madura y a caoba matrimonial, enarbola su pabellón en el corazón
de las bodegas, cuando yo recuerdo tu virginidad resplandeciente...
Condiciona sus muchedumbres la mar-océano del Sur y tu multitud
le responde terriblemente; yo estoy sentado a la orilla del que tanto amabas
mar, y la oceanidad da la tónica al gigante dolor que requiere inmensidades
para manifestarse y el lenguaje de la masa humana o la montaña incendiándose;
remece sus instintos la inmensa bestia oceánica y el crepúsculo
ensangrienta la bandera de los navíos y el cañón funeral
del puerto; el mar y yo bramamos, el mar, el mar, y crujen los huesos tremendos
de Chile, cuando con mi caballo nos bañamos solos en la gran soledad
del mar y el mar prolonga mi relincho con su bramido por todas las costas,
desde las tierras protervas de Babilonia al Mediterráneo celestial
de las tuyas glicinas y a los sangrientos mares vikingos, o arrastra mi
voz tronchada y sangrienta como un capitel roto y mi lenguaje de campanario
que se derrumba en la gran campana del mar, con tu recuerdo gimiendo adentro;
rememoro nuestro matrimonio provincial-marino y la carrera desenfrenada,
desnudos, sobre la arena y el sol; es la mar soberbia, la mar oscura, la
mar grandiosa en la cual gravita el estupor horizontal de humanidad que
azota los vientres de las madres y relumbran las panoplias huracanadas
de los viejos guerreros de hierro, que ascienden y descienden por las arboladuras
como un tigre a una antigua catedral caída; lagrimones de acordeones,
de leones y fantasmas dan al pirata el relumbrón de los atardeceres
y el tajo del rostro atrae el sable crepuscular hacia la figura agigantada;
el ron furioso da gritazos y mordiscos de alcohol degollado a la tiniebla
aventurera y la pólvora roja es rosa de llamas rugiendo con perros
y espadas entre la matanza histórica, adentro de la cual nosotros
dos rajamos el cuaderno de bitácora sobre el acero acerbo del pecho,
que es pluma y rifle, Luisita; asomándome a la descomunal profundidad
heroica, veo lo eterno y tu cara en todo lo hondo; naufragios y guitarras
y el lamento del destierro en los archipiélagos sociales del Tirreno
y el Egeo, se revuelve a la bencina cosmopolita de los grandes Imperios
de hoy, con sus navíos y sus aviones sembrando la sangre en los
mares: pero el tam-tam de los tambores ensangrentados me desgarra el cerebro;
sin embargo, hay dulzuras maravillosas, y te vuelvo a encontrar en esta
gran agua salada por el origen y el olor animal del mundo, con tu melena
de sirena clásica y tu pie marino de conchaperla y aventura.
Braman las águilas del amor eterno en nosotros...
El huracán del amor nos arrasó antaño, y ahora
tu belleza de plenilunio con duraznos, como llorando en la grandeza aterradora,
contiene todo el pasado del ser humano; truenan las grandes vacas tristes
del amanecer y tú rajas la mañana con tu actitud, que es
un puñal quebrado; fuiste "mi dulce tormento" y ahora, Winétt,
como el Arca de la Alianza o como Dionysos, medio a medio de los estuarios
mediterráneos y el de los sargazos mar, entre el régimen
del laurel y el dolorido asfodelo diluído en la colina acumulada
de los héroes, hacia la cual apunta el océano su fusilería
y desde la que emergen los pinos solarios, tú, lo mismo exacto que
a una gran diosa antigua de Asia, la eternidad bravía te circunda;
galopan los cuatro caballos del Apocalipsis, se derrumban las murallas
de Jericó al son de las trompetas que ladran como alas en la degollación
y el Sinaí embiste como el toro egipcio, cuando tu paso de tórtola
hiende los asfaltos ensangrentados de la poesía, gran poetisa-Continente;
y las generaciones de todos los pobres, entre todos los pobres del mundo,
te levantan bajo los palios llagados del sudor popular en el instante en
que tu voz se distiende, creciendo y multiplicándose como el oleaje
de los grandes mares desconocidos, a cuya ribera los hombres crearon los
dioses barbudos del agro y los sentaron y los clavaron en las regiones
acuarias, que eran el llanto de fuego de los volcanes; como fuiste tremendamente
dulce, graciosamente fuerte, pequeñamente grande con lo oscuro y
descomunal del genio en un régimen de corolas, el hijo del pueblo
te entiende; tenías la divina atracción del átomo,
que, al estallar, incendia la tierra, por eso, adentro del silencio mundial,
yo escucho exactamente a la multitud romana o babilónica, arreada
y gobernada a latigazos, a las muchedumbres grecolatinas que poblaron Marsella
de gentes que huelen a ajo, a prostitución, a guitarra, a conspiración,
a sardina y a cuchilla, a tabaco y a sol mojado y caliente como sobaco,
a presidio, a miseria, a heroicidad, a flojera o a tristeza, al vikingo
ladrón, guerrero, viril y sublime en gran hombría y a los
beduinos enfurecidos por el hambre y los desiertos del simoum, áspero
y trágico, y te adoro como a una antigua y oscura diosa en la cual
los pueblos guerreros practicaban la idolatría de lo femenino definitivo
y terrible; forrado en cueros de fuego, montado un caballo de asfalto,
yo voy adentro de la multitud, como una maldición en el cañón
del revólver.
Románico de cúpulas y óperas el atardecer de los
amantes desventurados me encubre, y cae una paloma negra, Luisita-azúcar.
Soplan las ráfagas del dolor su chicotazo vagabundo y la angustia
se clava rugiendo, en fijación tremenda, como un ojo enorme que
quemase, como una gran araña, como un trueno con el reflejo hacia
adentro y la quijada de Caín en el hocico; es entonces cuando arde
el colchón con sudor oscuro de légamo, cuando la noche afila
su cuchilla sin resplandor, cuando el volcán destripa a la montaña
y se parte el vientre terrible, que arroja un caldo de llamas horrendo
y definitivo, cuando lloran todas las cosas un llanto demencial y lluvioso,
cuando el paisaje, que es la corbata de la naturaleza, se raja el corazón
de avena y pan y se repleta de leones; sin embargo, medio a medio de la
catástrofe, se me reconstituye el ser a objeto de que el padecimiento
se encarne más adentro y la llaga, quemada por el horror, se agrande;
con tu ataúd al hombro, resuenan mis trancos en la soledad del siglo,
en la cual gravita el cadáver de Stalin, que es enorme y cubre el
Oriente en mil leguas reales a la redonda, encima de un carro gigante que
arrastran doscientos millones de obreros; semejante a una inmensa cosechadora
de granjeros, la máquina viuda de los panteones degüella las
cabezas negras y la Humanidad brama como vaca en el matadero; yo arrastro
la porquería maldita de la vida como la pierna tronchada un idiota
y espero el veneno del envenenador, la solitaria puñalada literaria
por la espalda, en el minuto crucial de los crepúsculos, el balazo
del hermano en la literatura, como quien aguarda que le llegue un cheque
en blanco desde la otra vida; me da vergüenza ser un ser humano desde
que te vi agonizar defendiéndote, perseguida y acosada por la Eternidad
como una dulce garza por una gran perra sarnosa; como con asco de existir,
duermo como perro solo encima de una gran piedra tremenda, que bramara
en el desierto, hablo con espanto de cortarme la lengua con la cuchilla
de la palabra y quisiera que un dolor físico enorme me situase a
tu altura, medio a medio de este gigante y negro desfile de horror del
cual estalla mi cabeza incendiándose como antigua famosa posada
de vagabundos; no deseo el sol sino llorando y la noche maldita con la
tempestad en el vientre; por degüellos y asesinatos camino, y ando
en campos de batalla, estoy mordido por buitres de negrura, y es de pólvora
y de lágrimas, Luisita-Amor, el gran canasto de violetas, con el
cual me allego a tu sepulcro humildemente; a mi desesperación se
le divisa la cacha del arma de fuego, Luisita-Amor, cuyos grandes frutos
caen...
