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Jean-Jacques Rousseau

Jean-Jacques Rousseau

El Hombre es naturalmente bueno,

El Hombre es naturalmente bueno, es la sociedad la que lo corrompe.
148
Charles Baudelaire

Charles Baudelaire

El veneno del poder que

El veneno del poder que enerva al déspota.
298
Anatole France

Anatole France

La Ley, en su magnífica

La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan.
339
Pedro Salinas

Pedro Salinas

Versos 1855 A 1883

Entre tu verdad más honda
y yo
me pones siempre tus besos.
La presiento, cerca ya,
la deseo, no la alcanzo;
cuando estoy más cerca de ella
me cierras el paso tú,
te me ofreces en los labios.
Y ya no voy más allá.
Triunfas. Olvido, besando,
tu secreto encastillado.
Y me truecas el afán
de seguir más hacia ti,
en deseo
de que no me dejes ir
y me beses.

Ten cuidado.
Te vas a vender, así.
Porque un día el beso tuyo,
de tan lejos, de tan hondo
te va a nacer,
que lo que estás escondiendo
detrás de él
te salte todo a los labios.
Y lo que tú me negabas
—alma delgada y esquiva—
se me entregue, me lo des
sin querer
donde querías negármelo.


609
Octavio Paz

Octavio Paz

V Bajo Tu Clara Sombra

Deja que una vez más te nombre, tierra.
Mi tacto se prolonga
en el tuyo sediento,
largo, vibrante río
que no termina nunca,
navegado por hojas digitales,
lentas bajo tu espeso sueño verde.

Tibia mujer de somnolientos ríos,
mi pabellón de pájaros y peces,
mi paloma de tierra,
de leche endurecida,
mi pan, mi sal, mi muerte,
mi almohada de sangre:
en un amor más vasto te sepulto.
640
Juvenal

Juvenal

El hombre feliz es más

El hombre feliz es más raro que un cuervo blanco.
125
Vicente Gallego

Vicente Gallego

Alguien Trajo Una Rosa

Variación sobre una metáfora barroca

A Carlos Aleixandre


Alguien trajo una rosa

hace ya algunos días, y con ella

trajo también algo de luz;

yo la puse en un vaso y poco a poco

se ha apagado la luz y se apagó la rosa.

Y ahora miro esa flor

igual que la miraron los poetas barrocos,

cifrando una metáfora en su destino breve:

tomé la vida por un vaso

que había que beber

y había que llenar al mismo tiempo,

guardando provisión para días oscuros;

y si ese vaso fue la vida,

fue la rosa mi empeño para el vaso.


Y he buscado en la sombra de esta tarde

esa luz de aquel día, y en el polvo

que es ahora la flor, su antiguo aroma,

y en la sombra y el polvo ya no estaba

la sombra de la mano que la trajo.

Y hoy veo que la dicha, y que la luz,

y todas esas cosas que quisiéramos

conservar en el vaso,

son igual que las rosas: han sabido los días

traerme algunas, pero

¿qué quedó de esas rosas en mi vida

o en el fondo del vaso?

511
Giacomo Casanova

Giacomo Casanova

Los hombres tienen el espíritu

Los hombres tienen el espíritu limitado por muchas preocupaciones, mientras que las mujeres, aunque ignorantes, son generalmente vivarachas y graciosas. Pero unos y otras se hallan animados de deseos, de pasiones, tan vivas como el aire que respiran, tan ardientes como el sol que ilumina aquellas regiones.
81
Aristóteles

Aristóteles

Y en efecto, tal como

Y en efecto, tal como se hace en nuestros textos ordinarios de filosofía acerca de los seres divinos, frecuentemente se proclama en los argumentos sobre el tema que la divinidad, entidad primera y suprema, ha de ser totalmente inmutable:...
115
Jean-Jacques Rousseau

Jean-Jacques Rousseau

El dinero que se posee

El dinero que se posee es el instrumento de libertad; el que se persigue es el de la servidumbre.
173
Pedro Salinas

Pedro Salinas

Versos 1728 A 1764

Tú no puedes quererme:
estás alta, ¡qué arriba!
Y para consolarme
me envías sombras, copias,
retratos, simulacros,
todos tan parecidos
como si fueses tú.
Entre figuraciones
vivo, de ti, sin ti.
Me quieren,
me acompañan. Nos vamos
por los claustros del agua,
por los hielos flotantes,
por la pampa, o a cines
minúsculos y hondos.
Siempre hablando de ti.
Me dicen:
«No somos ella, pero
¡si tú vieras qué iguales!»
Tus espectros, qué brazos
largos, qué labios duros
tienen: sí, como tú.
Por fingir que me quieres,
me abrazan y me besan.
Sus voces tiernas dicen
que tú abrazas, que tú
besas así. Yo vivo
de sombras, entre sombras
de carne tibia, bella,
con tus ojos, tu cuerpo,
tus besos, sí, con todo
lo tuyo menos tú.
Con criaturas falsas,
divinas, interpuestas
para que ese gran beso
que no podemos darnos
me lo den, se lo dé.