Éramos Filemón y Baltis de Frigia y el grito conyugal
del mundo, pero se desgarró una gran cadena en la historia y yo
cruzo gritando a la siga del mí mismo que se fue contigo para siempre
nunca, esta gran sonata fúnebre de héroes caídos...
y en la línea definitiva, entre los altos y anchos candelabros de
la Humanidad, y las trompetas que braman como vacas, entre naranjos y duraznos
y manzanos que, como caballos, relinchan, entre barcos y espadas, rifles
y banderas en flor, al paso de parada negro y fundamental de los héroes,
tú y tu ataúd de acero.
La multitud descomunal y subterránea, abate en oleaje su ímpetu
de serpiente y ataca su fantasma y su palabra, como un toro la estrella
ensangrentada.
Caemos de rodillas en el gran crepúsculo universal, y lloran
las sirenas de todos los barcos del mundo, como perritas sin alojamiento;
se acabó la comida en los establos contemporáneos y el último
buey se destapa los sesos, gritando; el bofetón del huracán,
partiendo los terciopelos del Oriente, araña el ocaso y le desgarra
el corazón a puñaladas, cuando el fusil imperial de la burguesía
pare un lirio de pólvora y se suicida.
Al quillay litoral le desgarran la pana los relámpagos de las
montañas, y tremendamente da quejidos de potrillo recién
nacido en el estercolero, porque su conciencia vegetal naufraga en el aroma
a sangre.
Canto de estatuas, grito de coronas, llanto de corazas y bahías,
y el discurso funeral de los cipreses que persiguen eternamente lo amarillo,
te rodean; nosotros, entre lenguas de perro y lágrimas elementales,
no somos sino sólo fantasmas en vigencia; lo heroico, lo definitivo,
la ley oscura de la materia en la cual todas las cosas se levantan y se
derrumban con el único fin de engendrar padecimiento, emerge de
ti, porque de ti, porque tú eres la realidad categórica;
y cuando los pollitos nuevos del mar a cuya orilla enorme te criaste, pían
al asesinato general del ocaso, los huesos de Tamerlán echan grandes
llamas; escucho el funeral de Beethoven ejecutado por setecientos maestros
de orquesta, frenar la tempestad, sujetándola, como el desnudo adolescente
los caballos rojos de Fidias y el cielo está negro lo mismo que
mi corazón; las espadas anchas, las anchas espadas que abrieron
los surcos profundos que no cavaron los arados, las espadas embanderadas
de historia, se te someten y te lamen como el perro del mendigo; cuadrigas
y centurias, haciendo estallar el sol sonoro, al golpear la tierra hinchada
con el eslabón de la herradura, levantan polvaredas de migración
y el bramido de las lanzas es acusatorio y terrible debajo de la lluvia
oscura como la mala intención o un cobarde; adentro de las campanas
choca la luciérnaga rota con su farol a la espalda, llorando; huyendo
del incendio general, leones y chacales se arrojan a la mar ignota y las
serpientes repletas de furor se rompen los colmillos en las antiguas lanzas;
un gran caballo azul se suicida; borrachos de sol y parición en
generaciones del Dios pánico y dionysíaco, los sacerdos-escarabajos
están gritando la maternidad aterradora en miel de pinares y resinas
de gran potencial alcohólico, que debaten entre ramajes la violencia
tremenda de la naturaleza; el Clarín del Señor de los Ejércitos
empuña la espuela de oro de la gran alarma y los soldados.
Cargado por nosotros, marcha el féretro como una rosa negra o
un pabellón caído, con espanto aterrador de fusilamiento;
rajados a hachazos los pellines encadenados al huracán aúllan;
tú eres lo único definitivo, hundida en tu belleza de pretéritos
y de crepúsculos totales, caída en todo lo solo, herida por
el resplandor de la eternidad deslumbradora, mientras errados, nos arrinconamos
adentro de nuestras viejas negras chaquetas de perros.
Por el camino real que va a la nada marcharé (caballo de invierno),
en las milenarias edades; hoy, mi espada está quebrada, como el
mascarón de proa del barco que se estrelló contra lo infinito
y soy el animal abandonado en la soledad del bramadero; perteneces al granero
humano, tétrico de matanza en matanza, y te robaron de mis besos
terribles; braman las campanas pateando la atmósfera histórica
en la cual se degüellan hasta las dulces violetas que son como copitas
de vino inmortal; la tinaja de las provincias echa un ancho llanto de parrones
descomunales, gritando desde el origen.
Arde tu alma grande y deslumbradora como un fusil en botón y
a la persona muerta la secunda la ciudadanía universal otorgándole
la vida épica como a una guitarra el sonido; como un solo animal,
acumular la eternidad, triste y furioso a tus orillas, es mi ocupación
de suicida; como ola de sombra, el comercio-puñal de la literatura
nos ladra al alma cansada y los cuatreros, los cuchilleros, los aventureros
y el gran escorpión de la bohemia nos destinan su sonrisa de degolladores,
echada en sus ojos de cerdo.
Sobre el instante, la polvareda familiar gravita y empuña el
pabellón de los antiguos clanes; tu eres el escudo popular de los
de Rokha: tronchados, desorientados, conmigo a la cabeza de la carreta
grande, tirada por dos inmensos toros muertos, hijos e hijas, nietos y
nietas, yernos y nueras dan la batalla contra la mixtificación tenebrosa
y estupenda de los viejos payasos convertidos en asesinos; a miel envenenada
hiede el ambiente o a calumnia y perro; los chacales se ríen furiosamente
y tremendamente arañan la casa sola como sombra en el arrabal del
mundo, allá en donde remuelen el pelele y la maldición, tierra
de escupos y demagogia, llena de lenguas quemadas; porque mi desesperación
se retuerce las manos como un reo que enfrenta los inquisidores, a cuya
espalda chilla, furiosa la Reacción, como negra perra vieja en celo;
andando por abajo, los degenerados nos aceitan y nos embarran el camino,
a fin de que el cegado por las lágrimas dé el resbalón
mortal y definitivo del que se desploma en el mar rabioso que solloza echando
espuma y se derrumbe horriblemente.
Juramos pelear hasta derrotar al enemigo enmascarado en el enemigo del
pueblo, al calumniador y al difamador con ojo pequeño de ofidio
y las setenta lenguas ajenas de los testigos falsos, a la rana-pulpo-sapo
del sabotaje; juramos solemnemente cortarnos y comernos la lengua antes
de lanzarle al olvido; juramos los látigos de la venganza, porque
es mentira la misericordia y no tememos atacar la eternidad frente a frente,
ensangrentados como pabellones.
Tranco a tranco en el pantano del horror, vi destruir a la naturaleza
en ti el esquema total de lo bello y lo bueno; como un niño loco,
el espanto se ensañó en tu figura incomparable, que no volverá
a lograr nunca jamás la línea de la Humanidad, y caíste
asesinada y pisoteada por lo infinito, tú, que representabas lo
infinito en la vida humana, y el sol de "Dios" en la gran tiniebla del
hombre; caías, pero caía contigo el significado de lo humano,
y en este instante todas las cosas están sin sentido, gritando,
boca abajo, solas, y es fea la tierra; como a aquel infeliz cualquiera
a quien le revuelven la puñalada en el corazón, el perro
idiota de la literatura, vestido de obispo o caracol, levanta la pata y
orina mi tragedia de macho, porque como todo lo hermoso, todo lo vertical,
todo lo heroico se hundió contigo en el abismo, yo soy el viudo
terrible, y acaso la bestia arcaica sublimándose en el intelectual
acusatorio que da lenguaje a las tinieblas; como la naturaleza es descomunal
y sólo lo monstruoso le incumbe íntegramente, su injusticia
fue tenebrosa con tu régimen floral de copa y el destino te cavó
de horror como a una montaña de fuego; sin embargo, como soy humano,
no acepto tu muerte, no creo en tu muerte, no entiendo tu muerte y el andrajo
de mi corazón se retuerce salvajemente y se avalanza contra la muralla
inmortal, contra la muralla desesperada, contra la muralla ensangrentada,
contra la muralla despedazada, que se incendia entre las montañas
y sudando y bramando y sangrando, me revuelco como un toro con tu nombre
sagrado entre los dientes, mordido como el puñal rojo del pirata;
a la espalda aúllan las desorbitadas máscaras gruñendo
entre complejos de buitre aventurero y trajes vacíos, en los que
respiran las épocas demagógicas.
Entre los grandes peñascos apuñalados por el sol, sudando
como soldados de antaño, roídos por inmenso musgo crepuscular
y lágrimas de antiguas botellas, tú y la paloma torcaz de
los desiertos lloran; mar afuera, en el corazón de flor de las mojadas
islas oceánicas, en las que la eternidad se agarra como entraña
de animal vacuno a la soledad de la materia y el gemido de los orígenes
gravita en la gran placenta del agua, tú das la majestad al huracán
por cuyos látigos ruge la muerte su secreto total, tremendo; encima
de los carros de topacio del crepúsculo, tirados por siete caballos
amarillos, cruzados de llamas como Jehová, tú eres el balido
azul de los corderos; aquí, a la orilla de tu sepulcro que ruge,
terrible, en su condición de miel de abejas y de pólvora,
haciendo estallar el huracán sobre los viejos túmulos que
tu vencidad obliga a relampaguear, tú empuñas una gran trompeta
de oro, tal como se empuña una gran bandera de fuego y convocas
a asamblea general de muertos, a fin de arrojar la eternidad contra la
eternidad, como dos peñascos; emerges de entre toneles, como la
voz de las vasijas, y la gran humedad del pretérito, que huele a
fruta madura y a caoba matrimonial, enarbola su pabellón en el corazón
de las bodegas, cuando yo recuerdo tu virginidad resplandeciente...
Condiciona sus muchedumbres la mar-océano del Sur y tu multitud
le responde terriblemente; yo estoy sentado a la orilla del que tanto amabas
mar, y la oceanidad da la tónica al gigante dolor que requiere inmensidades
para manifestarse y el lenguaje de la masa humana o la montaña incendiándose;
remece sus instintos la inmensa bestia oceánica y el crepúsculo
ensangrienta la bandera de los navíos y el cañón funeral
del puerto; el mar y yo bramamos, el mar, el mar, y crujen los huesos tremendos
de Chile, cuando con mi caballo nos bañamos solos en la gran soledad
del mar y el mar prolonga mi relincho con su bramido por todas las costas,
desde las tierras protervas de Babilonia al Mediterráneo celestial
de las tuyas glicinas y a los sangrientos mares vikingos, o arrastra mi
voz tronchada y sangrienta como un capitel roto y mi lenguaje de campanario
que se derrumba en la gran campana del mar, con tu recuerdo gimiendo adentro;
rememoro nuestro matrimonio provincial-marino y la carrera desenfrenada,
desnudos, sobre la arena y el sol; es la mar soberbia, la mar oscura, la
mar grandiosa en la cual gravita el estupor horizontal de humanidad que
azota los vientres de las madres y relumbran las panoplias huracanadas
de los viejos guerreros de hierro, que ascienden y descienden por las arboladuras
como un tigre a una antigua catedral caída; lagrimones de acordeones,
de leones y fantasmas dan al pirata el relumbrón de los atardeceres
y el tajo del rostro atrae el sable crepuscular hacia la figura agigantada;
el ron furioso da gritazos y mordiscos de alcohol degollado a la tiniebla
aventurera y la pólvora roja es rosa de llamas rugiendo con perros
y espadas entre la matanza histórica, adentro de la cual nosotros
dos rajamos el cuaderno de bitácora sobre el acero acerbo del pecho,
que es pluma y rifle, Luisita; asomándome a la descomunal profundidad
heroica, veo lo eterno y tu cara en todo lo hondo; naufragios y guitarras
y el lamento del destierro en los archipiélagos sociales del Tirreno
y el Egeo, se revuelve a la bencina cosmopolita de los grandes Imperios
de hoy, con sus navíos y sus aviones sembrando la sangre en los
mares: pero el tam-tam de los tambores ensangrentados me desgarra el cerebro;
sin embargo, hay dulzuras maravillosas, y te vuelvo a encontrar en esta
gran agua salada por el origen y el olor animal del mundo, con tu melena
de sirena clásica y tu pie marino de conchaperla y aventura.
Braman las águilas del amor eterno en nosotros...