596
Anatole France

Anatole France

La timidez es un gran

La timidez es un gran pecado contra el amor.
311
Juvenal

Juvenal

Confiar en todos es insensato;

Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza.
79
David Hume

David Hume

Y, ciertamente, cuando consideramos cuán

Y, ciertamente, cuando consideramos cuán adecuadamente se vinculan entre sí la evidencia natural y la evidencia moral, y componen una sola cadena de inferencias, no tendremos reparos en admitir que son de una misma naturaleza y derivadas de los mismos principios.
64
Giacomo Casanova

Giacomo Casanova

La muerte me había aislado;

La muerte me había aislado; me encontraba entrado en años, sin recursos, y con pocas esperanzas de seguir conquistando el corazón de las mujeres.
98
Vicente Gallego

Vicente Gallego

En Las Horas Oscuras

En las horas oscuras
que van creciendo en nuestras vidas
al igual que la noche se alarga en el invierno,
en esas horas, a menudo,
una imagen tenaz y hermosa me consuela.
Regreso hasta una playa de otro tiempo,
todavía cercano. Es un día precioso
de final de septiembre, brilla el mar
con su estructura lenta, sugestivo y exacto
como un cuchillo. Quedan
unos cuantos bañistas a esa hora
dudosa de la tarde, y no estoy solo,
un grupo de muchachas me acompaña;
el sol dora sus cuerpos de diecisiete años,
y es ya fresca la brisa, y en sus nucas
la humedad reaviva el aroma a colonia.
La tarde transcurre dulcemente,
y las muchachas ríen, y me dan su alegría,
aunque no amo a ninguna,
y hay un aire de adiós en cada cosa:
en el verano aquel, en los bañistas,
en aquellas muchachas
que desconozco hoy, y en la luz de la playa.

Apuré aquel momento agradecido,
al igual que se goza un hermoso regalo,
en su dicha sereno, destinado a perderse
tras la felicidad frecuente de esos años.
Y ahora comprendo que en aquella tarde
algo más que belleza se ocultaba,
porque su luz me salva, muchas veces,
en las horas oscuras.
En las horas oscuras me consuela
una imagen tenaz de la alegría.
Y yo me pregunto por qué vuelve,
y qué es lo que perdí en aquella playa.
563
Charles Baudelaire

Charles Baudelaire

El odio es un borracho

El odio es un borracho en el fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida.
687
Jean-Jacques Rousseau

Jean-Jacques Rousseau

Cuando Platón describe su imaginario

Cuando Platón describe su imaginario Hombre recto, cargado con todos los castigos de culpa, pero mereciendo la más alta recompensa de virtud, él describe exactamente el personaje de Jesús. …Que presencia de juicio. …Si, si la vida y muerte de Sócrates son aquellas de un filósofo, la vida y muerte de Jesús son aquellas de un Dios. *
101
Anatole France

Anatole France

La independencia del pensamiento es

La independencia del pensamiento es la más orgullosa aristocracia.
276
Pedro Salinas

Pedro Salinas

Versos 1449 A 1470

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ése que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.

Y que a mi amor entonces, le conteste
la nueva criatura que tú eras.


663
Octavio Paz

Octavio Paz

Iv Bajo Tu Clara Sombra

Un cuerpo, un cuerpo solo, sólo un cuerpo,
un cuerpo como día derramado
y noche devorada;
la luz de unos cabellos
que no apaciguan nunca
la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece
como el mar que se enciende
cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden
en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza
y arrasa las espumas;
un cuello, sólo un cuello,
unas manos tan sólo,
unas palabras lentas que descienden
como arena caída en otra arena…

Esto que se me escapa,
agua y delicia obscura,
mar naciendo o muriendo;
estos labios y dientes,
estos ojos hambrientos,
me desnudan de mí
y su furiosa gracia me levanta
hasta los quietos cielos
donde vibra el instante:
la cima de los besos,
la plenitud del mundo y de sus formas.
685
Jules Renard

Jules Renard

'''Jules Renard''' (Châlons-du-Maine, Mayenne, Francia;

'''Jules Renard''' (Châlons-du-Maine, Mayenne, Francia; 22 de febero de 1864 - París, Francia; 22 de mayo de 1910) fue un escritor francés, miembro de la Academia Goncourt. Fue uno de los fundadores del Mercure de France. Crítico literario y dramático, poeta y narrador. ''
126
Vicente Gallego

Vicente Gallego

Octubre, 16

Despierto. Pesa el sol sobre mi rostro
y la arena ha tomado mi forma levemente.
Incorporo un momento la cabeza
y el cielo es todo mi horizonte,
un cielo de ningún color sino de cielo,
de cielo que yo veo en una vela,
la vela diminuta que recorta
y fija el universo en su contraste.
Y luego el mar,
el mar bajo la vela, ese mar que es inmenso
pues llega hasta mi vientre y no concluye.
Entre el cielo y el agua me detengo un instante,
y después me acomodo hasta quedar
sentado por completo.
El mar entonces me abandona, se retira,
y la arena se moja, avanza, se seca y se calienta
confluyendo en un punto y acercándose a mí,
pero un cangrejo cruza en ese instante
y mis ojos se van con el cangrejo,
y el cielo se hace rojo en su coraza,
y el mar se pierde y nada pesa.
Y al fijar la mirada atrapo el universo,
completo y detenido en su pasar efímero
a lomos de un cangrejo que lo arrastra,
sin saberlo, un segundo.

Y pienso que en las grandes creaciones
vida y arte no alientan en lo extenso,
sino en ese detalle que despierta
nuestro asombro.
El crustáceo se oculta
y nos apaga el mundo.
477
Giacomo Casanova

Giacomo Casanova

Las mujeres son peligrosas por

Las mujeres son peligrosas por las enfermedades que muchas de ellas comunican a los que obtienen sus favores.
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