El huracán del amor nos arrasó antaño, y ahora
tu belleza de plenilunio con duraznos, como llorando en la grandeza aterradora,
contiene todo el pasado del ser humano; truenan las grandes vacas tristes
del amanecer y tú rajas la mañana con tu actitud, que es
un puñal quebrado; fuiste "mi dulce tormento" y ahora, Winétt,
como el Arca de la Alianza o como Dionysos, medio a medio de los estuarios
mediterráneos y el de los sargazos mar, entre el régimen
del laurel y el dolorido asfodelo diluído en la colina acumulada
de los héroes, hacia la cual apunta el océano su fusilería
y desde la que emergen los pinos solarios, tú, lo mismo exacto que
a una gran diosa antigua de Asia, la eternidad bravía te circunda;
galopan los cuatro caballos del Apocalipsis, se derrumban las murallas
de Jericó al son de las trompetas que ladran como alas en la degollación
y el Sinaí embiste como el toro egipcio, cuando tu paso de tórtola
hiende los asfaltos ensangrentados de la poesía, gran poetisa-Continente;
y las generaciones de todos los pobres, entre todos los pobres del mundo,
te levantan bajo los palios llagados del sudor popular en el instante en
que tu voz se distiende, creciendo y multiplicándose como el oleaje
de los grandes mares desconocidos, a cuya ribera los hombres crearon los
dioses barbudos del agro y los sentaron y los clavaron en las regiones
acuarias, que eran el llanto de fuego de los volcanes; como fuiste tremendamente
dulce, graciosamente fuerte, pequeñamente grande con lo oscuro y
descomunal del genio en un régimen de corolas, el hijo del pueblo
te entiende; tenías la divina atracción del átomo,
que, al estallar, incendia la tierra, por eso, adentro del silencio mundial,
yo escucho exactamente a la multitud romana o babilónica, arreada
y gobernada a latigazos, a las muchedumbres grecolatinas que poblaron Marsella
de gentes que huelen a ajo, a prostitución, a guitarra, a conspiración,
a sardina y a cuchilla, a tabaco y a sol mojado y caliente como sobaco,
a presidio, a miseria, a heroicidad, a flojera o a tristeza, al vikingo
ladrón, guerrero, viril y sublime en gran hombría y a los
beduinos enfurecidos por el hambre y los desiertos del simoum, áspero
y trágico, y te adoro como a una antigua y oscura diosa en la cual
los pueblos guerreros practicaban la idolatría de lo femenino definitivo
y terrible; forrado en cueros de fuego, montado un caballo de asfalto,
yo voy adentro de la multitud, como una maldición en el cañón
del revólver.
Románico de cúpulas y óperas el atardecer de los
amantes desventurados me encubre, y cae una paloma negra, Luisita-azúcar.
Soplan las ráfagas del dolor su chicotazo vagabundo y la angustia
se clava rugiendo, en fijación tremenda, como un ojo enorme que
quemase, como una gran araña, como un trueno con el reflejo hacia
adentro y la quijada de Caín en el hocico; es entonces cuando arde
el colchón con sudor oscuro de légamo, cuando la noche afila
su cuchilla sin resplandor, cuando el volcán destripa a la montaña
y se parte el vientre terrible, que arroja un caldo de llamas horrendo
y definitivo, cuando lloran todas las cosas un llanto demencial y lluvioso,
cuando el paisaje, que es la corbata de la naturaleza, se raja el corazón
de avena y pan y se repleta de leones; sin embargo, medio a medio de la
catástrofe, se me reconstituye el ser a objeto de que el padecimiento
se encarne más adentro y la llaga, quemada por el horror, se agrande;
con tu ataúd al hombro, resuenan mis trancos en la soledad del siglo,
en la cual gravita el cadáver de Stalin, que es enorme y cubre el
Oriente en mil leguas reales a la redonda, encima de un carro gigante que
arrastran doscientos millones de obreros; semejante a una inmensa cosechadora
de granjeros, la máquina viuda de los panteones degüella las
cabezas negras y la Humanidad brama como vaca en el matadero; yo arrastro
la porquería maldita de la vida como la pierna tronchada un idiota
y espero el veneno del envenenador, la solitaria puñalada literaria
por la espalda, en el minuto crucial de los crepúsculos, el balazo
del hermano en la literatura, como quien aguarda que le llegue un cheque
en blanco desde la otra vida; me da vergüenza ser un ser humano desde
que te vi agonizar defendiéndote, perseguida y acosada por la Eternidad
como una dulce garza por una gran perra sarnosa; como con asco de existir,
duermo como perro solo encima de una gran piedra tremenda, que bramara
en el desierto, hablo con espanto de cortarme la lengua con la cuchilla
de la palabra y quisiera que un dolor físico enorme me situase a
tu altura, medio a medio de este gigante y negro desfile de horror del
cual estalla mi cabeza incendiándose como antigua famosa posada
de vagabundos; no deseo el sol sino llorando y la noche maldita con la
tempestad en el vientre; por degüellos y asesinatos camino, y ando
en campos de batalla, estoy mordido por buitres de negrura, y es de pólvora
y de lágrimas, Luisita-Amor, el gran canasto de violetas, con el
cual me allego a tu sepulcro humildemente; a mi desesperación se
le divisa la cacha del arma de fuego, Luisita-Amor, cuyos grandes frutos
caen...
Éramos Filemón y Baltis de Frigia y el grito conyugal
del mundo, pero se desgarró una gran cadena en la historia y yo
cruzo gritando a la siga del mí mismo que se fue contigo para siempre
nunca, esta gran sonata fúnebre de héroes caídos...
570
Ambrose Bierce
Si deseas que tus sueños
Si deseas que tus sueños se hagan realidad... ¡despierta!
37
José Saramago
Siempre acabamos llegamos adonde nos
Siempre acabamos llegamos adonde nos esperan.
55
Olga Orozco
La Víspera Del Pródigo
Yo, el que vela arropado en la inocencia,
soy el que no partió cuando mi último soplo
extinguió la bujía.
Pero ¿quién descifró lentamente los fabulosos
signos?
¡Oh, lejano!
¿Quién buscaba en las nubes el espejo donde duerme la
imagen de secretos países?
¿Quién oía otras voces quejándose en el
viento contra el cristal golpeado?
¿Quién inscribió con fuego su nombre en los
maderos para que fuese anuncio ardiente por las playas?
¡Oh, mensajeros!
Otro es el que se fue.
Mas por su rostro paso a veces como si aún se viera en el globo
azogado de la infancia que el tiempo balancea;
y hasta mí llega a veces, tras las frondas errantes, el fulgor
de su mísera realeza.
No me juzguéis ahora.
Esperadlo conmigo.
Su muerte ha de alcanzarme tanto como su vida.
soy el que no partió cuando mi último soplo
extinguió la bujía.
Pero ¿quién descifró lentamente los fabulosos
signos?
¡Oh, lejano!
¿Quién buscaba en las nubes el espejo donde duerme la
imagen de secretos países?
¿Quién oía otras voces quejándose en el
viento contra el cristal golpeado?
¿Quién inscribió con fuego su nombre en los
maderos para que fuese anuncio ardiente por las playas?
¡Oh, mensajeros!
Otro es el que se fue.
Mas por su rostro paso a veces como si aún se viera en el globo
azogado de la infancia que el tiempo balancea;
y hasta mí llega a veces, tras las frondas errantes, el fulgor
de su mísera realeza.
No me juzguéis ahora.
Esperadlo conmigo.
Su muerte ha de alcanzarme tanto como su vida.
660
Giacomo Casanova
Reconociendo que durante toda mi
Reconociendo que durante toda mi vida he actuado más a impulsos de los sentimientos que obedeciendo al resultado de mis reflexiones, he creído reconocer que mi conducta ha dependido más de mi carácter que de mi razón, que habitualmente han sido opuestos, y, en sus choques constantes, nunca me pareció tener una razón a la altura de mi carácter ni un carácter a la altura de mi razón.
57
Vicente Huidobro
El Espejo De Agua
Mi espejo, corriente por las noches,
Se hace arroyo y se aleja de mi cuarto.
Mi espejo, más profundo que el orbe
Donde todos los cisnes se ahogaron.
Es un estanque verde en la muralla
Y en medio duerme tu desnudez anclada.
Sobre sus olas, bajo cielos sonámbulos,
Mis ensueños se alejan como barcos.
De pie en la popa siempre me veréis cantando.
Una rosa secreta se hincha en mi pecho
Y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo.
Se hace arroyo y se aleja de mi cuarto.
Mi espejo, más profundo que el orbe
Donde todos los cisnes se ahogaron.
Es un estanque verde en la muralla
Y en medio duerme tu desnudez anclada.
Sobre sus olas, bajo cielos sonámbulos,
Mis ensueños se alejan como barcos.
De pie en la popa siempre me veréis cantando.
Una rosa secreta se hincha en mi pecho
Y un ruiseñor ebrio aletea en mi dedo.
1.213
Aristóteles
...si, aún no siendo infinito
...si, aún no siendo infinito el cuerpo del universo, no será, empero, de un tamaño tal como para permitir que existan múltiples mundos;...
84
Ivan Illich
Durante un siglo, la humanidad
Durante un siglo, la humanidad se entregó a una experiencia fundada en la siguiente hipótesis: la herramienta puede sustituir al esclavo. Ahora se ha puesto de manifiesto que, aplicada a estos propósitos, es la herramienta la que hace al hombre su esclavo.
230
Pablo de Rokha
Grano De Pólvora A Una Cigarra
Empuña el sol tocando y desparramando su cuerno de fuego, y en los
surcos maduros el pan estalla entre gaviotas y vasijas...
Todo está hecho así, Luisita: vihuelas y cadenas, y somos
materia que habla, materia que llora, materia que canta y enormes categorías
de espanto; cae el hombre y se levanta la sociedad huracanada, rompiendo
esclavitud adentro y congojas grandes como espigas o como estruendos de
eternidades que batallan arrojándose montañas a la cara;
amor, aquí estoy cuidando tu sueño como un tigre rojo o un
soldado de basalto de centinela en las avanzadas del mundo.
Sobre el hambre del régimen levantan los imperios económicos
la bandera negra de la piratería internacional, enarbolada por los
Caínes y traidores, y el águila de los infiernos desgarra
y aplasta vientres de mujeres de miel y niños atroces con la pata
macabra de la guerra y la inflación rugiente de cadáveres.
Monologando, arañándome el corazón con la cuchara
rota de la pena, me arranco el pedazo del alma que representa a cada semana
y te contemplo a ti adentro, solita y enorme como un nomeolvides en un
abismo; viejo, furioso, tierno, el rescoldo del remoto querer levanta llamas
tronchadas y multitudinarias, rajando el hígado anciano del quemado
roble, y una perdiz feroz toma y emigra; soy espectáculo y audiencia
de un drama eterno, copretérito, en el cual mis entrañas
son el personaje latente, el rugiente fusil o caballo desaforado que busca
abismos, y un hijo del pueblo, cruzando los pueblos hambrientos con su
atado de volcanes gritando en la soledad de los navíos; no volveré
a besar nunca jamás tu boca de tierra y mundos; y a la orilla de
mí las hienas lluviosas y envenenadas de "Dios" rajan la sábana
de luto del tiempo con las ganas quebradas y ensangrentadas.
Llorando como el retrato de Balmaceda en la decadencia de la clase-media
provincial de hoy, penoso y telarañoso te escribo, circunscrita
de amapolas, versos de fuego con hierro rugiendo y tórtolas, para
el Correo del Otro Mundo, como un roto infeliz que se lavase solo la puñalada
total con el jabón de olor de los recuerdos, encima de la patria
caída.
Tremendamente poblado de lisiados y ladrones, asesinos y limosneros,
peronistas, poetastros, sodomitas, demagogos y literatos-tiburones-cogoteros
profesionales, el país de Chile parece un poncho de piojos y lágrimas,
y a la opinión pública le llora un muerto en la garganta;
inviernos sin braseros ni comida gotearon las últimas habitaciones,
y tu ausencia, Winétt, socava la patria que cantaste; floreció
el peral un tarro de llanto y las palomas se cubrieron de suicidio y lluvia
en las mediaguas abandonadas de antaño, en las que denantes sentí
el calofrío del infinito bajando como helado y amargo fantasma,
o como obrero sin trabajo o como pasado de antigua familia caída
en la prostitución y la miseria.
Como un buho en el crepúsculo se derrumban los aterrados demagogos
literarios y es horrenda la existencia entre podridas gentes, entre mentiras
que roen como ratones rojos la reputación democrática y el
don creador, entre Obispos de Mar de la literatura que han hedionda hasta
el alma, entre la cháchara radialbestial del compadrón justicialista,
que en un aletazo de imbecilidad tenebroso, entre las abejas muertas de
tu recuerdo que se manchan las pestañas de oro azul en el pantano
de la vida.
Comprendo lo serio y tremendo que es ver llorar a un hombre; lo soy
entero, definitivamente, rotundo; tu orgullo fui de hombría lleno,
y lloro con vergüenza y con grandeza, lloro tal como un rotito chileno
botado en las cunetas del camino, por el cual avanza como grande barco
el automóvil del latifundista; o como si todo mi llanto fuera el
llanto general del mundo; volveré a ser el huaso litoral, el huaso
de montura de potro y cuchilla, cacho y lazo de siete corriones, espuelas
con rodaja de campana de luto y manta a rayas color bandera y fuego, y
el roto completamente solo y entristecido para siempre nunca, o el hacendado
menor sublimado en bodeguero-despachero-carnicero de provincia o barrio
de antaño y moriré apuñalado en una gran barranca.
vociferando de alegría horrible; mi desesperación fusilera
se desafía con mi cinturón de balas y he de caer entonces,
recordándote a ti que estás presente con todos los pueblos
adentro de la canción eterna, oh! dulce calandria de oro...
Entre el ilustre mar y tú, la relación de profundidad
es enorme; es por aquello que no es tu recuerdo quien va adentro de mí,
sino yo mismo íntegro adentro de tu recuerdo porque yo soy tu recuerdo;
desde mi congoja llueve tu nombre, y voy como Galvarino con los brazos
cortados a la altura del coraz6n.
Llora la ojota nacional, y el país hambriento y desesperado
aguanta la patada del gran imperio del dó1ar tallada en la bota
del patrón, y el peón apenas se puede la miseria; tranco
a tranco, empujo mi alma como un carretón viejo; y estos renglones
echan humo y pena de gran incendio, como si se quemasen todas las montañas
del mundo; sobre las ruinas tremendas alto y retumba el trueno; aguarda
un momento Winétt: ¡voy a golpear la Eternidad con la cacha
de mi revólver...!
surcos maduros el pan estalla entre gaviotas y vasijas...
Todo está hecho así, Luisita: vihuelas y cadenas, y somos
materia que habla, materia que llora, materia que canta y enormes categorías
de espanto; cae el hombre y se levanta la sociedad huracanada, rompiendo
esclavitud adentro y congojas grandes como espigas o como estruendos de
eternidades que batallan arrojándose montañas a la cara;
amor, aquí estoy cuidando tu sueño como un tigre rojo o un
soldado de basalto de centinela en las avanzadas del mundo.
Sobre el hambre del régimen levantan los imperios económicos
la bandera negra de la piratería internacional, enarbolada por los
Caínes y traidores, y el águila de los infiernos desgarra
y aplasta vientres de mujeres de miel y niños atroces con la pata
macabra de la guerra y la inflación rugiente de cadáveres.
Monologando, arañándome el corazón con la cuchara
rota de la pena, me arranco el pedazo del alma que representa a cada semana
y te contemplo a ti adentro, solita y enorme como un nomeolvides en un
abismo; viejo, furioso, tierno, el rescoldo del remoto querer levanta llamas
tronchadas y multitudinarias, rajando el hígado anciano del quemado
roble, y una perdiz feroz toma y emigra; soy espectáculo y audiencia
de un drama eterno, copretérito, en el cual mis entrañas
son el personaje latente, el rugiente fusil o caballo desaforado que busca
abismos, y un hijo del pueblo, cruzando los pueblos hambrientos con su
atado de volcanes gritando en la soledad de los navíos; no volveré
a besar nunca jamás tu boca de tierra y mundos; y a la orilla de
mí las hienas lluviosas y envenenadas de "Dios" rajan la sábana
de luto del tiempo con las ganas quebradas y ensangrentadas.
Llorando como el retrato de Balmaceda en la decadencia de la clase-media
provincial de hoy, penoso y telarañoso te escribo, circunscrita
de amapolas, versos de fuego con hierro rugiendo y tórtolas, para
el Correo del Otro Mundo, como un roto infeliz que se lavase solo la puñalada
total con el jabón de olor de los recuerdos, encima de la patria
caída.
Tremendamente poblado de lisiados y ladrones, asesinos y limosneros,
peronistas, poetastros, sodomitas, demagogos y literatos-tiburones-cogoteros
profesionales, el país de Chile parece un poncho de piojos y lágrimas,
y a la opinión pública le llora un muerto en la garganta;
inviernos sin braseros ni comida gotearon las últimas habitaciones,
y tu ausencia, Winétt, socava la patria que cantaste; floreció
el peral un tarro de llanto y las palomas se cubrieron de suicidio y lluvia
en las mediaguas abandonadas de antaño, en las que denantes sentí
el calofrío del infinito bajando como helado y amargo fantasma,
o como obrero sin trabajo o como pasado de antigua familia caída
en la prostitución y la miseria.
Como un buho en el crepúsculo se derrumban los aterrados demagogos
literarios y es horrenda la existencia entre podridas gentes, entre mentiras
que roen como ratones rojos la reputación democrática y el
don creador, entre Obispos de Mar de la literatura que han hedionda hasta
el alma, entre la cháchara radialbestial del compadrón justicialista,
que en un aletazo de imbecilidad tenebroso, entre las abejas muertas de
tu recuerdo que se manchan las pestañas de oro azul en el pantano
de la vida.
Comprendo lo serio y tremendo que es ver llorar a un hombre; lo soy
entero, definitivamente, rotundo; tu orgullo fui de hombría lleno,
y lloro con vergüenza y con grandeza, lloro tal como un rotito chileno
botado en las cunetas del camino, por el cual avanza como grande barco
el automóvil del latifundista; o como si todo mi llanto fuera el
llanto general del mundo; volveré a ser el huaso litoral, el huaso
de montura de potro y cuchilla, cacho y lazo de siete corriones, espuelas
con rodaja de campana de luto y manta a rayas color bandera y fuego, y
el roto completamente solo y entristecido para siempre nunca, o el hacendado
menor sublimado en bodeguero-despachero-carnicero de provincia o barrio
de antaño y moriré apuñalado en una gran barranca.
vociferando de alegría horrible; mi desesperación fusilera
se desafía con mi cinturón de balas y he de caer entonces,
recordándote a ti que estás presente con todos los pueblos
adentro de la canción eterna, oh! dulce calandria de oro...
Entre el ilustre mar y tú, la relación de profundidad
es enorme; es por aquello que no es tu recuerdo quien va adentro de mí,
sino yo mismo íntegro adentro de tu recuerdo porque yo soy tu recuerdo;
desde mi congoja llueve tu nombre, y voy como Galvarino con los brazos
cortados a la altura del coraz6n.
Llora la ojota nacional, y el país hambriento y desesperado
aguanta la patada del gran imperio del dó1ar tallada en la bota
del patrón, y el peón apenas se puede la miseria; tranco
a tranco, empujo mi alma como un carretón viejo; y estos renglones
echan humo y pena de gran incendio, como si se quemasen todas las montañas
del mundo; sobre las ruinas tremendas alto y retumba el trueno; aguarda
un momento Winétt: ¡voy a golpear la Eternidad con la cacha
de mi revólver...!
503
Ambrose Bierce
Citas: una manera
* «Citas: una manera de repetir erróneamente las palabras de otro».
*
160
David Hume
Sólo por experiencia conocemos el
Sólo por experiencia conocemos el influjo de nuestra voluntad.
105
José Saramago
Sí, soy pesimista, pero yo
Sí, soy pesimista, pero yo no tengo la culpa de que la realidad sea la que es.
94
Giacomo Casanova
El temperamente sanguíneo me hizo
El temperamente sanguíneo me hizo muy sensible a los atractivos de la voluptuosidad; estaba siempre alegre y siempre dispuesto a pasar de un goce a otro nuevo, siendo, al mismo tiempo, muy ingenioso para inventarlos.
50
Vicente Huidobro
Arte Poética
Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
hacedla florecer en el poema.
Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.
El poeta es un pequeño Dios.
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
hacedla florecer en el poema.
Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.
El poeta es un pequeño Dios.
1.049
Carl Sagan
La ciencia maduró en esta
La ciencia maduró en esta biblioteca
251
Isabel Allende
Memoria selectiva para recordar lo
Memoria selectiva para recordar lo bueno, prudencia lógica para no arruinar el presente, y optimismo desafiante para encarar el futuro.
321
Pablo de Rokha
Estilo Del Fantasma
Ya por añejos vinos,
corre sangre, corren caballos negros, corren sollozos, corre muerte,
y el sol relumbra en materias extrañas.
Sobre el fluir fluyente, abandonado, entre banderas fuertes,
sujeto tu ilusión, como un pájaro rojo,
a la orilla de los dramáticos océanos de números;
y, cuando las viejas águilas,
atardecen tus pupilas de otoño, llenas de pasado guerrero,
y el escorpión del suceder nos troncha la espada,
mi furiosa pasión,
mi soberbia,
mi quemada pasión,
contra "la muerte inmortal", levantándose, frente a frente,
enarbola sus ámbitos,
la marcha contra la nada, a la vanguardia de aquellos ejércitos
tremendos,
en donde relucen las calaveras de los héroes.
Si, el incendio en las últimas cumbres;
guarda las lágrimas en su tinaja el vendimiador de dolores,
y sopla un hálito como trágico,
de tal manera ardido y helado, simultáneamente;
suena el miedo, de ser, entonces.
Encaramados a todos los símbolos,
feas bestias, negras bestias nos arrojan fruta podrida, cocos de tontos
y obscuras imágenes hediondas,
y los degeneras de verula,
vestidos de perras,
largan amarga baba de lacayos sobre nosotros;
es, amiga, la familia del mundo,
no, es la flor del estiércol, es la flor, es la flor morada
y rabiosa de la burguesía;
pero a la medida que nos empequeñecemos de años y de
llantos, para bajar hacia la montaña de abajo,
y la figura de la verdad nos marca la cara,
avanzan hijos e hijas, retozando la historia, derrochando, derramando
grandes copas dulces, y el vino y la miel rosada de la juventud, se
les caen
como la risa a la Rusia soviética;
tú y yo nos miramos y envejecemos, porque nos miramos,
y porque el arte patina las cosas,
levantando su ataúd entre individuo e infinito.
Ahora, si nosotros nos derrumbamos,
con todo aquello que nos amamos y nos besamos, mutuamente, cargados
de vida,
y en lo cual radicó el honor de la existencia,
va a ser ceniza la figura del sexo y de la lengua y del pecho y del
corazón, que ya alumbra,
y en los pies estará todo el peso del mundo,
y ya nos vamos llegando, aproximando a la órbita, llenando de
dispersión, colmando sombra,
y tu belleza batalla contra tu belleza...
Emigran las golondrinas desde tu pelo de pueblos;
el tiempo de las cosechas del trigo y el vino
flamea en tu corazón cubierto de huevos de tiempo y manzanas,
Emigran las golondrinas desde tu pelo de pueblos;
el tiempo de las cosechas del trigo y el vino
flamea en tu corazón cubierto de huevos de tiempo y manzanas,
es decir, como tarde, cuando la tarde arrea sus rebaños;
nosotros dos, nosotros, cómo nos morimos, y cómo,
en ti la niña marchita, tan linda,
entristece de dignidad feliz a la mujer hermosa y profunda, como un
carro de fuego,
en mí, el adolescente agresivo y estusiasta,
yace en este animal desesperado, con pecho tremendo, que agita la dialéctica;
país de soledad, adentro del cual golpea y revienta el océano,
y es una enorme isla, tan pequeña, que da espanto, y gira rugiendo,
porque dos criaturas están abrazadas;
huele a agua mojada, a paloma amarilla, a novela, a laguna, a vasija
de otoño,
y un horizonte de suspiros y sollozos
suspende una gran tormenta sobre las nuestras cabezas;
el pájaro pálido de las hojas cedas
aletea a la ribera de los recuerdos, entre los braseros arrodillados,
y retornan las viejas lámparas del pretérito,
la angustia resplandece, como una virtud, en nosotros,
y el terror de los proletarios abandonados
nos raja el pecho, desde adentro como con fuego tremendo.
Imponente como la popa de un gran barco,
amarillo y espantoso de presencia,
el sol inicia la caída definitiva, tranco a tranco, como el
buey de la tarde eterna;
besos de piedra,
todas las máscaras de dios se despluman,
y caen destrozados los penachos;
un ataúd de fuego grita desde el oriente.
corre sangre, corren caballos negros, corren sollozos, corre muerte,
y el sol relumbra en materias extrañas.
Sobre el fluir fluyente, abandonado, entre banderas fuertes,
sujeto tu ilusión, como un pájaro rojo,
a la orilla de los dramáticos océanos de números;
y, cuando las viejas águilas,
atardecen tus pupilas de otoño, llenas de pasado guerrero,
y el escorpión del suceder nos troncha la espada,
mi furiosa pasión,
mi soberbia,
mi quemada pasión,
contra "la muerte inmortal", levantándose, frente a frente,
enarbola sus ámbitos,
la marcha contra la nada, a la vanguardia de aquellos ejércitos
tremendos,
en donde relucen las calaveras de los héroes.
Si, el incendio en las últimas cumbres;
guarda las lágrimas en su tinaja el vendimiador de dolores,
y sopla un hálito como trágico,
de tal manera ardido y helado, simultáneamente;
suena el miedo, de ser, entonces.
Encaramados a todos los símbolos,
feas bestias, negras bestias nos arrojan fruta podrida, cocos de tontos
y obscuras imágenes hediondas,
y los degeneras de verula,
vestidos de perras,
largan amarga baba de lacayos sobre nosotros;
es, amiga, la familia del mundo,
no, es la flor del estiércol, es la flor, es la flor morada
y rabiosa de la burguesía;
pero a la medida que nos empequeñecemos de años y de
llantos, para bajar hacia la montaña de abajo,
y la figura de la verdad nos marca la cara,
avanzan hijos e hijas, retozando la historia, derrochando, derramando
grandes copas dulces, y el vino y la miel rosada de la juventud, se
les caen
como la risa a la Rusia soviética;
tú y yo nos miramos y envejecemos, porque nos miramos,
y porque el arte patina las cosas,
levantando su ataúd entre individuo e infinito.
Ahora, si nosotros nos derrumbamos,
con todo aquello que nos amamos y nos besamos, mutuamente, cargados
de vida,
y en lo cual radicó el honor de la existencia,
va a ser ceniza la figura del sexo y de la lengua y del pecho y del
corazón, que ya alumbra,
y en los pies estará todo el peso del mundo,
y ya nos vamos llegando, aproximando a la órbita, llenando de
dispersión, colmando sombra,
y tu belleza batalla contra tu belleza...
Emigran las golondrinas desde tu pelo de pueblos;
el tiempo de las cosechas del trigo y el vino
flamea en tu corazón cubierto de huevos de tiempo y manzanas,
Emigran las golondrinas desde tu pelo de pueblos;
el tiempo de las cosechas del trigo y el vino
flamea en tu corazón cubierto de huevos de tiempo y manzanas,
es decir, como tarde, cuando la tarde arrea sus rebaños;
nosotros dos, nosotros, cómo nos morimos, y cómo,
en ti la niña marchita, tan linda,
entristece de dignidad feliz a la mujer hermosa y profunda, como un
carro de fuego,
en mí, el adolescente agresivo y estusiasta,
yace en este animal desesperado, con pecho tremendo, que agita la dialéctica;
país de soledad, adentro del cual golpea y revienta el océano,
y es una enorme isla, tan pequeña, que da espanto, y gira rugiendo,
porque dos criaturas están abrazadas;
huele a agua mojada, a paloma amarilla, a novela, a laguna, a vasija
de otoño,
y un horizonte de suspiros y sollozos
suspende una gran tormenta sobre las nuestras cabezas;
el pájaro pálido de las hojas cedas
aletea a la ribera de los recuerdos, entre los braseros arrodillados,
y retornan las viejas lámparas del pretérito,
la angustia resplandece, como una virtud, en nosotros,
y el terror de los proletarios abandonados
nos raja el pecho, desde adentro como con fuego tremendo.
Imponente como la popa de un gran barco,
amarillo y espantoso de presencia,
el sol inicia la caída definitiva, tranco a tranco, como el
buey de la tarde eterna;
besos de piedra,
todas las máscaras de dios se despluman,
y caen destrozados los penachos;
un ataúd de fuego grita desde el oriente.
463
Alfred de Musset
Vivir es dormir, y el
Vivir es dormir, y el amor es el sueño; si habéis amado, habéis vivido.
118
José Saramago
Según la Biblia, dios ordenó
Según la Biblia, dios ordenó a Abraham que sacrificase a su propio hijo. Lo lógico, lo natural o lo simplemente humano sería que Abraham hubiese mandado al señor a la mierda.
84
Olga Orozco
…lievens
Esa criatura ha muerto,
Charles Lievens.
¿Para qué detener su marcha en la obediencia de un
idéntico día?
¿Por qué guardar su imagen como el ángel helado
que habita una burbuja en el cristal del tiempo?
Nadie puede llegar a compartir su rostro.
Nadie puede llamarla del lado de la luz o el de las sombras.
No cantará en la rueda de la ronda celeste que gira con el humo
en el azul atardecer,
ni habrá nunca una casa con olor a costumbres,
mi padre que atraviese sobre el mapa, después de cada viaje, la
mariposa incierta del destino,
mi madre en cuyas lágrimas todos estén unidos por un
mismo relámpago.
Porque sólo es el eco de tu ciega nostalgia memoriosa,
la flotante sonámbula que palpa las paredes en un perdido
corredor del mar.
¿De qué vale que en nadie pueda morir ahora, si tampoco
podemos morir entre su sangre?
Ya no la pienses más.
Somos tantos en otros, que acaso es necesario desenterrar del fondeo de
cada corazón el semblante distinto,
la bujía enterrada con que abrimos las últimas tinieblas,
para saber que estamos completamente muertos.
No la detengas más.
Déjale recobrar entre la muerte sus antiguas edades,
el olvidado nombre, la historia de los seres que son huecos desiertos
en los vanos retratos,
la esperanza de ser algo más que la sombra de la sombra de un
Dios que nos está soñando a todos, Charles Lievens.
Charles Lievens.
¿Para qué detener su marcha en la obediencia de un
idéntico día?
¿Por qué guardar su imagen como el ángel helado
que habita una burbuja en el cristal del tiempo?
Nadie puede llegar a compartir su rostro.
Nadie puede llamarla del lado de la luz o el de las sombras.
No cantará en la rueda de la ronda celeste que gira con el humo
en el azul atardecer,
ni habrá nunca una casa con olor a costumbres,
mi padre que atraviese sobre el mapa, después de cada viaje, la
mariposa incierta del destino,
mi madre en cuyas lágrimas todos estén unidos por un
mismo relámpago.
Porque sólo es el eco de tu ciega nostalgia memoriosa,
la flotante sonámbula que palpa las paredes en un perdido
corredor del mar.
¿De qué vale que en nadie pueda morir ahora, si tampoco
podemos morir entre su sangre?
Ya no la pienses más.
Somos tantos en otros, que acaso es necesario desenterrar del fondeo de
cada corazón el semblante distinto,
la bujía enterrada con que abrimos las últimas tinieblas,
para saber que estamos completamente muertos.
No la detengas más.
Déjale recobrar entre la muerte sus antiguas edades,
el olvidado nombre, la historia de los seres que son huecos desiertos
en los vanos retratos,
la esperanza de ser algo más que la sombra de la sombra de un
Dios que nos está soñando a todos, Charles Lievens.
825
Vicente García de la Huerta
El Pedo Exterminador Caga-siete Fábula Medio Verdad Y Medio Mentira
Del traductor de la Xaira,
heridos de la advertencia,
murmuraban en un corro
siete sabios de la legua.
Cada cual se iba apropiando
una de sus indirectas
muy pagado de no estar
comprehendido en todas ellas.
Clamaba un versiblanquista
contra el traductor poeta,
amenazándole hacer
pepitoria de sus piezas.
Otro prosador pedante
ponderaba en larga arenga
de todos los prosadores
la atroz e inaudita ofensa.
Un anti-epigramatista
de musa baja y ratera
en mil críticas pueriles
fulmina mil anatemas.
De un traductor insulso
resonaban las querellas
concitando en su venganza
la turba traduccionera.
Gritando un sectario triste,
de la frígida francesa:
«Juro hacer con la Raquel,
por ser judía una hoguera».
Habló un sátiro que tiene
de tal catadura señas
y dijo, medio rumiando,
«él me llevará otra vuelta,
que para eso tengo yo
cosecha de desvergüenzas,
y, aunque no letras, barberos
que desde Aragón afeitan».
Y del malvado Linguet
otro pesoró en defensa
inspirado del furor
de cierta sibila renca.
Aparécese a este punto
Huerta y sin que lo advirtieran
tan embebecida estaba
la mentecata asamblea.
Arrímase poco a poco,
y cuando estaba más cerca,
con horror de los malsines,
un tronante pedo suelta.
Aturdidos del estruendo
vuelven todos las cabezas
y al verle más aturdidos
se escabullen y dispersan.
Hácese público el caso
y todo el mundo celebra
del pedo dispertador
la ridícula historieta.
De suerte que aún los muchachos
gritan cuando a alguno encuentran:
«Allá va uno de los siete
en que se ha cagado Huerta».
Semejantes casos pasan
a necios de malas lenguas,
y al que ladra por detrás
que le caguen o le pean.
heridos de la advertencia,
murmuraban en un corro
siete sabios de la legua.
Cada cual se iba apropiando
una de sus indirectas
muy pagado de no estar
comprehendido en todas ellas.
Clamaba un versiblanquista
contra el traductor poeta,
amenazándole hacer
pepitoria de sus piezas.
Otro prosador pedante
ponderaba en larga arenga
de todos los prosadores
la atroz e inaudita ofensa.
Un anti-epigramatista
de musa baja y ratera
en mil críticas pueriles
fulmina mil anatemas.
De un traductor insulso
resonaban las querellas
concitando en su venganza
la turba traduccionera.
Gritando un sectario triste,
de la frígida francesa:
«Juro hacer con la Raquel,
por ser judía una hoguera».
Habló un sátiro que tiene
de tal catadura señas
y dijo, medio rumiando,
«él me llevará otra vuelta,
que para eso tengo yo
cosecha de desvergüenzas,
y, aunque no letras, barberos
que desde Aragón afeitan».
Y del malvado Linguet
otro pesoró en defensa
inspirado del furor
de cierta sibila renca.
Aparécese a este punto
Huerta y sin que lo advirtieran
tan embebecida estaba
la mentecata asamblea.
Arrímase poco a poco,
y cuando estaba más cerca,
con horror de los malsines,
un tronante pedo suelta.
Aturdidos del estruendo
vuelven todos las cabezas
y al verle más aturdidos
se escabullen y dispersan.
Hácese público el caso
y todo el mundo celebra
del pedo dispertador
la ridícula historieta.
De suerte que aún los muchachos
gritan cuando a alguno encuentran:
«Allá va uno de los siete
en que se ha cagado Huerta».
Semejantes casos pasan
a necios de malas lenguas,
y al que ladra por detrás
que le caguen o le pean.
313
Giacomo Casanova
Ante la obligación de decir
Ante la obligación de decir también algo sobre mi carácter y mi temperamento, el más indulgente de mis lectores no será ni el menos sincero ni el más falto de ingenio.
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